Ejército de Liberación Nacional (ELN)

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El Ejército de Liberación Nacional (ELN) es actualmente la principal organización guerrillera que opera en territorio colombiano y venezolano.

Sus bases ideológicas se basaron en el nacionalismo marxista-leninista, aunque ahora parece estar más involucrada en negocios como el narcotráfico, minería ilegal y contrabando, que en la lucha abierta contra el Estado colombiano.

En los últimos años esta guerrilla paso de estar muy debilitada, a la principal amenaza para la seguridad nacional para Colombia, contando con alrededor de 4.000 combatientes y un numero desconocido de milicianos.

Historia

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) surgió en los años sesenta, cuando Colombia estaba saliendo de un sangriento conflicto conocido como La Violencia, y numerosos movimientos religiosos o estudiantiles, algunos de los cuales se inspiraron en la revolución cubana, estaban ganando fuerza en el país. Estos movimientos constituirían el centro del grupo guerrillero desde sus inicios en julio de 1964, cuando comenzó sus entrenamientos en San Vicente de Chucurí, departamento de Santander.

Seis meses después, el 7 de enero de 1965, el grupo se movilizó a Simacota, un pequeño municipio en Santander, anunciando oficialmente su nacimiento.

Desde el principio, el ELN fue una organización muy ideológica, que combinaba su perspectiva marxista-leninista con la teología de la liberación —movimiento religioso inspirado por los cambios anunciados por la Iglesia católica en el Concilio Vaticano II—.

Algunos de los más importantes miembros provenían de la teología de la liberación, entre ellos Camilo Torres, un sacerdote que murió en su primer combate en 1966.

Otros llegaron de España, como Manuel Pérez, alias “El Cura”, quien por poco es ejecutado por Fabio Vásquez Castaño, líder del grupo en los años setenta, en medio de una purga interna.

De hecho, esta purga mostraba los múltiples problemas que tenía el grupo en sus inicios, siendo casi aniquilado durante una ofensiva militar en 1973, la cual dejó unos 135 muertos, de los 200 miembros con los que contaba el ELN en ese entonces.

A pesar de eso, el conflicto interno destronó a Vásquez Castaño, y entre Pérez y Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’, tomaron el control de la organización.

Bajo este nuevo liderazgo el ELN se recuperó lentamente, en parte debido al creciente uso del secuestro, lo que se convirtió en una fuente de financiamiento principal. Por esto, en los ochenta el grupo se especializó en secuestrar, con el objetivo de cobrar grandes sumas de dinero por el rescate.

El grupo también se benefició de las reservas de petróleo en su área de influencia, debido a que estas atrajeron a empresas multinacionales las cuales empezaron a ser objeto de extorsión por el grupo.

Los ingresos de las empresas petroleras no sólo le sirvieron para aumentar su poder económico, sino que también se convirtieron en los enemigos históricos y la bandera de lucha subversiva predilecta del ELN.

Así, el ELN alcanzó uno de los puntos más fuertes en los noventa, cuando contaba con 5.000 combatientes, y al menos tres veces esa cifra de integrantes en sus redes de milicianos urbanos. Además, el grupo atacaba regularmente los oleoductos más grandes del país, especialmente en la zona de los Llanos Orientales.

Como consecuencia natural, el ELN se volvió más osado. En mayo de 1999 el grupo secuestró a 186 personas a la vez en la ciudad de Cali, lo que se convirtió en el secuestro masivo más grande en la historia del conflicto en Colombia.

Luego, en abril de ese año, el grupo secuestró un avión de Avianca con 43 pasajeros y la tripulación, obligando a los pilotos a aterrizar en un área remota y tomando como rehenes a todos los que estaban a bordo.

Todo esto a pesar de la muerte del “Cura” Pérez en 1998 por hepatitis B, quien se convirtió en una figura casi mítica para el grupo criminal.

Pocos años después, y en medio de una fuerte arremetida contra los grupos guerrilleros, el ELN empezó acercamientos con el entonces Presidente Álvaro Uribe Vélez entre agosto y diciembre de 2002 en Cuba, y luego en junio de 2004 y abril de 2005 en México.

Sin embargo, estas conversaciones fracasaron. A esto se suma la pérdida de ingresos en las regiones petrolíferas de los Llanos Orientales, un enfrentamiento violento con las FARC y el caos en la cúpula.

Este caos es una muestra de las luchas de poder que se han dado dentro del ELN. Esto debido a que la estructura horizontal de la guerrilla les entrega alta independencia y capacidad decisoria a los líderes.

No es de sorprender que, con el paso de los años, el modus operandi del ELN haya evolucionado hacia facciones cada vez más autónomas, enfocados en las rentas criminales de cada región.

Esto debido a que los secuestros que caracterizaban al ELN, se vieron ensombrecidos por las altas ganancias que dejó la protección de cultivos de coca, la minería ilegal y el contrabando.

En medio de esto, el narcotráfico se volvió una de las principales formas de sostenimiento de la guerrilla, aunque la realidad es que cada frente guerrillero tiene distintos niveles de involucramiento en esta economía ilegal.

Así mismo, el ELN continuó con sus ataques contra la infraestructura energética y petrolera del país, siguiendo su bandera de lucha contra la explotación de los recursos naturales. De esta forma, desde el 2011 la guerrilla se consolidó en regiones como Arauca y Nariño, especialmente cerca a las fronteras internacionales.

A esto se le sumó el desarme de la guerrilla de las FARC, con quien el ELN tuvo una relación de altos y bajos, consecuencia de las conversaciones de paz con el Gobierno de Juan Manual Santos. De hecho, desde 2015, antes que las FARC se fueran del territorio, el ELN aumentó su accionar en zonas históricamente controladas por la primera guerrilla.

Así, en 2016 y con las FARC concentradas y en proceso de desarme, el ELN empezó a copar zonas claves para el narcotráfico y el contrabando como Catatumbo, en Norte de Santander y el norte del departamento de Chocó.

Esto hizo que el ELN aumentara su involucramiento en rentas criminales que antes eran de las FARC y, a la vez, incrementara el poderío de sus Frentes y el número de integrantes.

Todo se daba en medio de conversaciones de paz entre el Gobierno de Santos y el ELN, en un intento por seguir el ejemplo del desarme de las FARC. Esto llevó a que, en septiembre de 2017, firmaran un cese al fuego que se mantuvo entre el 1 de octubre y el 9 de enero de 2018. Sin embargo, este cese no pudo extenderse y el ELN retomó los ataques en Colombia.

Desde entonces las conversaciones con el grupo guerrillero están en terreno inestable. En abril de 2018, el gobierno de Ecuador decidió dejar de ser el garante de las conversaciones de paz, aduciendo problemas de seguridad. Las negociaciones se trasladaron entonces a La Habana, Cuba, lugar donde también se llevaron a cabo las conversaciones con las FARC.

Esta inestable situación se recrudeció cuando el presidente Iván Duque llegó al poder, debido a que fue elegido bajo una política de “mano dura” contra la criminalidad.

A esto se le suma que el ELN atacó el 17 de enero del 2019 a la escuela de cadetes de la policía en Bogotá con un carro bomba, en el cual murieron 21 personas. Cómo consecuencia, el presidente Duque congeló las conversaciones de paz y pidió que los representantes del ELN fueran regresados a Colombia por el gobierno de Cuba. Esto, a la vez, creo un problema logístico para el retorno de integrantes de la guerrilla en La Habana, lo cual los tiene confinados en el país.

Así, en la actualidad el ELN tiene a varios de sus líderes como Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino” e Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”, entre otros, en La Habana, mientras en Colombia el grupo crece rápidamente en integrantes, llegando a tener alrededor de 4 mil integrantes, volviendo al poder que alguna vez tuvieron en los noventas, y ganando amplios territorios en Venezuela, donde el grupo se ha fortalecido rápidamente en los últimos años.

El 25 de octubre de 2020, una operación conjunta entre el Ejército y la Policía de Colombia en el municipio de Nóvita, ubicado en el departamento de Chocó, al occidente del país, condujo al asesinato de Andrés Felipe Vanegas Londoño, alias “Uriel”, un carismático y conocido comandante del Frente de Guerra Occidental.

Liderazgo

La estructura orgánica del ELN descansa en una organización piramidal en términos políticos y horizontal en términos militares. La centralidad de las decisiones de alta envergadura como, por ejemplo, la retoma de las negociaciones con el gobierno, son ejercidas por el Comando Central (COCE) integrado por 7 figuras.

Actualmente su comandante en jefe es Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, que igualmente es el líder del área militar del COCE, el segundo en la línea de mando es Eliecer Herlinto Chamorro, alias “Antonio García,” quien es encargado de las relaciones internacionales y las estrategias militares, le sigue Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltran”, quien fuera el jefe de la delegación de diálogos con el gobierno y es responsable de la formación política y de masas.

Por último, pero con mucha importancia dentro del grupo, está Gustavo Aníbal Giraldo, alias “Pablito”, responsable del ala militar del ELN y una de las figuras de mano dura dentro del COCE, y finalmente se encuentra Rafael Sierra Granados, alias “Ramiro Vargas”, encargado de las finanzas.

Junto al COCE, está la Dirección Nacional (DINAL), un órgano creado en 1982 con 3 miembros de los Frentes existentes en ese momento. Luego se amplía a 9 miembros de cada Frente en 1983, hasta llegar a acoplar al Frente de Guerra Urbano, el Frente Internacional, los Frentes de Guerra, la Comisión Nacional de Finanzas, el Estado Mayor Nacional y la Comisión Nacional de Logística. Así, en la actualidad la DINAL tiene representantes de todos los segmentos del ELN.

A pesar de estos órganos, la estructura del ELN es extremadamente horizontal, lo que le entrega a los Frentes de Guerra y sus comandantes mucha independencia en su accionar y poder decisorio en el rumbo que toma el grupo como un todo.

Así, el ELN cuenta con siete Frentes de Guerra en el país.

El Frente de Guerra Nororiental Manuel Pérez Martínez (FGNO) con influencia en el departamento de Norte de Santander; el Frente de Guerra Norte (FGN) con influencia en los departamentos de La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico; el Frente de Guerra Oriental Manuel Vásquez Castaño (FGO) con influencia en los departamentos de Arauca, Boyacá y Casanare; el Frente de Guerra Jesús Darío Ramírez Castro (FGJDR) con influencia en el departamento de Antioquia y en el Sur de Bolívar; Frente de Guerra Central (FGC) con influencia en los departamentos de Tolima, Risaralda y Antioquia; el Frente de Guerra Occidental Omar Gomez (FGO) con influencia en los departamentos de Chocó y Risaralda; el Frente de Guerra Suroccidental Carlos Alberto Troches Zuleta (FGSO) con influencia en los departamentos de Nariño y Cauca, y el Frente de Guerra Urbano Nacional Camilo Torres Restrepo (FGUN), consolidado recientemente, y con presencia en las principales ciudades del país como Medellín, Barranquilla, Bogotá, Popayán, Neiva, Cúcuta, Villa del Rosario, Bucaramanga, Barrancabermeja, Ibagué y Cali.

A la vez, todos estos Frentes de Guerra estás compuestos por frentes y compañías más pequeñas, con poder local o subregional.

Geografía

El ELN opera actualmente en al menos 16 de los 32 departamentos y las ciudades capitales incluyendo Bogotá, según información de inteligencia militar. Su presencia es particularmente fuerte en la frontera con Venezuela, especialmente en los departamentos de Norte de Santander, Arauca y Vichada, así cómo sobre el Pacífico, dónde ha aumentado rápidamente su presencia en los departamentos de Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño.

Además de esto, el ELN se ha expandido rápidamente en Venezuela. Por un lado, en los Estados de Zulia, Táchira, Apure y Anzoátegui se ha fortalecido, mientras que ha ganado terreno en los de Amazonas, Bolívar, Barinas, Trujillo, Portuguesa, Lara, Falcón y Guárico. Esto en un intento por controlar rentas criminales cómo la minería ilegal y el tráfico de gasolina.

Aliados y enemigos

Las dos principales zonas de disputa del ELN actualmente son el departamento de Chocó y la región de Catatumbo, en Norte de Santander.

En el primer departamento su principal enemigo son los Urabeños, conocidos por las autoridades como Clan del Golfo, con los cuales disputa territorios anteriormente controlados por las FARC, especialmente en la frontera con Panamá al norte.

En el segundo departamento su principal enemigo es el Ejército Popular de Liberación (EPL), o los Pelusos, contra quienes ha venido disputando varios corredores del narcotráfico en Catatumbo, luego de la salida de las FARC del territorio.

Por otro lado, las relaciones del ELN con los grupos ex – FARC Mafia no es clara, debido a que estas no se comportan cómo una unidad, sino que en cambio son múltiples estructuras con liderazgos e intereses distintos. Cómo consecuencia, la relación con estos grupos es distinta en cada región donde comparten escenario.

Perspectivas

El futuro del ELN parece ser el de convertirse en el grupo criminal más poderoso de Colombia, y continuar siendo uno de los principales jugadores en la ilegalidad de todo el continente americano.

Esto, sostenido sobre el constante fortalecimiento que ha vivido el grupo desde 2015, cuando la salida de las FARC le permitió copar zonas claves para esta guerrilla, aumentar su involucramiento en las economías ilegales que antes tenían e incrementar su número de combatientes.

A lo anterior se le suma que, al aumentar su poder sobre distintos estados en Venezuela, el ELN podría consolidarse como el primer grupo guerrillero binacional en Suramérica.

Esto no sólo le daría una inmensa presencia a lo largo de múltiples territorios, sino que también aumentaría su poder económico al controlar la minería ilegal, el contrabando y el narcotráfico en algunas zonas de Venezuela.

Además, lo anterior crearía un problema para que Colombia continúe su ofensiva contra la guerrilla. Esto debido a que su accionar estaría impedido por la frontera y, dada la nula comunicación con el gobierno de Venezuela, no parece haber voluntad del otro lado la frontera para combatir al grupo.

Y, si a lo anterior le sumamos la inestabilidad política y de seguridad en Venezuela, el ELN tiene una oportunidad sin precedentes para fortalecerse en ambos países y, especialmente, en la frontera.

Finalmente, el poco avance que hay actualmente en las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla, junto con la fuerza que ha tomado el “ala dura” dentro del ELN, poco interesada en una salida negociada, continua alejando la posibilidad de que el grupo se desarme de forma pacífica.

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