Brasil, la economía más grande de Latinoamérica, ha logrado algunos importantes avances en materia seguridad durante los últimos años y ha disminuído el control que mantenían las pandillas sobre decenas de comunidades en Río de Janeiro, a través de su novedoso programa de seguridad UPP. No obstante, el país enfrenta una seria amenaza proveniente de las dos pandillas criminales más grandes del país, el Primer Comando Capital y el Comando Vermelho, las cuales se han involucrado cada vez más en el narcotráfico internacional, así como en esquemas de extorsión y secuestro. Las milicias, compuestas en su mayoría por policías, son otra fuente de crimen violento, extorsionando barrios enteros y realizando ejecuciones extrajudiciales. El país es uno de los más grandes mercados de cocaína en el mundo y se ha convertido en un punto de tránsito cada vez más importante para el tráfico de esta droga hacia Europa.

 

Geografía

Brasil es el país más grande de Suramérica, con una frontera terrestre de 16.000 kilómetros y una costa de 8.000 kilómetros, la cual es usada para el envío de cocaína a Europa y África.

Comparte una frontera con todos los países de Suramérica, a excepción de Chile y Ecuador, incluyendo los tres principales productores de cocaína del mundo —Bolivia, Perú y Colombia—. La vecina Paraguay sirve de escondite para los criminales brasileños, y como fuente y punto de tránsito para el tráfico de marihuana y armas hacia Brasil.

Historia

Brasil registró un éxodo masivo de población rural hacia los centros urbanos de São Paulo y Río de Janeiro desde los años cincuenta hasta los setenta, lo que llevó al crecimiento de asentamientos informales conocidos como "favelas". La desigualdad y pobreza del país se intensificó en estas zonas, que carecían de la presencia del Estado, haciéndo de ellas un caldo de cultivo ideal para una explosión de delincuencia organizada.

En los años cincuenta, una poderosa mafia criminal comenzó a formarse en torno al "bicho", o el juego de los animales, un juego de azar ilegal que se hizo muy popular en el país. Los jefes que dirigían el juego acumularon grandes fortunas, lavando el dinero de sus ganancias a través de empresas legales. También participaron en asesinatos a sueldo y en redes de prostitución, sobornando a la policía y a los políticos del país. El poder de los bicheiros, o jefes de los juegos ilegales de animales, llegaría a su cima durante los años ochenta, cuando comenzaron a lavar dinero a través del carnaval de Río de Janeiro.

Mientras tanto, los grupos criminales se iban desarrollando en la miseria de las prisiones del país. De hecho, los grupos criminales comenzaron en las cárceles y sólo fue más tarde que llegaron a conquistar las calles. Los grupos más grandes del país, el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando Capital (PCC), surgieron en las prisiones, en los años setenta y noventa respectivamente, antes de extenderse hacia las calles de Río de Janeiro y São Paulo; y después hacia otros estados del país, e incluso a otros países de la región.

Durante los años setenta, con la entrada de grandes cantidades de cocaína al país, en Brasil comenzaron a surgir vínculos entre los bicheiros, los carteles de la droga y los traficantes locales. A medida que el mercado mundial de cocaína entraba en auge en los años ochenta, Brasil atrajo a los más grandes productores de drogas de Suramérica como un epicentro para el tránsito de drogas con destino a los mercados de Europa y Estados Unidos. Los carteles colombianos se trasladaron a territorio brasileño, atraídos por su ubicación y la disponibilidad de precursores químicos, y traficaban droga al país en forma de base de coca. Fue entonces cuando comenzaron a instalar laboratorios cerca a los puntos de venta y desembarque de la droga que tenía como destino los mercados europeos y estadounidenses.

Patrullas ciudadanas integradas por miembros activos y retirados de la policía, conocidos como milicias, han surgido en las ciudades bajo la premisa de la lucha contra las bandas de narcotraficantes. Sin embargo, estas han pasado a operar sus propias empresas criminales, que incluyen esquemas de extorsión y secuestro.

La tasa nacional de homicidios ha permanecido relativamente estable, pasando de 22 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2004, a 25,2 en 2012. No obstante, esta aparente estabilidad oculta una disminución de la violencia en las principales ciudades del sur y un aumento en las zonas rurales del país.

Grupos criminales

Los dos grupos más fuertemente involucrados en el crimen organizado en Brasil son el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando Capital (PCC), los cuales surgieron en el sistema penitenciario brasileño. El CV está ubicado en gran medida en Río de Janeiro, mientras que el PCC está principalmente en Sao Paulo. Sin embargo, ambos han expandido su influencia a lo largo del país e incluso a países vecinos como Paraguay y Bolivia, en donde participan en crímenes que van desde la venta y tráfico de narcóticos hasta esquemas de extorsión y robo.

Además, han surgido varios bandos de disidentes, como Los Amigos dos Amigos (ADA) y el Tercer Comando Puro (TCP), así como redes criminales locales como el Primer Grupo Catarinense (PGC) en el sur y La Familia del Norte (FDN). Para complicar aún más la dinámica del hampa, se suma la presencia de las milicias, que son grupos creados por antiguos y actuales oficiales de policía, los cuales han cruzado la línea entre vigilancia parapolicial y actividades criminales.

Fuerzas de Seguridad

La policía de Brasil se divide en federal (que cuenta con alrededor de 15.000 miembros) y estatal, que incluye a las fuerzas militares (más de 400.000 miembros activos) y civiles (unos 123.400 miembros). La Policía Federal está encargada de investigar el tráfico internacional de drogas, entre otros delitos federales. La Policía Militar es responsable de mantener el orden público en los estados, y ha asumido un papel de liderazgo en la pacificación de las favelas de Río de Janeiro. La Policía Civil maneja las investigaciones penales a nivel estatal. La policía de Brasil ha enfrentado durante mucho tiempo acusaciones de abuso y corrupción, especialmente en relación con la desinformación sobre la ejecución extrajudicial de civiles como supuestos actos de legítima defensa.

Desde 2008 Río de Janeiro ha estado implementando un programa para recuperar áreas urbanas marginales, o "favelas", que están bajo el control de las milicias y los narcotraficantes. Primero, los militares y la policía militar "invaden" una favela con el fin de expulsar a los grupos criminales. Luego, las unidades policiales conocidas como Unidades de Policía Pacificadora (UPP), se instalan para proporcionar seguridad a largo plazo en estos barrios. Para el 2014 se habían insalado 38 UPP, con un total de más de 9.500 oficiales de policía.

Brasil cuenta con 339.300 miembros activos en sus fuerzas armadas, que son las más grandes de Latinoamérica. La función principal de los militares es hacer cumplir el control de fronteras.

Sistema Judicial

El sistema judicial de Brasil es lento, corrupto e ineficaz. En el Informe de Competitividad Global 2015-2016 del Foro Económico Mundial, Brasil ocupó el puesto 92 entre 144 países en materia de independencia judicial. Sólo el 8 por ciento de los casos de homicidios anuales de Brasil son resueltos, según cifras oficiales. Existen tanto tribunales federales como estatales, así como tribunales especializados en lo militar, laboral o electoral. El máximo tribunal del país es el Tribunal Supremo Federal.

Prisiones

Las prisiones brasileñas se encuentran sobrepobladas y sus reclusos viven bajo terribles condiciones. Los grupos criminales más grandes del país, incluyendo al CV y al PCC, fueron fundados en las prisiones. Sus líderes tienen la capacidad para controlar el tráfico de drogas, el secuestro y los esquemas de extorsión desde el interior. Las cárceles operan en alrededor de un 154 por ciento por encima de su capacidad, con una población de 607.000 (en 2014).