El papel de Los Monos en la escalada de violencia en Rosario, Argentina

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En medio de la ola de violencia que azota a la ciudad de Rosario, Argentina, todos los indicios apuntan al grupo criminal más grande del país, Los Monos, luchan por mantener el control territorial que tanto les ha costado conseguir.

La ciudad argentina de Rosario ha experimentado una serie de actos violentos durante los últimos meses. Para finales de octubre de este año, la ciudad ya registraba 171 homicidios, superando el total de todo el 2019. Desde el mes de septiembre se dio un repunte en los homicidios en ciertas zonas de la capital de la provincia de Santa Fe.

El aumento de la violencia está directamente relacionado con las economías criminales que se desarrollan en la ciudad, comenzando por el narcomenudeo. Así lo aseguró el ministro de Seguridad de la provincia, Marcelo Saín, ante el concejo municipal en junio de 2020.

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A pesar de esta situación, el 23 de septiembre de 2020, en medio del aumento de la violencia en Rosario, el líder histórico del Clan Cantero, Ariel Máximo, alias “El Viejo”, fue puesto en libertad condicional, luego de pagar casi cinco años de prisión.

Sin embargo, a final del mes de octubre, en nuevas declaraciones, Saín culpó a Ariel Cantero, alias “Guille”, hijo de El Viejo y actual líder de Los Monos, de ser responsable de los hechos violentos en la ciudad, liderando las acciones violentas del grupo desde prisión.

El gobierno nacional también ha tomado cartas en el asunto. En octubre anunció un plan conjunto con autoridades provinciales para contrarrestar el poder de la banda criminal en la ciudad. Este plan incluye más recursos económicos para financiar los Centros de Análisis y Operaciones de la provincia y la presencia de una delegación del Ministerio de Seguridad de manera permanente en Rosario.

En los últimos meses se ha hablado de la expansión de Los Monos a diferentes actividades criminales, desde la administración de casinos ilegales, donde miembros del grupo trabajaban en coordinación con una red de funcionarios corruptos, hasta la extorsión a comerciantes de dólar blue (un tipo de dólar que se comercia de manera paralela al mercado cambiario argentino), una actividad que aparentemente es menos riesgosa que el narcotráfico, pero que reporta excelentes ganancias.

Análisis de InSight Crime

Después de que el control de Los Monos sobre las lucrativas economías criminales de Rosario comenzara a disiparse en 2018, al parecer otros clanes entraron en escena para disputar el control del microtráfico.

Viejos enemigos, como Los Funes o Los Ungaro, han intentado aprovechar esta debilidad momentánea. A principios de este año, Dylan Cantero, el hermano menor de la familia Cantero, recibió un disparo en la pierna, lo que provocó una ola de violentas retaliaciones.

“Muchos de los homicidios entre grupos criminales que se enfrentan en áreas específicas se dan por el suministro de sustancias ilegales, por drogas o por robo de casas”, explica Saín, el secretario de seguridad.

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Este patrón ya se había presentado en años anteriores. Sin embargo, las cifras actuales de violencia no se habían visto desde el asesinato de Claudio Cantero, alias “Pájaro”, cuando este inició una guerra narco en Rosario, que condujo a la cifra récord de 264 muertos.

Los actuales niveles de violencia son también un reto para los fiscales argentinos. Luego de la captura y judicialización de los líderes del clan y de la mayoría de los miembros del mismo, se creía que los días de gloria del grupo habían quedado en el pasado. El caso de Los Monos representó un gran esfuerzo para la justicia argentina, ya que logró investigar desde el eslabón más bajo hasta la cúpula del clan familiar.

Sin embargo, Los Monos han dominado el hampa de Rosario por más de 20 años, en parte gracias a las relaciones que el clan desarrolló con las fuerzas de seguridad, empresarios y las élites locales. Además, diferentes actos coordinados por los líderes del grupo desde prisión muestran que no han perdido capacidad de acción.

Históricamente, Rosario ha sido una ciudad clave para el tránsito de cocaína y marihuana producidas en Bolivia y Paraguay, las cuales llegan a través de la ruta 34 hasta el puerto, para desde allí ser enviadas a Europa. A esto, se suma el hecho de que Argentina tiene un creciente mercado interno concentrado en sus principales ciudades, entre ellas la capital santafesina.

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