Escena de un tiroteo reciente en São Paulo

Los asesinatos perpetrados por las fuerzas de seguridad estatales de São Paulo van en aumento, lo que ha puesto en evidencia una vez más la violencia de la policía en Brasil y la cultura que la promueve.

La policía en el estado del sureste brasileño asesinó a 358 personas durante el primer semestre de 2015, las mayores cifras en una década, según informó el diario local Folha de São Paulo, que cita datos de la Secretaría de Seguridad Pública del estado.

Las estadísticas siguen informes de una serie de muertes, de las que se sospecha fueron ejecutadas por escuadrones de la muerte conformados por agentes de la policía. El 13 de agosto, fueron asesinadas por lo menos 18 personas en la ciudad capital de São Paulo, en una serie de tiroteos ocurridos en un lapso de tres horas.

Según algunos testigos, los atacantes tenían como objetivo personas con antecedentes penales. Otros informes dicen que en las escenas de los crímenes se hallaron cartuchos de balas asociados con la munición usada por las fuerzas de seguridad. El alcalde de uno de los suburbios afectados de São Paulo llegó incluso a afirmar que los asesinados pudieron ser represalias por las recientes muertes de dos agentes de policía.

Análisis de InSight Crime

Aunque aún hay más detalles por conocer sobre los homicidios en São Paulo, no sería exagerado considerar la posibilidad de que hubiera implicados escuadrones policiales de la muerte. Un estudio de 2014 halló que la policía militar del estado de São Paulo ha ejecutado a más de 10.000 personas desde 1995. También hay precedentes sólidos de asesinatos cometidos por policías fuera de servicio, y ejemplos previos de policías implicados en asesinatos por venganza contra la pandilla de prisión Primer Comando Capital (PCC). Queda por ver si los 18 asesinatos en São Paulo desatarán un ciclo de muertes en represalia entre las pandillas y la policía, como se vio en la ciudad en 2012.

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Con frecuencia la policía brasileña ha sido acusada de fomentar “una cultura de violencia” y no hacer lo suficiente para resolver el problema de la brutalidad policial, como lo destaca un informe reciente de Amnistía Internacional. La dependencia policial del abuso ilegal de fuerza ha sido atribuida al brutal entrenamiento que padecen los reclutas.