Grafiti de pandilla los Sureños

Una segunda pandilla importante en El Salvador declaró que espera unirse a las posibles negociaciones entre el gobierno y la MS13, pero su entrada al proceso puede terminar de complicar los esfuerzos.

La facción Sureños de Barrio 18 declaró al medio noticioso El Faro que daría señales de buena voluntad para demostrar su apertura ante la posibilidad de sumarse al proceso. Un delegado de la pandilla, que habló en nombre de Barrio 18 señaló que esas señales podían incluir la entrega de territorio, la finalización de los reclutamientos, la interrupción de extorsiones y la ayuda en la ubicación de cuerpos de desaparecidos.

El vocero de la pandilla añadió que una comisión de las Naciones Unidas o de la Iglesia católica podría participar como facilitadora de la discusión entre las pandillas y el gobierno.

El informe aparece menos de una semana después de que la MS13 anunciara que también estaba dispuesta a entrar en negociaciones con las autoridades. La propuesta de la MS13 incluyó la oferta sin precedentes de desmontar la estructura criminal a cambio de la promesa de empleos y programas sociales.

Hasta el momento, la iniciativa de las pandillas ha encontrado la resistencia del partido gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Pero otros actores políticos, incluyendo varios partidos de oposición, han mostrado más apertura a la propuesta sobre la mesa, y la Iglesia católica parece dispuesta a asumir un rol importante como mediadora.

"Hasta ahora ha permeado el método de quién es el más fuerte", comentó el arzobispo Gregorio Rosa Chávez a El Faro. "¿Quién mata más gente? ¿Quién captura más pandilleros? Así no llegamos a nada".

Análisis de InSight Crime

Aunque el anuncio de los Sureños puede suponer un incentivo más para que el gobierno de El Salvador cambie su posición oficial, también podría dificultar aún más las negociaciones.

El Barrio 18 tiene una estructura vertical, pero sus células son semiautónomas. Esta independencia ya ha causado problemas a la organización, incluyendo la escisión de la pandilla misma en las facciones Sureños y Revolucionarios.

Además, los jefes de la pandilla están encarcelados en su mayoría. En ese sentido, está por ver si los diálogos conducidos por esos líderes serían respetados por las clicas que operan en la calle tal como se acuerden en la mesa.

Además, los Revolucionarios aún tienen que adoptar una posición pública sobre el particular.

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A pesar de esa incertidumbre, el anuncio de los Sureños es otro paso sorprendente hacia el diálogo. Dado el respaldo de otros actores sociales y políticos influyentes, combinado con la intensificación de los enfrentamientos entre la policía y las pandillas, es muy posible que El Salvador enfrente mayor presión para descartar su actual postura insensible de línea dura contra los diálogos.