El miedo de que las dos pandillas más grandes de El Salvador estén aprovechándose del publicitado cese al fuego para reorganizarse y expandir su influencia, es infundado ya que tanto la estrategia gubernamental como la estructura misma de las pandillas parecen estar teniendo esto bajo control.

(Nota del Editor: Respuesta del autor al final.)

En un informe reciente de Douglas Farah del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (Center for Strategic and International Studies), el autor argumenta que la actual tregua entre las pandillas rivales de El Salvador la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18 y aparentemente facilitada con el apoyo del gobierno, representa una "apuesta política alta". El reporte, titulado en inglés "The Transformation of El Salvador's Gangs into Political Actors" (.pdf) ("La transformación de las pandillas de El Salvador en actores políticos"), afirma que al ofrecerle a los líderes pandilleros encarcelados mejores condiciones de reclusión a cambio del cese a las ejecuciones, extorsiones y el reclutamiento infantil, la administración del Presidente Mauricio Funes corre el riesgo de exacerbar la situación de seguridad del país a largo plazo.

Según Farah, la tregua ha envalentonado a las maras, al darles una prueba del poder político. La base de esta influencia política es el asombroso mejoramiento de los indicadores de seguridad que han ocurrido desde que la tregua fue anunciada en marzo. En los primeros 100 días, el promedio de homicidios diarios en El Salvador pasó de 14 a 5. El aparente éxito del cese al fuego ha atraído la atención de otros gobiernos de la región, al punto que oficiales de Guatemala y Honduras anunciaron que estudiarían la aplicabilidad del modelo de tregua en sus respectivos países.

No obstante, mientras los homicidios se han reducido, el informe señala que el número de denuncias por desapariciones en el país ha aumentado. Farah cita datos del Instituto de Medicina Legal de la Corte Suprema de Justicia (IML) que reporta 876 casos de desapariciones en los primeros cuatro meses de este año, señalándo que este es el doble de casos de desapariciones reportadas en el mismo periodo para el año 2011. Sin embargo, esta cifra es problemática ya que dos semanas antes, el IML había declarado que 692 desapariciones habían sido registradas del primero de enero al treinta de abril de 2012. La razón de esta discrepancia no es clara, pero sí siembra una duda en la afirmación de Farah, que el IML "siempre ha funcionado como una fuente confiable de estadísticas". El ministro de seguridad salvadoreño ha sugerido que las cifras del IML no son completamente confiables, asegurando que el instituto no elimina un desaparecido de la base de datos luego de que éste haya sido encontrado.

A pesar de los triunfos específicos de la tregua, Farah asegura que esta le ha dado a las pandillas un peligroso sentido de control sobre la administración Funes. En vez de ofrecer mejoras a largo plazo en el tema de seguridad, esta dinámica tiene el potencial para permitir que tanto la MS13 y Barrio 18 infiltren aún más su influencia en la política de El Salvador.

Los capos de las maras, según entrevistas de Farah con pandilleros, creen que pueden obtener más ventajas y prebendas gubernamentales, tan solo amenazando con volcarse de nuevo a la violencia. Escribe: "Sorprendidos y satisfechos con los resultados de las negociaciones, sus líderes están empezando a entender que el control territorial y la cohesión hacen posible que expriman concesiones del estado, mientras mantienen la esencia criminal de su carácter. Ya se encuentran discutiendo el posible apoyo a ciertos candidatos para elecciones locales y nacionales a cambio de protección y el control de parte de la agenda del candidato".

Aunque la preocupación por el aumento en la sofisticación de las maras es válida, hay razón para creer que Farah exagera el alcance de su transición hacia actores políticos. Una investigación de El Faro encontró que la tregua facilitada por el gobierno transfirió a 30 líderes detenidos a prisiones de menos seguridad por su cooperación, una movida que también les otorgó acceso a visitas y al uso de teléfonos celulares. Pese a que hubo rumores sobre incentivos financieros ofrecidos a los líderes de las maras para reducir la violencia, no se han podido confirmar.

Estas concesiones apuntan a que el estado es aún el actor dominante. Ningún líder fue liberado, no se ofreció amnistia de ningún tipo y no hay evidencia de que la administración de Funes se haya alejado de su promesa de perseguir agresivamente a los pandilleros activos en las calles. Si algo, el gobierno aparentemente ha usado la tregua como una oportunidad para intensificar su estrategia antipandillas. En abril, presentó la nueva unidad élite de orden público diseñada especialmente para atacar las amenazas de las maras y la policía sigue llevando a cabo arrestos masivos como la "mega-operación" del 21 de junio que dejó 185 pandilleros sospechosos capturados en el área de San Salvador.

Es verdad que las maras de El Salvador muestran señales de estar estableciendo una organización cada vez más jerarquizada. El hecho de que un acuerdo hecho por apenas 30 líderes prisioneros tenga un impacto tan grande en las tasas de homicidio del país prueba esto. No obstante, esto no significa necesariamente que tengan la capacidad de convertirse en actores políticos de la forma en que Farah lo describe. Incluso si los líderes de las maras quisieran influenciar las elecciones locales y nacionales, no tendrían los recursos necesarios. Mientras que los líderes de grandes organizaciones del narcotáfico como el Cartel de Sinaloa de México consigue millones de dólares anualmente, tanto la MS13 como Barrio 18 obtienen gran parte de sus finanzas a través de la extorsién y el microtráfico (o narcomenudeo) lo que no les otorga el ingreso necesario para ejercer suficiente influencia política.

Hay evidencia de que las maras se están volviendo más organizadas y respetuosas de la jerarquía lo cual quedo claro cuando los líderes dentro de las prisiones fueron capaces de obligar a que se siguieran sus órdenes de mantener la violencia al mínimo. Mientras es obvio que las maras están evolucionando, falta aún mucho para que puedan dar el salto y ser capaces de apoyar candidatos políticos a gran escala. Las pandillas de El Salvador, simplemente aún no están en ese nivel.


Doug Farah Responde:


Respetuosamente estoy en desacuerdo con la conclusión de Geoffrey Ramsey de que las concesiones gubernamentales a los líderes pandilleros fueron "relativamente menores". De hecho, un primer grupo fue transferido, pero adicionalmente a los 30 líderes originales otros fueron transferidos subsecuentemente. Más aún, mover de una prisión de máxima seguridad sin comunicación al exterior, visitas limitadas, sin visitas conyugales y mejorar enormemente las comunicaciones entre los mismos líderes, es muy importante. La primera razón es que los líderes controlan las clicas en las calles a través de teléfonos celulares y mensajeros, ambos ahora disponibles para ellos. La habilidad de reunirse para planear, consolidar y discutir es un paso también significativo para el liderazgo de las maras. Esto no apunta, como el Sr. Ramsey describe, a que el estado sea un actor dominante. Apunta al hecho de que cada vez que quieren algo, las pandillas lo obtienen. Pidieron trato especial, y obtuvieron todo lo que querían. Pueden forzar un colapso a cualquier momento, simplemente amenazando con poner cadáveres en las calles. El estado ha cedido en las negociaciones con las maras, no al revés. La ironía es que, mientras el gobierno asegura que está debilitando al comando de las maras y el control de su estructura, lo que han logrado es fortalecerlo increíblemente, y el éxito de la política depende de la habilidad de los líderes maras para mantener la disciplina en las pandillas.

Finalmente, en la cuestión de los actores políticos, el Sr. Ramsey no entendió mi punto. No tienen los recursos para influenciar las elecciones, pero eso no fue lo que yo dije. Están en la posición de entregar barrios enteros a cualquier candidato, simplemente al ordenar a sus pandillas y a las familias de estos que viven allí que voten por uno u otro candidato. Como lo discutieron conmigo, no tienen una ideología. Están considerando ofrecer su poder de votación a candidatos que les prometan concesiones específicas y les den ciertos tipos de apoyo. Esto no es comprar las elecciones desde arriba, sino una creciente conciencia de que la habilidad de mover miles de votos en determinados territorios bajo su control (en vez de no participar como lo han venido haciendo) les da la atención de muchos polÌticos.


Respetuosamente,
Doug Farah
Senior Fellow
International Assessment and Strategy Center

www.strategycenter.net