Policías municipales de México

Una reciente encuesta de opinión en México señala una vergonzosa carencia de confianza pública en las fuerzas de seguridad, lo que demuestra una vez más que los fracasos institucionales pueden llevar a que se apoyen ciertas respuestas a la inseguridad que pueden resultar problemáticas, como la militarización de los planes de seguridad ciudadana y la conformación de movimientos de autodefensa.

El Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados de México ha publicado una encuesta en la que la marina y las fuerzas armadas de México fueron las instituciones de seguridad pública mejor calificadas, mientras que las policías municipales obtuvieron las peores calificaciones.

Dos tercios de los encuestados dijeron creer que la policía está muy o bastante "controlada por el crimen organizado", mientras que más del 36 por ciento cree que las autoridades participan en actividades criminales. Un cuarto de los encuestados afirmó que no reportarían los delitos debido a la falta de confianza en las autoridades.

Además, el 56 por ciento de los encuestados piensan que la corrupción es el problema principal de los cuerpos de policía, mientras que más del 66 por ciento dijo que había poca a ninguna posibilidad de acabar con la corrupción en el país.

Cuando se preguntó qué estrategia podría servir para mejorar la confianza de la ciudadanía en la policía, muchos de los encuestados —el 29 por ciento— se inclinaron por la militarización, el 28 por ciento optó por mejores procedimientos de selección, y más una quinta parte de la población prefiere una reforma total de la policía.

Más de la mitad de las personas están de acuerdo con que los ciudadanos mexicanos formen grupos de autodefensa. Sin embargo, estas fuerzas civiles recibieron un voto de confianza más bajo que las fuerzas del Estado en lo que tiene que ver con la seguridad a nivel local.

Análisis de InSight Crime

Como lo han señalado estudios similares previamente, las autoridades mexicanas —y en particular la policía de los niveles locales— sufre de una grave carencia de confianza pública. Esta falta de confianza se ha agravado por casos extremos de colusión de la policía con el crimen organizado, así como por la incompetencia generalizada.

Esto ha tenido graves consecuencias para la reputación de la policía, en comparación con el ejército, el cual, a pesar de que ha obtenido bajos niveles de aprobación en la última década, sigue siendo el organismo preferido por la ciudadanía para combatir al crimen organizado. Ello ha permitido sustentar la altamente militarizada estrategia de seguridad interna consolidada por el presidente Felipe Calderón en 2006, que ha sido relacionada con una serie de violaciones de los derechos humanos y con mediocres resultados en términos de mejoras en materia de seguridad.

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Otro resultado de los abusos oficiales y de la desconfianza popular en las instituciones de seguridad es, como lo muestra la reciente encuesta, un mayor apoyo a los civiles que toman los asuntos de seguridad en sus propias manos. Dado que el panorama del crimen organizado mexicano se hace cada vez más caótico y su tasa de homicidios se sale de control, es probable que los grupos de autodefensa del país se fortalezcan —un hecho que podría generar más problemas a largo plazo—.