Presidente de Estados Unidos Donald Trump

Donald Trump se ha ido contra el crimen organizado y los carteles de la droga en una nueva orden ejecutiva, pero más allá del discurso intimidatorio y el ruido hay poco que indique que el nuevo presidente de Estados Unidos tiene una estrategia seria para enfrentar a los "bad hombres" latinoamericanos.

El 9 de febrero, Trump firmó tres órdenes ejecutivas: una dirigida a la violencia contra la policía, otra donde se estipulaba la creación de una fuerza oficial contra el crimen y otra contra el crimen organizado y el tráfico transnacionales.

La segunda urgía a la unidad a desarrollar estrategias para frenar el narcotráfico y la inmigración ilegal, pero la más relevante de las órdenes contra el crimen organizado en el continente americano fue la titulada "Orden Presidencial Ejecutiva sobre la implementación de la ley federal referente a las organizaciones criminales transnacionales y la prevención del tráfico internacional".

Según estipula el documento, "Las organizaciones criminales transnacionales y sus subsidiarias, incluidos los carteles transnacionales de la droga, se han propagado por todo el país, y amenazan la seguridad de Estados Unidos y sus ciudadanos". Para hacer frente a este problema, declara, "Se requiere una estrategia amplia y decisiva para desmantelar estas mafias del crimen organizado y devolver la seguridad al pueblo estadounidense".

En la sección de política de la orden, Trump hace un llamado al refuerzo de los organismos federales, a priorizar los esfuerzos por contener el crimen organizado transnacional, a mejorar la coordinación entre los organismos de orden público de jurisdicción nacional e internacional, y a que el gobierno haga esfuerzos adicionales para impedir el crimen organizado, como las acciones judiciales contra "delitos penales secundarios", como el fraude en visas y migración. El presidente asignó la implementación de dicha política al Grupo de Trabajo para la Mitigación de Amenazas, organismo conformado por varias agencias, creado durante la administración de Barack Obama

En la ceremonia de la firma, Trump comentó que la orden buscaba "desvertebrar los carteles criminales que se han propagado por toda nuestra nación y destruyen la sangre de nuestros jóvenes y demás personas".

"La ceremonia del día de hoy debe verse como un claro mensaje a los pandilleros y expendedores de drogas que aterrorizan a personas inocentes. Su hora llegó", añadió Trump. "Se inicia una nueva era de justicia, y comienza ahora mismo".

Análisis de InSight Crime

Pese a la audacidad de las declaraciones, hay poca sustancia en la nueva orden ejecutiva de Trump en relación con el crimen transnacional organizado. Básicamente se reduce a poco más que el anuncio de unos planes difusos de revisión y refuerzo de las prácticas de orden público y el marco legal en el que actúan. Por el momento es evidente que las palabras intimidatorias relativas al aplastamiento de los carteles no parecen respaldadas por una estrategia que ofrezca algo nuevo a lo que ha sido por mucho tiempo la estrategia estadounidense frente al crimen organizado y la guerra contra las drogas.

Sin embargo, aunque por el momento la estrategia de orden público sigue en gran parte intacta, Trump ya ha tenido un impacto importante en lo que puede ser pilar central de los esfuerzos por contener el crimen organizado transnacional: la cooperación internacional.

Uno de los aliados más cercanos al gobierno estadounidense y el más importante en términos de estrategia en la lucha contra el crimen organizado, México, siente la presión de la posición grandilocuente de la administración Trump frente a las relaciones internacionales. La relación entre Trump y el gobierno mexicano, que ya era tensa con su promesa de construir un muro fronterizo para impedir la entrada de inmigrantes mexicanos, se ha visto aún más afectada con los comentarios que insinúan que desplegará comandos militares de Estados Unidos en México para hacer frente a los carteles de la droga en ese país.

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Según AP, que afirma haber obtenido una transcripción parcial de una conversación telefónica entre Trump y el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, Trump dijo a su homólogo: "Usted tiene un puñado de hombres malos allá. No está haciendo suficiente para detenerlos. Yo creo que su ejército tiene miedo. Nuestro ejército no, por lo tanto puedo enviárselos para que se ocupen del asunto".

Posteriormente, la Casa Blanca negó esta información, pero Trump dejó abierta la posibilidad de que Estados Unidos aumente su participación directa en la lucha contra los carteles de la droga en México.

"Tenemos que impedir que las drogas entren a nuestro país. Y si [Peña Nieto] no puede manejarlo —tal vez nosotros podamos y tal vez ellos no puedan o tal vez él necesite ayuda".

Además cabe la posibilidad de que se gane la antipatía de aliados claves, la actitud beligerante y agresiva de Trump hacia las relaciones internacionales también podría exacerbar o expandir los puntos ciegos que ya tienen las fuerzas antinarcóticos estadounidenses en las operaciones a lo largo de toda la cadena del narcotráfico en Latinoamérica.

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La Administración para el Control de Drogas (DEA por sus iniciales en inglés) ya fue expulsada de un país importante en la producción de cocaína, Bolivia, y de un país de tránsito central, Venezuela. Otro país de tránsito clave, Ecuador, también ha mantenido en los últimos años una relación tensa con los organismos antinarcóticos de Estados Unidos. El gobierno ecuatoriano cerró una base naval usada para la interdicción en la región y la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos y Procuración de Justicia (INL por sus iniciales en inglés) se retiró del país.

La actitud de Trump ante la política y la diplomacia es de por sí motivo de preocupación por la posibilidad de que las relaciones con Latinoamérica sufran y puedan afectar la cooperación en materia de seguridad. Si el presidente le suma a esto una débil implementación de los instrumentos de los que dispone su administración, como las sanciones, la suspensión de la asistencia en seguridad y la exposición pública anual de los países que según el gobierno estadounidense no cumplen sus obligaciones en la lucha contra el negocio de la droga, entonces el presidente podría causar un daño incalculable a las operaciones de seguridad que Estados Unidos adelanta en la región.

Hasta el momento, la administración Trump no ha dado señales de tener la visión para implementar una estrategia radicalmente nueva en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado que le permita cumplir sus promesas de acabar con la influencia de los carteles de la droga y "devolver" la seguridad a Estados Unidos. Sin embargo, el nuevo presidente sí ha dado muestras abundantes  de su capacidad para socavar las relaciones bilaterales, que son el pilar de las actuales medidas contra el crimen transnacional organizado.