Estadio Polideportivo Sur — Sede del Envigado FC

Ocho equipos de fútbol colombianos están siendo investigados por nexos con el narcotráfico, una señal de que el país podría estar a punto de abrir un nuevo capítulo en su largo historial de vínculos entre fútbol y crimen organizado.

El 4 de junio, la Fiscalía General de Colombia reveló que había iniciado investigaciones preliminares a ocho equipos de fútbol por sus presuntos vínculos con el crimen organizado y el lavado de dinero producto del narcotráfico, informó AFP. El fiscal general de Colombia señaló que la investigación “está centrada en la vinculación de estos equipos con dineros de narcotraficantes”, y que también busca determinar si el dinero ha sido usado en la transferencia de jugadores.

Según El Colombiano, las investigaciones aún se encuentran en la etapa de recolección de elementos probatorios y las autoridades buscan determinar si hay pruebas suficientes para abrir investigaciones formales a los directivos de los clubes por facilitarles el lavado de dinero a organizaciones criminales.

De los ocho equipos implicados, cinco juegan en la primera división de fútbol colombiano: Once Caldas, Águilas Doradas, Envigado Fútbol Club (FC), Chicó FC y Cortuluá. Los tres restantes están en la segunda división: Unión Magdalena, Valledupar FC y Depor FC.

Se sospecha que el Envigado FC, que ya se encuentra en la lista de capos (kingpin list) de Estados Unidos por presunto lavado de dinero, tendría nexos con organizaciones criminales como la Oficina de Envigado y Los Urabeños.

El general Jorge Fernando Perdomo, vicefiscal general de Colombia, afirmó que las investigaciones no están relacionadas con el reciente escándalo de la FIFA, y señaló que en Colombia “existen investigaciones judiciales a equipos de fútbol desde hace muchos años y por muchísimas cosas”.

Análisis de InSight Crime

Como lo señaló Perdomo, la relación entre fútbol y crimen organizado ha tenido una larga historia en Latinoamérica, donde se han presentado escándalos que afectan a jugadores de la talla de Pelé o Lionel Messi.

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Los equipos profesionales de fútbol no sólo les ofrecen a los criminales mecanismos para el lavado dinero, sino que también pueden generar grandes ganancias a partir del arreglo de partidos y ayudarles a conseguir capital social y el apoyo de las comunidades locales.

Anteriormente, algunos narcotraficantes famosos —como Pablo Escobar y sus rivales del Cartel de Cali— eran los dueños y financiadores de algunos de los equipos más importantes del fútbol colombiano. Ser los propietarios de dichos equipos era un símbolo de estatus que engrandecía el ego y representaba una oportunidad para lavar dinero de procedencia ilegal.

Sin embargo, como en el caso actual, aunque cinco de los equipos en cuestión juegan en la primera división del fútbol colombiano, éstos son clubes relativamente pequeños. Lo anterior aumenta la posibilidad de que los nexos entre narcotraficantes y equipos de fútbol en Colombia no hayan desaparecido, sino que hayan evolucionado y ahora se trate de criminales que optan por tener un perfil más bajo, motivados más por las utilidades que por su propia vanidad.