Perfil de Brasil

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Brasil, la economía más grande de Latinoamérica, ha experimentado algunos importantes avances de seguridad en los últimos años, quitando de las manos de pandillas criminales a decenas de comunidades en Rio de Janeiro a través de su novedoso programa de seguridad llamado UPP. No obstante, éste enfrenta una seria amenaza proveniente de las dos pandillas criminales más grandes del país, el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho, las cuales se han involucrado cada vez más en el narcotráfico internacional, así como en esquemas de extorsión y bandas de secuestradores. Las milicias, compuestas en su mayoría por policías, son otra fuente de crimen violento, extorsionando barrios enteros y llevando a cabo ejecuciones extrajudiciales. El país se está volviendo cada vez más importante como mercado y punto de tránsito para la cocaína.

Geografía

FACTBOX
Tasa de homicidios 21 por cada 100.000 habitantes (2010)
Actividades Criminales Tránsito de drogas, producción de cocaína, tráfico de personas, extorsión, juegos de azar ilegales, secuestro, redes de prostitución
Principales grupos criminales Comando Rojo (Comando Vermelho), Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital – PCC), Tercer Comando (Terceiro Comando), Amigos dos Amigos, milicias

Brasil es el país más grande de Suramérica, con una frontera terrestre de 16.000 kilómetros y una costa de 8.000 kilómetros, la cual se usa para el envío de cocaína a Europa y África. Comparte una frontera con todos los países de Suramérica, a excepción de Chile y Ecuador, incluyendo los tres principales productores de cocaína del mundo – Bolivia, Perú y Colombia. La vecina Paraguay sirve de escondite para los criminales brasileños, y como fuente y punto de tránsito para el tráfico de marihuana y armas hacia Brasil.

Historia

Brasil registró un éxodo masivo de población rural hacia los centros urbanos de São Paulo y Río de Janeiro desde los años cincuenta hasta los setenta, lo que llevó al crecimiento de asentamientos informales conocidos como “favelas”. Esta desigualdad y la pobreza del país en su conjunto se intensificó en las favelas, que carecían de la presencia del Estado, haciéndo de ellas un caldo de cultivo ideal para una explosión de la delincuencia organizada.

En los años cincuenta, una poderosa mafia criminal comenzó a formarse en torno al “bicho”, o el juego de los animales, un juego de azar ilegal que se hizo muy popular en el país. Los jefes que dirigían el juego acumularon grandes fortunas, lavando el dinero de sus ganancias a través de empresas legales, y participaron en el asesinato a sueldo y en redes de prostitución, sobornando a la policía y los políticos. El poder de los bicheiros, o jefes los juegos ilegales de animales, llegaría a su cima durante los años ochenta, cuando comenzaron a lavar dinero a través del carnaval de Río de Janeiro.

Mientras tanto, los grupos criminales se estaban desarrollando en la miseria brutal de las prisiones del país. De hecho, los grupos criminales comenzaron en las cárceles y sólo más tarde llegaron a conquistar las calles. Los grupos más grandes del país, el Comando Vermelho y el Primer Comando Capital (PCC), surgieron en las prisiones, en los años setentas y noventas, respectivamente, antes de extenderse hacia las calles de Río de Janeiro y São Paulo.

Durante los años setenta, con la entrada de grandes cantidades de cocaína a Brasil, comenzaron a surgir vínculos entre los bicheiros, los carteles de la droga, y los traficantes locales. A medida que el mercado mundial de cocaína se disparó en los años ochenta, Brasil atrajo a los más grandes productores de drogas de Suramérica como un centro para el tránsito de las drogas con destino a los mercados de Europa y Estados Unidos. Los carteles colombianos se trasladaron a territorio brasileño, atraídos por su ubicación y la disponibilidad de precursores químicos, traficando la droga hacia el país en forma de base de coca. Comenzaron a instalar laboratorios cerca a los puntos de venta y desembarque hacia los mercados europeos y estadounidenses.

Patrullas ciudadanas integradas por miembros y ex miembros de la policía, conocidos como milicias, han surgido en las ciudades bajo la premisa de la lucha contra las bandas de narcotraficantes. Sin embargo, se han trasladado a operar sus propias empresas criminales, incluyendo esquemas de extorsión y secuestro.

La tasa nacional de homicidios ha permanecido relativamente estable, pasando de 22 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2004, a 21 en 2010. No obstante, esta estabilidad oculta una disminución de la violencia en las principales ciudades del sur, y un aumento de la violencia en las zonas rurales del país.

Seguridad

La policía de Brasil se divide en federal (alrededor de 15.000 miembros) y estatal, que incluye a las fuerzas militares (más de 400.000 miembros activos) y civiles (unos 123.400 miembros). La Policía Federal se encarga de investigar el tráfico internacional de drogas, entre otros delitos federales. La Policía Militar es responsable de mantener el orden público en los estados, y ha asumido un papel de liderazgo en la pacificación de las favelas de Río de Janeiro. La Policía Civil maneja las investigaciones penales a nivel estatal.

La policía de Brasil han enfrentado durante mucho tiempo acusaciones de abuso y corrupción, especialmente en relación a la desinformación sobre la ejecución extrajudicial de civiles como actos de legítima defensa.

Desde el año 2008, Río de Janeiro ha estado implementando un programa para recuperar áreas urbanas marginales, o “favelas”, que están bajo el control de las milicias y los narcotraficantes. Primero, los militares y la policía militar “invaden” una favela para expulsar a los grupos criminales. Luego, las unidades policiales, conocidas como las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), se instalan para proporcionar seguridad a largo plazo en estos barrios. A principios de 2013, unas 30 UPP se habían instalado.

Fuerzas Armadas

Brasil cuenta con 339.300 miembros activos en sus fuerzas armadas, que son las más grandes de América Latina. La función principal de los militares es hacer cumplir el control de fronteras. En virtud del Plan Estratégico de Fronteras, que se inició en 2011 y costó US$6.3 mil millones en ocho años, la Presidenta Dilma Rousseff ha desplegado miles de tropas para asegurar las fronteras de Brasil.

Judicial

El sistema judicial de Brasil es lento, corrupto e ineficaz. En el Informe de Competitividad Global 2012-2013 del Foro Económico Mundial, Brasil se ubicó en la posición 71 de 144 países en la independencia judicial. Sólo el 8 por ciento de los casos de homicidios anuales de Brasil son resueltos, según cifras oficiales. Existen tanto tribunales federales como estatales, así como los tribunales especializados en materia militar, laboral o electoral, mientras que el máximo tribunal del país es el Supremo Tribunal Federal.

Prisiones

Las prisiones brasileñas están sobrepobladas, y los internos viven bajo condiciones terribles. Los grupos criminales más grandes, incluyendo el Comando Vermelho y el PCC, se fundaron aquí. Sus líderes son capaces de manejar el tráfico de drogas, el secuestro, y los esquemas de extorsión desde el interior. Las cárceles operan en alrededor de un 170 por ciento de su capacidad, con una población de 550.000 a partir de 2012.

Control de Armas

Hay un estimado de 3.8 millones a 9.5 millones de armas de fuego ilegales en Brasil, alrededor de 5.2 millones de ellas están registradas. Se cree que la mayoría de las armas en el mercado negro han sido suministradas por la industria legal de armas de Brasil, la segunda más grande en el hemisferio occidental. La amplia disponibilidad de armas ilegales ha contribuido al alto número de muertes por armas en Brasil, que aproximadamente corresponden al 70 por ciento de todos los homicidios.

Perspectivas

El esquema de pacificación de las UPP está teniendo un impacto positivo sobre el crimen de Río y los índices de violencia, pero existe la preocupación de que esto simplemente desplace la delincuencia a otras partes de la ciudad. A nivel regional, Brasil está dando un paso adelante para asumir un papel de liderazgo en la lucha contra el crimen organizado. Los grupos criminales brasileños se están volviendo cada vez más transnacionales, con presencia registrada en Bolivia, Colombia y Paraguay.

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