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El plan de Pablito: El avance del ELN en Venezuela

COLOMBIA / 3 OCT 2022 POR UNIDAD DE INVESTIGACIÓN DE VENEZUELA ES

En la mañana del 7 de octubre de 2009, a los guardias penitenciarios del estado de Arauca, al occidente de Colombia, se les asignó una tarea sencilla pero atemorizante: trasladar a Bogotá a uno de los principales prisioneros de Colombia, el comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) Gustavo Aníbal Giraldo, alias “Pablito”.

Cuando se estaban preparando para salir, ante las puertas de la prisión se detuvo una moto conducida por una mujer con un chaleco antibalas. Según los relatos de prensa de ese momento, mientras los escoltas de la mujer lanzaron ráfagas de disparos, ella le arrojó un arma a Pablito, quien le disparó al guardia que lo llevaba, escapó y fue introducido a la parte trasera de una camioneta Toyota que estaba esperando cerca del lugar. Pocos minutos después, Pablito había cruzado el río Arauca y llegado a Venezuela.

Sin embargo, Pablito no solo huyó a Venezuela, sino que trasladó sus operaciones allí, llevando consigo el modelo de insurgencia más exitoso en la historia del ELN. Organizó sus fuerzas en el estado de Apure, al oeste de Venezuela, a la vez que echaba raíces profundas en las comunidades venezolanas y establecía lazos de largo alcance con el Estado venezolano.

VEA TAMBIÉN: Perfil de Gustavo Aníbal Giraldo, alias 'Pablito'

Luego, en 2016, al ELN se le presentó una oportunidad histórica: los también guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron un acuerdo de paz con el gobierno colombiano. Las FARC habían establecido operaciones aún más extensas en territorio venezolano que el ELN y habían forjado lazos con altos niveles del Estado. Su promesa de desarmarse y desmovilizarse dejaría un vacío de poder en una franja de territorios estratégicamente importantes y con grandes economías criminales en ambos lados de la frontera.

Pablito reconoció la oportunidad y buscó por muchos medios que se aprovechara. En este proceso, ayudó a convertir al ELN en la insurgencia más poderosa de América, así como el actor armado no estatal más fuerte de Venezuela. Simultáneamente, se posicionó como uno de los comandantes más poderosos del ELN.

“Es el [comandante guerrillero] más consolidado, el que tiene la mayor cantidad de gente y la mayor presencia en Venezuela”, le dijo a InSight Crime Sebastián Zuleta, experto en negociaciones de paz y el conflicto colombiano. “No creo que se pueda entender la expansión del ELN sin entender el papel de Pablito”.

La migración de Pablito

Cuando Pablito huyó a Venezuela, estaba al frente de una compleja maquinaria de insurgencia político-militar con base en el estado fronterizo de Arauca, la cual eclipsaba de lejos cualquier otra operación que el ELN hubiera logrado emprender en cualquier otro lugar del país.

El Frente de Guerra Oriental (FGO) era el frente más rico del ELN, en gran parte gracias a las extorsiones que ejercía sobre el sector petrolero. Era además el más poderoso militarmente.

Pablito no solo comandaba temibles unidades guerrilleras, sino que además supervisaba una red de milicias integrada en la población civil. Los miembros de dichas milicias recopilan inteligencia, canalizan comunicaciones, administran economías criminales y redes de empresas fachada, y llevan a cabo asesinatos y ataques contra las fuerzas de seguridad colombianas.

Pablito y su frente se insertaron en el tejido de la sociedad araucana; cooptaron a la sociedad civil infiltrándose en los movimientos sociales; pusieron de su lado a la política local al hacer que se eligieran los gobernadores y alcaldes que ellos señalaban, y se establecieron como las autoridades de facto en las comunidades de todo el estado, imponiendo con las armas sus propias reglas, regulaciones y normas sociales.

Este fue el modelo que Pablito llevó a Venezuela cuando escapó de prisión en 2009.

Para entonces, el ELN no era desconocido en el país. Sus integrantes habían estado cruzando la frontera desde la década de 1970. Tras la elección del izquierdista Hugo Chávez se creó un ambiente amigable para los insurgentes colombianos en la región fronteriza, y el Frente de Guerra Oriental, la estructura de Pablito, comenzó a establecer operaciones y a tomar territorios en la región de Alto Apure y a lo largo de las orillas del río Arauca, que separa los dos países.

Pero cuando Pablito cruzó el río, Venezuela pasó de ser el escondite del Frente de Guerra Oriental a convertirse en su centro de comando para operaciones militares y financieras. Y ese centro de mando estaba protegido por el Estado venezolano.

Cuando InSight Crime visitó por primera vez la región en 2011, un contratista colombiano del sector petrolero nos contó que debía cruzar el río y pasar a Venezuela para hacer pagos de extorsiones en una oficina administrada por el ELN. Cuando llegó el momento de renegociar los términos de su acuerdo, fue convocado a una reunión con el propio Pablito, quien operaba desde una finca cerca del municipio de El Nula. Según rumores locales, dicha finca había sido expropiada por el gobierno de Chávez y donada a Pablito.  

Al igual que lo había hecho Pablito en Arauca, su brazo del ELN se insertó en el tejido social de las comunidades de Apure.

Sus redes de milicias urbanas ejercen estrecha vigilancia sobre las comunidades que controlan, según residentes que hablaron con InSight Crime bajo condición de anonimato por temor a la guerrilla. El control social de la guerrilla llega incluso hasta las disputas familiares y los casos de infidelidad, según cuentan los residentes. Los guerrilleros también están difundiendo su ideología en las escuelas locales, donde se les enseña a los niños sobre imperialismo, lucha de clases y la legitimidad de la revolución del ELN.

“Ha sido un trabajo de ablandamiento ideológico y psicológico”, le dijo a InSight Crime un periodista de Alto Apure, quien pidió que no se revelara su identidad por temor a represalias. “Se han estado ganando a la población presentándose como ‘los buenos’, los que tratan bien a la comunidad, que los ayudan cuando están enfermos y brindan apoyo social. Y esto les ayudó a penetrar en la población”.

Nueva hampa, nuevas oportunidades

Tres años después de que Pablito huyera a Venezuela, las FARC iniciaron conversaciones de paz con el gobierno colombiano, lo que estimuló al ELN a comenzar a planificar grandes cambios en la dinámica de la guerrilla.

El ELN lanzó una doble estrategia: guerra y paz al mismo tiempo. Tras varios años de conversaciones no oficiales, los comandantes del ELN anunciaron formalmente su propio proceso de paz con el gobierno en 2016; pero también estaban adelantando una ambiciosa campaña de expansión sin precedentes, para capitalizar el vacío que pronto dejarían las FARC.

VEA TAMBIÉN: ¿Cuántos combatientes colombianos hay realmente en Venezuela?

Para ese entonces, Pablito había sido nombrado miembro del Comando Central del ELN (COCE). Pero mientras el resto del COCE se desplazó a La Habana, Cuba, para las conversaciones, Pablito, con una mirada cínica con respecto a las perspectivas de paz y reacio del proceso, permaneció en el campo de batalla, donde estuvo al frente de la expansión militar.

“Pablito ni siquiera estaba interesado en el proceso, por lo que aprovechó la obvia desconexión entre el COCE en La Habana y las estructuras políticas y militares en Colombia y Venezuela para hacer que estas estructuras crecieran de la manera que él quería”, afirma Zuleta, quien había sido asesor del gobierno colombiano en las conversaciones de paz con el ELN.

El Frente de Guerra Oriental se expandió hacia el sur en ambos países, incursionando en nuevos territorios en los estados de Vichada, Colombia, y Amazonas, Venezuela. El Frente, que en ese momento operaba como un grupo totalmente binacional, utilizó estrategias sorprendentemente diferentes en cada país.

En Venezuela, el Frente utilizó los métodos que había desarrollado en Arauca: establecer una presencia militar y construir redes de milicias urbanas, a la vez que cooptaba a las comunidades y elementos del Estado.

Guerrilleros fuertemente armados y con buenos uniformes establecieron campamentos y se presentaron ante las comunidades como defensores de la Revolución Bolivariana y amigos de la población local, según le dijeron algunos residentes a InSight Crime.

“Hablaron con los líderes de la comunidad para ofrecer sus servicios, diciendo que nos iban a apoyar y a brindar seguridad”, dijo un líder cultural de la comunidad indígena Huottöja en Amazonas.

A medida que se han expandido en Venezuela, también se han fortalecido mediante el reclutamiento de venezolanos, entre ellos menores de edad, como le dijeron a InSight Crime múltiples fuentes en varios estados fronterizos.

“La guerrilla los engatusa ofreciéndoles trabajo, ofreciéndoles un pago, y como estamos en esta situación en la que no hay trabajo, salen entusiasmados”, dijo un líder religioso en un municipio dominado por el ELN en Apure, quien habló con InSight Crime bajo condición de anonimato.

En Colombia, por el contrario, el avance del ELN fue silencioso. El grupo no estableció campamentos, pero sí redes de inteligencia, según señalan la policía, funcionarios del gobierno y habitantes de Puerto Carreño, la capital de Vichada. En lugar de cooptar a las comunidades, establecieron negocios fachada que usaron para lavar dinero y conseguir suministros. Ahora, solo van al lado colombiano para hacer negocios: traficar drogas, asesinar enemigos, reclutar, o quitarse los uniformes para ir a los bares.

Los guerrilleros del ELN en Vichada son “100 por ciento venezolanos”, le dijo a InSight Crime el coronel Edilberto García, comandante de la Policía Nacional de Colombia en Vichada.

“Han estado en Venezuela durante muchos años, y tienen conexiones muy fuertes allí”, afirma García.

Además del Frente de Guerra Oriental, los Frentes de Guerra del Nordeste y del Norte también llevaron a cabo avances similares en los antiguos territorios de las FARC a lo largo de la frontera y en Venezuela, expandiéndose a los estados de Norte de Santander y La Guajira en Colombia, y Táchira y Zulia en Venezuela.

“Justo cuando pensábamos que estábamos libres de estos grupos, llegan estos nuevos, que no conocemos”, le dijo a InSight Crime un funcionario municipal de San Juan de Cesar, La Guajira, durante una entrevista en 2018.

Una vez más, la expansión fue binacional, y nuevamente el ELN se trasladó a nuevos territorios en Venezuela utilizando el modelo militar-social-político perfeccionado por Pablito. Durante las investigaciones de InSight Crime en territorio del ELN en Venezuela, las fuentes se refirieron a los mismos patrones: control social, alcance político, construcción de redes comunitarias —y por encima de todo la amenaza armada—.

A medida que la expansión se aceleró después de que las FARC se desmovilizaron durante 2017, tanto el Frente de Guerra Oriental como los otros Frentes de Guerra comenzaron a moverse mucho más allá de los antiguos territorios de las FARC y hacia el interior de Venezuela, estableciendo operaciones en estados como Anzoátegui, Barinas y Guárico, e incluso cerca de la frontera oriental, en el centro de minería de oro de Bolívar.

En muchos de estos nuevos territorios, el ELN utilizó la violencia como herramienta de expansión, a menudo con la bendición tácita —o incluso expresa— del Estado venezolano.

El ELN se enfrentó a rivales y enemigos en ambos lados de la frontera, e incluso en estados del interior. Han luchado, entre otros, contra los grupos sucesores de los paramilitares colombianos, los Rastrojos y los Urabeños; la megabanda venezolana Tren de Aragua en Táchira; las bandas mineras conocidas como sindicatos en Bolívar, y la banda de contrabando La Zona en la región de Guajira en Zulia.

Los guerrilleros perfeccionaron sus tácticas durante décadas de guerra en Colombia. Han agredido directamente a sus rivales, y los han asesinado. Han debilitado el apoyo popular de sus enemigos, asesinando y desplazando a los presuntos “colaboradores”, y han solidificado su control mediante campañas de “limpieza social” contra los que no cumplan con sus códigos de conducta o que se identifiquen como obstáculo potencial para su avance.

“Durante un tiempo, el miedo reinó aquí”, le dijo a InSight Crime un residente del municipio de Puerto Ayacucho, Amazonas, quien no quiso ser identificado por razones de seguridad. “A las seis en punto todos debían estar encerrados en sus casas, y [los guerrilleros] se llevaban a cualquiera que permaneciera en la calle”.

Sin embargo, la mayor batalla de la expansión binacional del ELN la debieron librar contra el grupo cuya posición buscaban usurpar: los remanentes de las FARC, conocidos como ex-FARC Mafia, que también habían estado tratando de llenar el vacío en Venezuela dejado por la desmovilización de la guerrilla.

Pablito había logrado enfrentar a las FARC previamente. Entre 2005 y 2011, dirigió un conflicto con el Frente 10 de las FARC, que marcó el episodio más sangriento de la brutal historia de Arauca. El ELN contuvo a un enemigo militarmente superior al retirar sus fuerzas hacia Venezuela, mientras atacaba sin piedad a la población civil en las áreas controladas por las FARC y compartía inteligencia con el ejército colombiano, el cual utilizó la información para eliminar a los líderes de las FARC, como consta en la descripción del investigador Charles Larratt-Smith.

Ese conflicto terminó con un acuerdo con las FARC para dividir territorios y controlar las economías criminales. Pero cuando los disidentes del Frente 10 comenzaron a violar el pacto, estalló un nuevo conflicto a fines de 2021, lo que llevó al Frente de Guerra Oriental a responder con las mismas tácticas que había utilizado en la confrontación anterior, incluidos los ataques contra civiles.

“Más de 100 familias indígenas han sido expulsadas de sus hogares por el ELN, y nadie sabe cuántas personas han sido asesinadas y desaparecidas”, dijo un líder político de Apure, que pertenece a un partido de izquierda que ha tenido vínculos con las FARC, y quien habló bajo condición de anonimato.

 “¿Por qué están atacando tanto a la población civil?”, preguntó, y respondió a su propia pregunta: “Porque dicen que es la base social de las FARC”.

A medida que el conflicto se intensificaba a principios de 2022, las ex-FARC acusaron al ELN de confabularse una vez más con los militares colombianos para atacarlos. No hay evidencia de dicha cooperación del ELN con las fuerzas colombianas, pero ha surgido evidencia clara de que el ELN colabora con el ejército venezolano, el cual ha librado su propio conflicto con el Frente 10 durante más de un año. 

Las dos partes incluso han llevado a cabo operaciones conjuntas contra la población civil en tierras de las ex-FARC, según un informe de Human Rights Watch cuyas conclusiones fueron respaldadas por fuentes que hablaron con InSight Crime.

“El ELN está en territorio venezolano actuando como si fuera parte del gobierno”, dijo el dirigente político de Apure.

¿Los nuevos dueños de la frontera colombo-venezolana?

Desde el primer conflicto entre el Frente 10 y el ELN en la década de 2000, la balanza de poder se había inclinado. Ahora, era el ELN el que tenía más integrantes y mayor potencia de fuego. Tenían además una alianza con los militares venezolanos y estaban decididos a usar las tácticas más brutales. En poco tiempo, el Frente 10 fue expulsado de Apure a Arauca, donde el ejército colombiano localizó y mató al líder del grupo, Jorge Eliecer Jiménez Martínez, alias “Arturo”.

Dicha campaña tenía todas las señas de identidad de Pablito. Sin embargo, dos semanas antes de la muerte de Arturo habían surgido noticias que pusieron en duda su papel.

Según informes de inteligencia de Colombia obtenidos por el diario El Colombiano, Pablito, quien no había sido visto en público desde principios de 2019, podría estar muerto. Según el informe, Pablito había sufrido de apendicitis en abril de 2021. Después de que se le practicó una cirugía en un lugar secreto, tuvo complicaciones graves a causa da una infección.

El ELN no tardó en negar los informes, y cuando, meses después, InSight Crime habló con una fuente de inteligencia de alto rango del ejército colombiano, esta dijo que Pablito estaba vivo y que permanecía en El Nula, Apure, el mismo municipio desde donde dirigía las operaciones durante la visita de InSight Crime en 2011.

Bien sea que esté vivo o muerto, el legado de Pablito perdurará. El líder guerrillero jugó un papel central en la transición del ELN hacia un grupo binacional en la región fronteriza, y fue la fuerza impulsora más importante de la expansión mediante la cual el ELN llegó prácticamente a reemplazar a las FARC como el grupo armado más poderoso no solo de Colombia sino también de Venezuela.

InSight Crime ha mapeado la presencia de operaciones del ELN en 40 municipios de 8 estados de Venezuela, más del doble de los 11 municipios de cuatro estados donde hemos confirmado la presencia de disidentes de las FARC, y mucho más que cualquier otro grupo armado ilegal en el país. 

El ELN está en el proceso de establecer un poder absoluto en la frontera. Con presencia en 19 de los 20 municipios venezolanos que limitan con Colombia, incluidos todos los municipios fronterizos de los estados Zulia, Amazonas, y Táchira, controla más cruces fronterizos clandestinos, zonas de producción de drogas y rutas de contrabando que cualquier otro grupo, incluido el Estado venezolano. Además, está estableciendo apoyo en el interior. InSight Crime también ha rastreado su presencia en 10 municipios de cuatro estados por fuera de la región fronteriza, incluso en las zonas auríferas de Bolívar. 

El control de estas regiones significa la oportunidad de beneficiarse de las economías criminales que existen en ellas, y las investigaciones de InSight Crime han confirmado la participación activa del ELN en el tráfico de drogas, la minería ilegal, la extorsión y el contrabando en Venezuela.

El ELN aún no tiene los contactos políticos que desarrollaron las FARC. No ha aparecido en fotos con presidentes venezolanos, y los líderes de la guerrilla nunca han sido nombrados en los discursos presidenciales. Pero sobre el terreno en la región fronteriza, son actualmente el principal aliado estratégico de los militares venezolanos, y es probable que tengan bajo su influencia más alcaldes y concejales municipales que las FARC.

Las conexiones personales entre el sucesor presidencial de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, y los grandes excombatientes de las FARC se remontan supuestamente a la década de 2000. Muchas personas creen que Maduro todavía favorece a sus viejos aliados de los excomandantes de las FARC que han regresado a la lucha armada. Pero independiente de las preferencias personales de Maduro, el Estado que gobierna ha seguido adelante. La era de la presidencia de Hugo Chávez y las FARC ha pasado a ser la del régimen de Maduro y el ELN.

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