Juez Sergio Moro, cortesía del Wilson Center

El juez a cargo del mayor caso de corrupción política en la historia de Brasil dice que la "corrupción sistémica" le ha generado costos "enormes" al país, y añade que factores institucionales han complicado los esfuerzos para resolver el problema.

Sergio Moro, el juez federal encargado del masivo caso anticorrupción denominado Operação Lava Jato (Operación lavado de autos), hizo los comentarios en una presentación en el Woodrow Wilson Center, en Washington, DC, el 14 de julio.

El juez ha puesto en la cárcel a numerosos políticos poderosos y figuras empresariales, como resultado de las investigaciones "Lavado de autos", que reveló que altos directivos de la petrolera estatal Petrobras habían expedido contratos de obras públicas por valores inflados a empresas a cambio de sobornos y comisiones ilícitas, algunos de los cuales se lavaron y desviaron a campañas políticas.

"Parece que el pago de coimas en los contratos de Petrobras no fue una excepción, sino la regla", dijo Moro, al señalar que algunos participantes en la trama describieron los sobornos como "una regla del juego" en lo que respecta a la concesión de contratos en el sector público en Brasil.

"La corrupción como crimen aislado existe en todo el mundo. Pero la corrupción sistémica —el pago de sobornos como regla— en realidad no es tan común, y representa una degeneración grave de las costumbres públicas y privadas", prosiguió el juez.

Moro calificó de "enorme" el costo de la corrupción sistémica en Brasil, y señaló que los sobornos inflan de manera ilegítima los costos de los contratos de obras públicas y se lleva el dinero del erario público para el enriquecimiento ilícito de los actores corruptos.

También señaló que la corrupción puede dar lugar a malas decisiones de inversión en las entidades públicas y privadas. Para ilustrar su argumento, mencionó el papel que tuvieron los sobornos en los enormes sobreprecios pagados por Petrobras en la compra de una refinería petrolera obsoleta en Pasadena, Texas.

Más aún, dice Moro, la corrupción sistémica puede disuadir de inversiones legítimas y tener un impacto negativo en las instituciones democráticas y el estado de derecho.

El juez también se refirió a algunos de los problemas planteados por el sistema judicial brasileño en lo respecta al procesamiento de casos de corrupción a gran escala, como los que se derivan de las investigaciones del caso “Lavado de autos”.

"Como regla general", comentó Moro, el sistema "no funciona muy bien en casos complejos, en especial en delitos de cuello blanco, como los sobornos y el lavado de dinero".

Citó la "lentitud de todo el proceso judicial" como un factor que obstruye las iniciativas de llevar a los acusados ante la justicia en los casos de corrupción.

Hasta hace apenas unos meses, el sistema legal brasileño permitía que los acusados declarados culpables quedaran fuera de la cárcel mientras apelaban sus sentencias. En la práctica, observó Moro, esto significaba que los sospechosos ricos y poderosos muchas veces evitaban la cárcel por tiempo indefinido dilatando el proceso de apelación.

El juez también señaló que el sistema de justicia en Brasil no estipula la "discreción procesal", que permitiría a los fiscales no hacer seguimiento a ciertos casos, lo que termina con los juzgados recargados con grandes números de casos que hace los procesos aún más lentos.

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Además de describir los problemas asociados con su trabajo en el caso "Lava Jato", Moro respondió a algunas de las críticas que ha enfrentado.

Algunos observadores han expresado preocupación de que la investigación de "Lavado de Autos" se haya basado demasiado en la evidencia derivada de la negociación de penas, en las que los acusados admiten su culpa y entregan información sobre otros sospechosos a cambio de prebendas legales.

"Lo cierto es que esos casos implicaron el uso de otros métodos de investigación diferentes", dijo Moro, destacando el rol de los registros financieros en la confirmación de información obtenida mediante negociaciones de penas.

Moro también defendió su decisión de divulgar en público el contenido de las conversaciones telefónicas interceptadas entre el expresidente brasileño Luiz Inácio "Lula" da Silva y su sucesora, Dilma Rousseff, quien fue suspendida de su cargo en mayo, luego de que el senado votara para abrirle un juicio político sin relación con el caso “Lava Jato".

"Es importante evitar cualquier tipo de obstrucción a la justicia", señaló Moro sobre su decisión de divulgar las grabaciones. "Nuestra constitución federal establece que el caso debe juzgarse en público, en una corte abierta, así que nos estamos ciñendo a la constitución.

Quienes critican la decisión de Moro han afirmado que las conversaciones se interceptaron sin la debida autorización y que divulgarlas constituyó una violación de los derechos al debido proceso de la expresidenta.

Otros han insinuado que la divulgación de las conversaciones por parte del juez estuvo motivada por el deseo de dañar la reputación del partido de los Trabajadores, de Brasil, al que pertenecen tanto Rousseff como Lula.

Moro, sin embargo, negó que sus actos en el caso "Lava Jato" tuvieran motivaciones políticas.

"No es cierto", afirmó. "Por supuesto, si el delito implica el pago de sobornos a políticos, es inevitable que el caso tenga consecuencias políticas. Pero esto sucede por fuera de la corte, y el juez no tiene control sobre eso".

Aunque Rousseff y Lula han sido investigados en conexión con el caso "Lava Jato", ninguno enfrenta cargos formales con crímenes relacionados con la confabulación.

Análisis de InSight Crime

Moro hizo énfasis en que si bien es importante que el sistema judicial sea lo bastante fuerte para investigar y perseguir la corrupción cuando ella ocurre, poner fin a la "corrupción sistémica" en Brasil requerirá acciones del congreso y de la rama ejecutiva para cambiar las "reglas del juego" que facilitan los malos manejos.

"El correcto funcionamiento del sistema de justicia penal es una condición necesaria, aunque no suficiente para eliminar la corrupción sistémica", indicó. La "corrupción sistémica no es y no puede ser un problema exclusivamente de la rama judicial".

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Sin embargo, el juez también hizo notar que es probable que la implementación de tales reformas resulte difícil, pues tantos miembros de la élite se benefician de las prácticas corruptas y por lo tanto tienen pocos incentivos para cambiar el sistema.

Al tiempo, Moro dijo que los logros del caso Lava Jato muestran que "puede hacerse mucho en el actual sistema, mientras se enfrente y se trate con seriedad el problema".