ABC de la Extorsión 5: Las limitadas respuestas ante el flagelo

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

La extorsión es un crimen particularmente destructivo porque en general las víctimas no tienen suficientes instancias a las cuales recurrir. Las primeras respuestas estatales han demostrado ser contraproducentes, y las medidas más recientes —si bien más efectivas— no han sido suficientes para detener este flagelo.

Mano dura

Las medidas represivas contra las pandillas, conocidas en general como “mano dura”, criminalizaron la pertenencia a las pandillas o la sola sospecha de estar afiliado a ellas. Iniciadas en los países del Triángulo Norte en 2004, estas operaciones permitieron el encarcelamiento de muchos pandilleros rasos y de sus líderes, pero fracasaron en casi todos los demás aspectos.

*Esta investigación sobre la extorsión en el Triángulo Norte se llevó a cabo como parte de un proyecto conjunto con The Global Initiative.

Las prisiones no estaban preparadas para recibir pandilleros de manera masiva, y en general los funcionarios entregaron el control de bloques de celdas, e incluso de prisiones enteras, a pandillas específicas. Esto permitió que las pandillas se fortalecieran y conformaran estructuras formales, con líderes de diversas clicas que conspiraron para organizar, formular estrategias y planear sus actividades criminales.

Con un número cada vez mayor de miembros en la cárcel, las pandillas requerían más ingresos, ya que sus miembros necesitaban dinero para pagarles a sus abogados y sostener a sus familias. Esto condujo a redes de extorsión sistemáticas con el fin de recolectar más dinero en efectivo. A los nuevos jóvenes pandilleros se les encargaba recibir pagos, mientras que los líderes de las pandillas —mayores que ellos— organizaban redes de extorsión y esquemas de secuestro en las cárceles que estaban bajo su control casi total. Un fiscal salvadoreño le dijo a InSight Crime en 2010 que 84 por ciento de los esquemas de extorsión se realizaban desde las cárceles, en donde se les ofrece seguridad a los pandilleros, así como acceso a teléfonos celulares, los cuales son ingresados de contrabando.

Las medidas del gobierno, como el bloqueo de las señales de telefonía celular en las cárceles, no han logrado detener las amenazas extorsivas, ni los esquemas que se organizan dentro de las prisiones.

Finalmente, las políticas de mano dura y el encarcelamiento masivo de los pandilleros fortalecieron a las pandillas callejeras y permitieron el surgimiento de redes de extorsión más sofisticadas.

Denuncias

Dado el evidente fracaso de las políticas de mano dura, los gobiernos regionales han ensayado diferentes medidas para combatir la extorsión.

Se iniciaron campañas de sensibilización y extensión comunitaria para abordar los bajos niveles de denuncia de la extorsión, uno de los principales retos para las autoridades. Pero los resultados de estas campañas han sido limitados, en el mejor de los casos. La gran mayoría de las víctimas de la extorsión todavía temen demasiado hablar, especialmente debido a que las pandillas suelen comprar a las policías locales. Además, las denuncias rara vez ayudan a las víctimas, que a menudo deben sufrir las amenazas de un segundo extorsionista de la misma pandilla, poco después de que el primero es arrestado.

Aunque no están orientados específicamente a reducir la extorsión, los programas de prevención de la violencia y el reclutamiento en los barrios controlados por pandillas han intentado impedir que los adolescentes se unan a las pandillas y perpetúen las actividades relacionadas con las pandillas. Pero estos esfuerzos siguen siendo escasos y a menudo carecen de fondos de los gobiernos del Triángulo Norte.

En los últimos años, las autoridades han adoptado una perspectiva diferente para atacar el fenómeno de las pandillas: ir tras las finanzas de los grupos, la mayoría de las cuales son producto de la extorsión. Investigaciones como la “Operación Jaque”, en El Salvador y “Operación Avalancha”, en Honduras abrieron un nuevo y prometedor frente en la lucha contra las pandillas, debido a que permitieron desmantelar sus redes de lavado de dinero y apoderarse de los activos adquiridos con las ganancias de la extorsión. Pero tras la Operación Jaque muchos de los sospechosos acusados de lavado de dinero salieron de la cárcel, lo que plantea dudas acerca de si las investigaciones financieras pueden en verdad obstaculizar la extorsión.

Acciones locales

Los gobiernos locales en el Triángulo Norte han intentado hacer frente a la extorsión por parte de las pandillas. Algunas fuerzas policiales han enfrentado a las pandillas de manera agresiva. Otras entidades han intentado tender la mano a los jóvenes de barrios desfavorecidos. Pero todos estos esfuerzos están limitados por los reducidos fondos que reciben los municipios del Triángulo Norte.

Algunas comunidades han intentado llegar a los pandilleros para ayudarlos a abandonar las organizaciones. Los movimientos evangélicos ofrecen apoyo a los pandilleros “retirados”. La adopción de un estilo de vida religioso es una de las pocas maneras en que los jóvenes pueden salir de las pandillas sin sufrir represalias.

Los grupos de la sociedad civil han perseguido objetivos similares, pero se han enfocado en ofrecer empleo a los expandilleros.

El sector privado

Algunas de las respuestas comunitarias más prometedoras han surgido de iniciativas del sector privado.

La industria de la caña de azúcar en El Salvador ha gestionado y reunido recursos para apoyar a la policía rural en su lucha contra la extorsión. Otras industrias le han dado empleo a los pandilleros.

Autodefensas

La desesperación provocada por la extorsión ha llevado a comunidades enteras a tomar las armas contra las pandillas. Esta respuesta es el resultado de las pocas opciones con las que cuentan las víctimas y de una sensación general de impunidad en la región, que va más allá del tema de la extorsión.

Pero este tipo de justicia extrajudicial, en el mejor de los casos y a corto plazo, puede dar origen a peligrosos grupos de autodefensas. Latinoamérica está plagada de experiencias de grupos de autodefensa que cayeron en la criminalidad, algunos de los cuales pasaron a remplazar la extorsión que ejercían las pandillas, mediante la implementación de sus propios impuestos en forma de “contribuciones de seguridad”.

*Esta investigación sobre la extorsión en el Triángulo Norte se llevó a cabo como parte de un proyecto conjunto con The Global Initiative.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn