El jefe saliente de la Oficina Estadounidense de Asuntos Internacionales sobre Narcóticos y Aplicación de la Ley William Brownfield

El principal diplomático estadounidense a cargo de las políticas antidrogas en el exterior intentó reparar las maltratadas relaciones con importantes aliados latinoamericanos, pero lo que logró fue dejar en evidencia la confusión en Washington respecto al manejo de los problemas de seguridad relacionados con drogas en la región.

El 22 de septiembre, William Brownfield, el subsecretario saliente de la Oficina de Asuntos Internacionales de Drogas y Aplicación de la Ley, dependiente del Departamento de Estado, participó en una conferencia de prensa con medios de información regionales, a poco más de una semana de dejar su cargo. (InSight Crime obtuvo del Departamento de Estado un borrador de la transcripción de la conversación).

Con el trasfondo de la tensión en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y sus principales aliados latinoamericanos en la lucha contra las drogas, el diplomático de carrera pareció tratar de reparar las relaciones, haciendo énfasis en la calidad y la importancia de la cooperación regional en el tema de las drogas.

Por ejemplo, Brownfield eludió una pregunta sobre los desaciertos de la estrategia militarizada contra el crimen, adoptada por México con el respaldo de Estados Unidos. Al preguntársele si había fallado la cooperación entre Estados Unidos y México —dado el aumento de la violencia en México y el incremento de las muertes por sobredosis de estupefacientes en Estados Unidos—, Brownfield comentó sin mucho convencimiento que "esperaba que no" por el bien de la relación bilateral, que describió como "positiva" durante la administración Trump.

Brownfield describió el repunte en los índices de violencia en México como el resultado de la acción eficiente del gobierno, aun cuando admitió que los grupos criminales han afectado el control estatal en muchas zonas del país. También insistió en mantener la coordinación bilateral en temas antidrogas por los intereses de seguridad compartidos por ambos países.

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El diplomático saliente hizo comentarios conciliadores similares sobre Colombia, otro aliado crucial de Estados Unidos en la lucha contra las drogas en la región. Al parecer en contravía con las recientes declaraciones hechas por él mismo durante un testimonio ante el senado estadounidense, Brownfield describió la actual política de control de drogas en Colombia como "una estrategia excelente", y afirmó que la cooperación antinarcóticos entre Estados Unidos y Colombia es un modelo regional que debe replicarse.

Cuando se le preguntó si esta noción contradecía la reciente amenaza del presidente Donald Trump de designar a Colombia como importante país productor y traficante de narcóticos, Brownfield respondió que creía que los esfuerzos de erradicación en Colombia son eficientes, pero que hay margen para mejorar. El funcionario saliente señaló que cree que solo una combinación de políticas de interdicción tradicionales con políticas de erradicación y medidas de prevención más progresistas tendrían éxito para contrarrestar los problemas de seguridad debidos a los estupefacientes.

Análisis de InSight Crime

Las declaraciones de Brownfield indican que la confusión y la falta de consenso se mantienen en los altos círculos del gobierno de Estados Unidos en relación con la dirección de las políticas antinarcóticos del país del norte en Latinoamérica durante la administración Trump. Sus comentarios no solo parecieron contradecir lo que ha dicho en el pasado, pero también parecen ir en contra de las opiniones de Trump.

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Es comprensible que Brownfield intentara ocultar las diferencias de opinión muy reales entre Estados Unidos y aliados de largo tiempo en la lucha contra las drogas, como Colombia y México ahora que se prepara para dejar su cargo. Sin embargo, es seguro que esas tensiones se mantendrán en el periodo de transición antes de la aprobación del sucesor de Brownfield. Y algunos expertos creen que Trump puede elegir un sucesor con menos experiencia diplomática y más "lealtad" al presidente, como se le ha aconsejado hacer con otros cargos diplomáticos