Cali es la ciudad más violenta de Colombia

Un reciente análisis sobre las estadísticas de homicidios durante 15 años en la ciudad más violenta de Colombia, Cali, pone de relieve la directa correlación entre la evolución del hampa y la violencia en el país.

La investigación especial de El País analiza los factores que influyen en los 26.687 asesinatos cometidos en Cali entre 2001 y 2015, un período durante el cual la tasa de homicidios de la ciudad osciló entre 57 y 91 por cada 100.000 habitantes.

Según El País, durante este período hubo varios picos de violencia, que pueden estar relacionados con eventos y cambios al interior del crimen organizado.

El mayor número de asesinatos se registró en 2004, cuando murieron 2.168 personas. En ese momento, en la ciudad había una guerra entre los narcotraficantes de la región, pues el Cartel del Norte del Valle (CNDV) se había dividido en dos facciones rivales, en particular Los Rastrojos, liderados por Wílber Varela, alias “Jabón”, y Los Machos, liderados por Diego Montoya, alias “Don Diego”.

Estos narcotraficantes libraban la guerra a través de su “oficinas de cobro”, cada una de las cuales tenía su propia red de sicarios, de las cuales, según El País, las autoridades identificaron 35 activas en ese momento. Estas redes recibían armas, órdenes y sueldos de sus jefes narcotraficantes y reclutaban a jóvenes pandilleros para cometer crímenes.

La violencia comenzó a disminuir en 2005, después de que los líderes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) acordaron un alto el fuego entre las partes beligerantes, dice El País.

Sin embargo, el derramamiento de sangre volvió a aumentar dramáticamente, pasando de 1.468 asesinatos en 2008 a 1.798 en 2009. En ese momento, Jabón había sido asesinado por sus lugartenientes más importantes, los hermanos Calle Serna, o “Comba”, y Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”; por su parte, Don Diego había sido arrestado. En medio de estos cambios en el hampa, hubo una oleada de homicidios vinculados a disputas internas, ajustes de cuentas y robos de cargamentos de cocaína.

Los asesinatos continuaron aumentando hasta alcanzar un máximo de 1.959 en 2013. En este período se presentó una nueva era de guerras entre los narcotraficantes, dado que un grupo de fuera de la región, Los Urabeños, intentó ganar presencia allí aliándose con los narcotraficantes que habían sido parte de la red de Don Diego, lo que llevó a un resurgimiento de Los Machos.

En 2012, la situación se complicó aún más por el sometimiento y la captura de los líderes de Los Rastrojos. Esto condujo a una fragmentación de Los Rastrojos, y, en su mayor parte, las diferentes oficinas de cobro se independizaron.

Estas redes no tuvieron el mismo impacto en el mundo del tráfico de drogas transnacional y en su lugar se dedicaron al microtráfico, lo cual, según El País, condujo a una violenta competencia por el control de los mercados de la ciudad. Además, emplearon un modelo de trabajo diferente, subcontratando actividades con las pandillas en lugar de pagarles salarios. Como las pandillas tuvieron que valerse por sí mismas para generar gran parte de sus ingresos mediante actividades como la extorsión, esto también ha generado conflictos territoriales violentos.

Análisis de InSight Crime

El análisis de las estadísticas de homicidios en Cali revela no sólo la correlación directa y evidente entre la violencia y los conflictos al interior del hampa, sino además su relación más indirecta con cambios en el dinámico mundo del crimen.

Si bien es evidente que los enfrentamientos entre narcotraficantes importantes como Jabón y Don Diego generan más violencia, para el hampa colombiano actual es más relevante lo que ha sucedido desde el final de la era de los grandes carteles de droga.

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Estas cifras muestran que lo que se celebra como éxitos de las fuerzas de seguridad, como el desmantelamiento de los dirigentes de Los Rastrojos, también puede conducir a un aumento en la violencia. A medida que las grandes estructuras se fragmentan, a menudo se dividen en organizaciones más pequeñas y autónomas, con fuentes de ingresos diversificadas. Estos intereses criminales se disputan a un nivel más local, lo que conduce a conflictos de más pequeña escala pero más numerosos.