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La Mara Salvatrucha, o MS13, es tal vez la pandilla callejera más conocida en el hemisferio occidental. Aunque tiene sus orígenes en los años ochenta en los barrios pobres de refugiados de Los Ángeles, el alcance de la pandilla ahora se extiende desde países centroamericanos como El Salvador y a través de México, Estados Unidos y Canadá. Roban, extorsionan, intimidan en los barrios y han incursionado gradualmente en crímenes trasnacionales como el tráfico de personas y el narcotráfico. Sus actividades han ayudado a hacer del Triángulo del Norte —Guatemala, El Salvador y Honduras— el lugar, en tiempos de paz, más violento del mundo. En octubre de 2012, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos calificó al grupo como una “organización criminal trasnacional”, la primera designación para una pandilla callejera de Estados Unidos.

Historia

La MS13 fue fundada en los barrios de Los Ángeles en los años ochenta. Como resultado de las guerras civiles en El Salvador, Guatemala, y Nicaragua, los refugiados se movieron masivamente hacia el norte. Muchos de ellos terminaron en Los Ángeles, viviendo en su mayoría en los barrios mexicanos del oriente de Los Ángeles. Mientras las pandillas mexicanas reinaban en el bajo mundo local, los inmigrantes endurecidos por la guerra fácilmente se organizaron en grupos rivales. El más fuerte de ellos se llamó la Mara Salvatrucha.

La pandilla inicialmente estuvo compuesta por refugiados de El Salvador en el barrio Pico Unión, que es de donde proviene el nombre: “mara” es un término centroamericano para pandilla; “salva” se refiere a El Salvador; “trucha” es un término del argot para “inteligente” o “agudo”. No obstante, con la concentración de hispanoparlantes en Los Ángeles, la pandilla se expandió a otras nacionalidades y luego a otras ciudades.

Los rivales de la pandilla tomaron nota. Una, conocida como la Mafia Mexicana, o “La Eme”, una de las más legendarias pandillas de California, decidió incorporar a la MS a su alianza regional latina de pandillas. Llamados “Los Sureños,” la alianza incluyó a varias pandillas prominentes y se desplegó en gran parte del suroeste de Estados Unidos y México. Proporcionó más protección a la MS en los barrios y en prisión. A cambio, la MS suministró sicarios y añadió a su nombre el número 13, la posición que ocupa la M en el alfabeto. De este modo, la MS se convirtió en MS13.

A finales de los años noventa, Estados Unidos trató de hacer frente a lo que estaban empezando a conocer como una amenaza criminal significativa. En parte como una manera para lidiar con la MS13, y en parte como producto de la dura presión migratoria hacia el final de la presidencia de Bill Clinton, el gobierno comenzó un programa de deportación para residentes nacidos en el extranjero condenados por una amplia gama de delitos. Esta política de deportación a su vez incrementó enormemente el número de miembros de la pandilla enviados a El Salvador, Honduras, Guatemala, y otros países. Según una estimación, 20.000 criminales regresaron a Centroamérica entre 2000 y 2004. Esta tendencia continúa. Un oficial del orden público estadounidense  dijo a InSight que Estados Unidos envía de regreso a 100 exconvictos por semana sólo para El Salvador.

Los gobiernos centroamericanos, algunos de los más pobres y más ineficientes en el hemisferio occidental, no fueron capaces de lidiar con la influencia criminal, ni tampoco fueron debidamente advertidos por las autoridades estadounidenses. Los convictos, que a menudo sólo tenían la más escasa conexión con sus países de origen, tuvieron pocas posibilidades de integrarse en la sociedad legítima. A menudo ellos retornaron a lo que conocían mejor: la vida pandillera. De este modo, la decisión de utilizar la política migratoria como una herramienta contra las pandillas generó el violento crecimiento de la pandilla en el Triángulo del Norte: El Salvador, Guatemala, y Honduras.

Las principales actividades de la MS13 varían mucho de una región a otra. En Centroamérica, donde el alcance y el tamaño de la pandilla (en relación a las proporciones generales) es más grande, las operaciones de la MS13 son más diversificadas. Esto incluye la extorsión, el secuestro, y el control del mercado ilegal de drogas en el barrio. Sus delitos, como la extorsión a compañías de autobuses, son posiblemente más perjudiciales diariamente para más personas que cualquier otra actividad criminal en la región. En Estados Unidos, por el contrario, la pandilla opera más como una pandilla callejera estadounidense, con un énfasis en las ventas locales de droga y la “protección” del territorio urbano.

La MS13 también mantiene su relación con la “La Eme”. La MS13 ha designado algunos intermediarios para pasar un tributo a la pandilla en Los Ángeles. Algunos establecen que las dos organizaciones han formado un triángulo internacional de poder que va del área de Los Ángeles a El Salvador y de vuelta a través del corredor entre Washington D.C. y Virginia.

Con sus raíces históricas en Centroamérica y algunas ciudades de Estados Unidos, gran parte del reciente crecimiento de la MS13 se ha concentrado en México. La pandilla es más fuerte en la región fronteriza con Guatemala, especialmente en el estado de Chiapas. Atraídos por las decenas de miles de migrantes centroamericanos que buscan un corredor ilegal a través de México hacia Estados Unidos, la MS13 se ha convertido en uno de los jugadores más importantes en la floreciente industria de la trata de personas en la nación.

Gracias en gran parte a su territorio compartido, la MS13 también ha comenzado a forjar relaciones con algunas redes trasnacionales de tráfico de drogas. En Centroamérica, la MS13 provee mano de obra crucial para las organizaciones extranjeras, ayudando a grupos como Los Zetas y el Cartel de Sinaloa a vender drogas en el mercado local, intimidar rivales y llevar a cabo ejecuciones. El papel del grupo en el tráfico de personas al sur de México les ha permitido también forjar relaciones comerciales con algunos de los grupos criminales más grandes, como Los Zetas, que han incursionado en este campo.

A lo largo de su existencia, varios intentos del gobierno por reducir la amenaza representada por la MS13 han tenido a menudo el efecto perverso de desplegar esa amenaza. Tal vez el ejemplo más obvio sea la ya mencionada política de deportaciones de extranjeros condenados por delitos en Estados Unidos. No obstante, los gobiernos centroamericanos también han contribuido: las políticas de “mano dura”, que encarcelaron a jóvenes sobre la base de la apariencia y la asociación así como por las actividades criminales, se convirtió en la norma después de su implementación por el presidente salvadoreño Antonio Saca, a comienzos de siglo. Como resultado, El Salvador, Honduras, y Guatemala vieron a la población carcelaria desbordarse con miembros de la MS13 y otras pandillas.

Debido a que los frágiles sistemas carcelarios en cada uno de esos países no estaban preparados para la repentina afluencia de miles de miembros de pandillas organizados y violentos, la violencia aumento considerablemente al interior de las cárceles.  Como respuesta, las autoridades separaron a las pandillas, pero esto les abrió un espacio para organizarse. En prisión, por ejemplo, se les da una libertad y una seguridad que ya no es posible tener por fuera. Frecuentemente tienen acceso a teléfonos celulares, computadores y televisión. Como resultado, las filiales de la MS13 en Centroamérica han podido reconstruir sus estructuras organizativas desde el interior de las cárceles, así como expandir su capacidad de llevar a cabo delitos como secuestros, robo de autos, esquemas de extorsión, y otras actividades criminales.

La pandilla se encuentra actualmente en su segunda o tercera generación, y el ciclo parece difícil de romper. Los jóvenes entran a la pandilla debido a que a menudo la ven como su único camino a través de la creciente violencia que los rodea. La entrada es a menudo igualmente violenta, incluyendo una fuerte golpiza de 13 segundos que muchas veces puede terminar en tragedia, incluso antes de que su carrera como pandillero comience. Los miembros antiguos buscando escaparse encuentran reglas internas que podrían haber creado para prevenir la separación de muchos de ellos. Algunas clicas, por ejemplo, penalizan la deserción matando a la persona. Incluso si pueden escapar de su membresía, sus tatuajes a menudo los marcan de por vida.

En El Salvador, por lo menos, los miembros de la MS13 tuvieron un respiro de su habitual estilo de vida violento. En marzo de 2012, los líderes de la MS13 y sus rivales del Barrio 18 acordaron una tregua nacional negociada a través de grupos de la comunidad y la iglesia, y facilitada por el gobierno. El aparente cese al fuego fue seguido por una gran caída en la tasa de homicidios de El Salvador, la cual muchos esperaron que marcaría un mayor cambio en la seguridad ciudadana en el país.

Sin embargo, algunos críticos de la tregua temen que ésta haya acentuado de manera peligrosa el perfil de las pandillas callejeras, y les haya provisto de los recursos necesarios para ejercer una mayor influencia sobre las instituciones del gobierno. Estados Unidos parece renuente a apoyar la tregua entre pandillas y ha aumentado la presencia sobre la MS13 desde la implementación de la misma. Adicionalmente a designar a la pandilla como una organización criminal transnacional en el otoño de 2012, Estados Unidos ha impuesto sanciones económicas a 13 líderes de la MS13, al añadirlos a la lista de Nacionales Especialmente Designados en junio de 2013. Estados Unidos agregó a otras tres cabecillas a esta misma lista en abril de 2015.

Las preocupaciones sobre la tregua se basan en informes sobre el incremento de la extorsión y desapariciones desde el inicio de la misma, así como el descubrimiento de fosas comunes. Adicionalmente, la tasa de homicidios aumentó de nuevo a mediados de 2013 y siguió la misma tendencia en 2014 e inicios de 2015.

Para el 2016 y en medio de niveles record de violencia, el gobierno lanzó una serie de “medidas extraordinarias” para reprimir de manera agresiva la MS13 y las demás pandillas del país. La MS13 ahora se encuentra atrapada en lo que parece ser una guerra de baja intensidad en contra de las fuerzas de seguridad del gobierno, aunque las pandillas han sufrido la mayor parte de las bajas. El aumento de la presión sobre la MS13 se debe al surgimiento de escuadrones de la muerte anti-pandillas compuestos en su mayoría por miembros de los militares y la policía.

Después de otro año sangriento, la MS13 expresó al comienzo del 2017 un deseo de entablar negociaciones con el gobierno de El Salvador y todos los partidos políticos del país para acabar la violencia. Incluso dejando la puerta abierta a una eventual disolución de la pandilla. Sin embargo, este diálogo no parece llegar a tener lugar debido a la resistencia a la idea por parte de los políticos y la sociedad.

Liderazgo

En la teoría, la MS13 tiene una jerarquía, un lenguaje, y un código de conducta. En la realidad, la pandilla está poco organizada, con células en toda Centroamérica, México y los Estados Unidos, pero sin un solo líder reconocido. Los líderes son conocidos como "palabreros". Estos líderes controlan lo que se conoce como las "clicas", las células que operan en territorios específicos.

Estas clicas tienen sus propios líderes y jerarquías. La mayoría de las clicas tienen la "primera palabra" y "segunda palabra," en referencia al primero y segundo al mando. Algunas clicas son trasnacionales; algunas luchan con otras y tienen reputaciones más violentas. Algunas clicas controlan clicas más pequeñas en una región determinada. También tienen tesoreros y otras pequeñas posiciones  a las cuales designan diferentes funciones.

Sin lugar a duda, los líderes de la MS13 pueden controlar las acciones de estas clicas desde lejos. Esta estructura fluida y difusa hace que la pandilla sea resistente a cualquier intento del gobierno de tomar medidas duras en su contra. Si el gobierno arresta la "primera palabra", la "segunda" rápidamente asumirá el control. 

Geografía

Las cifras varían, pero el Comando Sur de los Estados Unidos dice que hay unos 70.000 miembros de pandillas en el Triángulo del Norte. La proliferación de las pandillas ha acompañado el aumento en las tasas de homicidios. El área tiene la tasa de homicidios más alta del mundo en una zona que no está en guerra.

La MS13 es la pandilla más grande de la región. La migración centroamericana hacia otras partes de Estados Unidos, como el área de Nueva York y Washington D.C., también contribuyó a la expansión la MS13 en Estados Unidos. Los vínculos de la MS13 con la trata ilegal de personas desde Centroamérica ha contribuido a fortalecer la posición de la pandilla en el atestado panorama criminal de México, especialmente en la región fronteriza del sur.

Aliados y enemigos

La MS13 es enemiga de Barrio 18, otra pandilla callejera con alta presencia en Centroamérica, México y Estados Unidos. También hay evidencia de que la MS13 está forjando alianzas —o trabajos subcontratados— con carteles mexicanos como Los Zetas, para el tráfico de drogas y asesinatos.

Adicionalmente, en 2016 surgió video-evidencia donde se muestra que la pandilla tuvo negociaciones secretas con líderes del partido dominante en el Salvador, El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional – FMLN, en el que se les ofrecía apoyo político a cambio de beneficios económicos.

Perspectivas

El impacto a largo plazo de tregua entre pandillas en El Salvador continúa sin revelarse, pero hay indicios de que la MS13 ahora es más fuerte que nunca, y que seguirá siendo una fuente de inseguridad ciudadana y una gran amenaza para los gobiernos centroamericanos.

Recursos

"Gangs in Central America," Congressional Research Service, 3 January 2011. (pdf)

"The MS-13 and 18th Street Gangs: Emerging Transnational Gang Threats?" Congressional Research Service, 30 January 2008. (pdf)

Victor Ronquillo and Jorge Fernandez Menendez, "De los Maras a los Zetas," (Mexico City, 2007).

Samuel Logan, This is for the Mara Salvatrucha: Inside the MS-13, America's Most Violent Gang, (New York, 2009).

Steven S. Dudley, Drug Trafficking Organizations in Central America: Transportistas, Mexican Cartels and Maras, Woodrow Wilson Center for International Scholars, May 2010.

Ana Arana, How the Street Gangs Took Central America, Foreign Affairs, May/June 2005.

Samuel Logan and John Sullivan, MS-13 Leadership: Networks of Influence, Security Solutions International, December 2010.