El uso de aviones no tripulados con fines de vigilancia está ganando popularidad en los países de Latinoamérica debido a sus ventajas tecnológicas, pero actualmente, su uso carece de un marco legal. Aunque comúnmente las personas asocian a los aviones no tripulados con ejecuciones extrajudiciales, su uso sin una reglamentación en esta región plantea un conjunto diferente de cuestiones, relativas a los derechos humanos y a la soberanía.

Actualmente catorce países de la región poseen vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés), comúnmente conocidos como drones. Si bien su uso, o su uso previsto, ha incluido el seguimiento de actividades agrícolas o la filmación de protestas para la cobertura de los medios de comunicación, varios ejércitos han estado aumentando su despliegue en operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR, por sus siglas en inglés).

Actualmente, Brasil tiene el mayor número de aviones no tripulados en la región, y también está haciendo grandes esfuerzos para aumentar la producción nacional de UAVs. El ejército y la policía del país han utilizado aviones no tripulados israelís para controlar el tráfico de drogas y el contrabando, particularmente en las regiones fronterizas, mientras que la marina emplea pequeños aviones no tripulados para vigilar la costa.

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Mientras tanto, se ha informado que el mercado de aviones no tripulados de México se multiplicó por siete el año pasado, convirtiéndolo en el mayor mercado en Latinoamérica para esta tecnología. Adicionalmente, Argentina, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela, todos poseen aviones no tripulados y se encuentran trabajando en el desarrollo de su propia tecnología de ellos.

Actualmente, Israel es el principal proveedor de aviones no tripulados de Latinoamérica, habiendo suministrando a la región US $ 500 millones en aviones no tripulados entre 2005 y 2012. La mayor venta que hizo el país durante este tiempo fue de 14 aviones a Brasil en 2010, por un total de US $ 350 millones. Por su parte, China, Rusia e Irán, proporcionaron asistencia a Venezuela en el desarrollo de su primer avión doméstico no tripulado.

A pesar de que Estados Unidos es uno de los principales proveedores de ayuda en seguridad que tiene la región, se ha mantenido, en gran medida, por fuera de la industria de aviones no tripulados en Latinoamérica. Esto se debe en parte a los controles relativamente estrictos en cuanto a quiénes tienen permitido vender las empresas manufactureras estadounidenses.

Sin embargo, Colombia ha estado utilizando aviones no tripulados estadounidenses desde 2006, según un cable de WikiLeaks; y Estados Unidos utiliza aviones no tripulados Predator B -la versión desarmada de su MQ-1 Predator, utilizado por sus homólogos en Irak y en Afganistán- en México para la vigilancia transfronteriza.

Actualmente, los aviones no tripulados de la región son vehículos desarmados utilizados para la recolección de inteligencia sobre grupos de narcotraficantes y guerrilleros, para monitorear la deforestación, y para controlar la inmigración ilegal. La potencial presencia de aviones no tripulados armados en Latinoamérica probablemente todavía está a años de suceder, según el Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA, por sus siglas en inglés), esto se explica por lo fuertemente custodiada que se mantiene esta tecnología en los países que la poseen. Sin embargo, la "sed de una mayor militarización" hace de los aviones no tripulados armados una posibilidad real para el futuro.

Análisis de InSight Crime

El uso de aviones no tripulados en Latinoamérica presenta una serie de oportunidades y desafíos sin precedentes. Ofrecen la posibilidad de monitorear territorio que antes no era controlado, lo que en las densas regiones selváticas de Latinoamérica podría ser una herramienta muy útil para hacer frente al tráfico de drogas, personas y armas, así como a otras actividades criminales. Los aviones no tripulados "Argus" de Estados Unidos pueden detectar movimiento en un área de 100 kilómetros cuadrados.

También han demostrado su eficacia: en junio de 2012, las autoridades bolivianas acreditaron a un avión no tripulado de vigilancia brasileño por el descubrimiento de 240 laboratorios de droga en el departamento de Santa Cruz, en Bolivia. Además, los aviones no tripulados requieren menos mantenimiento o combustible que los aviones tradicionales, son relativamente baratos, y no implican costos humanos en lo que respecta a la tripulación o a la pérdida potencial de vida.

Sin embargo, estas mismas ventajas tecnológicas también han planteado serias preocupaciones acerca de su uso. Mientras que mucha gente oye las palabras "avión no tripulado" y de inmediato se estremece, pensando en los ataques con aviones no tripulados armados por parte de Estados Unidos a los grupos terroristas de Medio Oriente que han matado a numerosos civiles, en Latinoamérica, las preocupaciones se centran sobre todo en la falta de regulación o supervisión civil frente al uso de aviones no tripulados desarmados.

En la actualidad, no existe un marco legal que regule el uso de los aviones no tripulados domésticos en los países de Latinoamérica, excepto en Brasil, mientras que el control de esta tecnología sigue permaneciendo sobre todo en manos militares. Tampoco existen tratados internacionales para regular el uso de aviones no tripulados.

Los defensores de derechos humanos han expresado su preocupación por las implicaciones de los aviones no tripulados cuando son utilizados en la vigilancia masiva. En una reunión reciente de la Comisión Interamericana de derechos humanos (CIDH), el abogado argentino de derechos humanos, Santiago Cantón dijo que “Cuando la gente quiere manifestarse públicamente los drones pueden tener un efecto negativo y pueden intimidar a la gente para que no lo haga”.

Esta es una preocupación particular en ciertos países de Latinoamérica, en los que existe una historia de represión política y de silenciamiento a la oposición. Ya hay mucha preocupación por la libertad de expresión en países como Venezuela y Ecuador, donde los medios de comunicación son objeto de detenciones, amenazas y multas, y en Brasil, donde el Estado fue acusado de implementar fuerza ilegal contra los manifestantes el año pasado. Los aviones no tripulados plantean la posibilidad de una situación de tipo "gran hermano” en la que los derechos ciudadanos son reprimidos todavía más a través del espionaje y de la vigilancia constante.

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Otra preocupación radica en las posibles implicaciones del uso de aviones no tripulados que violen la soberanía, algo que ya ha dado lugar a algunos enfrentamientos políticos. Uruguay, Paraguay y Argentina han acusado a Brasil por el uso sin autorización de UAVs con fines de vigilancia en sus territorios, sobre todo en la región de la Triple Frontera, que bordea a los dos últimos. El exministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, admitió en 2012 que durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, Colombia realizó operaciones de inteligencia no autorizadas con aviones no tripulados en Venezuela.

Si los aviones no tripulados armados fueran a entrar en la mezcla en el futuro, el problema que presenta esta "zona gris", en lo que respecta al uso apropiado de ellos, podría, de manera previsible, llegar a ser más grave. Hay un precedente aquí, con una tecnología diferente: en 2008, Colombia lanzó "bombas inteligentes" hechas en Estados Unidos -armas dotadas con orientación GPS- a través de la frontera hacia Ecuador para matar al comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia (FARC), Raúl Reyes. Las consecuencias de esto condujeron a más de un año de tensas relaciones entre las dos naciones.

El uso de aviones no tripulados también plantea otra pregunta: ¿qué pasa si esta tecnología cae en las manos equivocadas? Según COHA, la dificultad para armar y utilizar aviones no tripulados reduce la posibilidad de un uso criminal, pero los grupos criminales constantemente están perfeccionando sus técnicas y usando una maquinaria más sofisticada, y no sería imposible para ellos adquirir la tecnología de empresas privadas. En manos criminales o insurgentes, incluso un avión desarmado sería una poderosa arma de inteligencia.

A la larga, los aviones no tripulados ofrecen nuevas soluciones de inteligencia y vigilancia, y pueden ser implementadas con éxito en la lucha contra el crimen organizado, pero es esencial que su uso sea monitoreado de cerca. Regulaciones nacionales e internacionales tendrán que ser implementadas para asegurarse de que los aviones no tripulados no estén siendo utilizados para las razones equivocadas, por las personas equivocadas, o sin la autorización de los países vecinos. Si esto se hace de manera eficaz, su uso podría representar oportunidades interesantes para la llamada cooperación "sur-sur", en los esfuerzos antinarcóticos y contra el contrabando.