Manuel Marulanda y Jacobo Arenas en Marquetalia

El 27 de mayo de 1964, hasta un millar de soldados colombianos, con el apoyo de aviones de combate y helicópteros, lanzaron un ataque contra menos de cincuenta guerrilleros en la pequeña comunidad de Marquetalia. El objetivo de la operación era acabar de una vez por todas con la amenaza comunista en Colombia. El resultado fue el nacimiento de la insurgencia comunista de más larga data en Latinoamérica: las FARC.

Marquetalia fue una de las "repúblicas independientes" comunistas que surgieron en las zonas rurales aisladas y olvidadas de Colombia, en los años cincuenta. Fue el hogar de alrededor de 50 familias de comunistas, liberales desterrados y otros foráneos, y estaba protegida por un pequeño grupo de guerrilleros dirigidos por un hombre que ya estaba construyendo una temible reputación; Pedro Antonio Marín, alias "Manuel Marulanda" o "Tirofijo".

La operación para tomar Marquetalia duró casi dos meses. Marulanda y sus hombres fueron superados en número y en armas, pero contraatacaron al ejército y luego se escabulleron.

Cinco meses después, los sobrevivientes se reagruparon y organizaron su Primera Conferencia, y así fue como nació la insurgencia guerrillera que luego se convertiría en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Antes de Marquetalia, Marulanda había sido un liberal astuto, un veterano de la guerra civil entre liberales y conservadores que habían roto filas en lugar de acudir a los comunistas que habían luchado a su lado. En la conferencia, Marulanda se declaró como revolucionario comunista, orientado al derrocamiento del Estado colombiano.

Marulanda se convirtió en la fuerza motriz y en el cerebro militar de lo que entonces era el "Bloque Sur", y que en 1966 se convertiría en las FARC. A su lado estaba Luis Morantes, alias "Jacobo Arenas", un sindicalista, líder del Partido Comunista y teórico marxista, quien asumió el control del brazo político de los guerrilleros. Juntos, estos dos hombres —un líder político y otro ideólogo— formaron la columna vertebral de las FARC.

Las FARC, actuando como el brazo armado del perseguido Partido Comunista, se extendieron por las zonas rurales del sur y el centro de Colombia, aunque durante los primeros años su número nunca superó los 500 miembros ni cayó por debajo de los 50.

La revolución vive

Después de sobrevivir a sus primeros años de frágil existencia, las FARC comenzaron a crecer lentamente, pero de manera constante en los años setenta. Mientras lo hacían, adoptaron tácticas cada vez más sofisticadas, tanto en el plano militar como en el político. En 1974 establecieron un alto mando compuesto por siete personas —el Secretariado— y dividieron su ejército en frentes, cada uno manejando sus propias unidades de combate, recolección de información, las finanzas, la logística, el orden público y los programas de trabajo de masas. También comenzaron a infiltrarse en las ciudades pequeñas, tratando de imponer su propia forma de la ley y el orden (pdf).

Aunque las FARC ya estaban financiando su lucha a través del secuestro y la extorsión, muchos colombianos seguían teniendo una visión romántica de la guerrilla. Su imagen fue pulida por la brutal y violenta opresión del gobierno contra cualquier movimiento político vinculado con la izquierda —la opresión que empujó a los nuevos reclutas a los brazos de los grupos insurgentes de Colombia.

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Para 1982, el grupo que había escapado de Marquetalia formó el núcleo de un ejército fuerte de 3.000 guerrilleros, con 32 frentes. En su Séptima Conferencia, los guerrilleros marcaron su creciente importancia con reformas a la estrategia y la estructura, las cuales darían forma a la siguiente fase del conflicto colombiano.

Marulanda y Arenas aprovecharon la conferencia para presentar su plan de ocho años para tomar el poder. El plan incluía una estrategia militar para cercar lentamente las ciudades, mediante el avance a lo largo del territorio. "Las FARC ya no esperarían a que el enemigo los emboscara, sino que, en su lugar, lo perseguirían para localizarlo, atacarlo y eliminarlo", declararon los guerrilleros.

Las FARC también hicieron reformas militares, incluyendo la adición de "EP" a su nombre, las siglas para "Ejército del Pueblo", nuevos códigos disciplinarios y los lineamientos de reclutamiento, lo que permitió el reclutamiento de niños de tan solo 15 años.

Sin embargo, tal vez la medida más importante de la conferencia fue una reforma menor a la política fiscal. Por primera vez, las FARC iban a gravar la producción de coca, cuando la necesidad de los guerrilleros de financiar su expansión superó sus preocupaciones morales sobre el tráfico de drogas "contrarrevolucionario" que había explotado en el país. El aumento resultante en los ingresos situaría a las FARC en un nivel superior en el conflicto.

Mientras las FARC planeaban su camino hacia el poder, el pueblo colombiano eligió a un presidente con la promesa de buscar la paz, Belisario Betancur, en 1982. El nuevo presidente se acercó a los insurgentes, y por primera vez, las FARC participaron en conversaciones de paz de alto nivel.

Como parte del proceso, las FARC lanzaron en 1985 un partido político —la Unión Patriótica (UP). Aunque las FARC dominaron el partido inicialmente, también atrajo el fervor de una amplia gama de miembros de la izquierda política, partidarios de la paz, y aquellos desilusionados con una élite política cerrada. En las elecciones que tuvieron lugar un año después de haber sido fundada la UP, este partido ganó 14 escaños en el Congreso —dos de los cuales fueron a los comandantes de las FARC— junto con numerosos escaños en otros puestos del gobierno, y 351 para concejales.

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Sin embargo, mientras el Estado hablaba de paz, un movimiento de contrainsurgencia fue cobrando fuerza en la sombra. Narcotraficantes, terratenientes y élites sociales y económicas del país, cansados de los secuestros y las extorsiones de la guerrilla, comenzaron a contraatacar con escuadrones de la muerte y ejércitos privados.

Estos florecientes grupos paramilitares, en muchos casos apoyados por las fuerzas de seguridad de Colombia, vieron a la UP como el punto débil de las FARC y un blanco fácil. Antes de que terminara la matanza, se estima que murieron 3.000 militantes y dirigentes de la UP, entre ellos dos candidatos presidenciales, ocho congresistas, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes.

La masacre llevó a las FARC a refugiarse de nuevo en las montañas, abandonando a la UP a su suerte, mientras el ya inestable proceso de paz tropezaba hacia su fin. La puerta a la política se había cerrado de golpe, y el ala militar tomó prioridad.

A lo largo de las negociaciones, las FARC nunca mostraron ninguna intención seria de deponer las armas, continuando en cambio con la estrategia de la "combinación de todas las formas de lucha." Mientras tanto, el gobierno no pudo cumplir con sus promesas de seguridad para la UP ni con las reformas sociales. Estas fallas resultaron costosas.

¿Hasta la victoria?

La guerrilla de las FARC emergió del caos y de los asesinatos de los años ochenta,mucho más fuerte que débil. Su nueva riqueza por gravar al comercio de drogas, junto con la pausa en las hostilidades durante las conversaciones de paz, había permitido al grupo incrementar su fuerza y casi triplicar su tamaño.

Los guerrilleros también estaban armados con una nueva justificación para su guerra. Aunque las FARC y la UP sufrieron una violenta ruptura, el exterminio del partido dio a los guerrilleros la excusa perfecta para no dejar sus armas y negarse a participar en la política democrática. Por lo tanto, lucha armada era el único camino para ellos.

Los años noventa comenzaron con una muerte que marcaría el comienzo de una nueva era de las FARC. Jacobo Arenas murió por causas naturales, dejando un enorme vacío en el núcleo ideológico de los guerrilleros y que en realidad nunca sería llenado. Su muerte también acabó con uno de los principales obstáculos para que las FARC acrecentaran su papel en el tráfico de drogas: su convicción de que el comercio era moralmente comprometedor.

Los guerrilleros establecieron relaciones más estrechas con los traficantes de drogas para aumentar su participación en las ganancias, mientras que en algunas zonas comenzaron a tener un papel más importante en el comercio, el procesamiento y el tráfico de cocaína. También intensificaron los secuestros y las extorsiones a niveles sin precedentes, haciendo a las FARC más ricas que nunca. El dinero ayudó a construir una fuerza de más de 10.000 combatientes, divididos en 60 frentes.

La nueva maquinaria militar de las FARC pasó a la ofensiva. Los guerrilleros lanzaron ataques cada vez más audaces y a mayor escala, y la táctica guerrillera de huir tras atacar (hit and run) dio lugar a una guerra de movimientos con ataques contra unidades del ejército del tamaño de un batallón, y contra bases militares. Los guerrilleros aumentaron su control territorial, y comenzaron a inmiscuirse más en la política, comprando influencia a través de amenazas, violencia, corrupción, y secuestrando a políticos de alto perfil y a sus familias.

El ataque más desafiante y atrevido de las FARC fue lanzado en octubre de 1998, cuando cerca de 2.000 guerrilleros se apoderaron de la ciudad de Mitú, capital del departamento de Vaupés. Aunque las FARC sólo mantuvieron el control de la ciudad durante tres días, el ataque envió una declaración poderosa al presidente electo Andrés Pastrana; una que no podía ignorar.

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Apenas unos meses después de la toma de Mitú, el presidente Pastrana accedió a los prerrequisitos de las FARC para las nuevas conversaciones de paz: una zona desmilitarizada que cubría 42.000 kilómetros cuadrados, en la que vivían 80.000 personas. La región se convertiría en el mini-Estado de facto de las Farc, apodado "Farclandia".

Haber cedido Farclandia a los guerrilleros fue una gran apuesta que no valió la pena. Los guerrilleros utilizaron el territorio para retener a las víctimas de secuestro, cultivar drogas, y reagruparse, entrenarse y ganar fuerza. El gobierno esperaba que las presiones generadas por la administración del territorio agotaran al grupo, pero en cambio, la guerrilla se deleitaba con su autonomía, mostrando con orgullo su "laboratorio de paz" a los periodistas internacionales y a la sociedad civil.

Las FARC también utilizaron el proceso de paz para conseguir apoyo internacional y presionar por su reconocimiento como una fuerza beligerante legítima en el conflicto de Colombia. Sin embargo, mostraron poco interés en negociar. Las conversaciones se estancaban una y otra vez, y con el tiempo, fracasaron en medio de secuestros, raptos, ataques militares y la demanda y contrademanda de mala fe y de promesas incumplidas.

Al inicio de 2002, el presidente Pastrana declaró que las conversaciones habían muerto y reanudó las hostilidades militares. El ejército se movilizó contra Farclandia. Las FARC asesinaron al gobernador de Antioquia y secuestraron a la candidata presidencial Ingrid Betancourt.

En el momento en que las conversaciones de paz colapsaron, las FARC contaban con un ejército de entre 15.000 y 20.000 combatientes, que ocupaba más de un tercio del territorio colombiano, y estaba rodeando a Bogotá, Medellín y Cali, las principales ciudades de Colombia. Era un ejército bien armado, organizado y con muchos recursos económicos.

Los guerrilleros habían llegado a la cúspide de su poder durante las conversaciones de paz de Pastrana, aunque para el momento en que se reanudaron las hostilidades militares, dos nuevos y fuertes enemigos se vislumbraban en el horizonte: el dinero, la maquinaria y la fuerza de los militares de Estados Unidos; y el astuto, decidido e implacable nuevo presidente, Álvaro Uribe.

Otro enemigo, el ejército paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), era más fuerte que nunca y estaba sobre la marcha. Las AUC fueron más letales que el ejército colombiano, y, sobre todo, se enfrentaron a la guerrilla usando sus propias tácticas.