Policía peruana captura a presuntos extorsionistas

Las mafias de extorsión en el norte de Perú se han reagrupado y reestructurado, después de varias operaciones que se realizaron a finales del año pasado para desmantelarlas, lo que pone de manifiesto una tendencia al reciclaje de la criminalidad, que conlleva el riesgo del aumento de la violencia y el caos criminal.

El pasado 16 de junio, la policía de Perú llevó a cabo en la ciudad de La Libertad una serie de redadas contra las mafias de la extorsión que han surgido de los restos de varias bandas desmanteladas, arrestando a 18 presuntos miembros de Los Malditos de Moche, Los Cagaleches de Virú y Los Malditos del Triunfo, informó El Comercio.

Según las autoridades, dichas pandillas se formaron a partir de los restos de tres redes desmanteladas en diciembre de 2016, cuando la policía detuvo a 13 personas, entre ellas algunas de las principales figuras del crimen organizado de la ciudad.

Los funcionarios les dijeron a los medios de comunicación que creen que estos líderes dirigen las nuevas redes desde las cárceles, tras haber reclutado miembros cada vez más jóvenes para remplazar a los que perdieron luego de las redadas de la policía, informó El Comercio. El director de la policía regional, Lorenzo Granados Ticona, dijo que cada banda tenía la misma estructura: un líder en la cárcel y un representante por fuera de ella, así como cobradores y colaboradores dentro de las empresas a las que extorsionan.

Estas mafias han operado en La Libertad por más de una década y se dedican a extorsionar empresas de transporte, una actividad que les reporta unos 1.500 millones de soles al mes (aproximadamente US$450.000), según comentarios hechos por el ministro del Interior, Carlos Basombrío.

Análisis de InSight Crime

La Libertad es el epicentro de un problema que se ha propagado en Perú, particularmente en sus ciudades del norte: las mafias de extorsión.

Según una encuesta de victimización de empresas publicada por el gobierno en el año 2015, el 55,8 por ciento de las empresas de La Libertad reportaron haber sido extorsionadas, seguida por las provincias de Lima, con 50,4 por ciento, y las ciudades norteñas de Tumbes, con el 42 por ciento, y Piura, con el 41,9 por ciento. Estas redes de extorsión también han sido acusadas de participar en corrupción, sicariato, lavado de dinero, robo, secuestro y tráfico de drogas.

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El hecho de que una gran operación contra las poderosas bandas de la ciudad donde se presenta la mayor cantidad de extorsiones en Perú sólo les haya dado a las empresas unos meses de respiro frente a la extorsión indica que las pandillas y la práctica de la extorsión están muy arraigadas en el país.

La práctica de la extorsión tiene muy pocos obstáculos, por lo que debilitar a las estructuras de mando eliminando a sus líderes aumenta la posibilidad de que las bandas se fragmenten, o que las bandas rivales busquen sacar provecho de la situación para apoderarse de los territorios, todo lo cual aumenta el riesgo de violentos enfrentamientos territoriales.

Además, la práctica de remplazar a los criminales mayores y más experimentados reclutando miembros mucho menores indica que, en lugar de resolver el problema de los grupos del crimen organizado en las comunidades, las autoridades los están conduciendo a que conformen su próxima generación. Por otra parte, los miembros más jóvenes, sobre todo si se debilita la influencia de los líderes sobre ellos al distanciarlos de sus actividades en las calles, a menudo pueden ser más imprevisibles y más propensos a la violencia.