Miembros de Los Rastrojos

El actual caos político y económico en Venezuela puede estar contribuyendo al resurgimiento de Los Rastrojos —el que fuera en un tiempo uno de los grupos criminales más poderosos de Colombia—, una tendencia que preocupa por los problemas que este cambio pueda suponer para la seguridad de ambos países.

Usando extensa investigación de campo y más de cien entrevistas, un estudio reciente de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), titulado "Crimen organizado y saboteadores armados en tiempos de transición", describe cómo el fortalecimiento de grupos de menor tamaño del crimen organizado a nivel local, Los Rastrojos incluidos, puede poner en mayor peligro la transición del posconflicto en Colombia.

Los líderes de Los Rastrojos fueron casi diezmados en 2012, cuando Javier Calle Serna, alias "Comba", se entregó a las autoridades estadounidenses en mayo de ese año. Diego Pérez Henao, alias "Diego Rastrojo", fue capturado en junio, y el último líder conocido del grupo, Luis Enrique Calle Serna, se entregó en octubre. Esa inestabilidad motivó la atomización que siguió, según hallazgos del estudio.

Pero desde entonces, los investigadores descubrieron que Los Rastrojos han experimentado un resurgimiento favorecido en parte por el refuerzo de sus vínculos con Venezuela, un país que se encuentra sumido en el caos social y político. El grupo tiene presencia más fuerte en Norte de Santander, a lo largo de la frontera norte de Colombia con Venezuela, donde el grupo participa en tráfico de estupefacientes y contrabando, principalmente de gasolina, precursor en la producción de cocaína.

Para mantener el crecimiento, Los Rastrojos han comenzado a reclutar a ciudadanos venezolanos y han aumentado su presencia en ese país, según la FIP. La actual inestabilidad y la corrupción descontrolada en las fuerzas de seguridad venezolanas abonan el terreno para el crimen organizado colombiano, y Los Rastrojos han sacado provecho de estas dinámicas.

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(Gráfico cortesía de Fundación Ideas para la Paz)

La fragmentación del hampa se ha acentuado ahora que Colombia avanza en la implementación de un acuerdo de paz con el mayor grupo guerrillero del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Con los avances en el proceso de desmovilización, nuevos grupos criminales se han disputado el control de las zonas desocupadas por las FARC.

En octubre de 2016, Los Rastrojos combatieron con Los Urabeños, una de las organizaciones narcotraficantes más ambiciosas de Colombia y uno de los últimos grupos criminales del país con presencia efectiva en todo el territorio, por el control de las rutas de tráfico cercanas a Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander. Un miembro de Los Rastrojos fue capturado posteriormente en Venezuela, lo que para los autores del informe constituye un indicio de la mayor fuerza del grupo. Además, los operativos del gobierno han debilitado bastante a Los Urabeños en Cúcuta y permitido la expansión de Los Rastrojos y su actividad en zonas que anteriormente controlaba su rival.

Análisis de InSight Crime

El fortalecimiento de grupos del crimen organizado, de menor tamaño y más localizados, como Los Rastrojos es especialmente preocupante para el proceso de paz en Colombia, en particular en el departamento de Norte de Santander, que en 2016 produjo el 17 por ciento del total de la cocaína producida en Colombia.

Con el fortalecimiento de los nexos de Los Rastrojos con Venezuela, los autores del informe indican que pueden convertirse en puente entre los mercados internacionales de estupefacientes y los grupos insurgentes colombianos aún activos, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL). Esto será cierto si el grupo puede tomar el control de Cúcuta —algo que, según los funcionarios de seguridad entrevistados por los autores del estudio, ya está sucediendo—.

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Más aún, Los Rastrojos también han demostrado la capacidad de corromper a los miembros de las fuerzas de seguridad de Colombia y Venezuela, señala el informe, una vulnerabilidad que en el pasado ha sido aprovechada por los grupos criminales de la región fronteriza. Esto preocupa a la luz del grave deterioro de la situación de seguridad en Venezuela', exacerbada por la colusión criminal en muchos niveles del gobierno.