Estamos renovando nuestro sitio web.
Por ese motivo no publicaremos nuevos artículos
en los próximos días.
Camionetas de Televisa confiscados en Nicaragua

A medida que Nicaragua se prepara para extraditar a 18 ciudadanos mexicanos condenados por tráfico de drogas, que se hacían pasar por periodistas, persisten las preguntas sobre las actividades del grupo y sus vínculos con la gigante compañía de medios de comunicación Televisa.

El grupo fue arrestado inicialmente en agosto de 2012, después de haber llegado a Nicaragua en seis camionetas decoradas con la etiqueta de Televisa y afirmando que estaban investigando una historia en nombre de la compañía. Las autoridades de Nicaragua, que estaban actuando con base en información proporcionada anonimamente, posteriormente descubrieron restos de cocaína y millones de dólares no declarados, así como importantes cantidades de otras monedas extranjeras.

Los 18 fueron posteriormente condenados por cargos de lavado de dinero, tráfico internacional de drogas, y participación en actividades relacionadas con el crimen organizado, por los que fueron condenados a 30 años de prisión.

Nicaragua ha anunciado que va a transferir a los ciudadanos mexicanos a la custodia del gobierno mexicano, donde cumplirán el resto de su condena. Aunque esta transferencia no es técnicamente una extradición -el marco legal es un acuerdo bilateral distinto entre Nicaragua y México- en esencia responde a una solicitud presentada por la PGR, el equivalente en México al Departamento de Justicia, en noviembre. Y si bien parece generar una sensación de cierre al caso, la lista de preguntas que permanecen sin respuesta todavía es larga.

Documentos del gobierno de Nicaragua relacionados con el caso, que se han obtenido por InSight Crime, revelan una serie de detalles sorprendentes sobre el grupo.

VEA TAMBIÉN: Perfiles y noticias de Nicaragua

De alguna manera, las actividades del grupo se alinean con las tendencias más amplias en el panorama criminal de la región. Los documentos describen a un grupo que esencialmente estaba operando como mensajero: moviendo dinero para una organización anónima más grande, para pagar por servicios contratados en la región. En esta región, los receptores de ese dinero se conocen como "transportistas". Ellos recaudan la diferencia en precio por kilo de cocaína, moviéndola de sur a norte. El pago es en efectivo, como en este caso, o en especie. La cocaína se vende en el mercado local cada vez más activo.

El grupo Televisa se había movido tranquilamente a través de las fronteras de Centroamérica, habiendo visitado El Salvador y Honduras antes de llegar a Nicaragua, lo que sugiere que había pagado a varios grupos de transportista diferentes en su tiempo como mensajero. Estaban equipados con dinero en efectivo de varios países latinoamericanos, US$ 9 millones, así como con sofisticados equipos de comunicación y de vigilancia. Los documentos también retratan al grupo como uno que se movía con disciplina y organización; por ejemplo, a cada una de las camionetas se les asignó un equipo de tres personas, y todo el grupo respondía a una sola mujer, Raquel Alatorre Correa.

En este sentido, el grupo tiene el perfil de una célula de tráfico sofisticada, que encaja con el creciente papel de los traficantes mexicanos en Centroamérica en los últimos años. Los grupos mexicanos vigilan a sus socios y trabajadores contratados, y el robo es algo común en la región.

Otros elementos del caso son muy inusuales y están nublados por la incertidumbre. Si bien no es del todo absurdo, es raro que una célula esté dirigida por una mujer sin antecedentes conocidos en el crimen organizado. Y aunque la teoría transportista parece ser la explicación más probable, también deja muchas preguntas sin respuesta. Por ejemplo, el grupo tenía un claro interés en mantener el anonimato, sin embargo, se movieron en un gran grupo con vehículos visibles.

Por otra parte, los transportistas suelen ser contratados por grupos más grandes, pero en este caso tampoco está claro si este grupo estaba alineado con una organización más grande, como los Zetas o el Cartel de Sinaloa, dos de los grupos mexicanos más importantes en Centroamérica.

Las circunstancias de su detención -la enorme cantidad de dinero en efectivo, los equipos de vigilancia, el decorado de las camionetas con etiquetas de Televisa, y el hecho de que estuvieran operando en el extranjero- sugiere que no se trataba de operadores independientes. Sin embargo, en los catorce meses desde que se dio el arresto, los investigadores no han comentado públicamente sobre el asunto.

Otra incógnita que persiste es quién cooperó con las autoridades y por qué. Un documento reporta que el caso se hizo gracias a una llamada anónima a una unidad de inteligencia de Nicaragua sobre un grupo de mexicanos que viajan en camionetas de Televisa, que se encontraban en ese momento en Honduras. Dicha información presumiblemente sólo estaría disponible para las personas que estaban colaborando o compitiendo con los mexicanos.

El informante también es notable en que su historia era que los mexicanos estaban planeando una campaña de información para manchar la imagen del Estado nicaragüense. No está claro cómo eso encaja con la investigación posterior, que se resultó en la acusación del grupo por tráfico de drogas.

Este escenario hace que el grupo de Televisa suene más como una operación de inteligencia que salió mal, y no cuadra con el modelo típico de un narcotraficante mexicano motivado con fines de lucro. Incluso si se asume que el informante sólo confunció una parte de la historia, no está claro qué estaba haciendo el grupo en Nicaragua. Si eran traficantes estableciendo células o enviando cargamentos a través de las diferentes fronteras, como sugieren sus movimientos y su amplia reserva de distintas monedas, entonces ¿por qué llevaban con ellos todo el equipo de vigilancia? ¿Y por qué construyeron una elaborada mentira de trabajar para una compañía tan reconocida como Televisa?.

Por supuesto, las preguntas sobre el papel de Televisa en el asunto subyacen a gran parte de la intriga sobre el caso. Aunque las aspiraciones periodísticas del grupo eran poco más que una historia falsa, sigue siendo un hecho que de alguna manera tenían acceso a un montón de costosos equipos de comunicación, seis camionetas con la etiqueta de Televisa, y cartas de acreditación que parecen haber sido firmadas por un vicepresidente de Televisa, Amador Narcia Estrada.

Narcia Estrada posteriormente se quejó de que las firmas eran falsas, y los fiscales de Nicaragua dijeron que no habían podido demostrar la participación de ejecutivos de Televisa en la operación. Sin embargo, dista mucho de una absolución de la cadena de televisión más grande de México, y aún no ha surgido una explicación completa de cómo Televisa terminó envuelta en este escándalo.