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El 13 de diciembre de 2015, el cabecilla de la MS13 Edwin Mancía Flores, alias “Shugar”, hizo una llamada telefónica desde una prisión de El Salvador (United States of America v. Edwin Mancía Flores, et al., 2017). Al otro lado de la línea estaba José Martínez Castro, alias “Chucky”, jefe de lo que la jerarquía de la pandilla llama el “Programa de la Costa Este”.

Chucky estaba en Richmond, Virginia. Era la persona a quien la pandilla de El Salvador le había encomendado la tarea de reconstituir clicas y construir nuevas a lo largo de la Costa Este de Estados Unidos, y por instrucciones de Shugar, Chucky había llamado a los jefes de la MS13 de Massachusetts, Maryland, Ohio, Texas y Virginia para que asistieran a una reunión en persona en su residencia en Virginia.

Este artículo es el resultado de un trabajo de campo realizado como parte de un proyecto de investigación de varios años con el fin de evaluar la capacidad criminal transnacional de la MS13 en Estados Unidos y El Salvador, adelantado por InSight Crime y el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, con financiamiento del Instituto Nacional de Justicia (National Institute of Justice).

“Estamos aquí como representantes del programa”, dijo Mancía al grupo, según una transcripción parcial (mal traducida por intérpretes del sistema judicial estadounidense) contenida en el pliego de cargos. “Uno de los puntos discutidos allí creo, fue la unidad y la hermandad que todos debemos compartir. Todos juntos cuando llegue el momento de realizar alguna acción. Porque el resultado es que muchas de las clicas allá son muy independientes e insisten estúpidamente en que ese es su lado, otros están en algún otro lugar con su lado, y mientras tanto, el enemigo llena los territorios a nuestro alrededor”.

Llamadas telefónicas como esta han dado lugar a debates dentro de círculos de autoridades y expertos en pandillas. Las autoridades estadounidenses dicen que Mancía es un “corredor”, que responde a un poderoso jefe de superior jerarquía, o “ranflero”, dentro de la jerarquía de la pandilla en El Salvador (Silva, The MS13 Moves [Again] to Expand on US East Coast, 2016). El pliego de cargos dice que los jefes salvadoreños han incitado a otras facciones de la pandilla a lo largo de la Costa Este para que vendan drogas, les envíen dinero e incluso que asesinen a rivales y sospechosos de traición en lugares tan distantes como Boston.

Llamadas como esta constituyen pruebas convincentes de que la pandilla intenta controlar la Costa Este de Estados Unidos desde El Salvador. Y nuestra investigación muestra que tal vez el cambio más importante en la MS13 en los últimos años ha sido el ascenso de la ranfla en prisión en El Salvador. Esto, creemos, tiene relación con varios factores interrelacionados: la intensificación de la comunicación; la intensidad del conflicto en El Salvador; la amenaza de deportación desde Estados Unidos y la influencia de los jefes en El Salvador.

Los cabecillas de la pandilla han usado la tecnología para recibir informes sobre lo que sucede en el exterior y usan esta información para impartir órdenes a través de una gran franja de territorio. El conflicto de baja intensidad en el país –además de las sangrientas venganzas entre pandilleros, fuerzas de seguridad y sus familias– ha hecho que la comunicación entre algunas clicas y programas de El Salvador y sus pares en la Costa Este haya aumentado, en parte por la necesidad de los salvadoreños de buscar más vías de apoyos financieros. Además, la amenaza de la deportación desde Estados Unidos a El Salvador convierte en proposición peligrosa el ir contra las órdenes que vienen de la ranfla salvadoreña. El país se ha convertido, de manera real y simbólica, en una prisión gigantesca. Los pandilleros salvadoreños presumen que, si los envían a ellos o a sus seres queridos de vuelta a El Salvador, la ranfla cobrará cualquier transgresión real o supuesta.

Esta combinación de factores tiene un profundo efecto en la pandilla, que se extiende a toda la región. La ranfla ha asumido un control casi como de mafia mexicana en sus homólogos de la Costa Este. El resultado es un notorio aumento de la violencia a instancias de los jefes residentes en El Salvador, incluyendo órdenes de asesinato a miembros de la pandilla y sus rivales.

Esto nos devuelve al caso de Mancía Flores y Martínez Castro.

“Trabajemos juntos, unidos, ya saben”, dice Mancía Flores desde El Salvador a los jefes de la pandilla congregados en Virginia. “Todos relajados, cuidándose entre sí. Si alguien tiene un desacuerdo o un problema con otra clica, deben dirigirse al ‘programa’. (Ininteligible) para hacer el trabajo de la mara, ya saben. Al final, ahora estamos perdiendo la cultura, saben. Los compañeros van por ahí diciendo: ‘Este es mi territorio’, y el enemigo está ocupando nuestros territorios, saben. Entonces centrémonos en el trabajo que hay que hacer como MS13, saben. Porque todos aquí representamos la Mara Salvatrucha. Lo único que nos divide es el apellido, cada miembro de cada clica, saben, esos son apellidos, pero todos representamos las dos ‘letras’ ”.

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Pero ese esfuerzo de El Salvador por ejercer mayor control sigue siendo un trabajo en desarrollo. Las palabras de Mancía Flores no son las de quien tiene el control, sino las de quien busca control.

Sin duda, algunos programas y clicas poderosos siguen siendo semiautónomos y en algunos casos parece que toman decisiones por sí mismos. Tomemos el ejemplo del programa Sailors. Expertos del lado de las autoridades dicen haber captado comunicaciones entre los Sailors de El Salvador y de Estados Unidos en las que los de El Salvador imparten instrucciones a los de Estados Unidos. En esos casos, es difícil saber si las personas de las llamadas hablan a nombre de la ran a, el programa o la clica, o a título personal. Pero funcionarios en Long Island y en el área metropolitana de Washington DC comentan que los Sailors no parecen estar respondiendo al programa de la Costa Este. Funcionarios en Los Ángeles comentaron lo mismo sobre los Parkview Locos Salvatruchos, otro programa fuerte.

Aun en las zonas y en los países en los que operan, se ha cuestionado el poder de las ranflas. En El Salvador, en medio de rumores de que la tregua había beneficiado financieramente a la ranfla a espaldas de los soldados rasos, se formó una mini rebelión (Dudley S. a., 2017). La rebelión incluyó al influyente programa Fulton. Es notorio que, según expertos en pandillas estadounidenses y salvadoreños, el cabecilla rebelde de la pandilla dijera que la ranfla había irrespetado a “el barrio” por supuestamente haber aceptado grandes cantidades de dinero de los partidos políticos para ayudarles a ganar las elecciones, entre otros servicios. Un experto en pandillas de una institución estadounidense comentó a InSight Crime que también había rumores de que la ranfla no estaba compartiendo las ganancias de sus negocios de robo y reventa de vehículos. El líder rebelde fue asesinado más adelante, pero siguen los rumores y las retaliaciones.

Más aún, las ranflas no son componentes básicos en todas las zonas donde la pandilla opera. En la Costa Este de Estados Unidos, por ejemplo, no hay ranfla, lo que puede explicar por qué Mancía intentaba imponer una especie de orden. En otras áreas, han aparecido y más tarde desaparecido. En Los Ángeles, por ejemplo, ha habido por tradición un solo “mandamás”, pero varios funcionarios relataron a InSight Crime que actualmente hay varios jefes superiores, que han formado lo que llaman una “mesa”. Los funcionarios dicen que ese es el resultado de las capturas y acusaciones de jefes de esa ciudad, que han dejado en el caos a la pandilla y han hecho la posición de jefe poco apetecible (United States of America v. José Balmore Romero, et al., 2017). En algún punto, esperan que surja un único “palabrero”, pero mientras tanto hay una ranfla provisional a cargo de las decisiones.

En todos los casos, la dinámica del hampa local, la geografía y la personalidad juegan un rol en la manera como se gobierna a la pandilla en un área determinada. La mesa de la MS13 en Los Ángeles sigue respondiendo ante La eMe, cobrando tributo y haciendo favores al grupo para tener protección dentro del sistema carcelario de California. A cambio, la mafia mexicana garantiza que otras pandillas latinas bajo su protección no invadan el territorio de la MS13, y ofrece acceso a algunos distribuidores mayoristas de narcóticos.

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Entretanto, se dice que las clicas a lo largo de la Costa Este quisieran deshacerse del 13 de su nombre —el homenaje a la mafia mexicana— señal de independencia y su propia forma de incipiente rebelión. Esas mismas clicas de la Costa Este son copias rudimentarias y poco sofisticadas de sus homólogos de Los Ángeles y El Salvador, y se han convertido en fuente casi constante de caos dentro de la estructura macro de la pandilla, incluso para los cánones de la MS13. Es notorio que la MS13 no tenga control sobre las cárceles de la Costa Este, y que los jefes que estén en prisión sean incapaces de impartir órdenes a sus subordinados fuera de la prisión.

Al final, la realidad es que en la gran mayoría las poderosas clicas y programas siguen vigilándose entre sí, y los jefes de las clicas muchas veces dirigen las actividades del grupo sin importar lo que los ranfleros digan en El Salvador. En un pliego de cargos aparte en Estados Unidos, dado a conocer en 2016, que se dirige contra varios miembros de la pandilla a lo largo de la Costa Este, Martínez Castro también habla de a formar mayor control interno y matar a un miembro al que consideraba “traidor” (United States of America v. Oscar Noe Recinos García, et al. , 2016). Él dijo que consultaría con El Salvador para tener “luz verde” para el asesinato. Pero la muerte del “traidor” nunca sucedió.

Foto superior de Luis Romero, Associated Press.

*El Center for Latin American & Latino Studies está concluyendo una iniciativa de investigación de varios años que evalúa la capacidad criminal transnacional de la MS13 en los Estados Unidos y El Salvador. Para más información, vea aquí. Este proyecto ha tenido el apoyo de No. 2013-R2-CX-0048, la National Institute of Justice, la Oficina de Programas de Justicia, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Las opiniones, conclusiones y recomendaciones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan aquellas del Departamento de Justicia.

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