Ex-FARC Mafia

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Las ex-FARC Mafia, también conocidas como disidencias de las FARC, son una serie de estructuras que surgieron durante las negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla, o bien después de la firma de los acuerdos en 2016.

Se trata de grupos que no necesariamente tienen relación entre sí, ni conforman una organización estructurada, pero que comparten algunas características comunes, como el hecho de estar integrados por antiguos miembros de la guerrilla y ocupar zonas que anteriormente eran controladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Estos grupos tienen presencia en al menos 19 departamentos de Colombia, incluyendo zonas fronterizas con Venezuela, Brasil y Ecuador, desde donde buscan controlar economías criminales como el narcotráfico y la minería ilegal de oro.

Los exponentes más importantes de las ex-FARC Mafia son los Frentes Primero y Séptimo, liderados por Miguel Botache Santillana, alias “Gentil Duarte” y Néstor Gregorio Vera Fernández, alias “Iván Mordisco”, en Meta, Guaviare y Caquetá; hay otro grupo en Venezuela, liderado por Luciano Marín, alias “Iván Márquez”, y varias estructuras en Nariño, como el Frente Oliver Sinisterra (FOS) y las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP).

Si bien su número va en aumento, se estima que hasta el momento el total de integrantes pertenecientes a las ex-FARC Mafia sería de alrededor de 3.000 combatientes.

Historia

Las divisiones al interior de las FARC con respecto al proceso de paz fueron evidentes poco después de haber comenzado las negociaciones. A pesar de que el Secretariado de esta guerrilla mostraba voluntad para poner fin a más de medio siglo de lucha armada, algunos de los cabecillas más importantes de la organización entraron con dudas al proceso o simplemente no participaron en él.

El primero en distanciarse fue Néstor Gregorio Vera Fernández, alias “Iván Mordisco”, comandante del histórico Frente Primero “Armando Ríos”.  En julio de 2016, este frente informó a la Mesa de Conversaciones en Cuba su decisión de retirarse del proceso de paz, por medio de un comunicado en el que aseguraba que no se concentraría ni entregaría sus armas, y que esa unidad se mantenía en pie para combatir las causas del conflicto armado.

Ante esta situación, el Secretariado de las FARC ordenó a Miguel Botache Santillana, alias “Gentil Duarte”, regresar a Colombia para retomar la comandancia del Frente Primero y restablecer su disciplina. Duarte, un guerrillero con más de 30 años de trayectoria y mucho liderazgo ideológico-político, había sido de los primeros comandantes en viajar a Cuba en 2012 y participar activamente en la mesa de negociaciones. En 2015 pasó a integrar el Estado Mayor Central de las FARC y estuvo en la X Conferencia Guerrillera en 2016, donde apoyó públicamente el proceso de paz y al Secretariado.

Sin embargo, al llegar al departamento del Guaviare, donde se ubicaba el Frente Primero, Iván Mordisco le ofreció a Duarte unirse y continuar delinquiendo, principalmente al controlar el narcotráfico en el sur del país. Ante esta propuesta, Gentil abandonó el proceso de paz, se escapó con US$1,35 millones y, con varios de sus hombres del Frente Séptimo, consolidó la creación de la primera disidencia de las FARC.

Esto tuvo serias implicaciones para el futuro del proceso, pues luego de conocer la salida de Duarte, el Secretariado expulsó de sus filas a otros cuatro comandantes que también se habían opuesto a las negociaciones. Estos fueron Géner García Molina, alias “Jhon 40”; Luis Lizcano Guadrón, alias “Euclides Mora”; Miguel Díaz San Martín, alias “Julián Chollo”, y Ernesto Orjuela Tovar, alias “Giovanni Chuspas”.

Desde entonces, muchos integrantes de todos los rangos dentro de las FARC se han alejado del proceso de paz para regresar a la ilegalidad, nutriendo los distintos grupos dentro de la mafia de las ex-FARC.

Uno de los hitos más importantes en las ex-FARC se dio cuando salió a la luz un video en agosto de 2019, en el cual Luciano Marín, alias “Iván Márquez”; Seuxis Pausias Hernández, alias “Jesús Santrich”, y Hernán Darío Vélez, alias “El Paisa”, anunciaban el “nacimiento de la segunda Marquetalia” debido a la “traición del Estado” a los acuerdos de paz, prometiendo que la “lucha guerrillera continuaría”.

De hecho, Márquez, el único de los comandantes que habla en todo el video, explicó que seguirían con el nombre FARC-EP y que aceptarían en su grupo a cualquier antiguo guerrillero.

Actualmente, se han identificado alrededor de 37 unidades criminales relacionadas con las ex-FARC Mafia. Sin embargo, no todas son iguales. Se diferencian en su estructura, capacidad armada, liderazgos, alianzas, disputas, penetración en economías ilegales, control social e incluso ideología.

En este sentido, cada grupo busca expandirse para controlar diferentes economías criminales que son de su interés, aunque las que resaltan son la minería ilegal, en Cauca y Valle del Cauca, y el control de la producción y movimiento de drogas, especialmente en sus rutas hacia Venezuela, Ecuador y Brasil.

Otra diferencia de la mayoría de estos grupos con las extintas FARC es que la relación con las comunidades en donde hacen presencia está marcada por los ataques violentos, la imposición de la fuerza o el control de las transacciones economicas que se hagan, ya que estas estructuras parecen estar más interesadas en controlar el territorio para que las economías criminales continúen.

Y aunque algunas estructuras sí ejercen un tipo de control social, este parece más enfocado en proteger las rentas criminales y el territorio, en lugar de consolidar una idea política o perseguir una ideología en particular.

El único grupo que se sale de este espectro es el que parece liderar Márquez, el cual plantea continuar con la “lucha política” de las FARC, demostrando una actitud cercana a la insurrección armada de la guerrilla, lo que podría convertirse en un control social parecido al de las Antigua guerrilla.

Todo esto demuestra la gran y diversa dinámica de las ex-FARC, la cual va desde grupos criminales sin ideología aparente, pasando por el control criminal de exintegrantes de los frentes más históricos como el Frente Primero, hasta el intento por continuar la lucha insurgente de las FARC.

Liderazgo

A diferencia de la manera como funcionaban las antiguas FARC, las distintas estructuras dentro de las ex-FARC Mafia operan como una federación, en la que los comandantes coordinan acciones según sus intereses económicos, en lugar de trabajar como una organización jerarquizada.

Un claro ejemplo de este modelo de organización es la forma en que operan los Frentes Primero y Séptimo, a cargo de Iván Mordisco y Gentil Duarte respectivamente.

Como socios principales, Duarte y Mordisco están a cargo de su respectivo frente, pero mantienen una alianza para controlar el territorio y las rutas del narcotráfico hacia Venezuela y Brasil a través de los departamentos de Guaviare, Vaupés y Guainía.

Dentro de esta federación, Géner García Molina, alias Jhon 40, el otro líder importante de este grupo, ofrece apoyo con recursos económicos gracias a su control de rutas para el narcotrafico en el suroriente colombiano y las salidas a Venezuela.

Del mismo modo, Iván Márquez, El Paisa y Jesús Santrich parecen funcionar más como una alianza que como líderes y subalternos, debido a que cada uno contribuye con una parte importante al grupo.

Márquez le da un halo de continuidad a su grupo, al haber sido el segundo al mando de las FARC. El Paisa, a su vez, trae el conocimiento para realizar acciones criminales de alta complejidad y múltiples conexiones narcotraficantes, algo que utilizó continuamente cuando comandó la Columna Móvil Teófilo Forero. Mientras que Santrich, menor en importancia dentro de las FARC en su momento, sí se posiciona como uno de los rostros públicos del nuevo grupo.

Geografía

Si bien las ex-FARC Mafia no ejercen completo control de los territorios donde operan, hasta el momento se ha registrado su presencia en los departamentos de Amazonas, Casanare, Córdoba, Arauca, Nariño, Putumayo, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, Antioquia, Meta, Caquetá, Guaviare, Tolima, Huila, Vichada y Guainía.

Estos departamentos son escenario de un amplio portafolio de actividades criminales, como cultivos de coca, minería ilegal y tráfico de drogas, o bien son puntos de salida de la droga hacia destinos internacionales. En estos últimos resaltan las zonas fronterizas con Venezuela, Brasil y Ecuador.

De hecho, un aspecto importante para ciertos grupos de las ex-FARC Mafia es Venezuela. Estructuras como el Frente Acacio Medina, liderado por Jhon 40, el Frente Primero y el Frente 10, tienen presencia en los estados de Amazonas, Apure, Bolívar, Guárico, Mérida, Barinas, Táchira y Zulia, lo que les permite controlar zonas de tráfico de drogas, extorsión, minería ilegal y contrabando.

Aliados y enemigos

Como resultado de la multiplicidad de grupos que conforman la categoría ex-FARC mafia, no es posible hablar de un solo aliado o enemigo, dado que estos responden a las características de cada uno de los grupos y las zonas donde operan.

Se ha podido observar que estas estructuras crean alianzas con otros grupos criminales que les permitan mantener control estratégico de cada zona, así como su respectiva economía ilegal. Sin embargo, estas alianzas pueden ser diversas y se dan con distintos grupos, como el ELN, Los Urabeños, Los Caparrapos e incluso con otros elementos disidentes de las ex-FARC Mafia.

En este mismo sentido, las disputas que se han presentado desde la aparición de las ex-FARC Mafia también giran en torno a la lucha por conservar o ampliar el control de lugares estratégicos. Este es el caso del Bajo Cauca, donde disidentes ex-FARC realizaron alianzas con los Caparrapos.

Este es el caso de las confrontaciones que han tenido grupos ex-FARC como la Columna Jaime Martínez y las Fuerzas Unidas del Pacifico (FUP) con miembros del Ejército Popular de Liberación (EPL), en Cauca y Valle del Cauca.

Perspectivas

La dinámica ex-FARC Mafia representa uno de los principales riesgos para la seguridad en Colombia, debido a su rápido crecimiento, el control de zonas estratégicas a lo largo del país, y sus distintas capacidades para atacar a la población civil, a los agentes del Estado y a otros grupos criminales.

Sin embargo, la principal característica de estas ex-FARC es que no existen como un grupo homogéneo, sino que es la reunión de distintas agrupaciones con características, intereses y perspectivas distintas.

Por ejemplo, el Frente Oliver Sinisterra (FOS), en su momento el representante más violento de las ex-FARC en Nariño, para principios del 2020 se ha debilitado tanto que se ha separado en grupos que luchan actualmente entre sí. Esto mientras otros grupos, como los ex-FARC de los Frentes 48, 36 y 18, se fortalecen rápidamente en Putumayo y Antioquia.

Así, la perspectiva es que todos estos grupos ex-FARC terminen por caer en tres segmentos importantes, pero sin conformar una estructura unificada.

El primer segmento, y probablemente el más grande, estaría liderado por Gentil Duarte, Iván Mordisco y Jhon 40. Este grupo, constituido como una federación criminal en la cual cada parte es relativamente independiente, se constituye para cumplir objetivos específicos o llevar a cabo operaciones de interés para los distintos integrantes.

Aunque la presencia de este segmento se podría sentir en distintos departamentos, sus fortalezas criminales serían Guaviare, Meta, Caquetá, Amazonas, Guainía y Vichada, donde estructuras ex-FARC como los frentes Primero, Séptimo, 16 y Acacio Medina controlan el tráfico de cocaína y su salida.

El segundo segmento estaría liderado por Iván Márquez, El Paisa y Santrich. A pesar de representar el grupo con mayor recorrido histórico y envalentonar las banderas políticas e ideológicas de las FARC, luego de meses en la ilegalidad no se han visto grandes acciones por parte de ellos.

Solo las adhesiones de los grupos ex-FARC Frente 18 en Antioquia y Frente 33 en Norte de Santander han demostrado cierta habilidad de los antiguos comandantes para hacerse sentir en zonas claves para el narcotráfico, aunque sin mayores consecuencias en estos sitios.

Así, lo más probable es que este grupo crezca a un ritmo menor y esté basado en los ex-FARC más ideológicos. El liderazgo de Iván Márquez y El Paisa podría ser más alto que el de sus aliados, pero no parece asegurada una estructura jerárquica. De hecho, los rumores sobre las diferencias entre Iván Márquez y Gentil Duarte se sustentan por el intento del primero de ser un líder indiscutible al estilo de las FARC de antaño, pero que encuentra una negativa por parte de Duarte y sus aliados. Esto podría demostrar que no hay vuelta atrás a una estructura jerárquica como la que supo tener esa guerrilla.

Finalmente, el grupo de ex-FARC independientes se asoma en el horizonte. Estos son estructuras que no pretenderían entrar bajo el paraguas de ninguno de los segmentos anteriores, y en cambio buscarían consolidar su fortaleza criminal.

Este es el caso de grupos como las Fuerzas Unidas del Pacífico (FUP) en Cauca y Valle del Cauca, y las Guerrillas Unidas del Pacifico (GUP) en Nariño, ambos implicados directamente en el narcotráfico en sus zonas de control y sin intenciones aparentes por entrar a una estructura más grande.

Así, en un escenario de profundas dificultades en la implementación del proceso de paz, una economía narcotraficante produciendo más dinero que nunca, y un vacío de poder criminal luego de la salida de las FARC, se prevé que las ex-FARC Mafia encuentren el caldo de cultivo perfecto para seguir creciendo y fortaleciéndose.

Es probable que este crecimiento dé como resultado enfrentamientos entre los mismos ex-FARC, como pasó en su momento entre los grupos herederos del paramilitarismo, demostrando aún más que la independencia y los objetivos particulares serán la norma.

A la vez, Venezuela jugará un papel determinante, debido a que la crisis política y económica provee libertad de movimiento para los grupos, amplias rentas criminales de las que enriquecerse, y un mercado en la práctica dolarizada, lo que facilita el lavado de dinero y el tráfico de armas.

Todo lo anterior entendiendo que, aunque el Gobierno de Colombia puede disminuir el fenómeno de las ex-FARC mediante la implementación del proceso de paz y la sustitución de cultivos de coca, la realidad es que no se ve una idea concreta de su parte por lograrlo, y en cambio continúa utilizando las estrategias que por años utilizó para acabar con la hoy extinta guerrilla de las FARC.

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