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El auge de la “plata” sobre el “plomo”: el cáncer de la corrupción

COCAÍNA / 9 FEB 2021 POR DOUWE DEN HELD* ES

En julio de 2020, el narcotraficante británico Robert Dawes fue sentenciado a 22 años de prisión por su participación en uno de los casos de narcotráfico más emblemáticos de la última década en Europa: el intento de introducir casi 1,4 toneladas de cocaína en un vuelo de Air France que hacía la ruta Caracas-París.

Hay una sola manera de importar 1,4 toneladas de cocaína en un vuelo comercial: corrupción generalizada de alto nivel.

En Venezuela, esta no solo implicó a funcionarios aeroportuarios corruptos y a la Guardia Nacional, sino también a altos funcionarios de Estado. Según una imputación de Estados Unidos, entre ellos se contó el presidente Nicolás Maduro, junto con Hugo Carvajal y Diosdado Cabello, dos de los personajes más poderosos de la actual administración.

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En Francia, implicó a un traficante convertido en informante, cuyo contacto en la policía actualmente está acusado de ayudarle a usar su cooperación con las autoridades como fachada para traficar narcóticos.

Y en el centro de todo estaba Dawes, traficante transnacional de múltiples tipos de drogas, quien tenía contactos en altos cargos y en su bolsillo a funcionarios corruptos en puertos de todo el mundo, según Rob Hickinbottom, encargado por la Agencia Nacional del Crimen (NCA) del Reino Unido de dirigir la investigación sobre Dawes.

El caso puso en evidencia cómo la clave para el narcotráfico hoy en día es menos la violencia extrema, que se ha vuelto sinónimo del tráfico, sino más bien la corrupción. Y esto mostró los efectos cancerosos del tráfico de cocaína, que corrompe estados por donde se extiende, erosionando su capacidad y, en los casos más extremos, la democracia.

Con el auge del tráfico hacia Europa, el tráfico de cocaína está propagando el cáncer de la corrupción más lejos, y más rápido, que nunca antes, a ambos lados del Atlántico.

Plomo o plata

Los narcotraficantes tienen a su alcance dos armas importantes, captadas en la infame oferta que hacía Pablo Escobar a aquellos cuya cooperación buscaba: “plomo o plata”.

Desde la época de Escobar, es plomo lo que ha estado más conectado con el tráfico de cocaína: desde la explosión de aviones de pasajeros por parte del Cartel de Medellín hasta los cuerpos colgados de puentes o el lanzamiento de cabezas cortadas en pisos de discotecas por parte de los carteles mexicanos.

Europa no ha tenido que padecer los mismos grados de derramamiento de sangre que Latinoamérica, pero también ha sido testigo de violencia extrema como consecuencia del tráfico de cocaína.

Esta actividad es la culpable del aumento de las tasas de delitos con armas en Gran Bretaña, según Hickinbottom, actual director del Centro Nacional de Seguimiento a las Armas de Fuego (National Firearms Targeting Centre) del Reino Unido. “Nuestros casos con armas de fuego y los decomisos de armas están relacionados en 99 por ciento con la guerra contra las drogas”, afirmó. Fuentes de la policía en España, dibujan un panorama similar, donde las disputas por narcotráfico son responsables del grueso de los homicidios en el país.

Incluso en los Países Bajos, que tiene una de las tasas de homicidios más bajas de Europa, se dejó una cabeza como narcomensaje, y transeúntes inocentes fueron abatidos en disputas derivadas de la guerra contra las drogas. Un pariente y el abogado de un testigo en un importante caso de tráfico de cocaína fueron asesinados. El descubrimiento más reciente, en julio de 2020, fue el de una “prisión subterránea” con múltiples celdas y una cámara de tortura instalada por un grupo traficante de cocaína.

Sin embargo, aunque los narcotraficantes de hoy siguen más que dispuestos a usar la violencia extrema, también entienden que eso fue lo que provocó la caída de muchos de sus predecesores. La violencia, en especial la violencia extrema, crea titulares y llama la atención de las autoridades. En lugar de eso, la plata es el arma preferida del crimen transnacional organizado hoy en día.

La corrupción del narcotráfico penetra el estado en todos los niveles, desde patrulleros hasta presidentes. Y apunta a todas las ramas del estado: judicial, legislativa, ejecutiva y organismos de seguridad. Ha puesto en venta la justicia en muchos países latinoamericanos, y ha visto cómo la policía y el ejército no solo facilitan, sino que también participan en narcotráfico e incluso en homicidios. Y ha puesto a ciertos gobiernos al servicio del crimen organizado, en los ámbitos local e incluso nacional.

Air France y el cáncer de la cocaína

El caso de Air France arroja luces sobre lo que puede ser el ejemplo más crudo de la acción corrosiva de la corrupción provocada por el tráfico de cocaína: Venezuela. Cuando Robert Dawes planeaba un importante despacho de cocaína en 2013, recurrió a una red de traficantes formada dentro del Estado mismo: el Cartel de los Soles.

Esta es una red no jerárquica de células traficantes incrustadas en los escalones superiores de las fuerzas de seguridad y el gobierno venezolano.

La participación de las fuerzas de seguridad venezolanas en tráfico de cocaína se remonta a comienzos de los noventa. Pero fue la convergencia de la llegada de Hugo Chávez al poder con un auge del tráfico en toda Venezuela y Europa lo que sellaría la suerte del país.

“Este fue un proceso que no se dio de la noche a la mañana, sino gradualmente”, señaló Mildred Camero en intercambio con InSight Crime. Ella fue directora de la Comisión Nacional de Venezuela contra el Consumo de Drogas Ilícitas (CONACUID) en la administración de Chávez. “Se desarrolló más con la llegada de Chávez, pues este permitió que los militares participaran [en narcotráfico] a cambio de su lealtad”.

Para Chávez, “fue una decisión estratégica”, mirar hacia otro lado para no ver el tráfico de cocaína, añadió Camero, quien relata cómo fue destituida de su cargo luego de que denunciara ante Chávez que sus generales estaban implicados en el tráfico de cocaína.

La tolerancia de Chávez frente al tráfico de cocaína le ganó la lealtad de las cabezas corruptas de las fuerzas de seguridad, una prioridad para el presidente luego de la tentativa de golpe en su contra en 2002. También permitió apoyar a otro aliado: las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Chávez apoyaba a las FARC por simpatía ideológica y como barrera contra sus enemigos geopolíticos: Colombia y Estados Unidos. Y las FARC estaban fuertemente involucradas en el tráfico de cocaína a todo lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela.

Chávez no podía, o no quería, contener la corrupción que había permitido. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y otras ramas del ejército de Venezuela pasaron de permitir el tráfico a comprar, almacenar, transportar y vender cocaína, que conseguían directamente de las FARC.

“Vendían armas a cambio de drogas, era un trueque”, señaló Camero. “Muchas armas de las FARC tenían las insignias de la República Bolivariana de Venezuela”.

Para cuando Chávez murió, en marzo de 2013, el cáncer de la cocaína había hecho metástasis hasta consumir cualquier legitimidad de su “revolución bolivariana”. La camarilla de líderes chavistas que lo reemplazó incluyó a numerosos dirigentes del ejército y la política ahora acusados de narcotráfico. Entre ellos no solo está el sucesor designado por Chávez, Nicolás Maduro, sino también ministros de gobierno, gobernadores regionales y altos funcionarios de seguridad e inteligencia.

Fue poco después de la muerte de Chávez que Robert Dawes envió a sus emisarios a reunirse con un ciudadano británico conocido como “Charlie Brown”, que era su contacto aguas arriba con la red del Cartel de los Soles, según investigaciones de la NCA. Juntos, hicieron los arreglos para el envío por Air France.

Meses después, el 10 de septiembre, al aeropuerto internacional Simón Bolívar, de Maiquetía, Caracas, llegaron más de 30 maletas llenas de cocaína. Las valijas fueron introducidas por una entrada de empleados para evitar los escáneres y los controles de equipajes. Tenían etiquetas con códigos de barras falsificados que fueron aceptados por el sistema de equipajes de Air France pese a que no pertenecían a ningún pasajero.

La recepción de la cocaína en Francia fue hecha por uno de los mayores traficantes de marihuana de ese país, Sofiane Hambli, preso actualmente, según el testimonio del mismo Hambli.

Pero lo que Dawes y sus aliados venezolanos no sabían es que la operación estaba comprometida. Agentes encubiertos británicos en Venezuela habían alertado a los franceses de un cargamento inminente que llegaría en un vuelo de Air France, y los franceses habían puesto en marcha una operación de entrega controlada, según fuentes cercanas a la investigación. Hambli colaboró con una unidad de la policía francesa, la Oficina Central para la Supresión del Tráfico Ilícito de Estupefacientes (Office Central pour la Répression du Trafic Illicite des Stupéfiants – OCTRIS).

El decomiso ocupó los titulares de la prensa internacional, y Venezuela se vio presionada a responder. Las autoridades hicieron inicialmente 27 capturas, que incluyeron a empleados del aeropuerto, miembros de bajo rango de la GNB —responsable de la seguridad de los aeropuertos en Venezuela— y a Ernesto Mora Carvajal, teniente coronel de la GNB y sobrino de Hugo Carvajal, quien dirigía la seguridad del aeropuerto. Siete empleados aeroportuarios y tres oficiales de la GNB recibieron posteriormente sentencias entre 10 y 22 años de prisión. Mora Carvajal, sin embargo, fue rápidamente declarado inocente y liberado.

A pocos les quedó duda de que los verdaderos autores intelectuales se encontraban mucho más arriba. Y en 2020, el Departamento de Justicia estadounidense acusó al presidente Maduro, a Hugo Carvajal y a Diosdado Cabello de participación en el caso. Entre la evidencia había interceptaciones de comunicaciones en las que Maduro les decía a Carvajal y a Cabello poco después del decomiso que “no debieron haber usado el aeropuerto de Maiquetía para narcotráfico”, y que debían adherirse a las rutas de tráfico establecidas.

Ganancias de la cocaína europea corrompen estados en Latinoamérica

Venezuela no es el único ejemplo de una nación que sufre de corrupción por causa de las rutas de tráfico de cocaína a Europa. La antigua colonia holandesa de Surinam, fue gobernada largo tiempo por Desi Bouterse, primero como dictador y después como presidente electo.  Supuestamente tuvo contacto con  Pablo Escobar e hizo trueques de  armas por drogas con las FARC en los años noventa. En 1999, Bouterse fue condenado en ausencia como autor intelectual del envío de un cargamento de cocaína los Países Bajos.

“Es claro que hay vínculos entre el Estado y el hampa en Surinam,” le dijo a InSight Crime Martin Schalkwijk, antiguo diplomático y analista político. 

Desde entonces, las rutas de cocaína hacia Europa se han expandido por toda la región a la par que la corrupción.

Ecuador, y especialmente el puerto de Guayaquil, es ahora uno de los principales puntos de despacho hacia Europa. Ahí, las denuncias por narcotráfico han alcanzado los más altos niveles del Estado. En la anterior administración de Rafael Correa, hubo narcoescándalos que involucraron a ministros, aliados del presidente e incluso al mismo presidente.

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Fuentes del hampa en Ecuador, quienes hablaron en condición de anonimato, describieron a InSight Crime cómo la policía, las fuerzas armadas, jueces, fiscales, notarios públicos, alcaldes, gobernadores, e incluso figuras del gobierno nacional, están todos en la nómina de los traficantes de cocaína.

“Si no eres corrupto, entonces te corromperán”, dijo uno, quien tiene conocimiento de primera mano sobre el narcotráfico en la región fronteriza con Colombia.

Otro gran punto de despacho hacia Europa que surgió en la última década es República Dominicana, por largo tiempo una ruta de tránsito hacia Estados Unidos. Una vez más, el incremento del tráfico en todo el país ha profundizado los ya altos niveles de corrupción. 

“En República Dominicana, décadas de corrupción han hecho de la política un socio del narcotráfico, hasta llegar hoy en día a niveles exorbitantes”, sentenció Carlos de Peña, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en República Dominicana.

El narcotráfico coopta políticos comenzando por el nivel local, donde, dicen las fuentes, los candidatos a las elecciones municipales son financiados habitualmente por traficantes. Y su influencia aumenta a nivel nacional, donde el presidente, Danilo Medina, ha enfrentado el escrutinio por sus presuntos vínculos con la esposa de uno de los más notorios traficantes de cocaína de la isla, César Emilio Peralta, alias “el Abusador.”

De acuerdo con fiscales dominicanos, facciones de las fuerzas de seguridad dominicanas, entretanto, han cruzado la línea de la corrupción a la acción criminal, participando en todo, desde asesinatos a sueldo hasta narcotráfico internacional,

El antiguo director de la policía antinarcóticos del país, incluso, fue condenado por el robo de cerca de una tonelada de cocaína.  

Air France: El giro en la historia

Actualmente, pocos países de Latinoamérica y el Caribe han escapado a la corrupción asociada al tráfico de cocaína. Y aunque los niveles de corrupción tan altos parecen impensables en Europa, nuevos giros en el caso de Air France muestran cómo Europa está lejos de ser inmune al cáncer de la cocaína.

La historia de la incautación presentada por el jefe de OCTRIS, Francois Thierry, era que se suponía que un cargador de equipaje corrupto en el aeropuerto de París, debía pasar las drogas por el aeropuerto, pero cambió de bando y le contó a un informante de la policía sobre la operación.

Sofiane Hambli, sin embargo, afirmó en un testimonio en la corte que él había organizado desde su celda en prisión, una operación para sacar la droga del aeropuerto en coordinación con la policía, como lo informó la revista francesa Libération en 2018.

Las afirmaciones de Hambli de haber organizado el traspaso de la droga son también apoyadas por una carta confidencial de Thierry al fiscal general, firmada el 28 de octubre de 2015, y a la que InSight Crime tuvo acceso. En la carta, Thierry elogia a Hambli por su trabajo, incluyendo la incautación de 1,4 toneladas de cocaína. 

La cooperación de Hambli con las fuerzas del orden le permitió salir de prisión antes de cumplir su condena. Sin embargo, hay evidencia que sugiere que dicha colaboración también pudo haber representado mucho más para él y para Thierry, en ese momento uno de los principales policías antinarcóticos de Francia.

En 2016, una investigación de Libération descubrió cómo la asociación entre Hambli y Thierry estaba plagada de ejemplos de conducta sospechosa. Hubo operaciones no autorizadas y cargamentos de drogas que llegaban y desaparecían. Una investigación posterior de Libération grabó cómo oficiales de aduanas notaron que Thierry recogió maletas de 50 kilogramos  del aeropuerto cada semana y a lo largo de varios meses en 2010. Thierry afirmó que las maletas eran envíos falsos desde Bogotá que él estaba dejando pasar para dar credibilidad a un informante, pero los fiscales no pudieron encontrar registros de las operaciones ni en Francia ni en Colombia. Y la novia de Thierry en aquel entonces fue la abogada de Hambli, aunque no tenía experiencia en derecho penal, sino en derecho de propiedad raíz.

“La única certeza es: Sofiane H. llegaría a consolidarse como el mayor traficante de drogas de Francia gracias a la protección de François Thierry”, concluyó Libération después de revisar archivos y documentos oficiales del caso y de entrevistar a varios actores de la trama.

Thierry intentó demandar a Libération por difamación por este artículo, pero el caso fue desestimado. Un año después, Thierry fue acusado de asociación para delinquir. Dos años después fue nuevamente procesado por complicidad en narcotráfico.

Estos casos continúan en investigación, mientras Thierry sigue en su cargo como funcionario del Ministerio del Interior, según informó a InSight Crime Emmanual Fansten, el periodista de Libération que publicó el caso. Hambli fue arrestado en 2016 pero liberado después de dos años de detención preventiva, de acuerdo con Fansten.

El cáncer de la corrupción en Europa

Como el Cartel de los Soles, la historia de Thierry, alto funcionario antinarcóticos europeo acusado de colaborar en el tráfico de drogas, es un caso extremo. Pero en Europa como en Latinoamérica, esto sigue siendo solo una parte de un cuadro mucho más amplio. 

La corrupción en Europa puede no estar tan extendida como en América Latina, pero sus elementos centrales siguen siendo los mismos: planeación estructural y estratégica. Según Europol, la corrupción relacionada con el tráfico de cocaína va en aumento.

Las primeras mafias europeas en capitalizar el tráfico de cocaína a gran escala —la mafia gallega y la italiana— ya trabajaban en espacios donde lograron penetrar y cooptar al Estado. Pero su participación en el tráfico de cocaína llevó la corrupción a nuevos niveles.

Armados con dinero de la cocaína, los gallegos infiltraron instituciones de gobierno, la economía legal y la política a unos niveles sin precedentes. En los años noventa, la región de Galicia estuvo “en peligro de convertirse en la Sicilia de España”, como dijo a InSight Crime Manuel Antonio Couceiro Cachaldora, presidente de la Fundación Gallega contra el Narcotráfico.

En Italia, la riqueza de la cocaína ha contribuido  a que el crimen organizado continúe penetrando en el Estado, incluso las medidas anticorrupción han destruido las viejas formas de trabajar.

En diciembre del 2019 la gendarmería italiana arrestó a más de 300 personas sospechosas de ser miembros de la ‘Ndrangheta, el segundo mayor arresto mafioso en la historia de Italia. Entre los sospechosos se contaban políticos, abogados, contadores, un jefe de policía local y un antiguo miembro del parlamento italiano, militante del partido Forza Italia del exprimer ministro Silvio Berlusconi.

“El nivel de infiltración y control que [la ‘Ndrangheta] tiene es preocupante y va hasta los siguientes niveles; estamos hablando de gente que es altamente educada, de cuello blanco”, dijo Alessia Cerantola, una periodista investigativa del Proyecto de Información sobre Corrupción y Crimen Organizado (OCCRP) y cofundadora del Proyecto de Reportería Investigativa de Italia (IRPI) .

Cuando el crimen organizado de los Balcanes ingresó al tráfico de cocaína, las ya débiles y corruptas instituciones de la región probaron ser fáciles de corromper.

Como dijo a InSight Crime el comisario jefe de la Brigada Central de Estupefacientes de España, Antonio Martínez Duarte, países como Italia y España tienen más capacidad para enfrentar la corrupción hoy en día, pero deben implementarse esfuerzos similares aun en Europa del Este.

“En Europa del Este, hay menos control administrativo y posiblemente menos control de la corrupción”, dijo.

Ha habido numerosos casos que vinculan a políticos y a policías de los Balcanes al narcotráfico, especialmente en Serbia. En el 2009, el jefe de la policía serbia, Ivica Dačić enfrentó acusaciones de corrupción después de haber sido filmado dos veces mientras se reunía con el capo Rodoljub Radulovic. Dačić nunca fue acusado. Consiguió sobrevivir al escándalo y actualmente es  ministro de relaciones exteriores de Serbia.

No obstante, como lo muestra el caso de Hambli, en la mayoría de los casos la mayor amenaza de corrupción viene de los puntos de ingreso de la cocaína a Europa. Ahí, la gente en el terreno, como trabajadores portuarios o funcionarios de aduanas, pueden hacer la diferencia entre el paso exitoso de la droga o su decomiso.

En el puerto de Rotterdam, por ejemplo, varios funcionarios de aduana han sido arrestados por participación en narcotráfico, incluyendo a un funcionario que ganó millones moviéndose entre contenedores con droga, antes de ser arrestado y sentenciado a 14 años de prisión en 2017.

Los corredores de la cocaína en Europa están en evolución y expansión; en sus 20 puertos de contenedores de mayor tráfico se han descubierto más de 100 kilos de cocaína en los últimos 3 años.

Entretanto, Por toda Latinoamérica se abren rutas de cocaína, desde los puertos de los países del Cono Sur hasta la desembocadura del río Amazonas. Donde quiera que vayan estas nuevas rutas, les seguirá el cáncer la corrupción. El futuro del tráfico de cocaína bien.

*La investigación para este artículo fue realizada por James Bargent, Maria Fernanda Ramírez and Owen Boed.

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