Jefe de seguridad de Río, José Mariano Beltrame

En su más reciente post, la bloguera radicada en Río de Janeiro, Julia Michaels, analiza "Todo dia é segunda-feira" (Todos los días son lunes), un libro de memorias del secretario de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame, quien fue el autor del programa de pacificación en las favelas de Río y otros movimientos para revisar los esfuerzos antidrogas de la policía.

La política en Río de Janeiro está tan plagada de decepciones y traiciones que todo lo que muchos cariocas (residentes de Río de Janeiro) pueden decir sobre el secretario de Seguridad Pública del estado, cuyo récord de más de siete años en el cargo supera a sus predecesores por cuatro años, es que al menos parece honesto.

Y entonces con amargura señalan que su jefe (que acaba de dejar el cargo unos meses antes de darle a su vicegobernador una mejor oportunidad en las urnas este mes de octubre), Sergio Cabral, no tiene el historial más brillante. Entonces, ¿cómo puede alguien ser realmente honesto?

El estado de ánimo es de color negro a medida que nos acercamos a la Copa Mundial (en particular en los titulares de O Globo contra Dilma), y podría volverse mucho peor a medida que nos acercamos a las elecciones presidenciales y de gobernadores de octubre. Especialmente, si Brasil pierde y el crimen en Río continúa aumentando. O no, si Brasil, una nación cada vez más bipolar, gana el campeonato, nos compensaría por completo y sin sentido crítico.

Este artículo apareció originalmente en el blog de RioReal y fue publicado con el permiso del autor. Vea el original aquí.

A la vista de lo que queda por hacer, de todo lo que aún está mal, tendemos a olvidar cómo era la vida antes de que Beltrame asumiera el cargo, y menospreciamos lo mucho que él y su equipo realmente lograron:

La Policía Militar del estado de Río de Janeiro, la primera en el país, creada a principios del siglo XIX por el rey Juan VI, y conocida en la época como la Guardia Real de Policía, estaba en franco declive, cargando el peso de dos siglos, con graves defectos de larga data. Me pregunté a mí misma: ¿Han sido satisfactorios los resultados, permitiéndonos repetir viejas fórmulas? Si yo fuera a reproducir lo que se llevó a cabo durante los últimos doscientos años, tendría los mismos resultados para otros doscientos.

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Hasta 2008, la política de seguridad pública, básicamente, consistía en reaccionar a los informes de los medios de comunicación, entrando en las favelas de forma esporádica, y luego retirándose. Los comandantes del batallón fueron designados políticos. Las estadísticas de delitos aún tienen dos meses para tabular (y son instantáneos en Los Ángeles, como Beltrame llegó a aprender).

El reto de la policía en la primera película Tropa de élite, que tiene que hacer un gran esfuerzo para obtener piezas de automóviles con el fin de hacer su trabajo, era la pura verdad. Beltrame informa que en ocasiones tres autos fueron utilizados para hacer que uno funcionara.

Él no sólo avanzó en la cuestión de las piezas de automóvil -y computadores, y mucho más en términos de equipo y personal. Él y un equipo de estrategas se inventaron la pacificación.

Curiosamente, a pesar del objetivo declarado de reducir la violencia, no el tráfico de drogas, el secretario habla en su libro de memorias del territorio como estrategia para debilitar a las bandas de narcotraficantes:

Al principio, pensé que la lógica de colapsar el poder de los traficantes consistía en sacudir su estructura territorial. Si usted captura las drogas, el traficante compra más. Si él va a la cárcel, un sustituto aparece rápidamente. Por otro lado, si él pierde territorio, que está protegido por armas, él se vuelve vulnerable. Eso es lo que se vino a la mente: acabar con el sustento de las pandillas y sus negocios -su dominio sobre el territorio, impuesto por las armas de guerra.

Sería crucial, para el futuro de la pacificación, descubrir hasta qué punto la pérdida de territorio en realidad ha debilitado el negocio del tráfico de drogas. Indagando sobre esto recientemente en una entrevista con RioRealblog, Roberto Sá, subsecretario de seguridad pública, señaló que los arrestos de narcotraficantes por otros delitos han aumentado, lo que indica un alejamiento del negocio. Los precios de los rifles también han aumentado, agregó. No se sabe mucho, al parecer, sobre los precios de las drogas.

Beltrame escribe que los traficantes ajustan el producto a la demanda, vendiendo una dosis menor de cocaína o volviendo al crack, cuando sea necesario. Él cree que los rifles de verdad desaparecerán del comercio, de forma gradual.

Algunos observadores señalan que el territorio añade costos al negocio del tráfico de drogas. Podría ser que algunos narcos perspicaces hayan reducido el tamaño del producto, en respuesta a la pacificación -y están ganando más dinero que nunca de un apartamento en Botafogo.

Muchos cariocas creen que nada se está haciendo acerca de las bandas paramilitares, las milicias, que se remontan a los años noventa, y han llegado a dominar gran parte de la vida política local.

Es lo suficientemente difícil para discernir el impacto real de los policías de Beltrame contra el crimen, dada la pronta caída y luego el reciente repunte; y el tráfico de drogas, dada su naturaleza nebulosa y el hecho de que las ocupaciones de las favelas y los tiroteos son más dramáticos y de interés periodístico, que los arrestos criminales, los juicios, los encarcelamientos (y las liberaciones). Pero el impacto de la secretaría de seguridad pública sobre las milicias es aún menos clara.

El trabajo no se trata de instalarse con tanques y helicópteros; se trata de largas investigaciones, llevadas a cabo por la policía civil. Beltrame analiza las dificultades que implica y nos habla de cómo la legislación federal tuvo que ser cambiada con el fin de atacar policías fuera de servicio, quienes extorsionan a residentes y comerciantes. Él describe el desarrollo de las milicias, su participación en la política y la detención de personajes importantes, desde 2008. Y es honesto, sí:

El grupo de milicia más grande de Río pertenece a Jerominho, Natalino y el ex oficial de la policía, Ricardo "Batman" Teixeira da Cruz, todos detenidos desde 2008. Esta banda se llama a sí misma la Liga de la Justicia y sigue operando en la Zona Oeste, aunque los tres jefes están fuera de circulación. Antes de su encarcelamiento, dominaron a más de 1,2 millones de personas en Campo Grande. Sólo puedo clasificar la existencia de este Estado paralelo, impuesta por antiguos y actuales funcionarios públicos, como una aberración. El grupo rival más grande perteneció al ex policía militar Fabrício Fernandes Mirra, también detenido y condenado en 2010, sentenciado a más de 13 años de prisión.

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Sería útil saber más sobre la dinámica aparentemente sin cabeza de las continuas operaciones de las bandas paramilitares en Río. Estas pueden tener algo que ver con un elemento en una propuesta presentada al Congreso el 4 de junio por los jefes de seguridad estatales del suroeste del país: sistemas eficaces de bloqueo de teléfonos celulares en todos los centros penitenciarios. ¿Por qué esto todavía no ha sucedido?, es una pregunta aún sin respuesta.

Esa propuesta abarca otra área que Beltrame analiza en su libro, la falta de alineación entre la policía y el sistema judicial de Brasil. La pacificación ha crecido inestable en varias favelas, como Cantagalo y Chapéu Mangueira, donde los narcotraficantes excarcelados han regresado a la actividad criminal.

En 2012, 26.000 personas entraron en los centros penitenciarios de Río; en el mismo período, los tribunales liberaron a 22.000. ¿Es esto bueno o malo?

El subsecretario Roberto Sá también habló de este tema con RioRealblog, señalando que la comunicación entre los jueces y la policía es a veces deficiente, carente de enfoque en el bien común para la sociedad. La propuesta que se ha hecho hoy también alargaría las sentencias y aceleraría los juicios, con el uso de la videoconferencia.

Beltrame describió algunos de sus momentos más emocionantes en los últimos siete años, como la invasión de 2010 del Complexo do Alemão, y algunos de los más difíciles, tales como la aparente tortura y asesinato por parte de la policía de Amarildo, un trabajador de construcción en Rocinha. Visto en retrospectiva, una parte de la prosa del secretario puede parecer excesivamente positiva. Pero él no evita ningún tema y proporciona un contexto y antecedente clave para el período que ahora está llegando a su fin. El libro de 190 páginas, que debe ser traducido al inglés y al español, y publicado en el extranjero, por su valiosa información y conocimiento, es una lectura obligada para cualquiera que siga la política de seguridad pública en Río de Janeiro y está pensando en lo que debería suceder.

*Reproducido con permiso de Julia Michaels, una periodista que ha vivido en Río durante más de una década, y escribe un blog, RioReal, en inglés y en portugués. Vea el artículo original aquí.