Luis Agustín Caicedo Velandia, alias ‘Don Lucho’

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Durante unas dos décadas, Luis Agustín Caicedo Velandia, alias “Don Lucho”, supuestamente desempeñó un papel importante en el tráfico de drogas en la preciada región de los Llanos Orientales de Colombia, para lo cual contaba con alianzas con algunos de los actores criminales más poderosos del país para traficar cocaína por Centroamérica y el Caribe hasta los lucrativos mercados de Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, como uno de los denominados “invisibles”, que se mantienen ocultos en las sombras, su verdadero papel en el tráfico de drogas de Colombia aún no logra establecerse.

Historia

Al parecer, Don Lucho ingresó al mundo del narcotráfico alrededor de 1994, después de salir del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI), de la Fiscalía General de Colombia, debido a un escándalo relacionado con su presunta participación en la fuga de un narcotraficante puertorriqueño.

Las autoridades de Estados Unidos también afirman que su carrera criminal se remonta por lo menos a mediados o finales de la década de los noventa, cuando llegó a convertirse en elemento clave de una organización criminal conocida como el Cartel de El Dorado, El Cartel de Bogotá, o simplemente la Junta, en la que Don Lucho era experto en logística.

Según los fiscales estadounidenses, Caicedo Velandia, principalmente mediante conexiones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organizaba el procesamiento, la producción y la entrega de la cocaína a los grupos de transportistas en las costas del norte y el oeste de Colombia, para luego coordinar el transporte de las drogas a través de rutas marítimas a Centroamérica, para hacerlas llegar a traficantes mexicanos encargados de ingresarlas a Estados Unidos, o bien a través de Venezuela y el Caribe con destino a Europa.

Don Lucho traficó decenas, o quizá cientos de miles de kilos de cocaína durante su carrera, lo que le permitió amasar una fortuna de cientos de millones de dólares.

Según las autoridades colombianas, se cree que a lo largo de la primera década del 2000 Don Lucho traficó cocaína junto a Daniel Barrera Barrera, alias “El Loco”, quien contaba con una vasta red de colaboradores para dirigir una de las mayores redes de narcotráfico de Colombia desde la caída de Pablo Escobar, capo del Cartel de Medellín.

Sin embargo, algunos funcionarios antidrogas estadounidenses creen que tanto Don Lucho como El Loco tenían sus propias redes sofisticadas de tráfico, las cuales trabajaban codo a codo a la vez que respetaban sus operaciones mutuamente. Como señores feudales, sabían que las alianzas eran necesarias para luchar contra las fuerzas de seguridad y las invasiones de otros grupos del crimen organizado.

Aunque al parecer hacía parte de las grandes ligas del narcotráfico colombiano, el nombre de Don Lucho no solía figurar en los titulares de los periódicos antes de su arresto. Todo apunta a que hacía parte de lo que InSight Crime ha denominado los “invisibles”, una nueva generación de narcotraficantes que operan con un bajo perfil y consideran que su mejor protección es el anonimato total.

De cualquier forma, según la policía española, Don Lucho administró durante años un negocio de drogas bastante rentable, que contaba con una facción de lavado de dinero que se extendía hasta España y lavó más de US$1.000 millones del narcotráfico entre 2005 y 2009.

La carrera criminal de Don Lucho llegó a su fin en junio de 2010. En una operación conjunta, agentes de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (US Drug Enforcement Administration, DEA) y fuerzas de seguridad argentinas lo capturaron en un centro comercial de Buenos Aires. Fue extraditado a Estados Unidos al mes siguiente.

Ya bajo custodia de Estados Unidos, en el estado de Florida, Don Lucho se declaró culpable de una acusación de cinco cargos de tráfico de drogas y recibió una sentencia de 10 años de prisión.

En 2015 su pena fue reducida debido a su cooperación. Sin embargo, Don Lucho también enfrentaba una acusación en Nueva York, junto con El Loco y otras personas, según la Fiscalía por una conspiración de lavado de dinero que involucró más de US$175 millones de dólares de las drogas.

Don Lucho volvió a declararse culpable y cooperó con las autoridades estadounidenses, a tal punto que los fiscales consideraron que sus contribuciones habían sido “absolutamente magníficas”, pues permitieron derribar su propia red y a otros traficantes colombianos, a la vez que ayudaron a incautar más de US$100 millones en activos, miles de kilogramos de cocaína, y varias lanchas rápidas y semisumergibles.

El 30 de enero de 2019, Don Lucho salió de la cárcel de Nueva York, según la Oficina Federal de Prisiones de Estados Unidos, y se cree que regresó a Colombia.

Actividad criminal

Don Lucho fue un importante narcotraficante y blanqueador de dinero que se movió en la delgada línea entre dos de los grupos criminales más poderosos de Colombia, estableciendo conexiones con las extintas FARC y las AUC con el fin de facilitar sus operaciones.

Está claro que Don Lucho colaboró estrechamente con El Loco, quien le compraba la pasta de coca a las FARC y la transformaba en cocaína en sus propios laboratorios en los Llanos Orientales, parte de la cual era vendida a las AUC, quienes, según los fiscales estadounidenses, usaban las drogas para comprar armas y otros materiales. Es probable que Don Lucho utilizara una estrategia similar.

Cuando no vendía drogas a las AUC, Don Lucho recurría a diversos métodos de tráfico para sacar su producto de Colombia, como semisumergibles, aviones no comerciales, buques de carga y organizaciones de transporte terrestre que trabajaban con su grupo, según un agente especial de la DEA.

Don Lucho sacaba su cocaína directamente desde ciudades portuarias clave en el Pacífico, como Tumaco, o bien a través de Venezuela y el Caribe con rumbo a Europa, o a través de Centroamérica y México hacia Estados Unidos. Incluso parece que llegó a operar desde Argentina, donde finalmente fue arrestado.

Las autoridades estadounidenses sostienen que Don Lucho tenía conexiones con algunos de los blanqueadores de dinero de las drogas más importantes de Colombia, quienes manejaban cientos, o quizá miles de millones de dólares del narcotráfico, algunos de los cuales fueron derrotados con la ayuda del propio Don Lucho.

Según el Libro Guinness de los Récords Mundiales, Don Lucho tiene el récord de haber manejado la mayor operación de lavado de dinero de drogas que se conozca en el mundo.

Geografía

Don Lucho operaba principalmente en la región de los Llanos Orientales de Colombia, pero también tenía relaciones con las costas del Atlántico y el Pacífico del país, así como con drogas que salían del Aeropuerto Internacional El Dorado en la capital, Bogotá.

Pero los tentáculos de su organización criminal no se detenían allí, sino que se extendieron por toda la región. Desde el Venezuela, al otro lado de la frontera, hasta Honduras en Centroamérica, Haití en el Caribe e incluso México, la red de Don Lucho llegó a tocar todos los puntos clave de la cadena de narcotráfico, desde el cultivo de coca y la producción de cocaína, hasta puntos centrales de salida y transbordo, según información citada en los documentos judiciales.

En cuanto al lavado de dinero, la red de Don Lucho estableció una gran operación liderada por su esposa en España con el fin de blanquear las ganancias de las drogas obtenidas en Colombia, México y Panamá. Al parecer, una de las compañías falsas creadas para blanquear el dinero también se dedicaba a comprar oro y empeñar joyas.

Aliados y enemigos

En Colombia, la principal alianza de Don Lucho era con El Loco Barrera, pero también tuvo vínculos con miembros de las FARC y las AUC durante toda la década de 2000. Uno de sus contactos clave dentro de las FARC era Tomás Molina Caracas, alias “Negro Acacio”, quien era el jefe del Frente 16 de la guerrilla en el departamento de Vichada. Hasta su muerte en 2007, el Negro Acacio financió el Bloque Oriental de las FARC, principalmente mediante dinero de las drogas.

Además del Frente 16, Don Lucho también gozaba de protección de los Frentes 1 y 43 de las FARC. Según la Fiscalía de Colombia, además de las FARC y las AUC, el Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista de Colombia (ERPAC), dirigido por Pedro Oliverio Guerrero, alias “Cuchillo”, también protegía las operaciones de Don Lucho y los centros de procesamiento de drogas en los departamentos de Meta, Guaviare y Vichada.

Don Lucho también estaba vinculado con otros capos colombianos. Entre ellos se encuentran Julio Alberto Lozano Pirateque, quien bajo la fachada de ser un próspero comerciante de esmeraldas blanqueó dinero a través de varias empresas y propiedades, así como Claudio Javier Silva Otálora, alias “Patrón”, quien ascendió entre las filas del narcotráfico con la ayuda del exlíder del Cartel del Norte del Valle, Wílber Varela, alias “Jabón”.

En 2010, Otálora y Pirateque fueron acusados junto con Don Lucho, en el Distrito Este de Nueva York, en relación con una conspiración de lavado de dinero. Según los informes, ese año las autoridades colombianas incautaron unos US$28 millones vinculados a los dos hombres en la ciudad portuaria de Buenaventura, en la costa Pacífica colombiana.

Por fuera de Colombia, Don Lucho tenía una estrecha relación criminal con el Cartel de Sinaloa, que recurría a su red, la cual se extendía por Colombia y Venezuela y llegaba a Centroamérica y el Caribe, con el fin de obtener la cocaína que el grupo ingresaba a Estados Unidos.

De hecho, en mayo de 2010 las autoridades interceptaron un submarino que Don Lucho había enviado desde Colombia con una tonelada de cocaína para los capos del Cartel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, e Ismael Zambada García, alias “El Mayo”.

Después de su arresto en Buenos Aires en el año 2010, Don Lucho se ganó bastantes enemigos, pues ofreció a los fiscales estadounidenses abundante información sobre miembros de su propia organización, así como sobre otros traficantes rivales.

Informó a los organismos de seguridad estadounidenses sobre las rutas del narcotráfico, reveló dónde se escondían sus socios, identificó al menos a 126 personas para los fiscales federales, grabó conversaciones telefónicas con traficantes y fue llamado como testigo en varios juicios.

Es muy probable que su cooperación les haya ayudado a las autoridades colombianas a capturar a El Loco Barrera en septiembre de 2012. Sin embargo, muchos de los enemigos que se ganó Don Lucho están ya quizá tras las rejas o fallecidos.

Perspectivas

Toda la evidencia indica que Don Lucho fue probablemente uno de los narcotraficantes más poderosos y sofisticados de Colombia, pero sin la visibilidad pública, y que acumuló una gran cantidad de poder y riqueza, que ocultó detrás de El Loco como un “invisible”. Las fuentes de InSight Crime dicen que hay indicios de que pudo haber regresado al negocio después de retornar a Colombia tras salir de prisión en enero de 2019.

Aunque Don Lucho soltó toda la información a los fiscales estadounidenses, muchos de los implicados están muertos o en prisión, y es poco probable que alguien esté buscando acabar con él en este momento. E incluso si lo estuvieran, Don Lucho está acostumbrado a operar subrepticiamente en medio de amenazas contra su vida.

La escena criminal a la que ha regresado está llena de actores criminales a los que quizá no les interesa aquellos a quienes delató, sino que a lo mejor quieren usarlo por sus amplios conocimientos y por su exitosa carrera en el narcotráfico, que por mucho tiempo ejerció por fuera del centro de atención.

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