La mafia de las ex-FARC: El nuevo actor en el crimen organizado colombiano

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El ejército guerrillero marxista de las FARC ha desaparecido; se disolvió y ha vuelto a renacer como un partido político. Pero la mafia de las ex-FARC apenas está surgiendo y se prepara para convertirse en el poder dominante de la nueva etapa del crimen organizado en Colombia.

En noviembre de 2016 se firmó un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dando fin a más de medio siglo de lucha armada. Hacia marzo de 2017, los guerrilleros ya se habían concentrado en 26 zonas especiales de desmovilización y reintegración en todo el país. En agosto finalizó el desarme oficial del ejército guerrillero, con la entrega de casi 9.000 armas, y en septiembre se conformó el nuevo partido político, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Un censo llevado a cabo a mediados de 2017 mostró que en este proceso habían participado más de 10.000 miembros de las FARC; de estos, 55 por ciento eran guerrilleros, 29 por ciento miembros de las redes de milicias de las FARC y el 16 por ciento prisioneros liberados. Sin embargo, miles más se opusieron al proceso de paz, o simplemente no participaron, y es de este grupo de aguerridos combatientes de donde está surgiendo la mafia de las ex-FARC.

Según las estimaciones de InSight Crime, la mafia de las ex-FARC cuenta con al menos 2.500 exintegrantes del grupo guerrillero, quienes han establecido su presencia en más de la mitad de los departamentos del país. Estos nuevos grupos han asumido diversas formas, algunas más parecidas a las de sus predecesores guerrilleros que otras, pero todos ya se han convertido en actores clave del comercio de la cocaína en Colombia.

Con su experiencia militar, el conocimiento del comercio de las drogas y profundas relaciones con las comunidades rurales, la mafia de las ex-FARC puede convertirse en el actor territorial más poderoso de la nueva generación del hampa colombiano.

Los disidentes de las FARC

Incluso antes de que los líderes guerrilleros firmaran el acuerdo de paz con el Gobierno colombiano, el Frente 1 de las FARC se declaró disidente. Desde entonces, esta unidad insurgente ha servido como un imán para los guerrilleros de la región de los Llanos Orientales que nunca estuvieron interesados en la paz, que entraron en el proceso pero se decepcionaron de este, o que simplemente querían volver a hacer lo que sabían.

Los disidentes de las FARC incluyen elementos de 10 frentes diferentes que se hacen llamar el Bloque Oriental (como el frente de lucha más poderoso de las FARC), que actualmente tiene unos 600 combatientes e igual número de milicianos o colaboradores. En contraste con las claras jerarquías que tenían las FARC, los disidentes operan más bien como una federación, en la que los diversos comandantes coordinan acciones según sus intereses comerciales, en lugar de trabajar como una organización insurgente coherente. Estos grupos se han expandido para controlar las valiosas rutas del tráfico de drogas hacia Venezuela y Brasil, y se han unido para conformar una red que ofrece toda una variedad de servicios, desde la producción de cocaína hasta su transporte por las fronteras colombianas. Tienen un fuerte control sobre territorios estratégicos y una significativa capacidad militar.

Las “FARCRIM”

La desmovilización de las FARC también ha dado lugar a una nueva generación de grupos criminales conformados por exintegrantes de las FARC que no se declararon disidentes, sino que simplemente se distanciaron del proceso de paz y permanecieron en el hampa. Estos elementos de las ex-FARC han conformado nuevos grupos que se están apoderando de las economías criminales que antes controlaban las redes guerrilleras.

Las “FARCRIM” son grupos de diversos tamaños, desde pequeñas células de un puñado de excombatientes hasta poderosas estructuras con cientos de miembros, entre los que se encuentran no solo exguerrilleros y milicianos, sino también pandillas juveniles y delincuentes comunes que las FARC subcontrataba para labores criminales, pero que quedaron a la deriva durante el proceso de paz, e incluso exparamilitares que ahora cooperan con sus antiguos enemigos.

A diferencia de los disidentes, estos grupos no han hecho ningún intento por construir una fachada de continuidad de la lucha política o del papel social de las FARC. Por el contrario, se han dedicado a apoderarse de la mayor cantidad posible de la cadena de suministro de la cocaína. Han surgido y se han extendido sobre todo en áreas de alta concentración de cultivos de coca y a lo largo de los corredores de tráfico internos, así como en puntos de despacho internacionales, y su presencia ha sido más evidente en el suroeste del país.

Las “FARCRIM” se han convertido rápidamente en uno de los principales promotores de la violencia en algunos de los nuevos conflictos criminales de Colombia, especialmente en los combates que se han presentado en Nariño. Han tenido violentos enfrentamientos con rivales como el ELN y Los Urabeños, y, en marcado contraste con la red de grupos disidentes que cooperan unos con otros, también se han enfrentado entre sí por los intereses del narcotráfico.

Las FARC “ocultas”

Después de la fundación del Movimiento Bolivariano de las FARC en el año 2000, los guerrilleros recibieron la ayuda de milicianos que les proporcionaban apoyo logístico y de inteligencia, dirigían redes de financiación y economías ilegales, penetraban órganos del Estado y llevaban a cabo trabajo político, y actuaban como una reserva de combatientes que vivían en casa con sus familias, pero llevaban a cabo ataques armados.

Fuentes tanto del ejército como de la guerrilla siempre han insistido en que por cada combatiente había por lo menos tres milicianos, lo que significa que, si se desmovilizaron unos 5.500 guerrilleros, había por lo menos 15.000 milicianos, y muchos más si se incluyen los guerrilleros que no se desmovilizaron. Sin embargo, en el proceso participaron poco menos de 3.000 milicianos; los demás permanecen donde siempre han estado: ocultos entre la población civil en las áreas de influencia de las FARC, y, en muchos casos, dirigiendo las mismas economías criminales que por mucho tiempo han controlado. Estos elementos son los que conforman las FARC Ocultas.

La presencia de las FARC Ocultas es más evidente en áreas donde las FARC tuvieron un indiscutible dominio y donde ahora no hay presencia de disidentes declarados ni elementos de las “FARCRIM”, pero donde ha habido pocos cambios en cuanto al tráfico de drogas, como Caquetá y Putumayo. El hecho de que este tráfico se siga presentando sin interrupciones indica que es porque lo están llevando a cabo las mismas personas: los antiguos miembros de las FARC.

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