Dany Balmore Romero García enfrentará un juicio en El Salvador a partir del 25 de septiembre, acusado de participar en actividades pandillas y de conspirar para cometer asesinato. El caso contra él ilustra lo difícil que resulta determinar quién es un pandillero, y por qué es tan importante establecerlo.

En la tarde del 16 de febrero de 2016, un estudiante salvadoreño llamado Dany Balmore Romero García recibió un alarmante mensaje de texto. La pantalla de su teléfono se iluminó cuando atendía una clase de periodismo en la UTEC, un centro de estudios tecnológicos superiores en San Salvador, la capital del país.

El texto lo enviaba un amigo, quien le anunciaba a Romero que su nombre estaba en las noticias. Horas antes, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo había señalado como líder de la pandilla callejera Mara Salvatrucha (MS13). Sin presentar pruebas, los funcionarios estadounidenses lo acusaban de varios delitos y penalizaban todo tipo de negociaciones financieras con él.

La sanción provenía de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus iniciales en inglés), una herramienta utilizada por el gobierno federal para debilitar a los miembros de las "organizaciones criminales transnacionales", como los Yakuza de Japón, los Camorra de Italia y, desde 2012, la MS13 de Centroamérica. Y ahora las fuerzas federales iban tras Dany Romero. Y lo hacían mientras él estaba en una clase.

Romero era un estudiante atípico. Aparte de su estatura por encima del promedio de los salvadoreños (un corpulento hombre de un metro con setenta y cinco de estatura) y de su edad (41 años), Romero tenía en efecto un historial en las pandillas: había sido uno de los primeros miembros de la MS13 en El Salvador en la década de los noventa.

Pero en ese momento de su vida se llamaba a sí mismo un "calmado", palabra de los pandilleros para referirse a los miembros retirados o casi retirados (dependiendo de a quién se le pregunte). Esta diferencia es fundamental en el caso de Romero. Salirse de una pandilla no es nada fácil. Y hacer que los demás crean que uno se ha retirado de la pandilla puede resultar incluso más difícil.

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En el caso de Romero, él dice que optó por el buen camino a comienzos de la década pasada y que se matriculó en una escuela para perfeccionar sus habilidades de escritura creativa. Era además trabajador social y laboraba en dos ONG salvadoreñas, una de las cuales era financiada por Caritas, la importante organización de caridad alemana. Aunque tenía formación en desarrollo comunitario, consideraba que su principal vocación era la defensa de los derechos humanos.

Sus detractores podrían decir que todo esto no es más que una fachada, en parte como una manera de ayudar a la pandilla sin aparecer como uno de sus miembros, pero Romero ya no tenía la apariencia de un pandillero. Mientras que en general los pandilleros son pobres y tienen mala apariencia, él conducía un Dodge Caliber 2009 y llevaba un corte de cabello estilo militar. Y mientras que aquéllos tienen tatuajes visibles, los viejos tatuajes de Romero se pueden esconder perfectamente debajo de una camiseta.

Pero la sanción ponía a Romero en peligro. La policía estaba arremetiendo contra las pandillas, y algunos agentes violentos estaban atrapando sospechosos y ejecutándolos. Aquella tarde de febrero, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos no sólo había señalado a Romero como un líder de la pandilla, sino que también había puesto en la lista la dirección de su domicilio en Soyapango, un barrio de clase trabajadora en la parte oriental de la capital. Era entonces un hombre buscado.

Romero abandonó su clase y se dirigió a su auto sintiéndose como en cámara lenta, según lo recuerda más tarde, oyendo las voces de los transeúntes distorsionadas y guturales. Por la noche, frente a una computadora de escritorio en el estudio de su casa, grabó un mensaje de video para la posteridad. (Más adelante él permitió que un reportero lo viera y extrajera citas de ahí, pero pidió que no se publicara.) En el video, él habla despacio para no incomodar a su esposa Karla ni a sus tres hijos, uno de los cuales tiene una discapacidad.

"Lo único que he hecho como activista de los derechos humanos es buscar la transparencia y buscar los mecanismos legales para que exista un verdadero estado de derecho", dice ante la cámara, con su cara brillante por el sudor, "y hago responsable al director del Departamento del Tesoro de cualquier cosa que pueda pasar en contra de mi vida, y en contra de la vida de mi familia".

En los días siguientes, buscó el consejo de colegas de la comunidad de trabajadores sociales de El Salvador. Estos lo instaron a que viajara al extranjero mientras se solucionaba el asunto. Entonces huyó a Ciudad de Guatemala.

Yo me encontré con él allí el 7 de marzo, dentro de un Burger King. Me esperaba con un café para llevar. Su gran tamaño explica por qué la pandilla lo había apodado "Big Boy", pero no tenía aspecto amenazador. Estaba bien afeitado y llevaba una camiseta de polo ajustada dentro de sus jeans. Sentado en el borde de su asiento, hablaba con impaciencia juvenil, apresurándose a contar la historia de su vida. Incluso citó versos de poemas, algunos de los cuales son de su autoría. Era difícil imaginar que aquél fuera el líder de una de las pandillas más violentas del mundo.

Una pandilla internacional

Actualmente se conoce muy bien la evolución de la MS13: surgió en las calles de Los Ángeles hace varias décadas, y hoy tiene presencia en casi todos los estados de Estados Unidos. Pero muchos estadounidenses desconocen los profundos efectos de la MS13 en la vida de El Salvador. Allí la pandilla ejerce control sobre algunos barrios pobres. En algunos casos, los pandilleros determinan quién puede entrar y salir de su territorio, venden drogas, extorsionan a sus vecinos, y amenazan (y a veces matan) a quienes se niegan a pagar. Les tienen prohibido hablar con la policía. La sospecha de que alguien esté colaborando con la policía puede conducir a la expulsión de familias enteras, o a la muerte.

Esta situación es preocupante en Washington, y no sólo porque algunas "clicas" (o células) en el este de Estados Unidos obedecen órdenes de los líderes del sur. La violencia de las pandillas en El Salvador genera además temor entre las personas, quienes deciden huir hacia el norte. En el año 2015, Estados Unidos concedió más solicitudes de asilo a personas de El Salvador y Guatemala (otro país con problemas de pandillas) que de cualquier otra nacionalidad, con excepción de China.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus iniciales en inglés) trabaja en estrecha colaboración con la policía salvadoreña como parte de un esfuerzo regional contra las pandillas, pero los organismos de seguridad de Estados Unidos no tienen jurisdicción para atacar el flagelo de las pandillas en El Salvador. Sólo puede actuar indirectamente mediante sus delegados salvadoreños o congelando las cuentas de la MS13 mediante sanciones del Departamento del Tesoro, como la que se levantó contra Dany Romero.

Pero si bien los funcionarios del Departamento del Tesoro describen a la MS13 como un grupo sofisticado, la verdad es que los dirigentes del mismo no logran poner orden entre sus miembros. La MS13 está profundamente imbricada en el tejido social de los barrios pobres en los que ejerce control. La pandilla se compone de miembros en pleno derecho, a quienes se une una amplia red de aspirantes, familiares y calmados. Por otra parte, tanto miembros de la Iglesia, como trabajadores sociales y voluntarios de organizaciones no gubernamentales tratan de ayudar a todos los involucrados y a menudo deben llegar a acuerdos con la pandilla.

Dany Romero afirma que vive en esa penumbra social. Como defensor de los derechos humanos con antecedentes en la pandilla, tiene acceso especial a las comunidades marginadas y a las prisiones, donde las autoridades suelen abusar de su poder y victimizan a los pandilleros y a sus familias. Romero ha presentado denuncias a nombre de éstos, exigiendo que se les respeten sus derechos.

Pero la línea divisoria entre defender los derechos humanos de los pandilleros y ayudar a una organización criminal es difícil de establecer. Romero insiste en que él siempre ha estado del lado legal de esa línea. Si dice la verdad —como lo consideran varios estudiosos, periodistas, trabajadores sociales y el embajador de Gran Bretaña— ello significa que, en febrero de 2016, Estados Unidos obligó a un inocente activista de los derechos humanos a ponerse a salvo.

Cuando conocí a Dany Romero en Burger King, él aseguró que era una fuerza del bien. Es claro que Estados Unidos lo considera un criminal. Decenas de entrevistas y miles de páginas de documentos apuntan hacia una tercera posibilidad: que es ambas cosas.

Convertirse en un 'homie'

En la década de los ochenta, El Salvador vivía una terrible guerra civil. Dany Romero apenas llegó a conocer a su padre, Mario Arquímedes, quien se unió a la guerrilla, una coalición de personas de izquierda, agricultores y católicos seguidores de la teología de la liberación. Luchaban contra la élite conservadora y sus protectores al interior del ejército. La madre de Dany, Rosa Eugenia, no se quedó a esperar a su esposo. Se trasladó con Dany y su hermano menor al barrio de San Ramón, en el norte de la capital. Los levantó cocinando pupusas, el plato nacional de El Salvador, hecho de tortillas rellenas y fritas.

La guerrilla llegaba a San Ramón en cualquier momento y atacaba el puesto militar que había allí, de modo que el joven Dany aprendió a buscar protección y salvarse. Pero a medida que crecía, buscó seguridad en los grupos. Las rivalidades entre las escuelas medias de San Salvador se hicieron cada vez más violentas a principios de los noventa, cuando eran comunes los enfrentamientos a pedradas. Romero recuerda el día en que presenció con horror cómo un amigo suyo fue asesinado a balazos por llevar el uniforme escolar equivocado. Los agresores, dice, pertenecían a un nuevo grupo en la ciudad: Barrio 18.

En ese momento, Estados Unidos estaba deportando cientos de pandilleros de MS13 y Barrio 18 a Centroamérica. Su modo de vestir, su argot y sus ostentaciones impresionaban a los niños salvadoreños. Estos "bajados" (deportados) comenzaron a cooptar pandillas más pequeñas y conformaron sus propias organizaciones. Por eso, cuando la guerra civil de El Salvador concluyó con los acuerdos de paz de 1992, una nueva guerra comenzó en las calles. Romero se unió a MS13. Él comenzó a beber y fumar con los denominados "homies" cuando tenía unos 15 años de edad.

Romero dice que, a finales de 1993, fue finalmente "brincado" por otros cinco pandilleros, un rito de iniciación en el que el nuevo recluta recibe una paliza durante trece segundos. Los agentes de policía se refieren a éste como el rito de entrada a una violenta organización criminal, sin embargo, el sociólogo Robert Brenneman escribió en 2011, en su libro Homies y hermanos, que también se trata de un acto de altruismo de los iniciados: una "oportunidad para probar su lealtad a la pandilla demostrando su disposición a sacrificar su integridad física por ella".

En esa época la MS13 era más informal, me dijo Romero. No se tenía que asesinar a nadie si se quería ingresar a la pandilla, y muy pocos mareros poseían armas. Confiesa que no era precisamente un santo; dice que en su juventud era "un borracho mujeriego, drogadicto y chiviador, ladrón y estafador". Irónicamente, como lo confirman los registros de la corte, el incidente que lo llevó a la cárcel no tuvo nada que ver con la MS13.

En la noche del 30 de julio de 1995, Romero se encontraba en una cantina al norte del centro histórico de San Salvador, cerca de un taller de autos donde trabajaba medio tiempo como mecánico. Una discusión entre muchachos terminó en un tiroteo, tras el cual uno de ellos resultó muerto. Todas las demás personas se fueron del área, pero Romero caminó hasta una pizzería cercana y se quedó allí. La policía llegó y lo detuvo. La fiscalía lo acusó por el asesinato.

Hasta el día de hoy, Romero jura que es inocente. Llama la atención que el archivo de su caso de homicidio no contiene ninguna evidencia clara contra él. La policía nunca encontró ningún arma, ni tampoco fue relacionado con ninguna. Incluso el juez que llevaba el caso dijo en un fallo antes del juicio que solo dos testigos presenciaron el tiro mortal, y que sus testimonios tenían "una serie de contradicciones e incertidumbres" que no "permitían establecer" el papel de Romero.

Aun así, un jurado conformado por cinco miembros condenó a Romero en diciembre de 1996. Su caso se demoró dos años —más tiempo del legalmente permitido—, por lo que finalmente recibió una sentencia reducida de 101 meses.

Él empezó a cumplir su sentencia en la hacinada prisión de Quezaltepeque, donde a duras penas convivían civiles y miembros de pandillas rivales, y donde los guardas solían maltratar a los internos.

Documento que registra la admisión de Romero a la cárcel

(Documento que registra la admisión de Romero a la cárcel)

"Él lloraba cuando iba a visitarlo", dice Germán, el hermano menor de Romero. "Siempre lo veía con moretones en los brazos".

Ese mismo año murió la madre de Romero. Él pensó en suicidarse. Dice que lo que lo salvó fue la poesía. Comenzó a asistir a reuniones dirigidas por un pastor de la prisión, denominadas OPERA (Optimismo, Paz, Esperanza, Renovación y Armonía). Integrado por estudiantes de psicología de la Universidad de El Salvador, el grupo pretendía aliviar las tensiones al interior de Quezaltepeque llevando a cabo torneos de fútbol y organizando talleres de primeros auxilios, ajedrez, arte y manejo del estrés.

"Dany se involucró más que los demás", recuerda Luis Mariano Serpas, uno de los directores de los estudiantes a cargo de OPERA en ese momento. "Él era como nuestro asistente allí dentro".

OPERA le asignó a Romero la tarea de dirigir su biblioteca de libros donados. Así fue como descubrió al poeta guerrillero salvadoreño Roque Dalton, cuyo poema "Cuestión de corazón" describe las miserias del encarcelamiento y termina así: "Pero hasta la cárcel puede llegar a amarse, cuando uno tiene suficiente corazón". Romero memorizó este poema y considera que salvó su vida.

"Reflexioné sobre todas las cosas que hice mal", dice. "Comencé a investigar sobre la vida de Roque, tanto así que me inspiró. Entonces decidí hacer cosas buenas".

Romero comenzó a tomar cursos para obtener el título equivalente a los estudios secundarios y escribía sus poemas en trozos de papel. Sus versos trataban de Miguel Ángel, las matemáticas, los conquistadores, el capitalismo, Cervantes, Homero, Darwin y Jesús. Muchos son versos de soledad y amor, como éste, titulado "Insomnio":

"El silbato del sereno sonó y la algarabía de las voces paulatinamente al silencio emigró / los grillos cantan, la nostalgia florece, la noche avanza… Desde la ventana de mi cuarto veo una mariposa solitaria bailar con la luna, sin comprender que su amor nunca será correspondido".

La luna era una metáfora de la mujer con la que soñaba: Karla, la hermana de uno de sus compañeros de prisión. Empezaron a comunicarse, comenzaron una relación y, gracias a las visitas conyugales, al poco tiempo tuvieron una hija.

En el año 2000, Romero participó con un poemario en el concurso anual de arte del sistema penitenciario nacional y ganó el primer premio, de 3.000 colones (unos US$480). Obtuvo además su diploma de bachillerato.

"Era muy filosófico, muy responsable, una persona especial allí", me dijo Marco Venegas, un chileno que trabajaba en OPERA y actualmente es ministro del parlamento sueco. "Era joven y tenía muchas aspiraciones para el futuro".

Jeanne Rikkers, quien entonces era trabajadora social de una organización cristiana llamada CRISPAZ, escribió una carta sobre Romero dirigida al Departamento de Prisiones en el año 2002. "Los cambios que se ven en Dany son transformantes", escribió.

'El Poeta'

Al mismo tiempo, sin embargo, en la cárcel se fortalecieron sus vínculos con la MS13. Entre los homies, los tatuajes simbolizan su compromiso —de hecho, quitárselos sin permiso puede ser una gran ofensa para la pandilla—. Mientras estuvo en prisión, Romero se hizo varios tatuajes grandes: la "MS" en el pecho, las palabras "Mara Salvatrucha" en el brazo derecho y la figura de un demonio en el izquierdo. Su apodo en la pandilla, según le decía al personal de la prisión, era "El Poeta". (En los documentos del gobierno aparecen otros aliases, como "Big Boy", "D-Boy" y "El Gordo".)

Romero comenzó a entender las pandillas desde la perspectiva de la izquierda latinoamericana. Lo que aprendió del taller de OPERA sobre la historia salvadoreña fue un modelo binario en el que el opresor está contra el oprimido. Concluyó que, en El Salvador, unos pocos ricos habían oprimido sistemáticamente a la mayoría pobre durante siglos, comenzando con el saqueo a los indígenas por parte de los conquistadores españoles. Y comenzó a ver a los pandilleros mismos como víctimas.

En su poema "Orgullo Guanaco" (un himno a los fundadores de la MS13 en California), los describe como jóvenes acosados por la guerra en su país y discriminados en el país del norte. Imaginaba que, después de uno de sus primeros tiroteos, dejaron "En la escena del crimen escrito con sangre, un grafiti que decía: el amor vence al temor. / Era el inicio de una lucha, el nacimiento de la Mara Salvatrucha".

Pero esta visión romántica de una MS13 justa fundada en el amor no era lo que prevalecía en 2003. Fuera de la prisión, los salvadoreños del común estaban horrorizados. La pandilla había reclutado masivamente y se mantenía unida a pesar de las disputas internas. Sus miembros pintaban imágenes macabras en los muros de los barrios, con advertencias como "Ver, oír y callar". Sus asesinatos aparecían en las noticias casi todos los días.

Con el fin de hacer frente a esta amenaza pública, el gobierno salvadoreño cometió una serie de errores entre 2003 y 2004, que les permitieron a MS13 y Barrio 18 consolidarse y extenderse. En primer lugar, aprobó dos paquetes legislativos conocidos como "mano dura". Esta legislación le permitía a la policía arrestar a los presuntos pandilleros más fácilmente, y por tanto las detenciones aumentaron. La mayoría de los casos no eran llevados ante la corte, y las cárceles se llenaron de enemigos mortales. Así que el Estado tomó la fatídica decisión de distribuir las pandillas en cárceles específicas.

"El sistema [penitenciario] no beneficia a nadie... Lo que hace es llenarlo más de odio, de rencor, de resentimiento"- Dany Romero

Como resultado, los líderes de la MS encarcelados empezaron a disfrutar de la seguridad, la comunicación y el espacio que necesitaban para construir su imperio. Con el tiempo, dejaron de dar órdenes a los miembros de Los Ángeles y trasladaron el centro de su poder a sus celdas.

El consejo de veteranos de la MS13, denominado "la ranfla histórica", ejercía ahora un mayor control sobre las calles. Coordinaba el cobro generalizado de "la renta", una cuota que los residentes y los negocios ubicados en los territorios de las pandillas debían pagar regularmente —o de lo contrario atenerse a las consecuencias—. Los mareros decían que se trataba de un "impuesto de guerra" que cobraban para poder luchar contra Barrio 18. En realidad, era una cuota de protección —y una especie de extorsión que las pandillas lograron perfeccionar mientras la policía hacía azarosos intentos de enfrentarlas—.

A medida que la pandilla maduraba, algunos miembros exploraron la posibilidad de protegerse con la ley, en lugar de huirle.

Como dice Romero, a mediados de los noventa él sugirió que presentaran quejas por violaciones a los derechos humanos en la cárcel. Sus compañeros rechazaron aquellas propuestas por considerarlas "culeradas" (mariconadas), y prefirieron defenderse con puños y armas. Pero dado que en los primeros años del nuevo siglo los homies empezaron a aumentar en las cárceles, él dice que los líderes le concedieron el permiso de seguir adelante con sus planes y le otorgaron "el pase": el permiso para retirarse del servicio activo. Dice que no recuerda cuándo ocurrió exactamente esto.

Que Romero haya abandonado técnicamente a la pandilla en ese momento —o en cualquier otro momento— es un asunto interno de la MS13. La pandilla es reservada y muy sensible en cuanto al tema de las deserciones.

En cualquier caso, los documentos oficiales dejan claro que, en los primeros años del siglo, Dany Romero empezó a abogar por los derechos humanos y por las protecciones constitucionales.

A veces lo hacía para sí mismo: en agosto de 2001, fue enviado a una prisión en San Francisco Gotera, donde fue puesto en aislamiento. Él le escribió a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos para que se tratara de buscar una transferencia. La Procuraduría señaló que "se realizaron gestiones de buenos oficios" para ayudarlo. Fue trasladado diez semanas después.

Y otras veces involucraba a otros homies: en abril de 2002, Romero lideró una huelga de hambre de varios días en la prisión de Sensuntepeque, donde los miembros de la MS13 protestaban por sus condiciones de vida.

En julio de 2005 escribió una carta en lenguaje legal formal dirigida a la Procuraduría, en la que se quejaba de que él y otros 15 homies habían sido injustamente trasladados de una prisión controlada por MS13 a una donde había miembros de ambas pandillas, y que allí temían por su seguridad.

En 2006, un grupo de estudiantes de Harvard Law School visitó El Salvador para investigar sobre la violencia allí. Al año siguiente publicaron un informe en el que concluían que en las cárceles salvadoreñas "abundaban las violaciones a los derechos" y que "los abusos físicos y mentales por parte de los funcionarios de la prisión son generalizados". Este grupo de estudiantes basó sus conclusiones, en parte, en testimonios de internos que Romero había reunido, según una persona que trabajó en el proyecto.

Para entonces, Romero se había ganado enemigos entre el personal penitenciario. En varios documentos, los funcionarios de las prisiones lo describen como un hombre manipulador que insultaba y amenazaba a los guardias. A mediados de 2005, lo identificaron como parte de un grupo "desestabilizador" de miembros de la MS; un psicólogo del correccional definió a Romero como un preso "frío", "calculador", "agresivo", "egocéntrico" y "altamente peligroso", que había ingresado armas ilegalmente al penal.

En octubre de 2005, lo transfirieron a la prisión de máxima seguridad de Zacatecoluca, conocida como "Zacatraz", llamada así por la famosa penitenciaría de Estados Unidos, donde era común el confinamiento solitario.

"Estaba totalmente solo, sin contacto con nadie", dice Romero. "Aquellos fueron los días más duros de mi vida".

Documento que registra el translado de Romero a "Zacatraz"

(Documento que registra el translado de Romero a "Zacatraz")

Entre los momentos más difíciles está el de febrero de 2007, cuando los agentes de seguridad de Zacatraz sacaron a los "ranfleros" (o "líderes") de sus celdas, los culparon por crímenes por fuera de la prisión, y les dieron fuertes golpizas. (La Defensoría de los Derechos Humanos ha confirmado este incidente en el diario digital El Faro.) Romero dice que él estuvo entre las víctimas de ese día, y todavía tiene una cicatriz de cuando lo arrastraron por el suelo.

Cuando le volvió a contar esa historia a un investigador académico, Romero mencionó que a uno de sus compañeros le fracturaron la nariz. Resulta que ese compañero era Borromeo Enrique Henríquez Solórzano, alías El Diablito de Hollywood.

Henríquez es considerado el ranflero de más alto rango en la MS13. Elocuente y astuto, a menudo ha hablado en representación de la pandilla en conferencias de prensa y en entrevistas. Él ha introducido innovaciones: fue uno de los fundadores del primer consejo de líderes, que buscó establecer normas más claras para los pandilleros, así como disciplina interna. Henríquez también intentó establecer la extorsión en El Salvador, y ha tratado de incursionar en el tráfico de drogas, la venta de autos, e incluso en política.

Henríquez tiene cuatro años menos que Romero. Con base en los registros, es difícil establecer qué tan cercana era su amistad, pero el sufrimiento que soportaron juntos en Zacatraz no sería la última vez que interactuarían. Años después volverían a estar en contacto.

Romero estaba por culminar su condena. En diciembre se casó con su novia Karla. Fue finalmente liberado en febrero de 2008 a la edad de 33 años, después de haber pasado un tercio de su vida en uno de los peores sistemas carcelarios del mundo.

"El sistema [penitenciario] no beneficia a nadie", me dijo. "Lo que hace es llenarlo más de odio, de rencor, de resentimiento. Creo que son pocas las personas que logran superar eso."

Flores y bestias

En el primer semestre de 2009, dos hechos sin precedentes ocurrieron en El Salvador.

El 14 de febrero, los detenidos de 11 de las 19 penitenciarías del país se concentraron en las zonas comunes y se negaron a volver a sus celdas. Los internos se habían quejado durante mucho tiempo de sus condiciones de vida, pero esta acción fue la protesta carcelaria más coordinada —respaldada por ambas pandillas— que el país hubiera visto en su historia. Afuera, sus familias marchaban por el centro de San Salvador y el 16 de febrero, presentaron sus peticiones a los funcionarios de la prisión.

Esta movilización rápidamente llamó la atención de la prensa internacional, y del gobierno. En cuestión de días, el director de las cárceles de El Salvador se sentó con las familias de los presos, y con jueces y observadores de ONG. Entre estos últimos se encontraba Dany Romero. Ahora él se presentaba como miembro de OPERA. (Para entonces, hacía mucho tiempo que los estudiantes de psicología se habían ido; él había abierto un nuevo grupo y revivido el nombre).

Mientras estas conversaciones sobre reforma carcelaria se extendían hasta marzo, sucedió el segundo hecho sin precedentes: el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN), partido político de izquierda formado por exguerrilleros, llegó a la presidencia.

Su nuevo director de prisiones anunció en junio que mantendría los diálogos, y los denominó "Mesas de Esperanza". Romero participó en ellas también. (Al menos en una reunión, él actuó como una especie de mediador entre la MS13 y el gobierno, según el informe de actas oficiales).

De ahí en adelante, la imagen de Romero siguió creciendo. A mediados de junio de 2010, la ONG global Interpeace lo invitó como parte de una delegación centroamericana a las conferencias sobre prevención de la violencia en Suiza y Bélgica.

Romero en un evento de Interpeace

(Romero en un evento de Interpeace)

Uno de los delegados recuerda cómo, antes del primer evento en Ginebra, él se quedó mirando por la ventana un brillante sendero sembrado de pensamientos.

"Quería saber su nombre, porque nunca las había visto en El Salvador", recuerda. "Por lo general se ve a los pandilleros como demonios y máquinas de matar sin compasión, pero Dany no parecía una bestia".

En casa Romero recogía premios. Ya había ganado el premio anual del Colectivo Herbert Anaya, grupo estudiantil de derechos humanos de la Universidad de El Salvador. En su viaje a Europa, dos importantes ONG salvadoreñas publicaron un anuncio —acompañado de una fotografía de un Romero de amplia sonrisa— en el semanario Voces. Reconociendo sus esfuerzos, lo llamaron "colaborador permanente".

La meta era apoyar a Romero en un momento en que se quejaba de hostigamiento policial, comenta Nelson Flores, abogado del respetado grupo de defensa legal FESPAD, donde Romero trabajaba como voluntario.

Flores señaló que las fuerzas de seguridad de El Salvador "no diferencian entre buenas y malas intenciones. El solo hecho de que usted se reúna con la pandilla significa [para ellos] que usted está trabajando para las pandillas".

En un punto, Romero presentó una denuncia formal contra la policía por amenazas hechas por celular y por seguirlo en vehículos particulares. Para tener claridad sobre la situación de Romero, Flores se reunión personalmente con un agente de policía, quien negó que tuviera alguna investigación pendiente.

Flores recordó este periodo como esperanzador para la política progresista contra las pandillas. El ministro de seguridad del FMLN, recuerda, habló enérgicamente sobre la inversión en prevención de la violencia, es decir, impedir que los niños ingresaran a las pandillas para empezar, en contravía con el simple enfoque en las ofensivas de línea duras.

"Creíamos que en verdad íbamos a hacerlo", rememora Flores.

Es decir, hasta el 20 de junio de 2010. Esa noche, miembros de una facción disidente de la mara Barrio 18, autodenominada Revolucionarios, detuvieron un bus lleno de pasajeros en Mejicanos, municipio al norte de San Salvador, al que se considera parte de la gran área metropolitana. Le prendieron fuego, quemando vivos a muchos y disparando a quienes intentaban huir.

Incluso los salvadoreños, habituados al sufrimiento, se horrorizaron. La anuencia del público hacia estrategias más suaves contra las pandillas pronto se transformó en ira. El congreso salvadoreño aprobó aún más leyes contra las pandillas y se devolvió, observó Flores, a "la represión".

'Estamos en guerra'

A comienzos de 2012, con la tasa de homicidios en casi 12 diarios, la administración del FMLN intentó algo nuevo. Fue un asunto de contrapartidas, llevado en secreto: trasladaron a los cabecillas de primera línea de Zacatraz a prisiones más permisivas y cómodas, donde sus subalternos tenían el control. A cambio, la ranfla de la MS13 y sus homólogos de Barrio 18, que ahora tenían líneas de comunicación más claras con la calle, enviaron órdenes a sus soldados de a pie: parar el exterminio.

De un día para otro, la tasa de homicidios se desplomó a la mitad. El Faro reveló la noticia de que las pandillas y el gobierno habían acordado una tregua.

La tregua resultó controvertida. Tenía el respaldo de la Organización de Estados Americanos, y mostró una reducción de la violencia. Pero las pandillas nunca dejaron de extorsionar a sus vecinos, y algunos alegaban que las pandillas desaparecían a más personas para que la tasa de homicidios pareciera menor de lo que en realidad era. Además, un gran segmento de la opinión pública sentía que el proceso excluía a las víctimas y que no era transparente.

Temiendo repercusiones negativas, el FMLN se negó a admitir que hubiera promulgado la política. El partido conservador de oposición ARENA, desempolvando su retórica de guerra civil, los acusó de "negociar" con terroristas —aun cuando el mismo ARENA ya se había involucrado en un diálogo con las pandillas, y lo haría de nuevo.

Pero había claridad en un punto general: Las pandillas, como ejércitos gigantescos capaces de manipular la tasa de homicidios, habían surgido como actores políticos claves. Alardeaban sobre eso en los periódicos, repitiendo el inteligente lema: Si somos una parte del problema, entonces podemos ser parte de la solución.

"Hemos tenido que estar mucho tiempo en lucha por derechos que están en la ley", dijo El Diablito a los periodistas seis meses después de lograda la tregua. Fue una declaración extraordinaria: ahí estaba la MS13, un grupo dedicado a infringir la ley, sonando como su adalid.

En este contexto, la pandilla hizo una incursión desafortunada en la política nacional... y Dany Romero tuvo un asiento en primera fila en la movida.

En 2013 y 2014, el partido de gobierno FMLN sostuvo discretas reuniones con varios líderes de la MS13 y de Barrio 18. Los políticos les solicitaron ayuda para reunir votos para las elecciones presidenciales que se avecinaban.

En una reunión, el FMLN incluso sugirió un programa de microcréditos para ayudar a los jóvenes en el territorio de las pandillas a abrir microempresas. El representante del partido dijo que su colectividad estaba preparada para invertir US$10 millones, que serían administrados por los jefes de las pandillas. 

"Hemos tenido que estar mucho tiempo en lucha por derechos que están en la ley"- El Diablito

Sin embargo, cuando el FMLN ganó las elecciones, la alianza se desbarató. Las pandillas aumentaron la tasa de homicidios para forzar al partido a volver a la mesa, pero el partido les había vuelto la espalda: en abril de 2016, el gobierno instituyó "medidas extraordinarias" en las cárceles y los persiguió sin piedad en las calles.

Pero las pandillas, paranoides por naturaleza, habían guardado grabaciones clandestinas de todo el contubernio. En venganza, comenzaron a filtrarlas a la prensa.

En una grabación de quince minutos en la que se trató el tema de los microcréditos, la segunda voz pregunta si es posible cambiar el destino de la inversión inicial. Esa es la voz de Dany Romero. Él participó en varias de las reuniones secretas.

Para ese momento, él era empleado de Equipo Nahual, ONG salvadoreña dedicada al desarrollo comunitario y financiada por la entidad de beneficencia alemana Caritas. El representante del FMLN presente en la reunión sugirió que Equipo Nahual ayudara a elaborar los detalles del programa de microcréditos.

Pero no habría microcréditos ni empresas de jóvenes... ni acuerdo. En lugar de eso el gobierno del FMLN se preparó para la batalla.

"Aunque algunos digan que estamos en guerra", comentó el presidente Salvador Sánchez Cerén en un discurso de marzo de 2016. "No queda otro camino".

Narrando el abuso

Entre tanto, Romero seguía intercediendo.

Entregó a un periodista copias de 27 cartas formales, comunicados y denuncias que escribió en 2014 y 2015. Algunas las escribió a nombre de un grupo de familias de presos llamadas COFAPPL. Otras como presidente de OPERA, que para ese momento tenía registrada como organización sin ánimo de lucro. Denunciaba la falta de tratamientos médicos adecuados para los presos, golpizas de guardias y el homicidio de un compañero a quien se envió a una prisión de rivales.

Por fuera del sistema penitenciario, Romero recogió testimonios de horrendos abusos de la policía. En un audio que compartió conmigo, la novia de un pandillero afirma que la policía iba buscándolo, pero solo la hallaron a ella, entonces la violaron en grupo. En otro, un testigo discute un episodio en el que la policía masacró a siete pandilleros de la MS13 a quemarropa, junto con un campesino inocente, en una finca llamada San Blas en mayo de 2015.

Romero dice que transmitió el último testimonio a "compañeros de confianza". Pronto, El Faro recogió la pista. El artículo resultante hizo de la masacre de San Blas un escándalo nacional. Nueve meses después, en abril de 2016, el entonces procurador para la Defensa de los Derechos Humanos David Morales realizó una conferencia de prensa confirmando la atrocidad. Posteriormente reveló que su oficina investigaba 30 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales, que implicarían la muerte de 100 personas. Parecía una reivindicación pública de lo que Dany Romero llevaba años denunciando.

Pero Romero no se regodeaba. Para ese entonces, estaba bajo la sanción del Tesoro estadounidense. El desasosiego no lo dejaba permanecer en Guatemala y regresó, con inquietud, a San Salvador. Y la policía lo estaba cazando de nuevo.

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El 15 de abril de 2016, él y una colega salieron de la oficina de Equipo Nahual. Agentes de la policía los detuvieron. Según una persona de la comunidad de ONG de El Salvador, que oyó por casualidad, por medio de un teléfono celular, la interacción que tuvo lugar, un policía le aconsejaba a Romero que tuviera cuidado cuando transitara de noche, porque a veces "la gente desaparece".

Evitaba salir lejos de su casa, así que en junio de 2016, lo convencí para que nos reuniéramos en un Pizza Hut de Soyapango. Fue la última vez que lo vi. Llegó vestido con una camiseta negra, y por primera vez en media docena de entrevistas sentados frente a frente, avisté una punta de su tatuaje del diablo saliendo de debajo de su manga.

Hablamos de cómo podría haber quedado bajo el radar del Tesoro estadounidense. Ese proceso es bastante opaco. (Mi solicitud para conocer su expediente en el Tesoro, que envié en mayo de 2016 amparado en la Ley de Libertad de Información sigue en trámite).

La OFAC, oficina responsable de esos casos, afirma que la declaración de una persona como "Ciudadano con Designación Especial" es "intensiva" y se basa exclusivamente en "información sólida de fuentes confiables", como "organismos policiales y de inteligencia, gobiernos extranjeros [y] paneles de expertos de las Naciones Unidas".

Una vez se clasifica a una persona, se dice que es difícil salir de la lista, pero no imposible. (Entre 2012 y 2014, según la OFAC, desclasificó a 500 personas que mostraron "cambios de comportamiento").

Romero había escrito directamente por correo electrónico a la OFAC para defender su caso, sin éxito. Decía que no podía pagar un abogado, pero estaría dispuesto a someterse a una prueba de polígrafo.

Se rehusó a declarar de forma explícita si seguía en contacto con la ranfla histórica, el consejo de jefes de pandillas. Pero insistió en que nadie que trabaje en los barrios pobres salvadoreños puede evitar hablar con pandilleros.

"Mi trabajo con ellos ha sido derechos humanos, desarrollo comunitario, más nada, señalaba. "No me interesa absolutamente nada que no tenga que ver con mi trabajo".

¿Peón o jugador?

La policía salvadoreña arrestó a Dany Romero en la madrugada del 28 de julio de 2016, como parte de la Operación Jaque, una gigantesca redada contra miembros de la MS13.

En cuestión de horas, el embajador británico Bernhard Garside salió en su defensa, con un tuit en el que se decía "preocupado" por el arresto de un "expandillero" que trabajaba "para la paz en El Salvador". Cuando otro usuario le preguntó si era posible que Romero nunca hubiera dejado la pandilla, el embajador respondió, "Si nunca lo dejó, estaba viviendo una mentira increíble los últimos ocho años".

Académicos citados en medios como The Intercept y The Guardian en el lapso de las dos semanas siguientes hicieron eco de ese sentimiento.

Los cargos contra Romero incluían liderar una organización terrorista, conspiración para cometer actos terroristas, y conspiración para cometer homicidio.

La policía salvadoreña se había hecho una reputación por hacer grandes barridas de áreas de influencia de la MS13 bajo cargos dudosos, pero esto era distinto. Se habían aliado con fiscales para abrir un caso que, por primera vez, apuntara no solo a los cabecillas en general, sino también a los bienes de las pandillas (como vehículos y edificios). Lograron esto básicamente mediante interceptaciones. Y Dany Romero salió en esas interceptaciones.

La historia central fue la siguiente: hacia el segundo semestre de 2015, una facción disidente de la MS13 acusaba a la ranfla histórica de sacar provecho de la tregua y de los negocios particulares sin compartir esa riqueza con el resto de los compañeros —grave afrenta para los principios de la banda. Como lo relató InSight Crime, los disidentes abrieron fuego contra uno de esos negocios y planearon algo peor a medida que la insurrección se extendía.

Para frustrar la rebelión, El Diablito ordenó la muerte de su líder, "El Chory". Este fue descuartizado a machetazos hasta la muerte el 6 de enero de 2016, en una cárcel salvadoreña.

Luego se hizo necesaria una reorganización de la MS13. Romero, al parecer, la facilitó. Según el pliego de cargos, llamó por lo menos a dos jefes de la MS13 el 30 de enero. A cada uno le dijo que acababa de visitar a El Diablito en Zacatraz y debía transmitir sus órdenes. Las órdenes eran quitar la autoridad a cualquier compañero, aun de los que solo se tuviera sospecha, que hubieran ayudado a la rebelión de Chory.

La tarde siguiente, Romero y varios lugartenientes de la MS13 se reunieron en la oficina de OPERA, posiblemente para discutir el cambio jerárquico. El 1 de febrero, Romero se dirigió a la cárcel de Izalco, donde la rebelión había empezado. Su objetivo, como presuntamente explicó por medio de un teléfono intervenido, era terminar de transmitir las órdenes de El Diablito.

"Lo único que he hecho como activista de los derechos humanos es buscar la transparencia y buscar los mecanismos legales para que exista un verdadero estado de derecho"- Dany Romero

Si Romero actuaba realmente como mensajero de los jefes de la banda, sería difícil darle vuelta a eso como una especie de defensa de los derechos humanos. Su juicio empieza el 25 de septiembre.

Entre tanto, un segundo pliego de cargos presentado el 16 de agosto por los fiscales pretende dar más detalles sobre las actividades de Romero.

Los fiscales alegan que su rol en la pandilla es menos "asesoría privada para defensa" y más cierto tipo de intermediación provista de conocimiento suficientes de la burocracia estatal para "solucionar los problemas judiciales de la pandilla... beneficiar a la estructura en general". Por ejemplo, firmaba solicitudes, visitaba cárceles y administraba donaciones de ONG.

Pero las autoridades alegan que OPERA de Romero se subvencionaba con otro flujo de ingresos: dinero de extorsiones. A finales de 2015 y comienzos de 2016, la MS13 estaba cobrando impuestos a una empresa de entregas, que llevaba arroz, granos, aceite y pañales a tiendas de barrio. En las conversaciones interceptadas en esa época, los pandilleros acordaron entregarle a Romero US$2.000 de ese dinero para que pudiera manejar la oficina de OPERA, pagar a sus empleadas y compensarse.

(Los fiscales incluso alegan que en una conversación grabada el 1 de febrero de 2016, Romero se identificó como miembro de una clica).

No hay registro en los pliegos de cargos de que Romero haya admitido la extorsión. Pero si realmente recibió personalmente miles de dólares, en efectivo de los pandilleros, eso arrojaría una sombra y pondría su actividad humanitaria en una zona gris.

Juan José Martínez d'Aubuisson, antropólogo de la Universidad de El Salvador y uno de los principales investigadores sobre pandillas en la región, dice que no niega el argumento principal de Romero: que la policía se pasó de la raya al perseguirlo a él y a la MS13.

"Trabajar por que la policía no cometa esas acciones, porque son violaciones de los derechos humanos, nadie te podría decir que eso está mal", observa Martínez, quien también ha escrito para InSight Crime. "Pero amplía el foco un poco. La estructura de la Mara Salvatrucha en realidad es una estructura muy perniciosa para el país. Y no te confundas: Es un eslabón muy importante de esa estructura".

Martínez duda de que Romero fuera utilizado por la pandilla contra su voluntad. Dada la edad de Romero y su historia en la pandilla, agrega, "muy difícilmente le obligarán a hacer algo que no quiere".

'Solo somos hombres tristes'

Una de las grandes ironías de la persecución del Tesoro hacia Dany Romero es que él y la Embajada de Estados Unidos en San Salvador están de acuerdo en ciertas prioridades.

Por ejemplo, Romero cree que la autoridad salvadoreña necesita depurarse y profesionalizarse. Hay una oficina de 46 empleados en la embajada que trabaja casi exclusivamente en este problema: la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL).

Según un agente de la INL, en los últimos años han dotado a la división de asuntos internos de la policía con equipos y un asesor. Han levantado casi 40 comisarías modelo dotadas de computadores para vigilancia de puntos calientes. Más recientemente, donaron cámaras portátiles a la policía como parte de un programa piloto. Y en una medida que Dany Romero hubiera aplaudido, los funcionarios de la embajada presionan a las autoridades salvadoreñas para que investiguen plenamente a los agentes implicados en la masacre de San Blas. (El 11 de julio de 2016, se acusó a nueve agentes).

Romero se queja de que las prisiones salvadoreñas están hacinadas y de sus condiciones de inmundicia. La embajada ha pagado para remodelar varias "bartolinas" policiales (celdas de retención) para que ofrezcan más espacio y baños en funcionamiento. En el resto del sistema penal, la escasez de aire puro y luz solar ha causado brotes de tuberculosis; la INL ahora ofrece al gobierno anfitrión unidades móviles para pruebas de tuberculosis.

Tanto Romero como Estados Unidos creen, en grados variables, que aunque los pandilleros victimizan a sus vecinos, ellos también son víctimas... de la pobreza, de la desintegración familiar, de una economía débil, de falta de servicios básicos.

Romero afirma incluso que él, al igual que Estados Unidos, quiere que la MS13 deje de asesinar y extorsionar. Pero difieren en la estrategia. Mientras que Estados Unidos busca acabar con al pandilla desde afuera, Romero propone reformarla desde adentro.

"Para mí, es importante que las pandillas tengan conciencia política", me dijo una de las últimas veces que lo vi.

En primer lugar, eso les ayudaría a llegar a mejores acuerdos con los políticos, quienes a lo largo de la historia se han echado para atrás en los servicios prometidos. En segundo lugar, comentó, una conciencia política ayudaría a los pandilleros a darse cuenta del error de sus métodos y volver a suscribir el contrato social.

"Si quieren las oportunidades que han estado pidiendo por años ya", señaló, "tienen que comprometerse a respetar los derechos humanos".

Él pide que se dé a los pandilleros activos las herramientas mentales y logísticas para enderezarse. La lógica es sencilla: si hay 30.000 pandilleros en El Salvador, y es imposible encerrarlos a todos, entonces la única alternativa legal en el corto plazo es rehabilitarlos.

Pero algunas personas de la embajada consideran que eso es misión inútil. El precio de ingreso a las pandillas es el homicidio, señalan, lo que puede cambiar para siempre a un joven.

"Cuando se oprime ese interruptor, no hay marcha atrás", dijo un agente de policía estadounidense que ha trabajado en El Salvador habló con la condición de que se mantuviera su anonimato. "Rehabilitar a un joven —es esfuerzo y dinero mal gastados, según mi experiencia. Es mejor arrestarlos y encerrarlos. Hay que priorizar los recursos que se tienen".

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Incluso si los pandilleros pudieran darle vuelta a sus vidas —y muchos lo han hecho— la pandilla debe darles permiso, lo que es complicado. El año pasado, el Departamento de Estado contrató un estudio de investigadores de la Universidad Internacional de Florida. Luego de encuestar a 1.200 personas con antecedentes de pandillas, los investigadores supieron que la deserción de la pandilla por lo general requiere un diálogo delicado con los cabecillas, luego abre paso a una supervisión intensiva que nunca termina realmente. Alrededor del 58 por ciento de los encuestados dijo que unirse a una iglesia era la vía más adecuada para comenzar una nueva vida.  

Sin embargo, para respaldar esos esfuerzos de las iglesias, la embajada tendría que maniobrar entre una compleja red de normas que limitan la manera como los fondos del gobierno federal benefician a las organizaciones religiosas.

En teoría, la embajada podría centrarse en una rehabilitación indirecta, es decir, en programas donde un participante no tenga que divulgar que pertenece a una pandilla para acceder a los beneficios (un escenario de no preguntas, no historias). Pero hacer eso en territorios de pandillas sigue requiriendo el visto bueno de la pandilla, tan dominante es su presencia. Y ahora que la cadena de mando de la época de la tregua se ha disgregado, ha más espacio para que clicas individuales se queden al margen, lo que limita las opciones de éxito.

Una estrategia de prevención —es decir, "matar de hambre a la bestia"—parece una solución elegante. La idea es desarrollar tanto las zonas deprimidas que se agote gran parte de la base de reclutas de las pandillas. La gran mayoría de ayuda estadounidense a El Salvador ya se destina a programas "suaves". En 2015, el 97 por ciento de un total de US$332 millones de ayuda fue "auxilio económico", la mayor parte de lo cual estimuló la educación, la infraestructura y el comercio. Pero la prevención, por su misma naturaleza, requiere años para mostrar frutos. La mayoría de los pandilleros de hoy en día son adolescentes. Aun si ellos son la última "clase de reclutas", seguirán matando y extorsionando durante años, a menos que terminen muertos o presos... o tengan una segunda oportunidad.

Los salvadoreños aún pueden estar abiertos a una estrategia progresista. A finales de 2015, una encuesta de la UCA mostró que el 68 por ciento de los ciudadanos apoyaba una ley de rehabilitación para pandilleros.(Por otro lado, muchos salvadoreños continúan apoyando políticas de "mano dura".)

Sin embargo, el encierro de algunas personas como Dany Romero sería un retroceso, dice la doctora Celia Szusterman, miembro de la administración del centro de pensamiento con sede en Londres Institute for Statecraft. Antes del arresto de Romero, él y Szusterman planeaban colaborar en la defensa de los derechos humanos en El Salvador. Ella asume que él es inocente, pero si no lo es, teme las consecuencias.

"Algunas personas usarían esto para justificar políticas de 'mano dura', y para desacreditar la necesidad de tratar a los pandilleros como seres humanos, en lugar de hacerlo como alguna especie subhumana", me confió. "Peor eso no significaría es que imposible dejar la pandilla. Espero que la gente pueda ver más allá de un caso particular".

Sin duda, Dany Romero es una excepción. Pocos pandilleros logran tanto como él ha logrado. Nunca los llevaron a Europa a participar en una conferencia o negociar con un gobierno o recibir respaldo público de un diplomático. Entró en un mundo enrarecido, pero al mismo tiempo se mantuvo firme con la pandilla. Sería como estar parado en la orilla y poner un pie en un bote: tarde o temprano, las leyes de la física exigen que elijas. Dany Romero trató de no elegir, mantenerse en ambas. Eventualmente, cayó.

Ahora es imposible distinguir su actual estado de ánimo a través de todas las barreras que lo separan del mundo exterior. Está de nuevo en Zacatraz. Un pariente dijo a Insight Crime que está enfermo y por las "medidas extraordinarias", incomunicado.

En su temporada anterior allí, hace una década, escribió un poema. Lo incluyó en su libro publicado en 2013, "Memorias sugestivas", que según su introducción publicó por sus propios medios para mostrar "el lado humano de ese monstruo conocido como la Mara Salvatrucha".

El poema se llama "Apariencias". En él describe cómo él y otros presos de Zacatraz ocultaban su sufrimiento:

Los más despiadados, los que acaparamos los titulares de los diarios, los que fuimos noticia por radio y televisión, los desalmados sin compasión. Honestamente solo somos hombres tristes, hombres tristes que ocultamos lo que sentimos, que reímos por no llorar y ante los demás fingimos.

* Nicholas Phillips  es un reportero independiente de los Estados Unidos. Contactelo en Twitter al @infonphillips o por medio de su página, nicholas-phillips.com