Millones de dólares en dinero sucio circulan continuamente por el Bajo Cauca, en flujos ascendentes y hacia el exterior, procedentes de una amplia gama de actividades criminales. Las Bacrim son las principales reguladoras y beneficiarias de esta economía subterránea.

A diferencia de sus predecesores paramilitares y carteles del narcotráfico, las Bacrim mantienen un portafolio diversificado de actividades ilegales que se extiende mucho más lejos del negocio transnacional de la cocaína. En el Bajo Cauca, las economías criminales controladas o explotadas por las Bacrim incluyen la explotación y minera y la venta de oro ilegales, la trata de personas, la explotación sexual, y principalmente, las drogas y la extorsión. Las enormes sumas de dinero sucio que dichas actividades generan circulan en efectivo por toda la región e ingresan a la economía legal mediante varios frentes de lavado de dinero.

Drogas

El nivel superior del comercio de drogas con los carteles mexicanos y otros compradores internacionales de cocaína son en gran medida del dominio del círculo interno de los cabecillas de las Bacrim y de los narcotraficantes independientes a los que estos prestan servicios. Lás células locales, sin embargo, se reservan un rol importante en el tráfico de drogas desde las zonas de producción hasta los puntos de embarque, lo que permite a los cabecillas de los Urabeños mover su propio producto, así como ofrecer escolta desde la producción hasta el despacho a otros traficantes. En el Bajo Cauca, la red de las BACRIM se encarga de conducir la pasta de coca desde el Bagre, Zaragoza, Tarazá o Segovia hasta las costas norte u oeste de Urabá, región que bordea la frontera con Panamá.

Las Bacrim del Bajo Cauca usan sus redes de inteligencia, su presencia armada y contactos corruptos para asegurarse el paso seguro de la pasta de coca, un servicio por el cual cobran el 10 por ciento del valor del cargamento.

narcotrafico en el bajo cauca 1

Los cargamentos son escoltados por un "guía", que permanece con los narcóticos durante toda la travesía de la carga por el Bajo Cauca. Esta red de guías es coordinada desde poblaciones aisladas, como Cuturú en las riberas del río Nechí, al que solo puede llegarse por vía fluvial o por un camino sin pavimentar fuertemente vigilado fuera de la carretera Caucasia-Zaragoza. Tanto el río Cauca como el río Nechí proporcionan la mejor cubierta para el transporte de narcóticos, aunque los autobuses públicos también son otro medio común.

Aunque las Bacrim del Bajo Cauca son apenas un eslabón en la cadena del narcotráfico transnacional, si hablamos del expendio local de drogas —el microtráfico— ellos controlan casi toda la cadena de suministro.

"El dinero del microtráfico se va directamente a los cabecillas, para los lujos de ellos y sus fiestas" - 'El Gordo'

La célula comúnmente se abastecía de pasta de coca de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), si bien esto está cambiando debido a la desmovilización de las FARC. Venden una parte de cada cargamento, como la pasta de coca para fumar, conocida como "basuco", y procesan lo demás en forma de cocaína en polvo en laboratorios situados en su bastión de Piamonte, zona en el municipio de Cáceres.

Posteriormente, una red de mototaxistas de confianza transporta los estupefacientes por todo el Bajo Cauca. En Caucasia, llega a un centro local de distribución en el barrio conocido como La Ocho, donde la cocaína se corta y se separa en bolsitas plásticas de un gramo de peso cada una. Desde ahí, una red de "mulas", conformada por niños y adolescentes de la calle, que trabajan a cambio de comida y techo, distribuyen la droga a las diferentes plazas de toda la ciudad, cada una manejada por una banda de expendedores. Algunas de las bandas reciben salario de las Bacrim. Otras les compran la sustancia y pagan un porcentaje de lo vendido como impuesto para que se les permita ejercer su actividad. La red puede esperar mover alrededor de dos kilos de cocaína a la semana en Caucasia; las ganancias derivadas de esto se quedan en el Bajo Cauca.

Extorsión

En toda Colombia, la extorsión se ha convertido en el pilar financiero constante y confiable de las células locales de las Bacrim. En el Bajo Cauca, el 20 por ciento de las ganancias por extorsión se le paga al comando nacional, como un impuesto que les permita trabajar como parte de la franquicia de los Urabeños. El resto de las ganancias cubre los costos de operación de la célula. Es un sistema de tributación subterráneo de largo alcance al que es casi imposible escapar; en el Bajo Cauca todos deben pagar lo que en Colombia se conoce como "la vacuna".

En el Bajo Cauca, las redes extorsivas de las Bacrim llegan a todo tipo de negocios, grandes y pequeños, legales e ilegales. En muchos casos, las unidades extorsivas de las Bacrim calculan las cuotas con base en su propio análisis financiero criminal, mientras que en otros obtienen información sobre la producción o las ganancias de alguien de adentro.

En la mayoría de los pequeños negocios, la vacuna representa un porcentaje de las ganancias estimadas según esos cálculos. Otros, sin embargo, se prestan para diferentes esquemas de pago: los casinos pagan por máquina tragamoneda, las empresas de transporte por vehículo y los ganaderos por cabeza de ganado.

Muchas veces las grandes empresas tampoco se libran de esto. Las Bacrim del Bajo Cauca afirman que incluso las cadenas de supermercados más grandes del país, como Éxito y Olímpica deben pagar, aunque ninguna de esas firmas respondió a estas declaraciones. La planta de la cervecería Bavaria en Caucasia también ha sido objeto de extorsión, y paga una suma fija de cinco millones mensuales, según fuentes de las Bacrim, hecho que niega la oficina principal de Bavaria. 

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Armas, teléfonos y dinero decomisado durante el arresto de miembros de Bacrim

Las cuotas mensuales no son obligatorias solo para los negocios; con frecuencia las Bacrim también se dirigen a personas naturales. Comienzan con una simple llamada telefónica pidiendo dinero. Luego vienen la intimidación y las amenazas en persona. Finalmente, se cita a las víctimas para hacer el pago, por lo general en un parque o una iglesia. No asistir al encuentro termina casi siempre en homicidio. "Fernanda", quien no quiso darnos su nombre real para la publicación y trabaja en el hospital de Caucasia, un día recibió una llamada en la que le exigían 200.000 pesos colombianos (cerca de US$70). "Dijeron que matarían a mi hija si yo no iba, entonces ¿qué podía hacer?", preguntó.

"Los que trabajan duro, que no tienen el dinero para pagar, son los que son forzados a pagar" - 'El Gordo'

La "multa" es otro método usado por las Bacrim para cobrar extorsiones. Es un pago único que los grupos emplean para recaudar rápidamente grandes sumas de efectivo de quienes perciben como ricos. "Jorge", otra persona que no quiso revelar su nombre, es profesor y tiene un terreno en Cáceres. Un día, varios miembros de las Bacrim llegaron a su casa, lo acusaron de dañar su equipo de minería y le exigieron cinco millones de pesos (unos US$1.700) como compensación. Lo obligaron a tomar un préstamo bancario para pagarlo, y, según dice, estará pagándolo por los próximos cinco años. Su hijo tuvo que dejar sus estudios de medicina, porque a raíz de eso Jorge ya no pudo pagarle la matrícula.

"Tuve que darles la plata. Tuvimos que hacer esos sacrificios porque amenazaron con matarme a mí y a mi familia", añadió.

Sin embargo, no todos pagan extorsiones por temor.

Quienes pagan "por voluntad propia" en el Bajo Cauca incluyen supuestamente a grandes ganaderos, bares, firmas de mensajería y mineros que trabajan en los mercados formal e informal. El Bajo Cauca es una región rica en minería aurífera, y las Bacrim afirman que el 90 por ciento de las operaciones en la región les pagan la vacuna de manera voluntaria o porque tienen vínculos con sus redes. Los mineros y sus representantes contradicen esta afirmación con vehemencia, y dicen que solo una minoría paga, y lo hacen por miedo.

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Un "barraquero" trabajando en el municipio de Nechi

Ya sea por obligación o voluntariamente, cualquier excavadora que opere en territorio controlado por las Bacrim en el Bajo Cauca debe pagar tres millones de pesos (alrededor de US$1.030) al mes solo por trabajar. Muchos deben pagar un 10 por ciento adicional de las ganancias cada vez que procesan su oro. Las Bacrim también dirigen sus propias minas, ya por medio de testaferros o directamente, en bastiones territoriales como Piamonte.

El cobro de extorsiones es una tarea de la que se ocupan los rangos inferiores de las Bacrim. Los "extorsionistas" son por lo general adolescentes de veinte años de edad o poco más. Las Bacrim suelen usar mujeres para reclutar y atraer a muchachos ingenuos a su círculo para estas tareas.

El extorsionista no lleva un arma cuando cobra el dinero, pero muchas veces es seguido de cerca por una escolta armado que interviene de ser necesario. El dinero se deposita por lo general en negocios fachada de confianza. En la ciudad de Caucasia, por ejemplo, esos negocios incluyen un bar y una barbería. De allí una figura de mayor rango, por lo general el segundo al mando en la zona, recoge el dinero, y se cuenta lo recaudado en el sector antes de que el comandante de la zona lleve personalmente el dinero al comando del Bajo Cauca, en Piamonte.

Flujos de efectivo ilícitos

Cuantiosas sumas de dinero circulan por el hampa del Bajo Cauca, y las Bacrim tienen formas tanto sofisticadas como rudimentarias de manera esos flujos de efectivo. Mucha parte de ello se requiere para mantener el funcionamiento de la red, mientras que el resto abastece los escalones superiores del hampa, dentro y fuera de la región.ç

Los flujos de dinero de cada sector son manejados por un jefe financiero, que por lo general es alguien sin antecedentes penales o procesos judiciales por resolver. Sin embargo, el trabajo es algo así como un regalo envenenado. La tentación de robar —o la sospecha de la tentación de robar— ha dado pie al asesinato de muchos jefes financieros en el Bajo Cauca, luego de periodos relativamente cortos en ese cargo.

La mayoría de las economías del hampa se basan en el efectivo, y aunque muchos de los costos de las Bacrim, como salarios y sobornos, se hacen con pagos en efectivo, el resto debe introducirse a la economía legal usando redes de negocios fachada y cuentas bancarias. En el Bajo Cauca, parte del dinero se deposita en cuentas bancarias a nombre de miembros sin antecedentes o testaferros, mientras que el resto se blanquea por medio de empresas de papel, que incluyen comerciantes de oro, almacenes de artículos de cuero, bares y una carpintería.

*Informe realizado por James Bargent y Mat Charles. Filmado y editado por Mat Charles. Filmación adicional de Sven Wolters.