Manifestante en Venezuela, el país con la peor calificación del mundo en el rubro de "ley y orden"

Por octavo año consecutivo, un informe anual de la firma encuestadora Gallup ha situado a Latinoamérica como la región menos segura del mundo, lo que pone de relieve la persistencia de los problemas de seguridad en la región y las formas como el crimen y la inseguridad impactan las vidas diarias de los ciudadanos.

El "Informe global sobre ley y orden" de 2017, realizado por Gallup clasifica a 135 países, en los cuales formuló, a lo largo de 2016, cuatro preguntas relativas a las percepciones de inseguridad en un total de 136.000 personas. Estas cuatro preguntas tocaban el grado de confianza en las autoridades de orden público y el sentimiento de seguridad cuando se encontraban solos en una calle durante la noche, también preguntaban si los encuestados habían sido víctimas de robo o agresión física en el último año.

Como suele suceder con los estudios en temáticas de seguridad global, Latinoamérica y el Caribe se situaron en la parte inferior de la lista, con una calificación de 64 sobre 100 en el "índice de ley y orden"; es el octavo año consecutivo que la región se sitúa como la peor del mundo. Estados Unidos y Canadá se ubicaron a la cabeza, con una puntuación de 86 sobre 100.

A nivel nacional, Venezuela fue el último país en el índice global de ley y orden, con 42 puntos sobre 100. Solo el 12 por ciento de los venezolanos se siente seguro cuando se encuentra solo durante la noche en la calle, y apenas el 14 por ciento señaló que confía en las instituciones de orden público. Ambos puntajes son los más bajos que ha registrado la encuesta de Gallup desde que los encuestadores comenzaron a ocuparse de estas preguntas.

De los once países con el peor índice global en aspectos de ley y orden, casi la mitad se encuentran en Latinoamérica y el Caribe: Venezuela, El Salvador, Bolivia, República Dominicana y Argentina.

Lo que fue en cierto modo sorprendente es que Honduras empató con Chile como el puntaje más alto en ley y orden entre los demás países de la región (72 sobre 100). Honduras también logró la mayor reducción mundial en percepción sobre inseguridad entre 2015 y 2016, al mejorar su calificación en ocho puntos.

Análisis de InSight Crime

Medir la inseguridad puede ser difícil. Estadísticas de veracidad cuestionable —en especial las tasas de homicidios— suelen usarse como proxy para determinar el grado de inseguridad en un país o territorio dado. Sin embargo, la combinación de esas cifras con encuestas de percepción, como la de Gallup puede dibujar un panorama más completo de cómo experimentan la inseguridad quienes viven en las zonas en estudio.

Por ejemplo, la mejora sustancial en la calificación de ley y orden en Honduras en el periodo entre 2015 y 2016 podría parecer poco lógica a primera vista, porque las tasas de homicidios no presentaron variación de un año a otro. Sin embargo, no cabe duda de que el país ha logrado importantes avances en materia de seguridad en términos de depuración de su cuerpo de policía notoriamente corrupto. Esto se refleja en la encuesta de Gallup, la cual afirma que el "porcentaje de hondureños que dicen sentir confianza en su policía local tuvo un aumento particularmente pronunciado, de 29 [por ciento] en 2015 a 50 [por ciento] en 2016".

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Aunque no es sorpresa que Venezuela cayera al último lugar —el país tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo, y ha experimentado una profundización de la crisis política y económica, que ha agudizado la inseguridad— también hay países que arrojaron una calificación mucho peor de lo que podría haberse esperado.

Quizás sea Argentina el mejor ejemplo de esta dinámica. Aunque el país se situó cerca de la base en el índice de ley y orden, entre 2015 y 2016, los delitos en general bajaron 6 por ciento, y Argentina tuvo una de las tasas de homicidios más bajas de la región: unos 6 homicidios por 100.000 habitantes.

Varios factores pueden contribuir a explicar esta discrepancia. Para empezar, aun con la baja en las tasas de delitos, casi uno de cada tres argentinos admitió haber sido víctima de un delito en 2016, según una reciente encuesta del gobierno. En segundo lugar, la corrupción es endémica en los organismos de orden público, hasta el punto en que las autoridades han lanzado una aplicación móvil para que los ciudadanos denuncien la corrupción sin tener que interponer una denuncia en persona en una estación de policía. Y finalmente, la baja calificación de Argentina también puede aludir al impacto de la estrategia de comunicaciones alarmistas del gobierno en relación con la violencia generada por el alza en actividades relacionadas con drogas, como parte de un viraje más general hacia políticas de seguridad de mano dura.