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Nicaragua es el país más pobre en Centroamérica y tiene la fuerza de policía más pequeña, pero su tasa de homicidios es la más baja en la región y su policía es vista como un modelo para otros. El 19 de junio, InSight Crime entrevistó a la jefe de la policía, Aminta Granera, sobre los desafíos que enfrenta la región y su país.

InSight Crime: Centroamérica ha sido testigo de cómo se disparan las tasas de homicidio y delincuencia en los últimos años. ¿Por qué cree que ha pasado?

Aminta Granera: Bueno, en Centroamérica, hay que distinguir el Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala, Honduras) del Triángulo del Sur (Nicaragua, Costa Rica, Panamá). En el Triángulo del Norte, creo que el esfuerzo de México ha provocado un movimiento de los carteles mexicanos y los Zetas, que ya se han establecido en Guatemala. En El Salvador y Honduras, [su presencia] ha ido en aumento. Honduras es el país con la tasa de homicidios más alta del mundo. Las maras [pandillas] tienen mucho que ver con esto. En el Triángulo del Sur, tenemos una tasa de homicidios mucho más baja que en el Triángulo del Norte. Sin embargo, según un estudio realizado por la Universidad de Costa Rica, la tasa de homicidios de Costa Rica y Panamá se ha duplicado en los últimos cuatro años. El único país que se ha mantenido estable y que, incluso la redujo, en los últimos años ha sido Nicaragua. Creo que tiene que ver, en gran medida, con el modelo policial.

IC: ¿Eso qué significa?

AG: El modelo policial de Nicaragua está determinado por nuestros orígenes. Nuestros orígenes, al surgir de una revolución, al surgir de las entrañas del mismo pueblo, han marcado profundamente a la Policía Nacional de Nicaragua. Y cuando te digo que nos han marcado, lo digo en el sentido de una pertenencia de la comunidad, de un respeto grande a la persona humana (sic), de un estar dispuesto a cualquier sacrificio porque nosotros vestimos estos uniformes por los sacrificios que hicieron otros que murieron -- familiares, amigos -- así que pudimos vestir este uniforme y servir a nuestro pueblo. Entonces, sí hay un vínculo muy grande con los orígenes que nos han marcado. El modelo policial de Nicaragua es un modelo preventivo, proactivo, comunitario, profundamente arraigado en la comunidad. Somos sólo 14.000 policías en uniforme, pero trabajamos con 100.000 personas que forman un servicio voluntario y organizado con la policía, para garantizar su propia seguridad. Y esta cercanía con la comunidad, el respeto mutuo, [y] la confianza del público en su policía, creo que se remonta a nuestros orígenes.

IC: Nicaragua tiene muchas menos pandillas, miembros de pandillas y violencia de pandillas que sus vecinos. ¿Cómo hace Nicaragua para mantenerlas a raya?

AG: Yo diría que tuvimos una especie de ventaja de 10 años frente a otros países de Centroamérica. Recuerdo que a mediados de 1985, tuvimos la primera reunión con los jefes de la policía de Nicaragua, donde se preguntaban qué estaba pasando en Honduras, por qué estaban surgiendo las primeras pandillas en Honduras. Nosotros no las tenemos, y nos preguntamos: "¿Por qué no?" Y vimos que los jóvenes de entonces estaban participando en las campañas de alfabetización en Nicaragua, las campañas de vacunación también estaban sucediendo, otros estaban recogiendo algodón, café, otro grupo estaba en el ejército. No había lugar para la juventud nicaragüense de participar en actividades criminales o pandillas.

Diez años más tarde, a mediados de 1990, empezamos a tener nuestras primeras pandillas (no las llamamos "maras"). Y nos volvimos a reunir, los mismos jefes, que es otra de las ventajas que tenemos: el Comando de Policía Nacional de Nicaragua tiene continuidad. Y dijimos: "¿Cómo le vamos a hacer frente a esto?" Recuerdo que en Honduras lo estaban abordando con una política de tolerancia cero, y por cada pandillero que iba a la cárcel, ellos ponían la cabeza, literalmente, la cabeza de un policía o una persona, en el parque frente al palacio presidencial. Y dijimos, si hace 10 años la razón por la que nuestros jóvenes no estaban en pandillas fue porque formaron parte del programa estatal, entonces la palabra clave y el antídoto contra las pandillas es la inclusión. Y vamos a tratarlas con inclusión, más que con represión. Y creamos una Dirección de Juventud. Y, obviamente, la trabajamos en dos direcciones, no te voy a decir que no penetramos las pandillas juveniles con nuestros órganos de inteligencia; sí las penetramos. Sí sabíamos si tenían vínculos o no tenían vínculos con el exterior; si estaban armadas o no estaban armadas; si estaban haciendo actividad criminal o si simplemente eran jóvenes que estaban excluidos de un sistema laboral, estudiantil, cultural, o incluso de una vida familiar. Que buscaban su referencia en el grupo porque no tenían otra referencia. Actualmente contamos con 10.000 jóvenes que se han desmovilizado como parte de las 100.000 personas que voluntariamente trabajan con nosotros. Han entregado sus armas y se han comprometido con la policía.

IC: ¿Qué grupos criminales extranjeros operan en Nicaragua?

AG: El cartel que teníamos más fuerte, digo que teníamos porque fue el que golpeamos más, fue el Cartel de Sinaloa, que operaba en el Pacífico. El Cartel de Sinaloa, toda su base social - todos los nicaragüenses y mexicanos – que tenían operando en Nicaragua, en el Pacífico, se encuentran en este momento cumpliendo condena en el sistema penitenciario nacional de Nicaragua. Tenemos un área del Atlántico, donde está operando un cartel colombiano. El Cártel del Golfo, también está operando en la zona Atlántica. Y eso es todo. Es una batalla constante que tenemos. ¿Cómo operan? Bueno, ellos necesitan tener una base que les permita retanquear (sic), echar combustible a las lanchas rápidas y continuar. Necesitan tener propiedades en lugares despoblados y alejados donde puedan construir una pista aérea, que le permita al avión bajar, echar combustible y continuar. Porque no es un país de destino, es un país de tránsito. Y ese es el papel y la función que hacen los nacionales y los extranjeros; es retanqueo (sic), vigilancia para que las autoridades no los vean y permitir que pasen.

IC: ¿Cómo se ha acercado Nicaragua a la "guerra contra las drogas"?

AG: Trabajamos duro en dos direcciones y quizás esto nos diferencia de otros países. En los primeros años, estábamos más preocupados por las incautaciones de drogas. Incautábamos un promedio de 15 a 20 toneladas de cocaína anualmente. Al final dijimos: "Esto no está funcionando porque el tipo que mueve las drogas a través del territorio se está yendo y así va fomentando la corrupción, la destrucción de la sociedad, rompiendo la familia, corrompiendo a la juventud, destruyendo las instituciones". Por eso decidimos [hacer] más que sólo incautar drogas. Es mucho más importante romper la base social, la base logística que los carteles mexicanos, y en menor medida los carteles colombianos, tienen en nuestro territorio, que apoderarse de X cantidad de cocaína o X cantidad de dólares que estaban llegando a su destino en el norte para pagar por las drogas. Así que hemos dedicado mucho más tiempo en concentrarnos en la destrucción de las células, el apoyo logístico.

Lo más importante es que en Nicaragua le hemos dicho [a los narcotraficantes]: "Mira, no tenemos miedo. No estamos intimidados. Con nosotros, ustedes no van a tener la vía libre. Ustedes no van a ser capaces de comprarnos”. Y lo hemos demostrado con nuestras acciones. Somos David dándole la pelea a Goliat, y donde quiera que abran la puerta, vamos a estar allí para golpear con fuerza.

Vea también en el especial de InSight Crime sobre Nicaragua:

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