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El 23 de junio de 2015, Jaime Alexander Monge y Larry Jesús Navarrete hablaban por teléfono. Monge estaba en Arkansas (United States of America v. Larry Jesus Navarrete, 2016). Navarrete se encontraba en el sistema penitenciario estatal de California. Los dos hablaban del nuevo negocio de Navarrete para la distribución de metanfetaminas, que manejaba desde su celda en la prisión. Monge era distribuidor.

“Créame que la mitad de lo que le mando es mejor que es (sic) lo que los demás están vendiendo allá. Ya me dijeron que la cantidad que le mando al paisa (civil) le gana a lo que los demás mandan allá”, comentó Navarrete a Monge en referencia a la metanfetamina de alta calidad que creían estar vendiendo en Arkansas, según los registros federales de la llamada.

Navarrete es miembro de la MS13. Las autoridades informaron a InSight Crime que nació en El Salvador pero lleva años residiendo en Estados Unidos, y tiene la ciudadanía estadounidense. Dependía de contactos locales e internacionales para mover pequeños envíos de metanfetaminas a Arkansas, Oklahoma, y posiblemente a otros destinos en el Medio Oeste.

Este artículo es el resultado de un trabajo de campo realizado como parte de un proyecto de investigación de varios años con el fin de evaluar la capacidad criminal transnacional de la MS13 en Estados Unidos y El Salvador, adelantado por InSight Crime y el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, con financiamiento del Instituto Nacional de Justicia (National Institute of Justice).

Parte de la red de Navarrete era su familia. La esposa de Navarrete empacaba la droga en animales disecados y los enviaba a Arkansas usando el servicio de correos de Estados Unidos, según el pliego de cargos. Navarrete usaba a un pandillero de la MS13 llamado Nelson Flores, alias “Mula”, quien vivía en Tijuana, México, para conseguir la droga. También se comunicaba regularmente con un jefe de pandilla en El Salvador de nombre Carlos Sandoval Batres, alias “Trusty”. Sandoval estaba en contacto con los cabecillas de la pandilla, la ranfla, en El Salvador, pero no es claro cuánto sabían los jefes sobre las operaciones de Navarrete.

Esto puede deberse a que las demás partes de la red de Navarrete tenían poco o nada que ver con la MS13. Sus distribuidores en Arkansas y Oklahoma no tenían relación con la pandilla. Venían de contactos que este había hecho en la prisión, según relataron las autoridades a InSight Crime. Incluso Mula se había distanciado de la MS13. Parecía a punto de ingresar o ya había sido introducido a la Mafia Mexicana. Las autoridades declararon que parecía la Mafia Mexicana, no la MS13, la que controlaba el flujo de narcóticos y el grueso de las ganancias, aun si Navarrete enviaba pequeñas partes a Trusty en El Salvador.

La red era parte normal de los esfuerzos de la MS13 por introducirse al mercado internacional del narcotráfico. La pandilla es un actor minúsculo. Las afiliaciones de una persona con la pandilla eran posibles extras adicionales en este arreglo, pero la MS13 no era un elemento esencial en ninguna operación a gran escala. Más aún, su participación parecía supeditada a la participación de un intermediario como la Mafia Mexicana. En otras palabras, la MS13 podía tener participación en este servicio de distribución y entrega, pero su participación no era vital para el éxito de esa otra organización o incluso para el del intermediario.

Los intentos de la pandilla por meterse en este mercado se remontan casi dos décadas atrás, y todas ellas tienen los mismos distintivos del caso de Navarrete. A comienzos de la década de 2000, la MS13, bajo el mando de Nelson Comandari,[1] supuestamente se ofreció a la Mafia Mexicana como red de distribución de drogas en todo el territorio estadounidense. Y según una acusación federal de Estados Unidos, la red de Comandari traficó y vendió heroína, cocaína, crack, cristales de metanfetamina y marihuana (United States of America v. Nelson Augustín Martínez Comandari, 2008). Se dice que el suegro de Comandari pertenecía a la Mafia Mexicana (Martínez C. a., La letra 13, 2012), y, según el periodista Tom Díaz, los ancestros de Comandari eran destacados oficiales del ejército y el gobierno de El Salvador (Diaz, 2009). A Comandari incluso se lo llamaba “el CEO” de la MS13 y supuestamente había sido elegido para ser investido por la Mafia Mexicana antes de su captura en Houston en 2005. Ahora se dice que se convirtió en informante de las autoridades (Diaz, 2009).

        VEA TAMBIÉN: MS13 Noticias y perfiles

Comandari recuerda un intento posterior de Moris Alexander Bercián Machón, alias “El Barney”. Barney era el jefe del poderoso programa Normandie en El Salvador. Ha sido incluido entre los objetivos designados especialmente por el Tesoro de Estados Unidos. fue arrestado con seis kilos de cocaína en 2009, pero fue liberado más adelante. Posteriormente se lo conectó con cargamentos de cocaína más grandes en tránsito por su zona de influencia a lo largo de la Costa Pacífica de El Salvador y en límites con Guatemala.

Al igual que Comandari y Navarrete, Barney tenía una red ya montada ajena a la pandilla, que parece haber facilitado su ingreso a este mercado criminal internacional. El padre de Barney es un exoficial del ejército y dueño de una firma transportadora que ha sido conectada con lo que se conoce como el cartel de Texis en El Salvador. Ese cartel ayuda en el transporte de estupefacientes por todo El Salvador y lava dinero para otras organizaciones narcotraficantes. Al igual que Comandari, Barney entró al mercado por esa vía. Su principal socio es su hermano, quien no pertenece a ninguna pandilla, según miembros de la MS13. Y parece estar usando la pandilla como mano de obra y en tareas de apoyo, más que en puestos operativos claves.

Ejemplos más recientes refuerzan esa tendencia. Hacia 2011, el miembro de la MS13 Luis Gerardo Vega, alias “Little One”, formaba parte de una iniciativa de diseño de una alianza entre la organización narcotraficante mexicana la Familia Michoacana y la Mafia Mexicana para el tráfico y la distribución de metanfetaminas en Estados Unidos (García, 2016). Por sus esfuerzos, Vega, de origen mexicano, fue recompensado con el más alto honor: hacer parte de la Mafia Mexicana. Sin embargo, justo cuando esos esfuerzos empezaban a funcionar, Vega fue arrestado en Estados Unidos junto con otros muchos miembros de la estructura. Su condición como miembro de la Mafia está en entredicho, pues se descubrió que la persona que lo introdujo a la organización era un informante que ayudó a las autoridades a deshacer el convenio con el grupo criminal mexicano.[2]

Otra red de miembros de MS13 que operaba en California también usó las palancas y contactos de la Mafia Mexicana (García, How the MS13 Tried [and Failed] to Create a Single Gang in the US, 2016). Desde 2013, José Juan Rodríguez Juárez, alias Dreamer, intentó crear lo que llamó un “programa nacional” (United States of America v. José Juan Rodríguez Juárez, 2015). Ese programa reuniría a toda la MS13 bajo su influencia, y él usaría la presencia de la pandilla para la distribución de narcóticos que serían suministrados por la Mafia Mexicana de sus contactos narcotraficantes en México. Fue, en otras palabras, una estrategia más piramidal y sofisticada que los intentos de Navarrete y dependió mucho más de la pandilla para su infraestructura y operaciones. Pero también esa fue desarticulada y Rodríguez arrestado.

Así como la MS13 puede ofrecer ventajas a un potencial socio narcotraficante de alcance internacional, también puede ser un gran lastre. Es demasiado visible y un objetivo común de las autoridades, en gran parte por su inclinación hacia la violencia. No es confiable y en su mayoría no está bien entrenada. Es leal solo a sí misma y ve con sospecha la motivación puramente lucrativa, pues puede distorsionar las prioridades del pandillero que busca ganancias financieras y puede poner en riesgo a muchas personas para beneficio de unos pocos. Finalmente, los pandilleros atrapados en esquemas externos son testigos expeditos de los delitos, pues su lealtad se la deben a la MS13, no a los de afuera que los contratan.

Hay otras conexiones entre la MS13 y las organizaciones narcotraficantes que vale la pena considerar. Poderosas clicas de la MS13 en El Salvador han prestado servicios de protección a organizaciones narcotraficantes internacionales. En Nueva Concepción, Chalatenango, al norte de El Salvador, por ejemplo, la clica Fulton Locos protegió el paso seguro de narcóticos controlados por el Cartel de Texis, una de las dos principales organizaciones narcotraficantes salvadoreñas (Silva, ‘Medio Millón’, gángster de El Salvador, vivió en Boston hasta 2009, 2013).

En varios lugares de El Salvador y de Estados Unidos, la MS13 también prestó algo de apoyo logístico a Los Perrones, la otra gran organización narcotraficante de El Salvador. Este respaldo se dio al inicio y al final de la cadena de la droga en varios lugares de El Salvador y en mercados locales de Maryland o Nueva Jersey. Pero la pandilla nunca controló el flujo de dinero o el transporte internacional de la cocaína (Silva, Infiltrados: Crónica de la corrupción en la Policía Nacional Civil de El Salvador, 2014).

     VEA TAMBIÉN: Cobertura de pandillas

En Honduras, la pandilla ha desarrollado nexos con por lo menos una figura con conexiones que llegan hasta Colombia (Dudley S. , Is Honduras’ MS13 a Drug Trafficking Organization? An Obscure Fugitive May Have the Answer, 2016). Y algunos investigadores de pandillas aseguran que la MS13 está trabajando bastante para controlar las rutas de drogas en las zonas que rodean San Pedro Sula, en Honduras, lo que para Douglas Farah y Kathryn Babineau es una “decisión estratégica de los jefes de la pandilla” (Farah, 2017).

Esa afirmación toca el centro del debate: ¿hasta qué punto se trata de una decisión desde la cúpula? Y el corolario vital del debate: ¿hasta qué punto cualquier parte de la pandilla está en capacidad de controlar a sus miembros más allá de lo local?

En este sentido, afirmamos que –a pesar de estas tendencias problemáticas– estos son ejemplos aislados. En nuestra opinión, no es posible que esta actividad criminal se realice como parte de un plan mayor por parte de cualquier estructura de liderazgo capaz de controlar y disciplinar a sus miembros sobre una gran extensión geográfica. Con seguridad, la autonomía relativa de una clica y la estructura difusa de la pandilla hace más probable que todo esto se haga en la clica y posiblemente incluso en el plano individual.

De hecho, estas cualidades organizativas –y la falta de definición inherente a su estructura– explican por qué la MS13 nunca ha podido penetrar de ninguna forma importante el mercado internacional de narcóticos. En otras palabras, las mismas cualidades organizativas  que hacen de la pandilla una estructura criminal formidable –células independientes que responden tanto o más a sus jefes locales que pueden reproducirse rápidamente– son las que le impiden evolucionar para convertirse en una organización criminal sofisticada capaz de crear una organización narcotraficante integrada verticalmente.

En conclusión, es posible que haya clicas específicas asociadas con narcotraficantes internacionales, y que algunos jefes e incluso clicas estén trabajando con ellos en un nivel muy bajo, pero son excepciones, no la norma. La MS13, al parecer, aún está lejos de constituir un cartel de drogas o algo que se le parezca. En lugar de ello, algunas partes de la pandilla parecen estar sacando provecho de estas conexiones dinámicas y dispersas por cortos periodos de tiempo antes de que la red se desarticule. Hasta que surja una jerarquía clara, hay pocas razones para pensar que esto cambiará.

El mismo Navarrete se dio cuenta de esto. La red se cerró rápidamente sobre él y sobre Monge. En 2015, las autoridades arrestaron a Monge, a la esposa de Navarrete y a otras personas más conectadas con la red. En 2017, Navarrete fue sentenciado a 20 años en una prisión federal (United States Attorney’s Office, 2017).

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[1] En algunas partes de su pliego de cargos federal contra Comandari, la Fiscalía General de Estados Unidos escribe el nombre de Comandari así: Commandari.

[2] Durante el proceso en el que se dirimió el acuerdo, la Familia Michoacana se dividió en dos. El apéndice más destacado, conocido como Los Caballeros Templarios, tomó su lugar en el acuerdo.

Foto superior de Esteban Felix, Associated Press

*El Center for Latin American & Latino Studies está concluyendo una iniciativa de investigación de varios años que evalúa la capacidad criminal transnacional de la MS13 en los Estados Unidos y El Salvador. Para más información, vea aquí. Este proyecto ha tenido el apoyo de No. 2013-R2-CX-0048, la National Institute of Justice, la Oficina de Programas de Justicia, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Las opiniones, conclusiones y recomendaciones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan aquellas del Departamento de Justicia.

 

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