Cartel del Norte del Valle

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El Cartel del Norte del Valle (CNDV) surgió de la desintegración del infame Cartel de Cali para convertirse en la más rica y poderosa organización narcotraficante de Colombia de su tiempo. Sin embargo, durante gran parte de la existencia del grupo, éste se vio sacudido por la paranoia, las divisiones y las traiciones, razón por la cual en sus últimos años operó más como una red de facciones en competencia que como un grupo coherente y cohesionado. La prolongada disolución del cartel, que comenzó en 2007, dio lugar al surgimiento de varias organizaciones criminales independientes, incluyendo los Rastrojos, una estructura que llegaría a convertirse en una de las organizaciones narcotraficantes de nueva generación más influyentes del país.

Orígenes

El CNDV se originó a partir de las fracturadas redes de tráfico que resultaron de la negociación que los líderes del Cartel de Cali hicieron con las autoridades sobre su rendición, a comienzos de los años noventa. Muchos de sus primeros miembros eran exagentes de la policía y tenían estrechos vínculos con las fuerzas de seguridad.

Inicialmente, la organización fue dirigida por el expolicía Orlando Henao Montoya, alias “El Hombre del Overol”. Henao se entregó a las autoridades colombianas en 1997 pero continuó operando desde la prisión y lanzando ataques contra los remanentes de los socios del Cartel de Cali y del CNDV que estaban cooperando con las autoridades estadounidenses. En 1998, Henao fue asesinado en la prisión como represalia a un ataque dirigido contra Hélmer Pacho Herrera, un jefe del Cartel de Cali, supuestamente debido a la preocupación de que estuviera cooperando con la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).

El cartel se reorganizó alrededor de Wilber Varela, alias “Jabón” -otro expolicía que había estado a cargo de los sicarios de la organización- con el apoyo de Lorena Henao Montoya, la hermana de Henao y entonces esposa del encarcelado líder del CNDV Iván Urdinola, alias “El Enano”.

Sin embargo, la organización comenzó a fracturarse cuando Jabón y sus aliados fueron desafiados por una facción liderada por Diego Montoya Sánchez, alias “Don Diego”. En 2002, la paranoia que se había cernido sobre el cartel desde la reintroducción de la extradición para los narcotraficantes, alcanzó niveles febriles, provocando la ruptura permanente. Para ese entonces, varios líderes habían sido acusados por Estados Unidos y algunos habían empezado a pensar en realizar acuerdos. Las tensiones llegaron a un punto de quiebre cuando uno de los principales aliados de Don Diego, Víctor Patiño Fómeque, alias “El Químico”, se reunió con agentes de la DEA para negociar su rendición. Según algunas versiones, en lugar de que eso ocurriera él fue detenido y extraditado a Estados Unidos donde comenzó a colaborar con la DEA.

Poco después, otro aliado de Don Diego, Miguel Solano, comenzó a delatar a sus socios ante la DEA. Cuando Jabón se enteró mandó a matar a Solano. Al parecer Don Diego, quien también había estado considerando entregarse, no sabía que Solano los estaba delatando y tomó represalias, comenzando una guerra a gran escala entre las facciones.

La división condujo a un conflicto sangriento y los líderes enfrentaron a las alas militares de sus organizaciones -los Rastrojos de Jabón y los Machos de Don Diego. El conflicto cobró un estimado de unas 1.000 vidas solamente entre 2003 y 2004, e incluso llegó a inspirar el programa colombiano de televisión “El Cartel de los Sapos”. La guerra entre la mafia pronto invadió la guerra civil de Colombia cuando Don Diego presuntamente se alió con la guerrilla de izquierda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), mientras que Jabón recurrió a los enemigos de la guerrilla, el grupo paraguas paramilitar de derecha de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los Rastrojos de Jabón incluso intentaron participar en la desmovilización de las AUC entre 2004 y 2006, cambiando su nombre por el de Rondas Campesinas Populares (RCP) en un intento por retratarse como una unidad paramilitar y tomar ventaja de los beneficios ofrecidos a las AUC.

El final del CNDV comenzó con la captura de Don Diego en 2007. El sentimiento de victoria de su rival Jabón fue breve pues fue asesinado en 2008 en un ataque ordenado por su sustituto, Luis Enrique Calle Serna, alias “Comba”, quien pasó a asumir el control de los recién independientes Rastrojos. Sin embargo, hoy en día continúa el conflicto que fue desatado por Don Diego y Jabón, pues los Rastrojos, debilitados pero aún poderosos, continúan disputándose el territorio del Valle del Cauca con los remanentes de los Machos, quienes ahora luchan junto al grupo neoparamilitar los Urabeños.

El resto del liderazgo del CNDV pronto siguió a Jabón y a Don Diego y, para finales de la década, prácticamente todo el liderazgo del cartel había sido extraditado o asesinado. No obstante, el legado del cartel sigue vivo. Aparte de los todavía enfrentados Rastrojos y Machos, antiguos operadores del CNDV como El Químico siguen siendo figuras influyentes en el hampa del Valle del Cauca, mientras que otros al parecer operan desde otros países como Bolivia y Argentina.

Modus operandi

En un principio, el CNDV estuvo radicado en la parte norte del Valle del Cauca, un departamento al occidente de Colombia que incluye la ciudad de Cali y el puerto de Buenaventura -un punto clave para el envío de drogas que salen del país hacia Estados Unidos.

Las operaciones del cartel ayudaron a establecer una serie de rutas de tráfico que aún se utilizan, especialmente el uso de embarcaciones de alta velocidad y de pesca para llevar cargamentos de cocaína desde la Costa Pacífica de Colombia hasta México, donde serían recogidos por los aliados mexicanos, principalmente la Organización Beltrán Leyva -el antiguo brazo armado del Cartel de Sinaloa- que la trasladaría a Estados Unidos. En 2005, la DEA estimó que desde 1990 el cartel había exportado más de 500 toneladas de cocaína -con un valor superior a US$10 mil millones- por esta ruta. Según estimaciones del FBI, en su apogeo el cartel fue responsable del 60 por ciento de la cocaína que llegaba a Estados Unidos.

Al igual que su predecesor, el Cartel de Cali, el CNDV mantuvo una amplia red de corrupción que se infiltró en todos los niveles de las instituciones de Colombia, incluyendo las fuerzas de seguridad, los fiscales, las agencias de inteligencia, jueces y políticos. El cartel también contó con una red que suminstraba información a los miembros acerca de los movimientos y los planes de los enemigos en las organizaciones rivales y las fuerzas de seguridad.

El grupo también utilizó libremente la violencia para proteger sus intereses. Aparte de sus alas militares, los Rastrojos y los Machos, el liderazgo del cartel también estableció estrechos vínculos con los paramilitares de las AUC. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el cartel empleó a las AUC para proteger sus laboratorios de cocaína y las rutas de distribución, así como para proporcionar seguridad personal a los miembros del cartel y a sus socios.

Fuentes

DEA, “Defendent in Norte Del Valle Drug Cartel Extradited to United States“, comunicado de prensa, octubre 21, 2005

US Department of State Narcotics Reward Program: Wilber Alirio Varela Fajardo

Steven Dudley, “Extraditions Play Role in Colombian Drug Cartel’s Internal Wars“, Miami Herald, diciembre 20, 2004

El Fin del Imperio Henao“, El Espectador, diciembre 28, 2012

El computador de Chupeta“, Semana, septiembre 29, 2007

Colombian Cartel Head Pleads Guilty in Miami“, CNN, agosto 11, 2009

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