Mujer de Barrio 18 en documental de 2008

Un estudio sobre los roles de género en las "maras" en Centroamérica arroja luz sobre el doble papel de las mujeres, quienes son violentamente explotadas y al mismo tiempo dependen fuertemente de los hombres pandilleros.

El estudio "Violentas y violentadas", una iniciativa conjunta entre varias organizaciones no gubernamentales, examina el papel de poco poder, pero crucial, de las mujeres en las pandillas callejeras de Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS13) en los países del Triángulo del Norte: Guatemala, Honduras y El Salvador.

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Las mujeres, según el estudio, cumplen una doble función en las pandillas. Se espera que asuman las características y tareas asociadas a los hombres, lo que incluye perpetrar y resistir la violencia y vestir ropa de hombres, y actúen en el papel de "mujer", de cocinar y cuidar a los hombres, los niños y los enfermos. Debido a que las pandillas creen que las mujeres son menos sospechosas a los ojos de las autoridades, a menudo se les da la tarea de actuar como "mulas" para cargar drogas, llevar a cabo el contrabando de mercancías ilícitas en las cárceles, obtener información de inteligencia sobre las bandas rivales y portar armas en espacios públicos.

El trato desigual de la mujer se ve en las prácticas de iniciación de las pandillas. Mientras que los hombres se someten a una paliza, las mujeres tienen la posibilidad de elegir entre esto o mantener relaciones sexuales con varios miembros de la pandilla por una duración de tiempo equivalente, pero luego son acosadas ​​si eligen la segunda opción. Las mujeres que se unen a las pandillas, porque están saliendo con un miembro de una pandilla, por su parte, tienen una entrada automática y son tratadas con respeto por el resto de la pandilla. No obstante, se espera que toleren los frecuentes actos de infidelidad de su pareja y si, en cambio, ellas son infieles, pueden ser asesinadas.

Una mujer que intenta dejar una pandilla, experimenta dificultades similares a los pandilleros hombres, ya que esta ofensa puede ser castigada con la muerte. Las razones para querer salirse de la pandilla, sin embargo, a menudo difieren -algunas mujeres entrevistadas dijeron que estaban embarazadas y querían ser capaces de ofrecerle una vida diferente a su hijo-.

Si una mujer se las arregla para salir de la pandilla, rara vez se puede escapar de su identidad pandillera. Además del acoso por parte de sus antiguos compañeros, es probable que sea socialmente excluida y reciba poca ayuda para reintegrarse a la sociedad.

Análisis de InSight Crime

El Triángulo del Norte de Centroamérica se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo para las mujeres, un fenómeno que ha crecido a la par con la creciente importancia de la región para el tráfico de drogas. Muchos feminicidios -homicidios selectivos de mujeres- se atribuyen a las pandillas.

A partir de 2012, El Salvador registró la tasa de feminicidios más alta del mundo. Según el ex ministro de seguridad del país, el aumento de los feminicidios coincidió con la creciente incorporación de las mujeres a las pandillas. En Honduras, especialistas en temas de género informaron en 2010 que las novias y las madres de los pandilleros estaban siendo asesinadas cada vez más en actos de venganza.

Pese a los peligros inherentes en la asociación con pandillas, un número significativo de mujeres optan por este estilo de vida. Un estudio de 2012 en Honduras encontró que las mujeres representaban el 20 por ciento de los miembros de las pandillas, con casi todas ellas vinculadas a la MS13 y Barrio 18 -52 por ciento y 45 por ciento, respectivamente-. En Guatemala, el número de mujeres prisioneras se ha duplicado en los últimos ocho años, lo que los expertos dicen que está conectado a su mayor papel en los grupos criminales, en los que a menudo son arrastradas a través de vínculos familiares o románticos.

Aunque las mujeres son a menudo subestimadas por los pandilleros, el estudio y otros informes dejan claro que son activos importantes para los grupos, haciendo gran parte del "trabajo sucio" y, por lo tanto, tomando muchos de los riesgos. Además de servir como mulas de drogas y para contrabandear otros productos ilícitos, las mujeres en Guatemala han informado desempeñar otro papel importante: tareas de inteligencia para las bandas de extorsión.

Hay algunos indicios de que los roles de la mujer en el crimen organizado están evolucionando. En Guatemala, los funcionarios dijeron que el creciente número de mujeres encarceladas estaban haciendo cada vez más el trabajo de asesinas y ladronas.

En México, que registró un aumento del 400 por ciento en el número de mujeres encarceladas, en relación con el narcotráfico, entre 2007 y 2010, las mujeres se están moviendo incluso hacia arriba en la jerarquía del crimen organziado. En 2012, el ejército informó que las mujeres estaban ocupando cargos cada vez más importantes en el Cartel del Golfo, llevando a cabo homicidios y haciendo el trabajo de gestión y administración.

Aunque el estudio se ocupa de las relaciones de género, también es indicativo de la cultura de las pandillas en su conjunto, y el grado en el que depende de la propagación y la perpetuación de la violencia. Como muestran las experiencias de estas mujeres, cambiar la cultura pandillera no es fácil. Para aquellos involucrados en ella, hombres y mujeres, dejarla atrás puede ser igual de difícil.