El reportero Beriaín (izq.) y un miembro del cartel de Sinaloa

Un nuevo documental da una mirada de cerca al funcionamiento interno del Cartel de Sinaloa en México; desde mulas cargadas con bultos de marihuana hasta las cocinas de metanfetaminas que funcionan en las afueras de Culiacán.

El periodista español David Beriaín pasó varias semanas en el noroeste de México documentando sus interacciones para el programa de Discovery en Español "Clandestino". El resultado son tres episodios de 45 minutos, que pueden verse en Youtube, que lo llevan desde la capital de Sinaloa hasta la misma frontera norte con Estados Unidos, siempre en compañía de su camarógrafo y uno o más miembros de la que por mucho tiempo se ha considerado la organización criminal más poderosa de México (La serie completa aparece abajo).

 Beriaín hace énfasis al comienzo de su documental en que alguna autoridad anónima dentro de la organización aprobó su proyecto. Armado con ese aval, acompaña a una caravana, que parece interminable, de miembros del cartel cuando se ocupan de sus tareas, y entrevista a cada uno en conversaciones de cinco a ocho minutos. Los sujetos no son amigos íntimos de Jesús "El Mayo" Zambada o de Joaquín "El Chapo" Guzmán, aunque puede verse el impacto que han tenido en sus trabajos los recientes ataques a las cabezas del grupo.

El método de Beriaín como entrevistador es simple y efectivo: pregunta a cada uno de los empleados qué tareas realizan exactamente y luego les pregunta porqué lo hacen. Muchas de las indagaciones de Beriaín son bastante básicas: "¿Para qué es esa vara?", le pregunta al guardia de un piso franco en un momento. Presta bastante atención a las secuencias de sus labores, y también a las consecuencias de sus errores. Esto da a los espectadores una noción en extremo minuciosa de lo que implica servir como técnico de armamento del Cartel de Sinaloa, como cultivador de un sembrado de heroína o como torturador.

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"Clandestino" también sobresale cuando toca las concesiones morales de trabajar en la industria de los narcóticos. Beriaín no se reprime al preguntar a las personas si están a cargo de causar daño a otros. Pregunta a casi todos sus entrevistados cómo se sienten respecto al aspecto más oscuro de su trabajo, desde golpear a otros y arriesgar sus vidas hasta sacar provecho de la adicción y permitir homicidios.

Las respuestas son por lo general ilustrativas. Algunos sienten rechazo por las elecciones que han hecho, mientras que otros admiten su capacidad de infligir daño. Por lo menos dos describen el Cartel de Sinaloa en términos moralistas, como la única banda que se niega a dañar a la población civil. Una de las partes más impresionantes del video fue un policía corrupto, que expresa una mezcla de resignación y vergüenza, al explicar cómo llegó a trabajar para el grupo al que en teoría se le paga para combatir.

Prácticamente todos los miembros del cartel señalan el dinero como su principal motivador. Esta línea de preguntas tiende a llevar a revelaciones adicionales sobre la escala de pagos. Una mujer cobra US$4.000 por volar con medio kilo de heroína, contenida en un tubo que inserta en su vagina, hasta Tijuana desde puntos más lejanos al sur de México. El líder de una cuadrilla que maneja un camión cargado de droga por el cruce fronterizo de Tijuana recibe US$6.000. Para la mula que lleva cargas de marihuana a pie por el desierto, un viaje que puede durar hasta ocho días, le esperan US$2.000.

Las cifras de los salarios son apenas una muestra de la serie de datos inusuales que revelan la economía de las operaciones del Cartel de Sinaloa. Beriaín observa al comienzo del programa que la posición privilegiada de la banda se deriva de su control de la mitad occidental de la frontera con Estados Unidos, de manera similar a la forma como una empresa legítima busca explotar sus bienes particulares, desde campos de producción petrolera hasta procesadores de computador irreemplazables. El control del acceso al mayor mercado de drogas del mundo ha hecho del Cartel de Sinaloa el portero más importante en el mundo del crimen organizado.

Los espectadores también se enteran de que el cartel opera como una especie de regulador de toda suerte de actividades ilegales. Fija los precios de los estupefacientes al menudeo y al por mayor dentro de su territorio, y prohíbe ciertas actividades, como la extorsión, el secuestro y la violación, según se nos dice.

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Es impresionante en el grado de especialización de los empleados del Cartel de Sinaloa. Cada miembro tiene una tarea básica: el transporte físico de estupefacientes por una sola ruta, mantenimiento de armas, producción de una única droga, vigilancia de un piso franco, recogida de drogas en Estados Unidos, patrullaje de Culiacán en búsqueda de bandas rivales. Los miembros profesan poco conocimiento de otros elementos de las operaciones del cartel, pero todos conocen muy bien su trabajo.

La organización es en algunos sentidos como una línea de ensamblaje que se extiende por todo el noroeste de México. Esto la hace extremadamente productiva y en extremo resiliente. Los individuos que aparecen en "Clandestino" son capaces de transportar cientos de libras de heroína, marihuana y cocaína al día por toda la frontera estadounidense, algo que se acerca a la escala industrial. Operan esencialmente al unísono, formando un solo organismo.

Pero el cartel es mayormente celular en su operación, y atacar una parte del organismo —por ejemplo, los sicarios de Culiacán— tiene poco impacto en otra, como los especialistas que preparan compartimientos ocultos para los vehículos.

Pese a sus muchas cualidades positivas, es justo resaltar unas pocas críticas de "Clandestino". La música violenta y los constantes recordatorios sobre el peligro parecen de una película de suspenso de bajo presupuesto. Y con todo y lo efectiva, la fórmula que usa Beriaín para tratar con esta sucesión de pandilleros se vuelve un tanto redundante en el transcurso de las dos horas del filme. Más aún, aunque la amplitud del retrato del Cartel de Sinaloa puede no tener precedente, como personajes, ninguna de las personas que pasan ante la cámara de Beriaín cobra mucha vida. No hay ninguna que, por ejemplo, se quede grabada en la memoria de los espectadores como lo hizo José Manuel Mireles en "Cartel Land".

Pese a esto, "Clandestino" es incisiva, original, informativa y entretenida. Se cuenta entre los tratamientos cinemáticos más detallados que haya recibido uno de los grupos criminales más importantes del mundo.