Tregua entre pandillas en El Salvador: aspectos positivos y negativos

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La tregua entre las dos pandillas más grandes de El Salvador (la MS13 y Barrio 18) abre nuevas posibilidades sobre la forma de lidiar con el aparentemente insoluble problema de las pandillas callejeras. Pero también crea nuevos peligros.

Sostenible o no, la tregua que la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18 pusieron en marcha en marzo de 2012, ha modificado el pensamiento convencional sobre quienes son las pandillas y cuál es la mejor forma de manejar la problemática más complicada de orden público y legal en los países del Triángulo del Norte centroamericano: El Salvador, Guatemala y Honduras.

Este artículo hace parte de una serie sobre la tregua entre pandillas y el gobierno de El Salvador. Vea la serie completa aquí.

En pocas palabras, las pandillas han llevado a los gobiernos de estos países hasta sus límites. Tienen el control de grandes extensiones de zonas urbanas y semi-urbanas. Las cárceles están repletas y, en gran medida, son administradas por las pandillas. Y las acciones de las pandillas pueden estar encaminándose hacia una mayor sofisticación de sus actividades criminales.

Si bien es poco popular entre algunos observadores, la tregua entre pandillas en El Salvador ha abierto una posibilidad inexistente pocos meses atrás. Aún más, Honduras ya está explorando un acuerdo similar. Aunque el proceso adelantado en Honduras plantea más preguntas que respuestas, la participación de autoridades eclesiásticas de alto nivel y mediadores internacionales da la esperanza de que una tregua análoga pueda surgir y ayudar a disminuir la que es hoy por hoy la tasa de homicidios más alta del mundo. En Guatemala ha habido rumores similares sobre una tregua entre pandillas, pero hasta el momento no ha surgido nada concreto.

En este contexto, es oportuno hacer un balance de los aspectos positivos y negativos de esta tregua.

Los positivos:

1) Disminución de los homicidios.

Sin lugar a dudas, el mayor beneficio de esta tregua ha sido la marcada reducción de los homicidios. De una tasa de 72 homicidios por cada 100.000 habitantes, El Salvador registra ahora 36 homicidios por cada 100.000 habitantes. Hay preguntas sobre el número de desapariciones y la manipulación de las estadísticas, pero incluso los observadores más escépticos concuerdan en que los homicidios han disminuido bastante.

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La reducción en el número de homicidios también ha arrojado luces sobre la magnitud del problema de las pandillas. Antes de la tregua, se pensaba que las pandillas eran las responsables de entre un 10 a un 30 por ciento de los homicidios en El Salvador. La nueva tasa de homicidios nos da una idea de cuántos mueren exactamente a causa del fenómeno de las pandillas.

2) Más confianza entre los actores clave.

Las negociaciones de paz demandan confianza. La confianza surge de reunirse con el adversario, discutir diferentes temas y negociar unos compromisos con la esperanza de que serán recompensados por las acciones de la contraparte. Esto ha sucedido en más de una forma durante este proceso.

En primer lugar, las propias pandillas han acatado las órdenes de sus líderes para frenar el ritmo de los homicidios, incluyendo los enfrentamientos entre ellas. En segundo lugar, el gobierno trasladó a los líderes de las pandillas a cárceles de seguridad media, dándoles un mayor acceso a sus familias y a sus pandilleros rasos para que pudieran mantener la tregua. En tercer lugar, las pandillas y el gobierno han iniciado un proceso para desarrollar “zonas de paz”; áreas donde se supone que las pandillas deben restringir las actividades criminales y el gobierno, por su parte, debe implementar programas de formación social, educativa y laboral.

3) Mayor énfasis en un enfoque blando.

Antes de la tregua, el debate sobre las pandillas se centró en la agresividad con la que debían ser reprimidas y en cuáles organismos de seguridad serían los responsables de aplicar esa estrategia. El resultado fue contraproducente: los encarcelamientos masivos condujeron a una mayor actividad pandillera, lo que a su vez generó mayor represión, y esto llevó a más encarcelamientos, etcétera…

La tregua entre pandillas ha abierto una puerta para entender qué son las pandillas y cuál es la mejor forma de integrarlas a la vida salvadoreña. Quizá por primera vez, burócratas, políticos y funcionarios locales y federales del gobierno se preguntan qué deben hacer para implementar programas efectivos de prevención y rehabilitación. Están tratando de calcular los costos, acudiendo a las entidades que han trabajado con jóvenes en situación de riesgo, o desarrollando programas en conjunto con donantes internacionales. Esto podría dar lugar a la implementación de una nueva estrategia que podría tener implicaciones a largo plazo, independientemente del éxito o el fracaso de esta tregua.

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Los negativos:

1) Actividad criminal = capital político.

Se está transmitiendo un peligroso mensaje a las pandillas y otros actores criminales: el gobierno puede ser tomado como rehén por medio de la violencia y las actividades criminales. Es por ello que el gobierno ha pasado tanto tiempo tratando de distanciarse de esta tregua, incluso cuando está claro que es su principal promotor: la tregua de pandillas es, en esencia, un reconocimiento tácito, por parte del gobierno, de que ha perdido la batalla con las pandillas.

Por otro lado, las pandillas entienden que aumentando su apuesta criminal, a través de homicidios, extorsiones u otros medios, pueden ganar capital político y obtener un asiento histórico en la mesa. De hecho, las pandillas ya emplearon esta táctica. En la víspera de la tregua, los líderes de las pandillas amenazaron con darle vía libre a sus miembros para impedir las elecciones locales. El gobierno lo evitó y los trasladó a cárceles de seguridad media, iniciando así el proceso en malos términos. Adicionalmente, existe el temor de que las pandillas, que afirman no tener ninguna ideología ni interés en crear partidos políticos, vayan a utilizar este capital político para desarrollar empresas criminales o para protegerse de acusaciones judiciales.

2) Más espacio para actividades criminales.

Cuando la insurgencia y los gobiernos negocian, la guerra normalmente continúa su ritmo e incluso se acelera a medida que las partes tratan de adquirir más poder en la mesa de negociaciones. La tregua entre las pandillas de El Salvador se ha caracterizado por lo opuesto: menos homicidios.

Pero, aunque los homicidios se han reducido, existen pocos indicios de que haya ocurrido lo mismo con las demás actividades criminales. La extorsión, la principal fuente de ingreso de las pandillas, continúa expandiéndose. Las actividades de narcotráfico, incluyendo las de los pandilleros, parecen mantenerse sin interrupciones. Este hecho refuerza la teoría de que la tregua entre pandillas fue en realidad un esfuerzo de intereses criminales más grandes para conceder a la MS13 y Barrio 18 un mayor espacio vital para sus operaciones. Tal afirmación, sin embargo, aún no tiene fundamento.

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También es preocupante el hecho de que, al mantener la tregua durante mucho más tiempo de lo presupuestado inicialmente, las pandillas han demostrado poseer la disciplina necesaria para operar empresas criminales más sofisticadas. La tregua entre pandillas puede concederles el espacio necesario para tratar de hacerlo, en particular porque el gobierno tiene interés en instituir más “zonas de paz”.

Tal fue el caso en Colombia, cuando el gobierno despejó un área del tamaño de Suiza para negociar con la guerrilla más antigua del hemisferio, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en 1999. En lo que terminaría siendo una negociación fallida con el gobierno, las FARC utilizaron la zona de despeje para mantener a las víctimas de secuestro, entrenar a sus fuerzas y avanzar en su participación en las actividades de narcotráfico, entre otras actividades.

3) Menos confianza en el gobierno.

La tregua ha sido excluyente y ha dolecido de una falta de transparencia. Y si bien esto puede conducir a resultados positivos (compárese con las actuales conversaciones de paz del gobierno colombiano con las FARC), en este caso se está erosionando la confianza de la gente en el gobierno. Los principales actores de la sociedad civil no han sido incluidos e incluso la Iglesia Católica, parte de cuyo estamento medió en las conversaciones, declaró recientemente que “la tregua no ha producido el beneficio que la sociedad honrada y trabajadora esperaba para sí misma.” 

En un esfuerzo apresurado por corregir esta imagen, los mediadores crearon la Fundación Humanitaria. No obstante, puede que esa organización no otra cosa que canalizar las ganancias provenientes de las donaciones internacionales para rehabilitación, capacitación laboral y programas de prevención. Mientras tanto, existe el temor de que estos programas sólo beneficiarán a los pandilleros y no a la “sociedad honrada y trabajadora.” Según las encuestas, la mayoría de la gente no confía en que la tregua alguna vez los beneficie. Hasta que el proceso sea más abierto e inclusivo, el gobierno tendrá dificultades para vender sus beneficios y allanar el camino para la siguiente fase.

Este artículo hace parte de una serie sobre la tregua entre pandillas y el gobierno de El Salvador. Vea la serie completa aquí.

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