Policías colombianos caminan por un cultivo de coca

Colombia parece haber recuperado su lugar como el principal productor de cocaína en el mundo, algo que tiene profundas consecuencias para el tráfico de drogas y para el actual proceso de paz con las guerrillas marxistas.

Según un informe reciente de la Casa Blanca, el cultivo de coca en Colombia aumentó un 39 por ciento en 2014, una tendencia que, según varias fuentes sobre el terreno le han dicho a InSight Crime, ha continuado este año, o quizá se ha acelerado. En cuanto a hectáreas de coca, se pasó de 85.000 en 2013, a 112.000 en 2014 (vea el gráfico de la Casa Blanca abajo). En términos de producción de drogas, esto significa un incremento de 185 toneladas a 245, cifra que, como se detalla a continuación, InSight Crime cree que está por debajo de la verdadera cantidad de cocaína producida anualmente en Colombia.

En cuanto a la distribución geográfica, los departamentos de Nariño, Norte de Santander y Putumayo —que por mucho tiempo han sido centros de cultivo de coca—siguen siendo los principales productores del país. Sin embargo, Antioquia, que había experimentado una disminución significativa en los últimos años, se encuentra ahora entre los mayores productores, con un incremento del 95 por ciento en los cultivos de coca en 2014, y 11.000 hectáreas cultivadas.

15-05-05-cocaAún no se han publicado los datos más recientes sobre otros dos países cocaleros, Perú y Bolivia, pero en Perú se ha mantenido la cifra estable de unas 50.000 hectáreas en los últimos años, y Bolivia ha producido unas 25.000 hectáreas, según indica la Casa Blanca. Con el apoyo de Estados Unidos, Perú ha intensificado sus esfuerzos de erradicación, y el presidente boliviano Evo Morales, él mismo un excocalero, ha logrado contener la expansión de la coca en Bolivia.

La Casa Blanca afirma que la producción de coca peruana dio como resultado 290 toneladas de cocaína en 2012, mientras que Bolivia produjo unas 155 toneladas el mismo año. Las razones para el mayor rendimiento por hectárea, particularmente en Perú, consiste en que las variedades de coca que existen allí tienen un contenido de alcaloides mucho mayor y las plantas son más antiguas. En Colombia, debido a la erradicación constante, las plantas son más jóvenes y por lo tanto producen mucho menos.

Sin embargo, Colombia podría haber recuperado su título como el principal productor de cocaína, un lugar que perdió frente a Perú en 2013. La razón principal tiene que ver con un aumento en la producción. Aún más, la erradicación aérea ha llevado a que se subestime la producción total de coca, dado que los cocaleros colombianos tienen parcelas mucho más pequeñas, las esconden bajo el dosel de la selva o las siembran entre otros cultivos como el plátano y el café, de modo que es más difícil encontrarlas.

A esto se suma el hecho de que la coca colombiana se ha mezclado con variedades especialmente potentes, como la Tingo María de Perú, lo cual ha incrementado el rendimiento por hectárea. Finalmente, los sembrados de coca en Colombia pueden dar cosechas hasta seis veces al año, mientras que en Perú y Bolivia el promedio es de unas tres cosechas.

¿Por qué ha aumentado la producción de coca?

Las comunidades locales han mencionado recientemente una explosión en los cultivos de coca, no sólo en los cuatro departamentos mencionados anteriormente, sino en todo el país. Hay varias explicaciones para ello.

La primera tiene que ver con el precio del oro. Cuando éste alcanzó niveles récord en los años 2010 y 2011 (US$1.900 la onza), muchos de los trabajadores informales que se dedicaban a cosechar coca (conocidos como "raspachines") se trasladaron al sector de la minería informal. Esto fue particularmente relevante en departamentos como Antioquia, que tiene grandes yacimientos de oro.

Los precios del oro han bajado a casi US$1.200 por onza, y el sector de la minería informal, que depende de la explotación de los depósitos aluviales, los cuales se agotan rápidamente, se ha vuelto a reducir en ciertas áreas. En consecuencia, la fuerza de trabajo ha retornado a la coca y las laderas andinas se han vuelto a poblar de pequeñas plantaciones de verdes arbustos de coca.

Otro de los factores tiene que ver con la reducción del programa de erradicación de cultivos de drogas. Existen dos tipos de erradicación: la manual y la que se hace mediante fumigación aérea. La erradicación manual se ha vuelto cada vez más difícil, dado que el grupo guerrillero más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), instalan minas y trampas explosivas en los campos cuando llegan los erradicadores, y usan francotiradores contra las fuerzas de seguridad que son enviadas a proteger los equipos de erradicación.

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En lugares como Putumayo, las FARC también han movilizado a las comunidades locales en contra de los equipos de erradicación, liderando protestas a gran escala, y a menudo violentas, que impiden que los equipos hagan su trabajo. Según la página en Internet del Ministerio de Defensa, en 2014 se erradicaron manualmente 11.704 hectáreas de coca, después de que en 2008 se presentara un máximo de más de 95.000 hectáreas erradicadas.

Sin embargo, el método principal de destrucción de sembrados de coca ha sido la fumigación aérea de los cultivos. De hecho, al extenso programa de fumigación, financiado por Estados Unidos, se le ha acreditado la reducción de los cultivos de coca, que pasaron de 170.000 hectáreas en 2001 a 78.000 hectáreas en 2012. Pero esta forma de erradicación también ha presentado un descenso constante, pues en 2014 se fumigaron 55.532 hectáreas, mientras que en 2006 se habían fumigado 172.000 hectáreas.

El programa de fumigación aérea está en vilo actualmente. En marzo de este año, el ministro de Salud de Colombia, Alejandro Gaviria, solicitó la prohibición de las fumigaciones con glifosato químico utilizado en el programa de fumigaciones. El ministro aludió a un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que sugiere que dichas sustancias son cancerígenas.

Aunque el presidente Juan Manuel Santos no ha hecho ningún anuncio formal, es cada vez más difícil defender el programa de fumigaciones, que ha sido criticado por mucho tiempo debido a los daños que causa al medio ambiente, y ahora parece ser un grave riesgo para la salud. Sin la fumigación aérea, el programa de erradicación del gobierno colombiano se podría derrumbar, y ello permitiría que el tráfico de drogas se reactive rápidamente.

La influencia de las FARC

Consideramos que la mayor razón para el aumento de los cultivos de coca es el creciente control que ejercen las FARC sobre la producción de esta planta. Actualmente las FARC controlan hasta el 70 por ciento de los cultivos de coca en Colombia. Allí se siembra bajo su patrocinio y protección.

La guerrilla también ha persuadido a los campesinos para que siembren coca, aludiendo a las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno, y a la esperada bonanza que vendrá para las comunidades cocaleras en caso de que las dos partes lleguen a un acuerdo final. Sin duda, elementos de las FARC les han estado diciendo a los agricultores en sus áreas de influencia que necesitan sembrar coca si desean recibir los beneficios del posconflicto.

"Nos dijeron que si no tenemos coca entonces no tenemos nada para negociar con el gobierno, y que no recibiremos ningún beneficio o subsidio del gobierno", dijo un miembro de la Junta de Acción Comunal de Putumayo, que pidió que su nombre permaneciera anónimo.

No se trata sólo de agricultores que negocian con el gobierno. Se trata de que el narcotráfico es uno de los puntos centrales en la agenda de negociación en La Habana, donde representantes de las FARC y el gobierno han estado dialogando desde noviembre de 2012. Las FARC se han presentado como la única fuerza capaz de controlar realmente los cultivos de coca, pero están en contra de la erradicación forzada. El aumento de los cultivos de coca ha recibido atención nacional e internacional debido a las insuficientes políticas del gobierno, y ha fortalecido a las FARC en la mesa de negociaciones.

Además, el anuncio del aumento sin precedentes de la coca se presenta en un momento muy delicado para el gobierno colombiano. La popularidad del presidente Santos se encuentra en un 29 por ciento, y la credibilidad en el proceso de paz está disminuyendo: pasó de 69 por ciento a 52 por ciento, según una encuesta reciente. El plan de paz del gobierno, que está en la base de la administración Santos, se encuentra bajo una enorme presión.

Consecuencias para el hampa

Es probable que el aumento de los cultivos de coca le inyecte una buena cantidad de dinero al crimen organizado transnacional en Colombia. Los grupos colombianos han estado secundando cada vez más a los carteles mexicanos, que ahora dominan el mercado estadounidense. Sin embargo, la mafia colombiana se encuentra explorando mercados alternativos y más lucrativos, como Europa y Asia, y aprovechando el auge de mercados más cercanos, como Brasil y Argentina. Muchos de los mayores grupos colombianos han sido desmantelados después del apogeo del Cartel de Medellín en los años ochenta, y la reducción de los cultivos de coca ha sido un factor determinante para socavar las ganancias de la actividad criminal, y por lo tanto el poder de los grupos del crimen organizado que trafican cocaína.

El aumento de la coca, y por lo tanto el incremento de las ganancias de las facciones de las FARC que tienen monopolio sobre los cultivos, también aumenta el riesgo de que elementos del grupo guerrillero ingresen a la actividad criminal antes o después de que se firme cualquier acuerdo de paz con el gobierno. Las guerrillas marxistas obtienen por lo menos US$150 millones al año por el tráfico de drogas, y quizá lleguen incluso a ganar US$500 millones. En gran parte, estos ingresos se encuentran en manos de comandantes guerrilleros de rango medio, personas que usualmente poseen poca educación formal y escasas oportunidades en cualquier escenario de posconflicto. Estos son los comandantes con más riesgo de continuar en actividades criminales o de entrar en el negocio por sí mismos. El aumento de los cultivos de coca representará un aumento significativo en la cantidad de dinero que pasa por sus manos.

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Hay otro escenario que nadie se ha atrevido aún a mencionar: lo que pasaría en caso de que las conversaciones de paz se rompan. Éstas tambalearon gravemente en marzo de este año, cuando las FARC, que habían declarado un cese al fuego, atacaron a un grupo de soldados, lo cual dejó como resultado 11 muertos y más de una docena de heridos. En caso de que vuelva a comenzar la guerra de las FARC, las cuales han estado aprovechando el cese al fuego para solidificar y fortalecer sus finanzas, el aumento de los cultivos de coca y la posibilidad de una reactivación del narcotráfico podrían encender los motores de la guerra de guerrillas y darían pie a un nuevo capítulo en el conflicto, que se ha extendido ya por más de 50 años.