Jóvenes hondureños protestan contra la violencia

Un reciente informe detalla cómo los jóvenes de la región del Triángulo Norte en Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras) se ven obligados a vivir bajo la agobiante amenaza de la violencia de pandillas.

En estos países, decisiones como por qué calle se transita, qué ropa se usa y cómo se lleva el cabello pueden tener consecuencias fatales, afirma un informe del diario hondureño La Prensa.

"Es loco", citan las palabras de Mauricio Cornejo de 18 años. "No se puede usar zapatos de marcas específicas, porque son parte del estilo pandillero y te pueden confundir".

Al igual que muchos jóvenes en los centros urbanos del Triángulo Norte, Cornejo reside en un territorio que se disputan las dos pandillas más poderosas de la región, la Mara Salvatrucha 13 (MS13) y Barrio 18. Los peatones en la calle pueden ser amenazados de muerte por cualquiera de las dos.

Más de la mitad de las víctimas de homicidio en el Triángulo Norte son menores de 25 años, indicó La Prensa. Como resultado de este entorno amenazante, los jóvenes de la región muchas veces prefieren quedarse en sus casas.

"Ya no podemos ir a la plaza o a las canchas, porque en cualquier momento las pandillas se enfrentan", comentó a La Prensa el universitario salvadoreño Humberto García.

Las limitaciones impuestas por la violencia a los jóvenes se extienden más allá de sus vidas sociales a sus futuras perspectivas de trabajo. Los jóvenes están expuestos a que se los rechace para un empleo por parte de empleadores que exigen prueba de un historial penal limpio, según el informe.

Aun peor, las pandillas suelen reclutar adolescentes y niños hasta de ocho años para sus filas.

Análisis de InSight Crime

El informe pone bajo la lupa la manera como la desenfrenada violencia de pandillas en el Triángulo Norte afecta a los jóvenes en formas tanto leves como profundas. Dada la envergadura de las consecuencias del crimen y la violencia en la región, es fácil perder de vista cómo se sufren estas amenazas a la seguridad en el ámbito individual.  

Nacidas en Los Angeles, la llegada de la MS13 y de Barrio 18 al Triángulo Norte en los años noventa —facilitada por las severas leyes de deportación de Estados Unidos— las puso en medio de los turbulentos periodos de posguerra, cuando la ley y el orden estaban debilitados. Este terreno fértil para la actividad criminal permitió que las pandillas prosperaran, y a pesar de las políticas represivas de “mano dura” impuestas sobre aquéllas, los países del Triángulo Norte se cuentan ahora entre los cinco más violentos de toda Latinoamérica. En El Salvador, la explosión de la violencia de pandillas ha generado tasas de homicidios que no se veían desde la guerra civil en el país.

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La explosión del crimen organizado en el Triángulo Norte en el periodo de posguerra pone sobre la mesa la pregunta de cómo hará Colombia su transición a la paz después de más de medio siglo de conflicto armado. En septiembre pasado, el gobierno de Colombia y el mayor grupo insurgente del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), anunciaron que llegarán a un tratado de paz definitivo en marzo del próximo año. Pero hay preocupaciones de que el crimen organizado simplemente llene el vacío que en la ilegalidad colombiana deje la salida de las FARC, llevando a un nuevo ciclo de crimen y violencia.