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En octubre de 2017, dos ciudadanos chinos: Xiaobing Yan y Jian Zhang, fueron imputados en Estados Unidos por conspiración para fabricar y distribuir “grandes cantidades” de fentanilo y sus análogos. Aunque usaron múltiples nombres e identidades comerciales a lo largo de seis años, los investigadores pudieron rastrear los cargamentos de fentanilo hasta cuatro laboratorios clandestinos y dos plantas químicas en China.

Esa fue la primera imputación conocida contra ciudadanos chinos por la producción de fentanilo, pero contiene una historia con más ramificaciones perturbadoras sobre la industria química en China: que tiene la capacidad y la voluntad de adaptarse tan rápido como el mercado al que atiende.

El consumo de fentanilo se ha disparado en Estados Unidos, donde las sobredosis fueron la causa de muerte de casi 30.000 personas en 2017. Casi todo el fentanilo se produce en China en plantas químicas como las que manejaban Yan y Zhang.

Gran parte de su producción se vende directamente a Estados Unidos, adonde llega por correo en pequeñas dosis, prácticamente indetectables por medio del sistema postal estadounidense.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

Las dos plantas químicas operadas por Yan “tenían una capacidad de producción de toneladas fentanilo y sus análogos”, según un comunicado oficial del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Además de los dos chinos, se imputó cargos a otras 19 personas por conspirar para distribuir el fentanilo y sus análogos de producción ilícita en todo el territorio estadounidense.

Pero las fábricas de Yan responsables del fentanilo también elaboraban una amplísima variedad de sustancias ilícitas. La imputación de nueve cargos contra Yan parecía un examen de química. El gobierno registró la producción de pentedrona, además de 4-MEC (4-metilmetcatinona), ambos ingredientes importantes de las llamadas “sales de baño”, drogas de diseño populares en los clubes nocturnos de Europa y Estados Unidos. También había AM-2201, un tipo de marihuana sintética. Al final, los fiscales mencionaron más de 20 configuraciones químicas distintas.

Yan obviamente había cambiado su producción al fentanilo tan pronto vio que el opioide se había convertido en la droga preferida entre los consumidores de este tipo de drogas.

Los pliegos de cargos también aportaron evidencia adicional de las sustancias exportadas desde China directamente a Estados Unidos, con Canadá como punto de trasbordo, y permitieron ver la rapidez con la que los grupos chinos pueden alterar las sustancias de la familia del fentanilo para eludir las medidas de declaración de sustancias vigiladas. Yan, por ejemplo, seguía de cerca las decisiones de vigilancia de compuestos químicos y las actividades de las autoridades para modificar la estructura de sus análogos químicos y evitar ser detectado, según expuso el Departamento de Justicia.

Se estima que hay unas 160.000 empresas químicas operando legal o ilegalmente en China, según el Departamento de Estado. La industria química china adolece de mala regulación, lo que permite el desvío de químicos precursores del fentanilo hacia laboratorios clandestinos de grupos criminales, añadió el Departamento de Estado. La falta de vigilancia combinada con las ineficiencias administrativas también han fomentado la proliferación de plantas químicas ilegales que fabrican cantidades importantes de precursores con destino a Estados Unidos directamente o pasando por México, donde los grupos criminales también se están adaptando velozmente al nuevo mercado.

La segunda imputación contra Zhang se ajusta a este relato. Zang operaba cuatro laboratorios y exportaba fentanilo, análogos de este, y troqueles y sellos para píldoras, y otros materiales para dar al fentanilo la forma de pastillas en Estados Unidos, según explicó el Departamento de Justicia.

Además del fentanilo, los fiscales estadounidenses mostraron que Zhang producía ANPP, acetil fentanilo, y furanil fentanilo, análogos del fentanilo. Luego los remitía por medio de empresas de transporte de materiales, las cuales llevaban las sustancias químicas a Estados Unidos pasando por Canadá, y ocultado sus actividades detrás de alias como Joe Bleau, la versión canadiense de la bomba de piso Joe Blow.

China ha tratado de controlar el desarrollo de incontables cantidades de análogos del fentanilo y químicos precursores, pero durante nuestra investigación sobre las redes de tráfico de fentanilo, hallamos que se ha dificultado implementar estas iniciativas, pues las autoridades y los investigadores antinarcóticos tienen problemas para mantener la pista de altos números de productos químicos y farmacéuticos.

Además, dado que la adición al fentanilo y las muertes por sobredosis no son problemas en China, en la actualidad las medidas de vigilancia e interdicción se realizan a instancias de Estados Unidos, lo que hace esta relación dependiente de la cambiante dinámica de la relación Estados Unidos-China.

Pero se están dando algunos pasos positivos, y los delegados estadounidenses afirman que la relación bilateral con China en este aspecto es abierta y evoluciona. En 2015, la Administración China de Fármacos y Alimentos declaró sustancias controladas 116 psicoactivos, junto con seis análogos del fentanilo, y en febrero de 2018, entraron en vigor nuevos controles sobre cinco precursores de la sustancia, incluyendo el ANPP.

El impacto de estos controles sobre la desviación de los precursores del fentanilo a laboratorios clandestinos, o la exportación de dichos químicos a grupos criminales en México o Estados Unidos, puede limitarse por la rápida capacidad de adaptación de estos grupos.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

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