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Un ambiente despreocupado, casi jovial, se respiraba en el recinto mientras el alcalde de Ipala, Esduin Javier, pasaba al siguiente punto del orden del día. Este tema tenía que ver con lo que en el consejo municipal había sido llamado “El Bulevar”. En casi todas partes, la palabra bulevar evoca un gran espacio, pero en este pueblo de 20.000 habitantes no es más que una calle de 12 metros de ancho, con una barrera natural de palmeras.

“Ese sería el bulevar, pero con otras dimensiones de medidas porque tenemos que dejar el espacio para que haya un carro parqueado y que pueda pasar un trailer a la par, que no vaya a evitar el paso”, le decía Javier al grupo, apeñuscado en seis filas de sillas de plástico blancas en una pequeña sala de conferencias. “Va a haber un paso como de metro y medio donde las personas que les gusta hacer deporte pueden correr en las mañanas o a la hora que lo deseen”.

Para Javier, quien había trabajado en construcción en Estados Unidos antes de iniciar su propia empresa en Guatemala, hablar de proyectos de construcción era un terreno familiar. Le pidió a su tesorero que comprobara cuánto le costarían al municipio el cemento, las piedras y la arena.

“Arena y piedrín… 300.000 (quetzales) [US$41.000]”, respondió el tesorero.

Esta es la primera de una serie de tres partes sobre alcaldes y crimen organizado en el Triángulo Norte. Esta investigación fue realizada con el apoyo del gobierno de Suecia.

Javier se quedó pensando por un momento. Su apodo es “Tres Kiebres”. Javier es un hombre de buena presencia, de pecho ancho y corte de cabello militar. Muchas personas creen erróneamente que su apodo se refiere a las veces que sus rivales políticos y los grupos criminales han intentado matarlo. Pero Javier dice que su apodo en realidad surgió cuando un gato hidráulico, que él había puesto encima de otro igual, para reparar un camión que había comprado para el negocio de transporte y construcciones que apenas estaba iniciando, se deslizó y el camión cayó sobre él. En el accidente se le quebraron tres vértebras, lo que ha afectado permanentemente su columna, tanto que, según dice, todavía tiene que tomar esteroides para lograr aguantar todo un día.

Javier dice que la confusión en torno a su apodo es uno de los “malentendidos” típicos en torno a él. El mismo tipo de “malentendidos” que se han construido en torno a él durante toda su vida adulta, como el malentendido con respecto a sus relaciones con narcotraficantes muertos o vivos, o el malentendido acerca de su uso y abuso de los proyectos de obras públicas, que le han servido como fuente de su poder político y económico en la región.

Pero tras ese apodo se esconde un hombre de negocios entusiasta y experto.

“Es que si empezamos a fundir en menos de un mes vamos a tirar 11.000 bolsas (de cemento)”, dijo. “O sea, en menos de un mes necesitamos un millón y medio de quetzales [US$206.000].”

Su tesorero confirmó estas cifras. El auditorio permanecía en silencio. En una esquina del salón relucía una imagen del bulevar.

“Qué pasa con la maquinaria? ¿No nos alcanza?”, preguntó el alcalde.

“Habría que esperar para el siguiente aporte”, respondió el tesorero.

Los rumores son de hecho justificables.

Durante años, Javier trabajó con Merlin Yovani España, un hombre que, según las autoridades, fue uno de los más poderosos narcotraficantes en la frontera entre El Salvador y Honduras. Más adelante se enfrentó con la organización criminal mexicana Los Zetas, así como con su temible socio guatemalteco, que era conocido como “El Pelón”. Posteriormente, Javier les proporcionó información a agentes antinarcóticos estadounidenses. Los funcionarios dicen que en todo este tiempo mantuvo activas sus propias empresas nefastas, una acusación que Javier dice que es falsa y ofensiva.

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“Yo te acepto que me pegués en la cara y solo me voy a sobar, pero a mí lo que me molesta es que me digan que soy narco”, me dijo cuando lo conocí. “Jamás en mi vida me he comido un centavo en eso. No me gustan los narcos. ¿Sabes porque no me gustan los narcos? Porque a mí me cuesta ganarme mi plata toda una vida para que un narco en un año venga y tenga tres veces más de lo que tengo yo trabajando 30 años.”

Javier ha logrado hasta ahora defenderse de estos cuestionamientos. Mientras que otros a su alrededor han sido detenidos o asesinados, él ha logrado evadir los cargos y las acusaciones formales. Además, en sus intentos por salvar su vida y no ir a prisión, ha proporcionado información a los agentes antidrogas de Estados Unidos. Y, desde que es alcalde, ha utilizado su propio capital para ganarse la simpatía del pueblo.

Pero en la alcaldía, Javier demuestra por qué es tan popular entre los habitantes de Ipala.

“Lo que vamos a hacer es esperar a que salga la máquina de la mina para podérsela pasar a ustedes mientras hay el aporte para que puedan pagar la maquinaria”, dijo el alcalde, refiriéndose al traslado de retroexcavadoras y otra maquinaria pesada de su empresa de construcción de un proyecto municipal a otro.

Hizo una pausa y pasó al siguiente tema del orden del día.

“Bueno, gracias”.

El nacimiento de 3K

Para algunos alcaldes, el apodo de Tres Kiebres podría resultar embarazoso, un vestigio de una vida disoluta que ya no es representativa de un político que busca trabajar por los intereses de su pueblo. Pero Javier adoptó ese apodo. Lo utilizó en su campaña para la alcaldía en el año 2015 y lo puso en las vallas de varias entradas del pueblo después de que ganó las elecciones.

Es un homenaje que le va bien. En el agreste departamento de Chiquimula, la palabra ‘quiebres’ la escriben ‘kiebres’, una manera perfecta para referirse a un hombre que recorre su pueblo con una leve cojera y una pistola con un cargador pendiendo de su cinturón.

“Mal escrito, pero no make a difference”, me dijo mezclando el español con el poco inglés que aprendió durante una de las muchas veces en las que se desempeñó como trabajador de la construcción en Estados Unidos.

Javier se fue a Estados Unidos para escapar de una infancia tormentosa. Dice que su padre cayó de un techo en un proyecto de construcción en Ipala cuando él tenía 16. Que uno de sus hermanos fue asesinado a tiros durante un juego de cartas en Ipala cuando él tenía 12. Y que otro hermano murió en un proyecto de construcción en Fresno, California. En total, de ocho hermanos, dice que cinco murieron prematuramente.

Esduin Javier, alias Tres Kiebres (Fotografía: Steven Dudley)

Esduin Javier, alias Tres Kiebres (Fotografía: Steven Dudley)

Pero Javier también fue a Estados Unidos a ahorrar dinero y prepararse para lo que sería una carrera próspera como contratista del gobierno. Había estado trabajando en la construcción desde que tenía siete años, y dice que durante su primera temporada en Fort Washington, Maryland, acumuló US$38.000, una pequeña fortuna en Guatemala en esa época.

“Yo era como Al Capone”, dijo con una gran sonrisa, pronunciando el nombre del legendario gánster lentamente para que sonara como “el que pone”. Se trata de un juego de palabras sobre su fama. Paró de hablar para ver cuál era mi reacción, y continuó: “el que pone los ladrillos, el que pone el concreto, el que pone la pintura. Todo ahí”.

Sus viajes posteriores resultaron igual de productivos, pero Javier no despilfarró sus ganancias. En Nueva York, dice que vivía en un apartamento con otras 16 personas. Cuando gastaba dinero, era para regresar a Estados Unidos. No siempre fue fácil. Javier dice que fue capturado y deportado varias veces, sobre todo en la frontera entre El Paso y Juárez. Pero siempre volvía a intentarlo.

Para cuando decidió quedarse en Ipala a finales de los noventa, Javier había acumulado suficiente dinero para comprar varios terrenos; los parceló, los vendió y ayudó a construir varias casas allí. Con ese dinero compró una retroexcavadora y un camión, el mismo que más tarde le caería encima y de dónde saldría su peculiar apodo y más tarde el nombre de sus empresas, Constructora 3K y Venta de Materiales 3K.

Al principio, las empresas de 3K fueron subcontratadas por empresas más grandes, pero luego las cosas fueron cambiando. Los alcaldes fueron asumiendo un papel más directo en la contratación de las obras públicas, de modo que Javier, usando sus conexiones personales, recibió una certificación del municipio que le permitía ser contratado directamente. Muy pronto, Constructora 3K se convirtió en Al Capone (“el que pone”) de Ipala, arreglando y pavimentando carreteras, abasteciendo de concreto los proyectos de construcción y desarrollando sistemas de agua potable y drenaje.

“Y eso era bueno porque nos compraban a 1.200 quetzales el metro cúbico. Y nosotros gastábamos como 500 quetzales para hacer el metro cúbico”, me explicó en un lenguaje que indiscutiblemente maneja muy bien: la construcción. “Lo caro era la bombeada, había veces que en una terraza nos ganábamos hasta 50.000 quetzales. Buenísimo, buenísimo”.

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3K hacía parte de una serie de nuevas empresas locales que se formaron durante ese período y podían competir en precios con las grandes compañías que estaban ubicadas en otras partes del país. Aquello tenía una lógica política y económica, y Javier dice que aprovechó su relativa ventaja para sacar a los competidores más grandes.

“Lo que pasa es que era más fácil para nosotros ganar un proyecto en Guatecompras porque estábamos en el área,” dice, refiriéndose a la agencia gubernamental que se encarga de contratar los trabajos de obras públicas. “Entonces otra empresa de acá, para mover todo el equipo, movilizar y mandar personal, les subían los costos. Y nosotros como estábamos en el área era más fácil bajar los costos para poder ganar un proyecto.”

Además, tenían los contactos. Javier obtuvo su primer contrato directo gracias a un alcalde del municipio, Roel Pérez, a quién conocía desde hacía muchos años. Otros contratistas emergentes hicieron contratos similares, con contactos similares. A cambio de los contratos con el gobierno, quienes ganaban las licitaciones apoyaban las continuas aspiraciones políticas de esos alcaldes. Aquel se convirtió en un nuevo carrusel de corrupción e intereses criminales que ha resultado difícil de detener.

3K y los narcos

Uno de los principales socios de Javier en estos proyectos era un hombre llamado Merlín Yovani España, quien hacía parte de un poderoso clan de narcotraficantes del este de Guatemala, según investigadores guatemaltecos y estadounidenses le dijeron a InSight Crime. Los funcionarios afirman que él era socio de Byron Berganza, Waldemar Lorenzana y Juan José “Juancho” León. Cuando Berganza, quien al igual que Javier era de Ipala, fue capturado en 2003, extraditado a Estados Unidos y declarado culpable de narcotráfico, España asumió el control de su territorio.

Javier tenía una cercana relación con España, según los investigadores criminales locales y extranjeros consultados para este informe, así como los documentos del gobierno. Era una conexión lógica. Constructora y Maquinaria España y sus otras empresas tenían contratos para construcciones, mantenimiento y servicios con gobiernos municipales de la región, especialmente en Chiquimula, la capital del estado que lleva el mismo nombre. Y Javier proporcionaba equipos y servicios para las empresas de España.

“Él no tenía maquinaria [pesada]”, me dijo Javier cuando le pregunté por su relación con España. “Y él venía y me decía: ‘mira, alquílame tantas horas la excavadora, tantas horas el tractor’. Y para mí eso era bueno. Y decía: ‘Va, ¿en qué proyecto?’ ‘En tal proyecto.’ Ok. Nos íbamos, le presentaba las máquinas, se terminaba el proyecto, me pagaba mi proyecto”.

Esduin Javier con trabajadores locales (Fotografía: Steven Dudley)

Esduin Javier con trabajadores locales (Fotografía: Steven Dudley)

3K también obtuvo contratos en municipios cercanos. Uno de sus proyectos más importantes fue en el vecino departamento de Zacapa, donde su empresa instaló un sistema de agua potable. El año en que él obtuvo ese contrato, 2010, fue el más lucrativo de 3K. Según los registros de Guatecompras, Constructora 3K cerró el año con cerca de 40 millones de quetzales [US$5,5 millones] como fruto de sus negocios, y todo provenía de contratos con el gobierno. Pero a medida que los negocios prosperaban, surgieron dudas y rumores.

El proyecto de agua potable, por ejemplo, fue contratado por una polémica entidad del gobierno llamada Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ). Esta entidad fue creada en 1991, como una forma de canalizar los recursos que tanto se necesitaban en las zonas del país con menos desarrollo. Su primer director fue Álvaro Colom, un delegado miembro de la élite económica que era un socialdemócrata mas que un hombre de negocios conservador.

Colom utilizó a FONAPAZ como una plataforma para convertirse en un político importante. Perdió en su primer intento de llegar a la presidencia en 1999, pero, en 2004, su incipiente partido Unión Nacional de la Esperanza (UNE) ya tenía 32 representantes en el Congreso. En 2008, Colom ganó la presidencia, y UNE ya tenía 48 curules en el Congreso, más que cualquier otro partido.

Para entonces, sin embargo, UNE había sido vinculado a dinero sucios. En un informe posterior sobre el financiamiento de las campañas, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), organismo respaldado por Naciones Unidas, llamó la atención sobre tres dudosas fuentes de financiamiento del partido. Dos de ellas provenían del nivel local, en donde estaban prosperando empresas como 3K, la compañía de Javier.

Una de estas fuentes de financiamiento fue un exrepresentante de UNE ante el Congreso, llamado Obdulio Solórzano. Cuando ganó la presidencia, Colom nombró a Solórzano como director de FONAPAZ. Según la CICIG, Solórzano tenía una vieja relación con Otoniel Turcios, quien posteriormente fue capturado en Belice, extraditado y condenado en Estados Unidos por tráfico de drogas. Se sospecha que el quid pro quo en este asunto fueron los contratos de obras públicas.

“Yo pienso que en una relación o en conocer a alguien, que indiscutiblemente sea o no sea narco, no lo hace uno narco.”

La hija de Turcios era la directora de Desarrollo Rural de las Verapaces, un nodo local de FONAPAZ. La CICIG señala que FONAPAZ se convirtió en uno de los medios como narcotraficantes como Turcios podían blanquear sus ganancias ilícitas —y ganar dinero—. Otra investigación del gobierno sobre FONAPAZ durante el periodo de Solórzano demostró que al menos 22 contratos fueron sobrevaluados, lo que llevó a los funcionarios a creer que hacía parte de un gran esquema de sobornos y lavado de dinero.

Solórzano era además un supuesto cobrador de la organización criminal mexicana Los Zetas. El quid pro quo en el caso de Los Zetas era la protección frente a posibles enjuiciamientos. Solórzano finalmente renunció en 2009, tras un gran escándalo de corrupción relacionado con la forma como había administrado a FONAPAZ y por presiones internas del gobierno debido a sus conexiones con Turcios. Fue asesinado en julio de 2010. Poco después, Los Zetas, desde su territorio en Cobán, en la región central de Guatemala, culparon a Colom por el asesinato de Solórzano y lo acusaron de perseguirlos incluso después de que habían dado US$11,5 millones para su campaña presidencial.

Las dudas sobre contratos del gobierno con grupos narcotraficantes persistieron más allá de los que se presentaron con FONAPAZ y los intereses de Turcios en la región central de Guatemala. En la región occidental, el gobierno contrató a empresas con vínculos con Juan Alberto Ortíz López, alias Juan Chamalé, así como otras dirigidas por Aler Samayoa y su organización criminal conocida como Los Huistas. En el oriente, la región de Javier, el gobierno contrató a empresas de la familia Lorenzana, así como a empresas pertenecientes a España, el socio de Javier.

Los investigadores afirman que Javier se convirtió finamente en copropietario de algunas de las compañías de España, que eran un medio a través del cual España camuflaba sus propiedades para lavar las ganancias provenientes de la droga. Javier niega conocer esa parte de la vida de España.

“Yo pienso que en una relación o en conocer a alguien, que indiscutiblemente sea o no sea narco, no lo hace uno narco. ¿Me entiende mi punto?” dijo. “¿Por qué? Porque primero hay que probar algo. En lo que yo conocía a Yovani España nunca en la vida le vi algo de narcotráfico, porque si lo hubiera visto hubiera dicho: ‘bueno, este señor está mal’. Nunca. Lo que se le veía a él era, por ejemplo: ganado, compras de terreno, una concesión de la basura en Chiquimula… bastantes entradas. No puedo meter mis manos al fuego por él tampoco porque no lo haría. Pero hasta donde yo me doy cuenta él no fue narco”.

Cuando dije que Javier terminó con sus empresas, como los investigadores me habían dicho a mí, Javier se rio porque, según él, esos son “chismes”. Y cuando le dije que los documentos del gobierno demuestran que para 2012 Javier era el presidente del Consejo de Administración y el representante legal de Constructora y Maquinaria España, respondió que eso era un error, que él nunca firmó nada relacionado con ese negocio.

Tres Kiebres versus Los Zetas

Javier fue educado en la religión evangélica, en una Iglesia Adventista del Séptimo Día, y constantemente hace referencias religiosas. Prácticamente a todo a quién saluda le dice “primero Dios”. Y en los momentos de mayor reflexión, habla sobre el final de su vida.

“Yo prefiero una muerte dolorosa que una muerte pasiva,” me dijo cuando atravesábamos la ciudad en coche. “Porque cuando tú más estas sufriendo es cuando más te acuerdas de Dios”.

Javier ya no va a la iglesia, pero dice que sigue sus principales creencias, incluyendo la idea de la segunda venida de Cristo, en la que los verdaderos creyentes serán llevados al cielo y habrá mil años de paz. Aun así, le es difícil conciliar su necesidad de cargar un arma con sus creencias religiosas.

“Si tú tienes enemigos que te quieren hacer daño es bien difícil encomendarte a Dios porque en determinado momento que te estén atacando tienes que defenderte y tienes que matar a alguien”, dice.

Sus conflictos con Dios provienen, en parte, de la muerte de allegados y de experiencias cercanas con su propia muerte. El 25 de junio de 2010, un grupo de hombres armados interceptó a España y lo mataron a él y a otras cuatro personas. El asesinato nunca se esclareció, pero parece que hizo parte de una gran conmoción en el hampa guatemalteca del momento.

En 2008, Los Zetas atacaron y le dieron muerte a Juancho León, quien era uno de los principales traficantes del país en ese momento. Más adelante ese mismo año, atacaron a Los Huistas. Y en mayo de 2010, la organización criminal mexicana inició una legendaria ola de violencia: mataron al hermano de León, Haroldo, y masacraron a 28 de sus trabajadores. Unos días más tarde, asesinaron a un fiscal en su territorio, Cobán, cortaron su cuerpo en pedazos y lo dejaron en una bolsa frente a la fiscalía. Luego asesinaron a España.

Javier dice que por ese tiempo comenzó a recibir llamadas telefónicas de una persona que se identificaba a sí misma como “Comandante 200”. Este, dice, le pidió US$350.000 “para la empresa.”

BANNER DESCARGA 3 KIEBRES“Bueno, él viene y me dice: “mira, te habla el Comandante 200.” “¿Y qué quería?”, le dije. “Quiero 350.000 dólares para la empresa.” Y yo: “¿cuál es su empresa?”. “Los Zetas.” “¿Y si no se los doy?”, le dije. “Te mato”. Yo no tenía dinero. Me dijo: “Ya vimos en Guatecompras tus proyectos y tienes dinero y tienes dinero en el banco”.

“Ellos son personas muy intelectuales, ellos tienen una logística muy buena. Y era fácil ver en Guatecompras quién tiene un proyecto millonario y quién no tiene un proyecto millonario. Y le dije que no le iba a pagar nada”.

“Cuando empezaron a disparar granadas me reventaron los tímpanos”.

Los Zetas tenían una estrategia diferente. No estaban interesados en obtener contratos del gobierno, sólo en controlar el territorio, para así poder extorsionar los negocios legales e ilegales. Y para controlar la frontera con Honduras y El Salvador, Los Zetas se habían asociado con un hombre de la región llamado Jairo Orellana, alias “El Pelón”. La ambición de Orellana era superior a la de los demás, al igual que su reputación de hombre violento.

En el territorio de Orellana se encontraba Zacapa, donde Javier tenía su lucrativo proyecto de agua potable. Después del asesinato de España, Javier dice que uno de los antiguos socios de España le dijo a Orellana que Javier quería matarlo, así que, cuando Javier y sus guardaespaldas fueron a verificar el proyecto, El Pelón y sus secuaces de Los Zetas lo estaban esperando.

“Cuando empezaron a disparar granadas me reventaron los tímpanos”, recuerda Javier.

Él dice que Los Zetas tenían cerca de una docena de autos, y que más de 30 hombres armados estaban disparando armas automáticas. Javier y su propio contingente de una docena de guardaespaldas respondieron al ataque. El tiroteo duró mucho tiempo —unos 40 minutos, dice Javier—. Dice que, cuando se le acabaron las balas, puso las cerraduras automáticas, se tiró boca abajo en el piso de su automóvil a prueba de balas y se puso a orar. Luego tomó el teléfono y llamó a su esposa.

“Mira, nos están tirando, creo que nos van a matar, quiero que cuides a mis hijas, quiero que me las protejas, yo me voy a ir, quiero irme contento…”

Ambos rompieron a llorar. Entonces, dice Javier que “Dios apareció”. Más precisamente, apareció un pequeño contingente del ejército que, según él, estaba pasando por la zona, se percató del enfrentamiento y comenzó a disparar en la dirección a Los Zetas, quienes recogieron a sus heridos y sus muertos y se marcharon.

“El poder de Dios”, me dijo después Javier. “Venían de traer tiros de una embarcación de Puerto Barrios. Y venían y cabal aquí estaban disparando ellos. Y cuando llegaron ellos les empezaron a disparar a ellos. Y ya nos dejaron a nosotros aquí. Y recuerdo que ellos eran tres nada más: el que manejaba y dos soldados en la parte de atrás”.

Javier sobrevivió al ataque en Zacapa, pero tres de sus guardaespaldas murieron. Luego culpó a Los Zetas y a Jairo Orellana del asalto. El mensaje era claro, y Javier sabía que tenía que cambiar de estrategia.

Tres Kiebres y la DEA

Javier todavía conserva la camioneta a prueba de balas que le salvó la vida. Se encuentra en una de sus propiedades, con las mismas huellas de balas y los vidrios rotos que cayeron sobre él durante esos eternos 40 minutos de lucha. Pero el ataque dejó su reputación destrozada y lo obligó a huir. Los Zetas estaban despejando el camino, y él necesitaba encontrar nuevos aliados.

Esduin Javier frente al carro que le salvó la vida en su enfrentamiento con Los Zetas (Fotografía: Steven Dudley)

Esduin Javier frente al carro que le salvó la vida en su enfrentamiento con Los Zetas (Fotografía: Steven Dudley)

“Entonces yo busqué ayuda”, me dijo. “Yo busqué ayuda en ese tiempo en donde me empezaron a ligar al narcotráfico, no me gustó. Llamé a un amigo en Estados Unidos y le dije que yo quería que me hiciera un contacto con la DEA [la Agencia Antidrogas de Estados Unidos].”

Javier dice que su amigo, cuyo nombre no reveló, lo puso en contacto con la DEA. Esta es una historia extraña; sin embargo, mientras estaba intentado verificarla, InSight Crime se enteró de otra versión: que Javier contactó a la DEA desde la cárcel después de que él y otros hombres fueron arrestados tras el enfrentamiento con Los Zetas en 2010. Los registros de la corte obtenidos por InSight Crime indican que Javier y otros tres hombres fueron detenidos por “asociación ilícita”, homicidio y posesión de armas “de uso exclusivo del ejército”. Pero también muestran que los cargos fueron retirados.

En todo caso, Javier dice que finalmente sostuvo una reunión con la DEA. El agente le recordó a Javier que él había sido identificado como un narcotraficante. Pero Javier no se dejó disuadir.

“Les dije que yo estaba a disposición de ellos, que si ellos tenían algo, que yo estaba para aclarar, para lo que ellos quisieran”, me dijo.

“Entonces…”. Y después de una pausa, dijo: “Empezamos a trabajar con ellos”.

Lo que ello significó en la práctica fue una reunión con sus contactos de la DEA en el estacionamiento de un McDonalds, según dice él, a más o menos un kilómetro de la Embajada de Estados Unidos, en uno de los barrios más exclusivos de Ciudad de Guatemala. Javier dice que allí les entregó los números de teléfono que “Comandante 200” y otros miembros de Los Zetas utilizaron para extorsionarlo.

“Yo les pasaba toda la información. Y sí, ellos venían, interceptaban teléfonos e iban agarrando [a Los Zetas]”, me dijo. “Es un big deal”.

Esta historia parecería inaudita si no fuera por los detalles que cuenta Javier. Para probar que estaba diciendo la verdad, le dio a InSight Crime los nombres y números de sus dos contactos, quienes estaban trabajando en Guatemala en ese momento. InSight Crime contactó a la DEA, pero ésta se negó a hablar sobre el asunto. Sin embargo, un exfuncionario de alto rango del gobierno guatemalteco, que habló bajo condición de anonimato, corroboró parte del relato de Javier, en relación con los dos incidentes que involucraron a quien es actualmente el alcalde de Ipala.

En uno de los casos, Javier dice que les ayudó a identificar a un sospechoso de Los Zetas tras una redada. (Javier nos pidió que no utilizáramos el nombre del sospechoso porque teme que tome represalias). Ese sospechoso fue capturado en el momento al que Javier hace referencia, como lo demuestran las noticias; él era requerido por Estados Unidos, país que pidió su extradición. Por su parte, el exfuncionario del gobierno guatemalteco, quien también participó en la operación que llevó a la captura de ese sospechoso, dijo que la DEA sí participó utilizando a un informante, pero no confirmó si se trataba de Javier.

En otro caso, Javier dijo que la DEA le pidió transferir dólares a través de Western Union en lugar de comprarlos en un banco, de modo que pudieran rastrear el movimiento de dinero por medio de este servicio, que creían que estaba siendo usado ilegalmente. Él estuvo de acuerdo, diciendo que de todos modos necesitaba dólares para pagar un tractor John Deere que había comprado recientemente. Pero después de que recibió el dinero (unos US$12.000), las autoridades guatemaltecas lo detuvieron y lo interrogaron acerca de la gran cantidad de dinero en efectivo en su automóvil. Javier dijo que él les rogó que llamaran a la DEA. Y el exfuncionario guatemalteco que habló con InSight Crime sobre el caso dijo que liberaron a Javier tras una conversación con sus homólogos extranjeros.

Otras partes de la historia de Javier fueron imposibles de verificar. Por ejemplo, él dijo que firmó un contrato con la DEA y que ésta le dio dinero, en pagos de US$2.000 o 3.000, para lo que él llamó “operaciones”. Pero él no sacó una copia del contrato. Fue imposible verificar dichos pagos, y Javier dice que él no tiene una copia del contrato.

Dice que en todo este tiempo mantuvo a su familia lejos de Ipala, y que dormía en los “montes”.

Con el tiempo, la DEA y el gobierno de Guatemala desmantelaron a Los Zetas. Decenas fueron arrestados en Guatemala, entre ellos “Comandante 200”, cuyo verdadero nombre es Mauricio Guizar Cárdenas.

Por su parte, Javier se preparó para incursionar en la política, burlando a sus contactos de la DEA en cuanto a los rumores acerca de su participación en el narcotráfico.

“¿Soy tan inteligente yo que supero la inteligencia de ustedes que no me pueden agarrar en narcotráfico?”, dice que les preguntó.

Javier dice que sólo se rieron.

‘Tres Kiebres’, el candidato

Mucho antes de que decidiera postularse para la alcaldía en 2015, Javier sabía que la política en Chiquimula era un verdadero combate. Dice que, en el año 2010, cuando salía del gimnasio, pasaron varios hombres en una SUV disparando armas automáticas. Dice que no le dieron porque él se escondió detrás de la puerta de su auto, que es a prueba de balas y detuvo algunos de los tiros.

Javier culpó a Baudilio Hichos por el ataque. Hichos, un Guardia de Hacienda convertido en congresista que había creado un feudo en la parte oriental del país durante sus siete períodos en el Congreso. Javier dice que el diputado contrató sicarios de un municipio vecino para que lo atacaran porque él representaba una amenaza para el monopolio de Hichos en el servicio de televisión por cable en la región.

Javier es dueño de una pequeña empresa de servicios de televisión por cable e Internet. Es un negocio peligroso. Javier dice que Hichos mató al antiguo propietario de la empresa de televisión por cable que él dirige actualmente. Esta es una de las muchas acusaciones infundadas que hace contra Hichos, a quien llama “el criminal más grande que ha tenido la historia”.

No es sorprendente que el poder de Hichos provenga de su control casi absoluto de los contratos en la zona y de su inclinación a darles puestos importantes del gobierno a sus familiares. Nueve miembros de su familia han llegado a tener puestos oficiales. Hichos fue además un importante actor político que buscó dirigir los órganos judiciales a favor de intereses específicos, incluyendo los suyos. Tenía conexiones con personas que eran sospechosas de ser narcotraficantes, como Yovani España, y estuvo vinculado a escuadrones de la muerte durante la violenta y larga guerra civil del país.

En las contiendas electorales por la alcaldía en 2015, Hichos y su partido político (Líder) respaldaron a Roel Pérez, un político de carrera que había sido alcalde desde la década de los noventa. Irónicamente, Pérez fue quien le dio a la empresa de Javier, Constructora 3K, su primer contrato municipal. Según los registros de Guatecompras, esos contratos ascendieron a más de 73 millones de quetzales (US$10 millones) por 190 proyectos entre 2008 y 2014.

Pero la política en Chiquimula se volvió literalmente una guerra. En el año 2015, Javier reunió a algunos de sus amigos de infancia y a otras personas de la zona. Conformaron un movimiento político al que denominaron Movimiento Ipalteco Libre y Pensamiento Activo (MILPA) —una clara referencia al maíz, el alimento básico de la dieta de Guatemala y, para muchos, representación del espíritu nacional—.

La idea era influir en los procesos políticos mediante la participación ciudadana. Pero Javier dice que la gente le rogó que abandonara el activismo y se postulara para la alcaldía, pues veían a Pérez como una extensión del corrupto feudo de Hichos. Pérez había sido alcalde cinco veces antes de convertirse en gobernador del departamento de Chiquimula en 2013. Javier y otras personas acusaron a Pérez de corrupción y dijeron que el municipio tenía grandes deudas debido a un exagerado presupuesto, que incluía una enorme nómina llena de puestos de trabajo clientelistas.

Entrada a Ipala, Chiquimula (Fuente: Steven Dudley)

Entrada a Ipala, Chiquimula (Fuente: Steven Dudley)

Durante la campaña, Pérez tuvo dificultades para continuar adelante, debido en parte a problemas en su partido político. El Partido Patriota (PP) —que estaba en la presidencia— se desintegró en mayo de 2015, cuando las acusaciones de corrupción contra la vicepresidenta Roxana Baldetti la obligaron a dimitir. El presidente Otto Pérez Molina renunció pocos meses después.

Roel Pérez se pasó de partido para Líder, pero también enfrentó cuestionamientos e incluso cargos de blanqueo de capitales en los niveles más altos. Javier, por el contrario, empezó a sobresalir una vez que entró oficialmente en la contienda electoral. Su lema, “Cumpliendo, No Prometiendo”, era cliché, pero fue efectivo.

El 3 de junio, Pérez abandonó la contienda. En una publicación de Facebook, dijo que su decisión se debía a problemas de seguridad.

“Desde hace varias semanas e [sic] venido recibiendo amenazas de muerte”, escribió Pérez. “Por el bien de mi familia, especialmente de mis hijos, tomé tan difícil decisión”.

Pérez concluyó su comunicado en las redes sociales agradeciendo a Hichos por su apoyo. InSight Crime intentó comunicarse con Pérez, pero él no respondió a nuestra solicitud de otorgarnos una entrevista.

Por su parte, Javier negó que hubiera amenazado a Pérez. Dijo que Pérez se retiró porque sabía que iba a perder.

“Yo no tenía un pleito con él”, me dijo Javier. “Yo sólo quería lanzar mi candidatura. O sea, es un deber que tenemos todos los ciudadanos. No nos lo pueden quitar. Pero él se sintió celoso donde él sabía que iba a perder. Y entonces se retiró y fue a decir que yo intentaba matarlo porque se dio cuenta de la fuerza que tenía”.

Pero pronto después las cosas se complicaron aún más. En el mes de julio, la CICIG publicó un informe sobre financiamiento ilícito de las campañas políticas. El informe llamaba la atención sobre la red criminal de Hichos, así como las conexiones entre Pérez y Líder, el partido de Hichos, y con un hombre acusado de lavar dinero que respondía al apodo de “Chico Dólar” o ” Francisco Money ” y que estaba vinculado con el candidato del partido para vicepresidente.

Aquí usted tiene plata y ya ‘es narco’

Sin embargo, el informe también menciona a Javier con el fin de ilustrar cómo los grupos criminales han ido más allá de simplemente buscar conexiones políticas para que les ofrezcan protección frente a los enjuiciamientos, o establecer conexiones políticas y poder para robustecer sus negocios, particularmente las “constructoras”, las cuales se pueden beneficiar de los proyectos de obras públicas. Sin duda, Javier fue sólo uno de los muchos candidatos a la alcaldía con vínculos políticos y comerciales con los municipios. Un informe de elPeriódico luego de las elecciones de 2015 señala que 78 de los 338 alcaldes elegidos en el año 2015 habían recibido contratos del gobierno en algún momento.

Pero Javier recibió la mayor parte de la atención y el descrédito. Un informe de inteligencia del gobierno obtenido por InSight Crime también mostró a Javier como parte de una elaborada red de narcotraficantes que operan en Guatemala y Honduras.

“Pues, lo que pasa es que yo no entiendo eso”, me dijo refiriéndose a la palabra ‘narco’. “Para mí esa es una palabra bien dura. Aquí usted tiene plata y ya ‘es narco’”.

Los informes de los medios de comunicación señalan que otros cuatro candidatos también abandonaron la contienda política de Ipala. Javier obtuvo el 78 por ciento de los votos y se convirtió en alcalde. Hichos fue acusado de corrupción y se dio a la fuga.

‘Tres Kiebres’: el Reality Show

Javier sigue siendo en gran medida una figura local, pero no es porque no lo haya intentado. Justo antes de las elecciones, se hizo pública una foto en la que aparecía con el actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales, cuando ninguno de los dos estaba en la política. Javier dijo que su compañía de televisión por cable había traído a Morales a la ciudad para un evento cuando tenía su programa de variedades con su hermano gemelo.

Esduin Javier con el excomediante Jimmy Morales, quien ahora es presidente del país, y su hermano menor (Fuente: desconocida)

Esduin Javier con el excomediante Jimmy Morales, quien ahora es presidente del país, y su hermano menor (Fuente: desconocida)

“Que no es algo malo, que no es algo prohibido”, me dijo cuando le pregunté por eso. “¡Qué de prohibido si yo a él lo conocí cuando él era cómico!”

Por supuesto, desde entonces el presidente Morales ha tenido sus propias desavenencias con la CICIG. En el mes de agosto, la comisión anunció que entre ella y el Ministerio Público se encontraban investigando posibles contribuciones ilegales a las campañas de 2015, entre ellas la de Morales. La respuesta de este último consistió en tratar de expulsar del país al comisionado de la CICIG, Iván Velásquez, quien es colombiano, pero la Corte Constitucional le impidió hacerlo.

Javier parece no tener ningún papel en el caso de Morales, ni como donante ni como informante, pero ha continuado ofreciendo sus servicios a los organismos de seguridad. Él dice que la DEA ha rechazado sus propuestas más recientes. Representantes del Ministerio del Interior dijeron a InSight Crime que Javier también había ofrecido su red de fibra óptica para instalar cámaras de seguridad del gobierno en Ipala. Rentarle cámaras de seguridad al gobierno federal es un negocio lucrativo, pero el ministerio también rechazó la oferta de Javier.

Es en el nivel local, sin embargo, en el que Javier brilla. En la reunión en la alcaldía, los participantes le expresaron al alcalde numerosas quejas sobre carreteras, accidentes de tráfico, suministro de agua, programas de alimentación y corrupción en la capital, Ciudad de Guatemala. Javier los escuchó y respondió con paciencia y comprensión. No estaba jugando a ser político. Él es auténtico.

“Sería mentiroso si les dijera que vamos a arreglar el ciento por ciento de las calles ¿verdad?”, confesó en determinado momento.

El crimen, el narcotráfico y la violencia no hacían parte de la agenda. Y nadie parecía estar realmente preocupado por esos temas ni por las acusaciones contra su alcalde. Después de la reunión, una mujer dijo que no le molestaba, y que finalmente no le incumbía. Y otra dijo que no era realmente un problema, que los ataques fueron por “celos” debido al éxito de Javier en los negocios.

Un habitante de Ipala dirige una pregunta al concejo municipal (Crédito: Steven Dudley)

Un habitante de Ipala dirige una pregunta al concejo municipal (Crédito: Steven Dudley)

Una tercera persona, uno de los amigos de la infancia de Javier, quien le ayudó a formar el movimiento político MILPA y actualmente es un concejal de la ciudad, dijo que los ataques contra Javier hacían parte de una campaña de difamación. Otro de sus aliados denunció la hipocresía y preguntó por qué la CICIG lo estaba atacando a él y no los anteriores gobernantes que se robaron el dinero de las arcas municipales.

“Este hombre que tenemos hoy de alcalde en un año ha hecho el trabajo que han hecho otros en 25 años”, dijo Armando Rodríguez Guerra, líder de una asociación barrial.

El municipio filmó la sesión de la alcaldía y la transmitió a través de la empresa local de televisión por cable de Javier. Él ha puesto cámaras por toda la alcaldía. Las imágenes se muestran recurrentemente en el mismo canal por el que se transmite la reunión. Una cámara se encuentra justo sobre el hombro del tesorero.

“Aquí se transmite toda la vida”, me dijo Javier después de la reunión.

Dice que hasta el momento no ha habido ninguna queja.

“Si tienes a tu esposa y sabes que anda detrás de ti, no vas a ir a ponerle cuernos con otra. Vas a andar así quietecito; si sale una muchacha la vas a ver así nomás”, dijo. “Entonces, esto es una medida de presión para se haga todo lo que hay que hacer”.

Una cámara ubicada sobre el tesorero municipal envía su señal al municipio (Crédito: Steven Dudley)

Una cámara ubicada sobre el tesorero municipal envía su señal al municipio (Crédito: Steven Dudley)

La compañía de televisión por cable es la única que Javier dice que todavía dirige. Dice que vendió la mitad de su maquinaria y cerró Constructora 3K, aunque en los registros de Guatecompras todavía aparece la compañía como “habilitada”. Javier dice que los registros no indican cuándo una empresa ha dejado de operar.

En esencia, Javier ha convertido a la alcaldía en una empresa de construcción. No participa en los procesos de licitación abiertos a través de Guatecompras. Por el contrario, contrata a todo el personal, desde los ingenieros y los arquitectos, hasta los conductores y albañiles; compra los materiales; alquila la maquinaria, y ejecuta los proyectos. La llama “la empresa municipal”. Y Javier asegura que ha realizado proyectos por una quinta parte de lo que normalmente cuestan y en una quinta parte del tiempo.

“Me estoy ahorrando un platal para la muni. Estoy abarcando más, estoy trabajando más de lo que puedo hacer cinco veces. Un metro de pavimento vale 600 quetzales en Guatecompras”, explica, utilizando de nuevo su lingua franca. “A nosotros nos salen a 145 quetzales el metro con la compra de la arena y el piedrín, y de los aditivos que ocupamos”.

Durante las dos visitas que hice a Ipala, el alcalde me llevó a ver algunos de los proyectos de obras públicas de su despacho, entre los que se encuentran un proyecto de vivienda, un sistema de drenaje y un puente. Durante todo el trayecto, Javier habló de cifras e hizo cálculos sobre el cemento, la maquinaria y la mano de obra. La conclusión era siempre la misma: “Yo soy como un héroe”, me dijo, sin un asomo de ironía.

Mientras caminábamos por el pueblo, la gente se acercaba por todos lados, le estrechaban la mano, pidiéndole ayuda y ofreciéndole sus servicios. Para ser un presunto narcotraficante, Javier es bastante bien acogido. En las dos oportunidades en que nos reunimos él cargaba un arma, pero no estaba acompañado de ningún guardaespaldas. Por el contrario: él dice que proporciona protección, que las mujeres lo llaman angustiadas en la noche, pidiendo ayuda cuando sus maridos llegan a casa borrachos o agresivos; o solicitando colaboración para comprar medicinas o leche para sus hijos.

“Yo tengo un carisma muy grande con la gente. Soy muy educado. Sobre todas las cosas soy una persona muy, pero muy educada. Respetuosa”, me dijo.

De nuevo en la alcaldía, frente al grupo apiñado en las filas de seis sillas, el asistente de Javier mostró un video promocional en el que los residentes de Ipala estaban inaugurando una vía pavimentada. En el video, los habitantes rinden homenaje a Javier, quien les da las gracias. El narrador termina diciendo que el evento culminó con refrigerios, música y baile.

En un momento dado, Javier aparece en la pantalla bailando con un hombre mayor. El público estalla en risas.

“El señor me pregunta que si no había mujeres o qué onda”, Javier le dice al público. “Pero, él quería bailar conmigo y yo no le podía negar”.

Al final del video promocional el narrador dice: “Municipalidad de Ipala, trabajando por nuestra gente”.

Una gran sonrisa se dibuja en la cara del alcalde.

*Esta investigación se llevó a cabo con ayuda de Suecia. Incluye reportajes adicionales de Felipe Puerta. Hace parte de una serie de tres informes sobre los alcaldes en el Triángulo Norte.

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