El Conflicto Colombiano Entra en una Nueva Fase

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A medida que las diferencias ideológicas se vuelven irrelevantes, los ejércitos ilegales de Colombia y los narcotraficantes trabajan juntos, unidos contra el gobierno. En ninguna parte es más claro esto, que en el departamento de Norte de Santander, en la frontera con Venezuela.

El departamento de Norte de Santander es un nuevo centro del conflicto civil de Colombia. Es aquí que el jefe comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dirige su ejército de 8.000 guerrilleros. Es aquí donde el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tiene uno de sus bastiones. Es aquí donde sigue resistiendo la última fracción que queda del Ejército Popular de Liberación (EPL). Y es aquí donde el cartel de los Rastrojos canaliza gran parte de su cocaína hacia Venezuela. Ninguno de estos grupos está actualmente luchando entre sí. Por el contrario hay pruebas de que están trabajando juntos. Bienvenido a la nueva cara del conflicto civil de Colombia mientras la lucha entra en su año número 48.

Norte De Santander es el hogar de todos estos actores ilegales por tres razones principales: la presencia de cultivos de coca, el poco control del estado y su proximidad con Venezuela, ahora el principal país de tránsito para dirigir la cocaína a Estados Unidos y Europa.

Los tres grupos guerrilleros en el departamento obtienen la mayor parte de su dinero del narcotráfico. Ellos protegen los cultivos de droga, atacando los aviones que fumigan la coca y enfrentándose a los erradicadores manuales que buscan arrancar las plantas. Protegen a las “cocinas” de droga, que convierten las hojas de coca en base de coca, y los laboratorios, que cristalizan esa base en cocaína. Sólo en marzo las fuerzas de seguridad desmantelaron 11 laboratorios de este tipo, todos móviles, todos capaces de producir hasta 500 kilos de cocaína al mes. Todos los grupos guerrilleros tienen sus propias rutas de contrabando hacia Venezuela. También venden la base de coca y la cocaína a otras organizaciones narcotraficantes, principalmente los Rastrojos, un grupo que domina la capital del departamento y la ciudad fronteriza de Cúcuta.

El departamento es, también, hogar del Bloque Magdalena Medio de las FARC, una de sus siete divisiones de combate. Este bloque ha sido históricamente dirigido por Rodrigo Londoño, alias “Timochenko“. En noviembre del año pasado, el cuerpo dirigente de siete miembros de las FARC, el Secretariado, votó por Timochenko como comandante supremo de la guerrilla. Su antecesor, Guillermo León Sáenz, alias “Alfonso Cano“, murió en combate en el departamento de Cauca, al occidente de Colombia.

Norte De Santander tiene otro significado estratégico para los guerrileros marxistas. Es por aquí por donde pasa uno de los principales oleoductos del país. En lo que va del año se han registrado 15 ataques contra oleoductos, a medida que los guerrilleros de las FARC y el ELN intensifican su guerra de desgaste económico contra el gobierno y tratan de socavar la inversión extranjera y la producción de petróleo, dos de los actuales motores de la economía.

Así que debido a la presencia de Timochenko y la industria petrolera, Norte de Santander, hace mucho tiempo abandonado por el estado colombiano, se ha convertido en una prioridad. El gobierno ha creado una fuerza de tarea especial, con el nombre de “Vulcano”, para atrapar a Timochenko y abrir espacio para que otras instituciones del estado puedan comenzar a operar en el departamento. Compuesta por 7.000 soldados, entre ellos algunos de los soldados más aguerridos que el ejército colombiano puede llamar a las filas, la Fuerza de Tarea Vulcano está ahora enganchada en combates casi a diario. Timochenko, ansioso por demostrar sus credenciales militares al resto de la organización y que puede dirigir desde el frente, ha movilizado a varios cientos de combatientes más a la región. El año pasado se registraron 250 acciones hostiles en Norte de Santander. Al ritmo actual de combate, 2012 podría registrar el doble de esas acciones.

Las fuerzas de seguridad no contaban con tener que hacer frente a las FARC, el ELN y el EPL todas trabajando juntas. No obstante, esto es exactamente a lo que se están enfrentando. Los agentes de inteligencia han indicado que las unidades del ELN han trabajado junto a sus contrapartes de las FARC para proteger a Timochenko y llevar a cabo operaciones conjuntas contra el ejército. El EPL, aunque es mucho más pequeño, tal vez con 50 combatientes, tiene una excelente capacidad de inteligencia y penetración del aparato departamental, combinando sus fuerzas con sus primos revolucionarios más grandes.

Los tres grupos guerrilleros tienen cultivos de coca en las áreas en las que operan; áreas claramente delimitadas entre ellos para evitar cualquier conflicto. Aquí, el comandante del EPL, Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo”, se ha convertido en un gran distribuidor de base de coca y cocaína, manejando una especie de “bolsa de valores” de droga en el departamento. Él está siendo perseguido no sólo por el gobierno colombiano, que puso una recompensa de US$1 millón a su cabeza, sino también por Estados Unidos, que quiere su extradición para que enfrente cargos de narcotráfico.

La violencia, como el movimiento de los grupos armados ilegales, no se restringe al lado colombiano de la frontera. Todos los actores ilegales se mueven con facilidad en Venezuela. No es difícil obtener un documento de identidad venezolano y muchos de los guerrilleros marxistas han sido capturados en posesión de uno, lo que significa que pueden moverse y vivir en Venezuela sin ser molestados.

En enero de este año se produjo una masacre en el lado venezolano de la frontera, en el municipio de Pedro María Ureña. Las autoridades venezolanas atribuyeron la muerte de los cuatro cuerpos que recogieron, dos venezolanos y dos colombianos, a una lucha entre los grupos rivales colombianos de los Rastrojos y los Urabeños. Los grupos venezolanos también están aumentando su participación en el comercio internacional de drogas, tomando cada vez más el control de las rutas de tránsito e internacionales, y comprando drogas directamente a los guerrilleros colombianos y otras organizaciones criminales. A la vanguardia de esto está el llamado “Cartel de los Soles”, llamado así por las estrellas que los generales venezolanos llevan en sus uniformes. Este cartel tiene sus tentáculos en diferentes instituciones del estado venezolano, supuestamente encabezad por oficiales militares de alto rango.

La situación en el Norte de Santander, de todos los ejércitos ilegales y organizaciones criminales comenzando a trabajar juntos unidos por el tráfico de drogas y la resistencia al gobierno, está empezando a ser replicada en otras partes del país. Los acuerdos entre los grupos guerrilleros y lo que el gobierno ha llamado BACRIM (“bandas criminales”), como los Urabeños y los Rastrojos también pueden encontrarse en Antioquia, Córdoba, Cauca, Chocó, Nariño, Putumayo, Meta y Vichada. Estos acuerdos ya no son la excepción, sino la regla. Un nuevo capítulo en el conflicto civil colombiano ha comenzado.

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