Policías guatemaltecos

En nuestra sesión de Facebook Live del pasado 4 de mayo, el codirector Steven Dudley habló con el editor sénior Mike LaSusa en torno a la más reciente investigación especial de InSight Crime sobre los homicidios en Guatemala. Dudley resumió los resultados de la investigación que se publicaron en un blog para uno de los socios de InSight Crime, el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University. A continuación se presentan los resultados incluidos en dicho blog, junto con el video completo de nuestra conversación de Facebook Live.

Un estudio sobre cientos de homicidios en Guatemala permitió identificar los graves problemas que se desprenden de la declaración de las autoridades según la cual  los asesinatos “relacionados con las pandillas" y "con el tráfico de drogas" se encuentran en el centro de la violencia en ese país, lo cual complica los programas de reducción de la violencia en ese país y en otros más. InSight Crime analizó los asesinatos en dos áreas: Zona 18 en Ciudad de Guatemala, donde 300.000 habitantes viven en lo que las autoridades llaman una "zona de pandillas", y el municipio de Chiquimula, una comunidad de unos 100.000 habitantes, que las autoridades identifican como un "corredor de tráfico". Analizamos además la manera como la policía, los médicos forenses y los fiscales del gobierno recopilan la información y la utilizan durante las investigaciones de los homicidios con el fin de solucionar los casos —o para dejarlos sin resolver—. Descubrimos que no se trata tanto de un real estudio de las escenas de los crímenes, sino más bien de anticuados procesos burocráticos del siglo XX.

Entre los principales hallazgos del informe se encuentran los siguientes:

  • La convicción con que las autoridades guatemaltecas atribuyen los homicidios a los traficantes no está basada en los datos disponibles. En el corredor de tráfico, podríamos atribuir solo el 28 por ciento de los homicidios a lo que denominamos actividades "relacionadas con el crimen organizado" —mucho menos de lo que las autoridades normalmente atribuyen al crimen organizado—. Creemos que el tráfico de drogas es una forma incorrecta de describir la dinámica que genera esta violencia. Otro 38 por ciento de los casos carecen de información que permita llegar a una conclusión.
  • En la zona de pandillas, donde operan Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS13), podríamos atribuir el 41 por ciento de los homicidios a actividades relacionadas con pandillas —un cálculo que está en línea con lo que afirman las autoridades guatemaltecas—. Otro 35 por ciento de los casos no cuentan con suficiente información como para llegar a una conclusión.
  • Independientemente de la zona, la disponibilidad generalizada de armas de fuego es un claro factor que influye en la tasa de homicidios. Un 75 por ciento de los homicidios en Guatemala se cometen con armas de fuego. Con 15,8 armas por cada 100 habitantes, el país tiene el mayor número de armas per cápita en la región, según datos del Banco Mundial. (El Salvador tiene 7,0 armas por cada 100 habitantes, y Honduras 6,2).
  • La otra teoría para explicar el nivel de homicidios —que las tierras altas, que tienen una población más "indígena", son menos propensas a la violencia que los estados del este del país, de una población más "ladina"— está apenas en sus inicios y trasciende los alcances de nuestro estudio.

En ambas áreas, la información de las autoridades es fragmentada, desorganizada e incluso a veces inexistente. Los informes son escritos a mano o digitados en computadoras, pero terminan acumulados entre enormes cantidades de datos que son probablemente eliminados o extraviados por el siguiente empleado de turno. Los múltiples funcionarios, que operan con distintas plataformas y en diferentes formatos, también tienen diversos criterios para clasificar los datos. La poca prioridad que se le otorga a la recolección y el análisis de la información,  aunado a la deficiente capacitación, afecta seriamente la capacidad de las autoridades para comprender el fenómeno de los homicidios, así como para resolver los casos de asesinato. De hecho, hemos observado que los recursos destinados para recopilar las que se consideran estadísticas políticamente más relevantes —como el número total de actos criminales en determinada área— afectan los esfuerzos para resolver los casos o darles a las autoridades la capacidad de analizar las dinámicas criminales.

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La confusión sobre las fuentes de la violencia tiene un impacto palpable sobre la manera como se asignan los recursos en el tiempo. La Biblioteca del congreso de Estados Unidos estima que el 66 por ciento de los US$1,2 mil millones que Washington desembolsó como parte de su Iniciativa Regional de Seguridad para América Central (CARSI por sus iniciales en inglés) consistía en ayuda "dura" dirigida a atacar a los narcotraficantes, cuyo papel en la tasa de homicidios, según hemos calculado, es más bajo de lo que se pensaba. Sólo el 31 por ciento de la ayuda de Estados Unidos era asistencia "blanda" —como prevención de la violencia o programas económicos y sociales— que abordarían el problema más grave de la violencia de las pandillas. La asignación de los fondos propios de Guatemala es aún más difícil de evaluar, pero la táctica de "mano dura" adoptada por los países del Triángulo Norte durante varios años se asemeja más a la estrategia militarizada contra el narcotráfico, mediante la cual se implementaron estados de sitio en las localidades afectadas (Guatemala), se decretaron "medidas de emergencia" al interior de las cárceles y en los departamentos particularmente problemáticos (El Salvador) y se desplegó la policía militar en numerosos lugares (Honduras). Las agresivas redadas de la policía han llevado al hacinamiento de las cárceles, que están repletas de presos en lamentables condiciones. Si bien algunos de estos programas podrían haber ayudado a detener el aumento de los homicidios, nuestro informe indica claramente que se necesita una comprensión más profunda del problema —con base en una más rigurosa recopilación y análisis de la información sobre los casos de homicidio—, con el fin de evaluar y mejorar las estrategias locales e internacionales. Y en especial, si Washington recorta los fondos para el Triángulo Norte, como al parecer es la intención, según se ha informado ampliamente, una mejor estrategia requerirá entender mejor el problema.

Vea la transmisión de Facebook Live, que contiene la conversación completa:

* El artículo de blog al que se hace referencia fue escrito por Steven Dudley y fue reproducido con permiso del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University. Vea el original aquí.