Es difícil que a alguien no le caiga bien Pedro. Es inteligente, simpático y tiene un inglés perfecto. Pedro es además delincuente de profesión y formó parte de un clan criminal. Ahora tiene 40 años, pero su carrera criminal empezó cuando tenía 15, y conoce el hampa de Santa Cruz como la palma de su mano.

"Siempre me he sentido atraído por el dinero fácil. Siempre me ha gustado andar con un rollo de billetes en el bolsillo. Siempre me gustó poder estar a la par con mis amigos de familias adineradas. Hoy en día, ser criminal es todo lo que puedo hacer".

Este artículo hace parte de una serie sobre los desafíos que plantea el tráfico de drogas a Bolivia. Vea la serie completa aquí.

Antes de ser arrestado en Brasil, Pedro trabajó en el fraude y falsificación de tarjetas de crédito. Ha estado en la cárcel tanto en Bolivia como en Brasil. Ahora se ha involucrado en el microtráfico (la venta de drogas en Santa Cruz), y un poco en el tráfico de drogas (contrabando transnacional). Actualmente trabaja con colombianos en el tráfico de cocaína. Pedro es una enciclopedia andante del crimen organizado en Santa Cruz. Estaba feliz por poder hablar acerca de los pormenores del negocio, pero sin dar nombres, absolutamente ningún nombre.

"Al principio trabajé con tarjetas de crédito en Brasil y Argentina. Contábamos con una red de personas en los restaurantes y boutiques de lujo. Ellos estaban encargados de tomar nota de la información de las tarjetas de crédito. El secreto radicaba en conseguir las terminales de las tarjetas de crédito, manipularlas, y entonces ubicarlas en los restaurantes o en las boutiques. Así es que se consigue toda la información, incluso el PIN. Sin embargo, ahora que he pasado tiempo en la cárcel por esto y me conocen en los bancos y en las compañías de tarjetas de crédito, he tenido que cambiar de profesión".

Ahora Pedro está dedicado al negocio de la cocaína. No fue un gran salto. Algunos integrantes de su familia ya llevaban bastante tiempo transportando pasta de cocaína, un tipo de crack, hacia Argentina, donde es vendida en el creciente mercado interno de ese país. Hoy en día, Pedro trabaja para el crimen organizado transnacional colombiano. Su función principal consiste en vender cocaína de alta pureza en dosis personales a sus amigos de la alta sociedad de Santa Cruz. Este dinero, ganado en bolivianos, ayuda a los colombianos con sus costos operativos del día a día en Bolivia, sin la necesidad de llamar la atención al cambiar grandes cantidades de una moneda extranjera.

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Pedro puede ganar más de 100.000 bolivianos (unos US$15.000) con un kilo de cocaína de alta pureza producida por los colombianos en sus laboratorios en Bolivia. Los colombianos venden algunos de los productos en Bolivia antes de llevarlos a Brasil, donde venden un poco más, para así financiar el transporte hacia los mercados realmente lucrativos, los de Europa.

En ocasiones Pedro también se ha visto involucrado en el proceso de preparación de las mulas y en los envíos a pequeña escala hacia el extranjero.

"Una de las formas más populares de mover cocaína actualmente consiste en transportar la sustancia en su forma líquida, que puede ser rociada sobre la ropa. La ropa no se pone tiesa. Una vez el chico llega a su destino las prendas se lavan en un solución especial y se extrae la cocaína. Si sabes lo que estás haciendo sólo se pierde alrededor del 10 por ciento de la droga. Mover las drogas de esta manera es muy difícil de detectar".


"La corrupción policial es clave en las actividades del hampa aquí en Bolivia. Los policías están involucrados en todo"


"Los colombianos administran la mayoría de los laboratorios de cristalización en Bolivia. Saben cómo producir cocaína de muy alta pureza. Ellos prefieren la base de Perú, que cuesta alrededor de US$1.400 [por kilo]. Tiende a ser de mejor calidad, y es más barata que la de Bolivia, que normalmente cuesta US$1.800”.

"Hay tres tipos de colombianos en Bolivia. Primero está el narco de alto nivel, que parece ser un hombre de negocios o un ganadero. Después está el sicario, el asesino. Y el tercero, y de lejos el tipo de colombiano más común, es el ladrón o el criminal de bajo nivel. Este último es prácticamente el único que en realidad es arrestado".

"Los narcos trabajan desde el nivel más alto, siempre con la policía para cubrir sus operaciones. Por lo general hay un intermediario boliviano que actúa como puente entre los colombianos y la policía”.

"La corrupción policial es clave en las actividades del hampa aquí en Bolivia. Los policías están involucrados en todo. Yo personalmente conozco un caso en el que se contrató a la policía para secuestrar a alguien que tenía algunas deudas pendientes. Cobraron US$6.000”.

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"Pero los policías no son los únicos corruptos. Si por algún milagro usted es arrestado y acusado, puede comprar a la mayoría de los jueces por unos US$20.000".

Asimismo, la cocaína no es la única droga que se vende o que pasa a través de Bolivia.

"La base de coca y la cocaína no son las únicas cosas que pasan por Bolivia. También hay una buena cantidad de marihuana paraguaya. Producirla en Paraguay cuesta US$30 el kilo. Usted la puede comprar en la frontera con Bolivia por unos US$100. El producto de más alta calidad puede estar por encima de los US$2.500 el kilo una vez es distribuido".

"A pesar de que los colombianos son los grandes jugadores aquí, también hay brasileños y algunos rusos e italianos que se encargan del producto que tiene como destino a Europa. Hay algunos mexicanos, y ellos ahora controlan el mercado de Estados Unidos. Ni siquiera los colombianos se meten con ellos".

Cuando le pregunté sobre la geografía del comercio de drogas en Bolivia, Pedro enunció rápidamente los principales centros.

"[El departamento de] Beni es el principal punto de cruce para la cocaína con destino a Brasil, no Santa Cruz. Hay poco control en Beni y hay todavía menos control a lo largo de las remotas fronteras. En Brasil, los traficantes "bombardean" las drogas. Eso significa que en ocasiones no se molestan con aterrizar y descargar las drogas, sino que el producto, empacado especialmente, es arrojado desde el avión. Esto reduce el riesgo de interceptación y seguimiento. Hay un montón de pistas de aterrizaje en Beni".

"Para el lavado de dinero, Santa Cruz es el gran centro. Hay mucho dinero aquí que entra legalmente de Brasil, Paraguay y Argentina. No hay controles bancarios; nadie pregunta de dónde viene el dinero”.

"Hay un montón de laboratorios en los alrededores de Santa Cruz, pero para los bolivianos el lugar predilecto es San Germán, en la localidad de Yapacaní, en el departamento de Santa Cruz".

Revelaciones de un productor de base de coca

Los siguientes son fragmentos de una entrevista conducida por Sin Letra Chica, un programa de televisión de Carlos Valverde, con un miembro de un clan criminal de Bolivia con sede en San Germán. Los fragmentos son reproducidos con el permiso de Carlos Valverde y con el agradecimiento de InSight Crime.

¿De dónde viene la coca que ustedes procesan para convertir en droga?

La coca proviene en su mayor parte de Chapare, de Bulo Bulo (Cochabamba), Entre Ríos (Tarija) y de Ivirgarzama (Cochabamba). El flujo es constante. Estamos hablando de una semana normal, sólo hablando sobre mi grupo, ellos nos envían coca cada sábado y domingo. Hay intermediarios que son proveedores permanentes y otros que envían ocasionalmente. La coca llega en paquetes [grandes bolsas de coca conocidas localmente como “chanchos”], mínimo 7, pero los que vienen del área de La Paz pueden llevar entre 350 y 400 paquetes en cada viaje. Algunos paquetes están marcados con las siglas DIGCOIN [Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización, lo que significa que la coca ha sido registrada legalmente], especialmente aquellos que provienen de La Paz, mientras que el resto sí es ilegal.

¿Sólo producen base de coca, o también cocaína refinada?

 Nosotros producimos la pasta base de la coca; otros grupos refinan la cocaína.

¿Cómo transportan las drogas hacia el mercado?

 

"Estamos hablando de entre 25 y 30 minutos, el tiempo que nos toma cargar las aeronaves"

Aeronaves que aterrizan en la zona. Y mientras nosotros, los trabajadores, cargamos, los hombres que llegan en la aeronave, a quienes a menudo hemos visto antes, se montan en los carros que esperan para ir y hablar con nuestros jefes. A ellos no los hemos visto antes y por lo general son brasileños. Estamos hablando de entre 25 y 30 minutos el tiempo que nos toma cargar las aeronaves. Mientras esto sucede, hay un grupo protegiendo la entrada a la zona y también hay otro grupo mucho más cerca.

¿Qué hacen si uno de ustedes, por alguna razón, es detenido por la policía?

Si es alguien de nuestro grupo, y si es detenido aquí en la zona de Yapacaní por la policía, será liberado en el momento que ellos sepan que es de nuestro grupo. Sin embargo, si la persona es detenida por el FELCN [Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico] en otro lugar, usualmente les toma dos días arreglar su liberación. Algunas veces uno de nosotros es detenido, digamos por una pelea, por estar en estado de embriaguez o lo que sea, o en algunos casos es por vender pequeñas cantidades de drogas; estamos hablando de entre 300 y 500 gramos que puedes vender en Yapacaní. Si la policía se entera, entonces serás detenido y llevado a una estación de la policía. Allí es cuando nuestro jefe llama al coronel, y el coronel se encarga de que nos liberen.

¿Hay algún control sobre el movimiento de ustedes por la zona? ¿Pueden moverse libremente?

“No podemos salir. La forma de control es que ahora una persona nos vigila; un colombiano que se mueve en una moto. Cuando no estamos trabajando, él pasa por mi casa, y la casa donde la mayoría de este grupo trabaja. Él pasa en la mañana y tenemos que estar ahí, para que él nos vea. No dice nada, pasa, y regresa en la tarde y tenemos que estar ahí también para que nos pueda ver.

¿Y si no están allí?

Nos han dicho que si no vamos a estar por ahí tenemos que decir a dónde vamos y con quién vamos a estar. Podemos salir con otros miembros del grupo, pero sólo por poco tiempo, digamos un día, y cuando lo hacemos nos prestan un vehículo. Nos han dicho que si no estamos por ahí, nos pueden castigar de diferentes maneras. Nos han amenazado diciéndonos que podemos desaparecer, que nos pueden matar, o que podemos dejar de recibir dinero.

¿Y usted cómo se siente al respecto?

Con miedo, con miedo de que se la tomen contra mí o contra mi familia. Tengo miedo en el momento porque hay problemas entre dos grupos, y los colombianos que los están dirigiendo tienen mucho control y hay personas que dicen que pueden asesinarte. Ha habido casos de personas que se van a pescar y los matan a la orilla del río.

Usted ha dicho que hay cuatro grandes grupos que controlan esta zona, y también ha mencionado que en ocasiones se presentan problemas entre ellos. ¿Por cuántas personas están compuestos estos grupos? ¿Qué tanto producto están produciendo?

Bueno, pues dos de los grupos sobre los que conozco pueden sumar unos 600 entre ellos; sin embargo, eso puede depender de la cantidad de trabajo que haya. Digamos que puede haber entre 450 y 500 trabajadores, la mayoría de los cuales son de aquí cerca. Los que no, alquilan habitaciones en las casas que hay aquí. En cuanto a la producción, en una buena semana cada grupo puede producir entre 600 y 800 kilos.

Usted ha dicho que hay cuatro personas que mandan los grupos aquí, y que hay uno [líder] que está sobre ellos.

Sí, hay uno sobre ellos, y usualmente sólo viene una vez, tal vez dos veces al año a la zona.

¿Esa persona tiene alguna posición política, administrativa u oficial?

Sí, tiene una posición política. Él es algún tipo de ministro. Nosotros sólo lo hemos visto a la distancia, pero sabemos cómo se ve por la televisión.

Este artículo hace parte de una serie sobre los desafíos que plantea el tráfico de drogas a Bolivia. Vea la serie completa aquí.