Una escena del crimen en San Pedro Sula, la capital de los homicidios del mundo

De las 50 ciudades más peligrosas del mundo, 43 se encuentran en Latinoamérica y el Caribe. InSight Crime analiza algunos de los factores que están impulsando la violencia.

Business Insider revivió la lista en una publicación reciente con base en un informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México que fue publicado a principios de este año, clasificando a ciudades en todo el mundo a partir de sus tasas de homicidio. Con la excepción de Ciudad del Cabo, en África del Sur, las 20 ciudades más violentas están en Latinoamérica y el Caribe.

De las 50 áreas urbanas con las tasas de homicidios más altas, 16 se encuentran en Brasil, nueve en México, seis en Colombia, y cinco en Venezuela (vea el mapa abajo). San Pedro Sula, en Honduras quedó clasificada como la ciudad más violenta del mundo por tercer año consecutivo, seguida de Caracas, Venezuela y Acapulco, México.

InSight Crime ha identificado las cinco principales dinámicas criminales que han ayudado a hacer de las ciudades de Latinoamérica las más violentas del mundo:

1. Mercados nacionales de drogas en auge

Varios países de Latinoamérica han experimentado un aumento sustancial en el tamaño de sus mercados nacionales de drogas, estimulando el surgimiento de grupos criminales locales. Brasil es ahora el segundo mayor mercado del mundo para la cocaína y sus derivados, después de Estados Unidos, mientras que Argentina, Perú y Colombia también han visto un crecimiento significativo en sus mercados nacionales en los últimos años.

Mientras los grupos criminales locales emergen para abastecer los mercados locales, las disputas territoriales sobre el transporte y las ventas pueden dar lugar a picos en las tasas de homicidios. Este es uno de los factores que ha provocado homicidios en Brasil, un país que ha sido testigo de la expansión del tráfico doméstico de drogas más allá de Río de Janeiro y São Paulo y hacia el resto del país. Las pandillas se han extendido hacia las regiones del norte y noreste de Brasil, hogar de varias de las ciudades que se encuentran en la lista, incluyendo Salvador (# 13), Natal (# 12), João Pessoa (# 9) y Fortaleza (# 7). La misma dinámica se observa con las organizaciones criminales más grandes, como el Primer Comando Capital (PCC), que se originó en São Paulo y ahora está presente en 24 de los 27 estados de Brasil.

2. Fragmentación del crimen organizado

Latinoamérica ha sido testigo de la caída de muchos capos de la droga en los últimos años, lo que ha provocado la división de las organizaciones criminales en facciones más pequeñas. Sin el personal para llevar a cabo operaciones de tráfico transnacional de drogas a gran escala, estos grupos más pequeños por lo general recurren a actividades criminales más localizadas –y a menudo más violentas- como el secuestro y la extorsión. Los grupos disidentes a menudo luchan entre sí por el control de los negocios criminales locales.

Esto es particularmente cierto en México, donde las fuerzas de seguridad han dado fuertes golpes a los grupos criminales. Los Zetas han perdido a varios miembros de alto rango en los últimos años, lo que ha provocado la fragmentación del cartel en células semiindependientes. Al menos tres de las ciudades mexicanas en la lista -Nuevo Laredo (# 30), Victoria (# 22), y Torreón (# 18)- se encuentran en los estados que cuentan con una presencia significativa de los Zetas.

La Organización Beltrán Leyva (OBL) también ha sufrido una pérdida de liderazgo y se ha dividido en varias facciones rivales, incluyendo los grupos criminales de Guerreros Unidos y Los Rojos, que están envueltos en una sangrienta disputa por el territorio. Estos grupos están luchando por territorio en los estados de Guerrero y Morelos, el hogar de dos de las ciudades en la lista: Acapulco (# 3) y Cuernavaca (# 43).

En Guatemala, un pico en los asesinatos en 2013 coincidió con las muertes y los arrestos de líderes criminales. Fiscales antinarcóticos dijeron a medios locales que el vacío de poder había engendrado grupos disidentes, envueltos en batallas por el control del hampa. Ciudad de Guatemala es la número ocho en la lista.

3. Los países de tránsito de drogas se convirtieron en focos del crimen

Los países que sirven como países de tránsito para las drogas tienden a experimentar altos índices de violencia y criminalidad. Para facilitar los envíos de droga a través de un país, las organizaciones criminales transnacionales suelen contratar a grupos locales para que vigilen y transporten los envíos, y a veces se les paga con drogas. Esto puede estimular el desarrollo y la creciente sofisticación de las pandillas locales, así como el crecimiento de los mercados nacionales de drogas. Las organizaciones criminales transnacionales también establecieron operaciones en los países de tránsito para supervisar el tráfico de drogas, llevando consigo la violencia.

Un ejemplo de este fenómeno es el de Venezuela, el hogar de cinco de las ciudades más violentas del mundo, incluyendo Caracas, que está clasificada en el segundo puesto. Venezuela es un importante punto de transbordo para la cocaína colombiana y ha sido testigo de las luchas de los grupos criminales colombianos para obtener el control de las rutas de tráfico de drogas. Cuatro de las cinco ciudades de Venezuela en la lista se encuentran cerca de la costa, y pueden servir como puntos de tránsito para los cargamentos de droga que tienen como destino Estados Unidos y Europa a través de rutas marítimas.

Honduras también ha visto un aumento en la violencia y las pandillas callejeras se han vuelto más sofisticadas mientras el país se convierte en un importante centro de tránsito de drogas. Honduras es el hogar de la ciudad más violenta del mundo, San Pedro Sula, que se encuentra cerca de la frontera con Guatemala, cerca de Puerto Cortés, el principal puerto de Honduras. La ciudad también tiene un grave problema de pandillas, con la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18 luchando por el control del comercio local de drogas, y la presencia del Cartel de Sinaloa.

4. Conflicto y legado de la guerra civil

Las guerras civiles en El Salvador, Guatemala, y Nicaragua ayudaron a dar a luz a las despiadadas pandillas de Centroamérica. La MS13, una de las pandillas callejeras más grandes y poderosas de la región, fue fundada en Los Ángeles en los años ochenta por refugiados centroamericanos que habían huido del conflicto armado. Cuando el gobierno de Estados Unidos deportó a estos refugiados a finales de los años noventa y principios de la primera década del siglo XXI, aquellos que participaron en grupos criminales transformaron la región del Triángulo Norte, devastada por la guerra -integrada por Guatemala, El Salvador y Honduras- en un centro de actividad pandilleril.

El conflicto armado también ha dado lugar a una considerable violencia en Colombia, donde las organizaciones guerrilleras han luchado contra el Estado durante los últimos 50 años. Los grupos paramilitares que supuestamente se formaron para defenderse de la guerrilla ahora se han transformado en organizaciones criminales conocidas como BACRIM (acrónimo de "bandas criminales"), que están involucradas en disputas territoriales sobre las rutas de tráfico de drogas en las principales ciudades como Cali (# 4), Medellín (# 35), y Cúcuta (# 33).

5. Corrupción y criminalización del gobierno local

Los lazos entre los grupos criminales y funcionarios públicos desempeñan un papel crucial en la facilitación de la actividad criminal y la creación de una cultura de impunidad. Las fuerzas de seguridad corruptas pueden mantener informados a los grupos criminales, protegerlos de las operaciones de los cuerpos policiales, y facilitar los envíos de droga, mientras que los vínculos con políticos y élites locales prestan a los criminales una fachada de legitimidad.

Esta dinámica se hizo dolorosamente clara en un caso reciente relacionado con la desaparición de 43 manifestantes estudiantiles en Guerrero, México. El alcalde y su esposa de la ciudad donde los estudiantes desaparecieron presuntamente ordenaron los ataques, que las autoridades creen que se llevaron a cabo por el grupo criminal Guerreros Unidos. Tras los ataques, los informes de inteligencia indicaron que 12 alcaldes del estado de Guerrero pueden tener vínculos con el crimen organizado.