Ha terminado la loca carrera por el poder criminal, a raíz de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los Urabeños, o como ellos prefieren llamarse, las "Autodefensas Gaitanistas de Colombia", han ganado.

Tras el fin de la desmovilización de las AUC en 2006, nacieron más de 30 nuevos grupos criminales conocidos como "BACRIM" (Bandas Criminales). Durante los últimos ocho años ha habido una guerra a muerte entre estos grupos por la hegemonía.

Este artículo hace parte de una serie sobre la banda criminal de Los Urabeños y su poderío en Colombia. Vea la serie completa aquí.

Los ganadores, los Urabeños, son la combinación perfecta del crimen organizado colombiano. Aunque nacieron de la desmovilización de las AUC, gran parte de la ascendencia criminal de los Urabeños proviene de mucho más atrás. Muchos de sus miembros, antes de unirse a los paramilitares, formaron parte de uno de los tres principales grupos guerrilleros marxistas del país: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o el Ejército Popular de Liberación (EPL). Y muchos otros, particularmente del lado del tráfico de drogas, pueden rastrear su historia criminal al Cartel de Medellín, pionero en el comercio de la cocaína hace casi 40 años. Los Urabeños abarcan tres generaciones con experiencia criminal y se fundieron en una estructura híbrida forjada por la situación actual de Colombia.

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¿Esto significa que el crimen organizado colombiano ha regresado a la situación original? Desde que Pablo Escobar fue dado de baja en un tejado de Medellín en 1993, el crimen organizado ha continuado fragmentándose. Sin embargo ahora, una vez más, un solo grupo criminal domina el bajo mundo. Los Urabeños, sin embargo, no son una organización criminal jerarquizada e integrada, con una estructura de mando unificada y centralizada. Como se verá en la Sección 2, donde se define la estructura de las BACRIM, la Policía Nacional de Colombia se enfrenta a un reto muy diferente al que tuvo que enfrentar con el Cartel de Medellín.

El éxito de las fuerzas de seguridad de Colombia contra las Organizaciones de Tráfico de Drogas (OTD) no puede ser subestimado. Bajo la constante presión, el crimen organizado colombiano ha evolucionado y mutado. El resultado de esta constante evolución son los Urabeños. Se trata de una red criminal, construida en torno a una serie de unidades o "nodos". La pieza fundamental de esta red es la "oficina de cobro", una manifestación del crimen organizado particular de Colombia que, como muchas cosas en el mundo criminal, hunde sus raíces en el Cartel de Medellín.

Si se acaba con un nodo de la estructura la red simplemente se desplaza generando nuevos nodos que se hacen cargo de las funciones de sus predecesores desmantelados. Esto es cierto incluso en el caso de los nodos de comando, como aquellos anteriormente encabezados por el fundador de los Urabeños, Daniel Rendón Herrera, alias "Don Mario", y el del líder siguiente, Juan de Dios Úsuga, alias "Giovanni".

Otro resultado de la cada vez más eficiente fuerza policial de Colombia es el fenómeno de la migración criminal, o "el efecto cucaracha". Encienda las luces en una habitación y las cucarachas huyen hacia las esquinas oscuras. Las luces se han encendido en Colombia, y los criminales, en muchos casos, se han trasladado al extranjero. Aunque los mexicanos ahora dominan el mercado tradicional de la cocaína de Estados Unidos, los colombianos han estado desarrollando y explotando nuevos mercados. Ellos no sólo han tenido como blanco a la Unión Europea, sino también a los mercados domésticos en auge más cerca de casa; los de los países más poblados de Latinoamérica: Brasil, Argentina y la misma Colombia.

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Como los cultivos de coca se han reducido en Colombia, el efecto globo ha llevado a un aumento en los cultivos de droga en Perú, que ahora es el principal productor de cocaína del mundo, y en la vecina Bolivia. Y en casi todos los eslabones de la cadena de la droga en estos dos países andinos usted puede encontrar a un colombiano.

Los colombianos siguen siendo los pioneros del comercio de droga en el mundo. Los carteles mexicanos pueden ahora eclipsar a sus contrapartes colombianas, en términos de poder y de capacidad militar, pero la fragmentación del crimen organizado en Colombia se está replicando en México. La reciente captura del llamado Pablo Escobar de México, Joaquín "El Chapo" Guzmán, del poderoso Cartel de Sinaloa, simplemente acelerará este proceso.

A medida que más miembros del comando central de los Urabeños (su "Estado Mayor" o "junta directiva") se desmonten, es probable que el dominio ejercido por aquellos de la región bananera de Colombia sean eclipsados, y puede ser que la red criminal que existe actualmente adopte un nombre diferente. La evolución del crimen organizado de Colombia es constante, y seguirá evolucionando siempre y cuando las grandes ganancias estén disponibles.

La cocaína ya no es el único, o quizás incluso el principal elemento del portafolio criminal de los Urabeños. La minería de oro, la extorsión, la trata de personas, las apuestas y la prostitución, también generan ingresos criminales, por nombrar sólo unos pocos. La Policía Nacional ya no puede centrar su atención únicamente en el tráfico de cocaína. Los Urabeños buscan cualquier oportunidad criminal, y la explotan de manera rápida y eficiente. La policía debe seguirle el ritmo, y en el caso de la industria del oro, por ejemplo, ésta se encuentra a la zaga, paralizada por la falta de una legislación y herramientas adecuadas para combatir esta industria ilegal.

Este artículo hace parte de una serie sobre la banda criminal de Los Urabeños y su poderío en Colombia. Vea la serie completa aquí.