Violencia urbana en Colombia se encuentra muy concentrada

Un nuevo informe de un centro de investigación colombiano mapea la concentración de homicidios en las ciudades más grandes del país, destacando la importancia de las áreas urbanas en las estrategias de reducción de la violencia, tanto en Colombia como en el resto de Latinoamérica.

El informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), publicado en El Espectador, halló que las 27 ciudades más pobladas de Colombia respondieron por el 48 por ciento del total nacional de homicidios en 2016. El 30 por ciento de los homicidios se presentaron en las cuatro ciudades más grandes del país: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.

El impacto de estas ciudades en la tasa nacional de homicidios puede verse en el gráfico siguiente. Por cada reducción de la tasa promedio de homicidios en las cuatro ciudades a lo largo de los cinco últimos años, ha habido una baja correspondiente en la tasa nacional de homicidios.

"Si el país quiere seguir reduciendo la tasa de homicidios, deberá tener una respuesta concreta a la violencia urbana", escriben los autores. La FIP identificó a Medellín como una de las ciudades con más responsabilidad por la reducción del número de homicidios en el país. La tasa de homicidios de la segunda ciudad más grande de Colombia pasó de ser el doble del promedio nacional a quedar más de seis puntos por debajo de este en un lapso de solo cuatro años, un cambio sorprendente para una ciudad que alguna vez fue la capital mundial de homicidios.

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La FIP también siguió el rastro de los lugares donde se han concentrado los homicidios en cada una de las cuatro ciudades principales. Halló que los homicidios en Cali generalmente se concentran en zonas de mercados ilícitos o donde hay organizaciones criminales disputándose el control del territorio. De manera similar, los niveles elevados de violencia en Bogotá, la capital del país, tienen una fuerte correlación con la venta de drogas.

Para visualizar la concentración de los homicidios en ciertas áreas, la FIP comparó un mapa de Cali, en el cual los homicidios del año pasado estaban distribuidos aleatoriamente, con otro en el que se mostraba el lugar exacto donde habían ocurrido los homicidios. En este último mapa, los homicidios estaban concentrados en la parte oriental de Cali y en algunos lugares ubicados en los límites occidentales de la ciudad. En estas áreas son donde el Estado es más débil, los índices de pobreza son los más altos y donde vive la mayor parte de la población, según la FIP.

Basados en estas cifras, la FIP argumenta que las autoridades deberían concentrar sus esfuerzos y recursos en reducir la violencia en las áreas donde los homicidios están concentrados.

“Para detener la violencia actual es necesario pasar de una mirada general en lo nacional, a implementar respuestas específicas en lo local” concluyen los autores.

Análisis de InSight Crime

Los hallazgos de la FIP representan un microcosmos de las dinámicas de seguridad en el resto de Latinoamérica. Robert Muggah, director de investigación en el Instituto Igarapé con base en Brasil, dijo que la “turbo urbanización” de la región ha puesto a las ciudades al frente de una batalla incesante para reducir la violencia. Mientras la población continue mudándose de áreas rurales a urbanas, la importancia de las ciudades para la seguridad general de los países aumentará. Se estima que el 87 por ciento de todos los habitantes de Latinoamérica vivirá en ciudades para el 2050.

Como en Colombia, la violencia urbana de la región está concentrada geográficamente. Según el Igarapé, aproximadamente el 80 por ciento de los homicidios en las ciudades grandes y medianas de Latinoamérica ocurre en el 2 por ciento de las calles de estas ciudades. Entonces, para que Latinoamérica logre deshacerse de su mala reputación como la región más violenta del mundo, tendría que priorizar no solo las ciudades, pero las pequeñas e híper violentas áreas dónde se concentran los homicidios.

La buena noticia es que algunas ciudades ya están implementando ideas innovadoras para mejorar la seguridad. Un exalcalde de Cali usó una aproximación epidemiológica para controlar la violencia en la década de 1990. En Ciudad Juárez, México, las autoridades establecieron una gran variedad de programas sociales, incluyendo grupos de trabajo conocidos como mesas de seguridad que involucraban a los líderes de las comunidades en los procesos de toma de decisiones. Considerada como la capital mundial de homicidios hace tan solo cinco años, la tasa de homicidios en Juárez ha disminuido significativamente.

Por supuesto, actores criminales también juegan un papel importante en la determinación de las tasas de homicidios. La cantidad de asesinatos en Medellín disminuyó cuando se instauró una “pax mafiosa” entre los dos grupos criminales más grandes de la ciudad. La mejora en la seguridad de Juárez coincidió con el fin de una sangrienta guerra de carteles. En El Salvador, la tasa de homicidios se redujo a la mitad en los meses después de que las pandillas MS13 y Barrio 18 aceptaran una tregua facilitada por el gobierno en el 2012.

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Como InSight Crime ha señalado anteriormente, la presencia del crimen organizado puede ser el más grande obstáculo para la implementación de estrategias de seguridad que prioricen a la población y lugares que son propensos a altos niveles de violencia. Este tipo de intervenciones han sido exitosas en Estados Unidos, pero aún no hay claridad sobre cómo se podrían adaptar de manera efectiva al contexto Latinoamericano.

Lo que sí es claro, es que los países de Latinoamérica deben poner más énfasis en recolectar cifras de homicidios. Pocas intervenciones de seguridad son evaluadas de manera rigurosa. Incluso peor, una investigación reciente de InSight Crime encontró que las fuerzas de seguridad de Guatemala muchas veces son forzadas a confiar en su “olfato”, un sexto sentido que les ayuda a determinar el autor de un asesinato. Sin información robusta y precisa, las autoridades tienen pocos recursos para diagnosticar el problema y aplicar las medidas apropiadas para reducir la violencia.