“Javier Cachiro”, presunto jefe de Los Cachiros

El presunto líder de uno de los grupos más grandes del narcotráfico en Honduras, Los Cachiros, está bajo custodia en Estados Unidos, lo que puede acarrear problemas para algunos políticos hondureños de alto rango y élites empresariales que tienen vínculos con el hampa en el país.

El 31 de enero, los medios de comunicación hondureños indicaron que Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias “Javier Cachiro”, al parecer se entregó a las autoridades en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa a comienzos de la semana anterior. A raíz de los informes, una fuente del gobierno estadounidense le confirmó a InSight Crime que Rivera Maradiaga estaba bajo custodia en Estados Unidos.

Rivera Maradiaga compareció el 26 de enero ante la corte del Distrito Sur de Florida, donde se declaró no culpable de los cargos de narcotráfico. En diciembre de 2013, la corte de Florida había acusado a Rivera Maradiaga de distribuir, entre 2008 y 2013, una sustancia controlada clasificada  en la Lista II —incluyendo por lo menos cinco kilogramos de una sustancia que contenía cocaína—, que Maradiaga Rivera sabía que se pretendía ingresar ilegalmente a Estados Unidos. La acusación contra Rivera Maradiaga fue abierta tras su reciente arresto.

En septiembre de 2013, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ubicó a Rivera Maradiaga, junto a su hermano Devis Leonel Rivera Maradiaga, como cabezas de los miembros de Los Cachiros (vea imagen). Posteriormente, las autoridades hondureñas incautaron entre US$500 y US$800 millones en propiedades pertenecientes a Los Cachiros.

Ubicados en el departamento de Colón, al noreste del país, Los Cachiros, que tienen un patrimonio neto cercano a los mil millones de dólares, presuntamente compran cocaína a grupos narcotraficantes colombianos para luego venderla a grupos mexicanos, como el Cartel de Sinaloa.

honduras los cachiros webAnálisis de InSight Crime

Ahora que Rivera Maradiaga está bajo custodia estadounidense, probablemente cooperará con las autoridades del país, proporcionándoles información sobre otros criminales a cambio de una pena de prisión menor u otros beneficios. Esto quizá asuste a algunas élites políticas y empresariales de Honduras, dadas las excelentes conexiones que al parecer Los Cachiros tienen dentro de los altos círculos de la sociedad hondureña. Además de presuntamente ser dueños de un equipo de fútbol en Colón, Los Cachiros tienen un negocio de minería y contactos políticos a nivel local y nacional.

Sus conexiones con las altas esferas son quizá una buena razón por la que las autoridades hondureñas se han mostrado poco dispuestas a perseguir a Los Cachiros, pese a las presiones de Estados Unidos. Llama la atención que en el arresto de Rivera Maradiaga —la primera captura de un líder de Los Cachiros— parece que no hubo participación de las autoridades hondureñas.

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Si, como parte de un posible acuerdo, Rivera Maradiaga describe los vínculos entre el crimen organizado y miembros importantes del poder hondureño, esto pondría a Estados Unidos en una incómoda posición diplomática. Estados Unidos ha trabajado estrechamente con el gobierno de Honduras para mejorar la situación de seguridad en el país, que se encuentra entre los más violentos de Latinoamérica. El embajador estadounidense en Honduras aplaudió recientemente el progreso del país en la reducción de la cantidad de drogas que pasa por Honduras, gracias al apoyo de Estados Unidos. Además, el año pasado las autoridades estadounidenses llevaron a cabo operaciones conjuntas con fuerzas de seguridad hondureñas para capturar a varios narcotraficantes de alto perfil.

Cualquier participación de funcionarios importantes de Honduras en actos delincuenciales obligaría a Estados Unidos a reevaluar sus programas de ayuda a Honduras en materia de seguridad, o a llegar a acuerdos con presuntos delincuentes con el fin de favorecer los intereses estadounidenses.

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La relativa indiferencia mostrada por las autoridades hondureñas para capturar a Los Cachiros contrasta con el reciente desmantelamiento de otra familia de narcotraficantes: los Valle Valle. En los últimos seis meses, el clan Valle pasó de ser el más grande grupo hondureño de “transportistas” (término que hace referencia a su papel en el transporte y la protección de cargamentos de droga de otros carteles), a tener sus tres dirigentes principales detenidos y extraditados a Estados Unidos. Aún no es claro si la detención de Rivera Maradiaga es el comienzo de una caída vertiginosa similar de Los Cachiros.

Con Maradiaga Rivera y los cabecillas de los Valle Valle bajo custodia en Estados Unidos, las autoridades probablemente van a entender mucho mejor cómo funcionan las redes narcotraficantes hondureñas en comparación con el conocimiento que tenían por esta misma época el año pasado. Esto es una gran ayuda para los funcionarios de Estados Unidos en su lucha permanente por combatir el narcotráfico transnacional, pero podría generar preocupación entre las élites hondureñas que tienen conexiones discretas con estos grupos criminales.