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Hay un momento revelador en el pliego de cargos de la Fiscalía General de El Salvador que se conoce como “Jaque”. Aparece en la página 223 del pliego de 1.355 páginas contra los jefes de la pandilla en ese país. La acusación dice que grabó en cinta una reunión de la pandilla el 21 de febrero de 2016. Había presentes miembros de la “Federación” –los 30 o más líderes en libertad– y varios jefes de por lo menos dos prisiones (Operación Jaque, 2016).

La reunión duró 10 horas, 21 minutos, según el pliego de cargos. Pero hay un lapso de una hora en el que la llamada “Línea de informes” de la pandilla salvadoreña –la que da las actualizaciones de las clicas y programas– entrega información sobre las distintas áreas, y los jefes de la MS13 en prisión deben tomar una decisión sobre cómo responder.

“Min. 02:18:15 GOOFY dijo caso del 640 (POS. CLICA DE PROGRAMA LA LIBERTAD) de el “paro” LUCAS, quien se arruinó y terminó como “L” (ventilador) y condenó a unos, y lo harían “T” (Homicidio a la vista); Autorizaron Homicidio.”, dicen las actas de la reunión transcritas por el gobierno salvadoreño. “[Los jefes de la pandilla] autorizan el homicidio”.

“Min. 02:30:10 GOOFY dijo el caso de 921 (CLICA POS. DE SAN MIGUEL) de una “L” (Ventilador) de nombre ROXANA, quieren hacer “P” por andar colaborando con los “G” (policía)”, dice otra parte. “[Los jefes de la pandilla] autorizaron Homicidio”.

Y así sucesivamente. En total, los jefes de la pandilla autorizaron 14 homicidios en un período de una hora. Las razones variaban de ser sospechosos de entregar información a “seguir” a la madre de alguien. Los blancos eran pandilleros, reclutas, vigías y civiles. En una parte de la reunión, la pandilla autorizó el homicidio de cinco personas. Si pensamos que ésta es una aberración: solo cinco días después, en un lapso de dos horas en una reunión similar, los jefes de la pandilla autorizaron las muertes de otras doce personas, como lo muestran los minutos de las transcripciones de otra llamada interceptada en el pliego de cargos.

Este artículo es el resultado de un trabajo de campo realizado como parte de un proyecto de investigación de varios años con el fin de evaluar la capacidad criminal transnacional de la MS13 en Estados Unidos y El Salvador, adelantado por InSight Crime y el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, con financiamiento del Instituto Nacional de Justicia (National Institute of Justice).

Estos ejemplos ilustran la contradicción inherente dentro de la pandilla en lo que respecta a administrar violencia. Al parecer la MS13 tiene un sistema. La clica quiere matar a alguien, y para ello prepara un informe que envía a los jefes con una persona o, como en el caso descrito arriba, por medio de un organismo intermediario. Los jefes oyen el caso y luego dan la autorización, o lo que se conoce como “luz verde”. Pero como lo muestra el pliego de cargos de la Operación Jaque, se dedica poca reflexión o una discusión real a ese tema, incluso cuando llega a manos de los líderes que definen el caso, donde se ordena con tanta ligereza como podría decidirse entre pedir pizza o pollo.

En la mayoría de las organizaciones criminales, la violencia es un método, un mecanismo mediante el cual la organización puede promover sus otros fines. Y esto también aplica en la MS13. Como se señaló, se usa para ayudar a la pandilla a cobrar la renta. También forma parte del ejercicio de poder social y político de la pandilla, de reclutamiento y evaluación de sus miembros, y como garantía de cohesión entre sus soldados. Pero para la MS13, la violencia ha adoptado vida propia. Es el indicador último del sacrificio, el compromiso y la hombría.

La pandilla ha intentado, en especial por medio del sistema de “luz verde”, controlar esta violencia, pero por muchas razones esto no ha funcionado. Para comenzar no hay consenso sobre quién da “luz verde”. Técnicamente, las clicas pueden autorizar los siguientes homicidios: miembros de Barrio 18; cualquiera que ataque físicamente a un miembro de una clica; cualquier pandillero que se convierta en informante. En contraste, como nos contó un pandillero, las clicas deben buscar autorización de las jerarquías más altas de la pandilla para matar: a un policía o miembro de las fuerzas de seguridad; a civiles que estén cooperando con las autoridades en perjuicio de la pandilla; a un pandillero que haya cometido una “falta grave”.

Pero la jefatura de la MS13 es dinámica, muchas veces en disputa y algunas veces sin jerarquías claras. También hay clicas que solo siguen a los jefes de su clica y no a los jefes del programa, ni siquiera a los ranfleros o palabreros de su región. Apenas unos días después de las reuniones en las que la pandilla dio vía libre para que se cometieran 26 homicidios, sostuvo otra reunión grabada por las autoridades. En esta, se centró la discusión en frenar los asesinatos de policías, porque los líderes de la pandilla “no tienen control”.

“Min. 06:00 Zorro dijo que con los “G” (policía) el que puede lo hace [los mata] y es un desorden (no tienen control), necesitaban retomar el control, porque eran 40 y no todos eran “simón” (pos. enemigos)”, dicen las actas.

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Esta flexibilidad que tiene el líder de una clica con su grupo lleva a minicadenas de retribución dentro de las mismas clicas. La naturaleza semiindependiente de las clicas también puede crear problemas entre clicas. Estas compiten por ingresos y poder, y fácilmente pueden cruzar las líneas del territorio de otros. Disputas entre las pandillas, como las descritas, las zanja la mayoría de las veces el mandamás o la ranfla. Pero no hay pautas fijadas que les permitan decidir la cuestión y los precedentes o la memoria colectiva parece incidir en esta decisión de manera selectiva.

El sistema jerárquico que la pandilla parece estar intentando implementar en El Salvador, con su Federación y sus Líneas, tampoco es una panacea. Busca frenar la violencia de las pandillas, pero muchas veces provoca mayor violencia. Tomemos el ejemplo de cuando se da “luz verde” sobre alguien. No actuar de inmediato –o no informar donde puede estar una persona para que los demás puedan actuar– se considera un desafío e incluso traición. El resultado puede ser una acción disciplinaria severa o posiblemente una sentencia de muerte, que desate una cadena de retribución adicional.

Pero es difícil para la pandilla interpretar cuándo le faltó “compromiso” a alguien o cuándo alguien se abstuvo de actuar contra alguien marcado, porque habría comprometido a otros pandilleros. En algunos contextos, como en El Salvador, los miembros de la MS13 deben actuar contra sus rivales sin importar las circunstancias. Pero en algunas áreas, en especial en Estados Unidos, donde la ley es más efectiva y la cooperación ciudadana en investigaciones judiciales es más factible, hay menos expectativas de que los miembros de la MS13 tomen acciones inmediatas contra miembros de una pandilla rival.

Otras “luces verdes” son más ambiguas y dependen del carácter de los jefes de la pandilla en esa zona, o incluso de su estado de ánimo. Una clica puede pedir y puede autorizársele la “luz verde” sobre alguien que se niega a pagar extorsión, o puede que se les niegue. En la mayoría de las zonas de Estados Unidos, los cabecillas de la pandilla se toman muy en serio el asesinato de un civil, porque puede generar más interés de las autoridades en sus actividades. Pero a lo largo de la Costa Este de Estados Unidos, eso ha cambiado hasta cierto punto.

Otras situaciones son complicadas. Por ejemplo, determinar quién es informante puede ser muchas veces tan casual como cualquier otra decisión de la pandilla y en situaciones de conflictos de baja intensidad, como en El Salvador, esa transgresión adopta un nuevo significado. Funcionarios y expertos de la sociedad civil relatan que se ha expulsado a familias enteras de zonas de la MS13, porque un miembro de la familia colaboró con las autoridades, se citó con un rival o le dirigió la palabra a un policía. Esta acusación general tiene amplias repercusiones. La pandilla ha desplazado a miles de familias del Triángulo Norte y se ha convertido en un factor de rechazo importante en la migración.¹

También hay confrontaciones más sutiles, que los pandilleros pueden interpretar como un desafío a su autoridad. Esto abarca una amplia gama de transgresiones, supuestas o reales, que muchas veces son generadoras de violencia. Una muestra de un desafío real sería negarse a pagar una cuota extorsiva. Una muestra de un desafío supuesto sería usar los colores de ropa equivocados en territorio de la MS13. Para la pandilla, ambas transgresiones demandan una respuesta contundente, pero la ambigüedad de las pautas de la MS13 implica que no hay respuesta uniforme ni consistente en tales situaciones. La respuesta puede depender también de otras variables como el lugar donde se dio la transgresión percibida, el número de transgresiones por parte de una misma persona, la persona que cometió la transgresión y quién sea el jefe de la clica.

Lo amorfo del marco conceptual de la pandilla —el de “el barrio” y “las letras”— también se presta a abusos y arbitrariedad en la aplicación de justicia o acciones disciplinarias. La aplicación arbitraria y selectiva de esas normas es causa importante de escisiones dentro de las clicas y pueden tener consecuencias de largo alcance, según comentan expertos de la sociedad civil y las instituciones del estado. Fiscales estadounidenses han abierto numerosos casos por el ajustes de cuentas internos por transgresiones reales o supuestas.

La Operación Jaque también ofrece abundantes ejemplos de estos ajustes de cuentas dentro de la pandilla. Desde hostigamiento sexual hasta denuncias, pandilleros y otros mueren en números abrumadores y muchas veces por motivos que no son claros o que les hubieran valido un castigo mucho más benigno en otras circunstancias. En todos esos casos, las decisiones pueden tener tanto o más que ver con la personalidad y la dinámica de poder que con la inocencia o culpabilidad. Lo que es claro en los ejemplos mencionados de las reuniones citadas en la Operación Jaque es que las decisiones no implican reflexiones cuidadosas. Las sentencias dictadas dentro de la pandilla tienen una escala móvil igual de perniciosa. La ambigüedad y complejidad de las pautas que rigen la pandilla pueden proteger a un inocente en un nivel y llevar a la muerte de un inocente en otro; tanto dentro como fuera de la pandilla.

Al final, la violencia es una manifestación de la disfuncionalidad de la MS13 y es uno de los principales factores que le impide alcanzar todo su potencial. Con seguridad, la pandilla no siempre parece medir las consecuencias de esta violencia sobre sus actividades o sobre la capacidad de convertirse en una organización criminal más sofisticada. Desde El Salvador hasta Honduras, de Los Ángeles a Washington DC, la pandilla se ha convertido en un objetivo principal de los esfuerzos de autoridades y fiscales. Una revisión de docenas de casos abiertos en todo Estados Unidos muestra el patrón: actos públicos de violencia sin un significado o fin más profundo que una muestra de devoción a la pandilla, una manifestación de crueldad hacia el mundo exterior, o ambos.

Hay excepciones, por supuesto. En Los Ángeles, la MS13 es mucho menos voluble y más cuidadosa. Funcionarios en Estados Unidos dicen que esto se debe a la Mafia Mexicana, que comprende mejor cómo acumular y mantener su capital social y evitar que las autoridades interrumpan sus actividades por causa de la violencia. En El Salvador, la pandilla se está entrenando, aumentando su capacidad y profesionalizándose. Pero en lugares como Long Island, Maryland y Massachusetts, parece agitarse con no más propósitos que cometer actos de violencia bárbaros, muchas veces simbólicos, con el n de ejercer control social y mostrar “compromiso” con la pandilla.

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El despliegue de violencia de la MS13 también perjudica su credibilidad frente a otras organizaciones criminales, algunas de las cuales operan en un plano transnacional. Los expertos de las instituciones gubernamentales opinan que otras organizaciones criminales ven a la pandilla como un gran ejército con infraestructura, armas e influencia geográfica. Pero también como un grupo desorganizado, irresponsable y demasiado visible que pondrá a sus operaciones en riesgo legal. Estas otras organizaciones criminales entienden que el énfasis de la pandilla está en su supervivencia a largo plazo, no en la retribución financiera, en especial en la retribución de una organización externa. El resultado es que hay muy pocos ejemplos de alianzas entre la pandilla y organizaciones criminales transnacionales (TCO, por sus siglas en inglés), y lo más notable es que las que se han dado rápidamente se han deshecho.

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[1] Para citar solo un caso, en El Salvador una encuesta académica de 2012 señaló que el 2,1 por ciento de la población fue desplazada por “amenazas de criminales”, o aproximadamente 130.000 personas;  la misma encuesta en 2014 señaló el 4,6 por ciento de la población, o 275.000 personas, fueron desplazadas (Cantor, 2016).

Foto superior de Douglas Engle, Associated Press

*El Center for Latin American & Latino Studies está concluyendo una iniciativa de investigación de varios años que evalúa la capacidad criminal transnacional de la MS13 en los Estados Unidos y El Salvador. Para más información, vea aquí. Este proyecto ha tenido el apoyo de No. 2013-R2-CX-0048, la National Institute of Justice, la Oficina de Programas de Justicia, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Las opiniones, conclusiones y recomendaciones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan aquellas del Departamento de Justicia.

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