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Tras el mayor blanqueador de dinero de Brasil

BRASIL / 4 MAR 2021 POR STEVEN DUDLEY* ES

Pocos blanqueadores de dinero han superado al brasileño Darío Messer, quien, mientras intentaba ponerse a salvo de las autoridades brasileñas, hizo un último recorrido por su refugio principal, Paraguay, donde recurrió a la ayuda de muchos de sus socios en el crimen, incluido el presidente del país.

A mediados de 2019, a la policía federal de Brasil llegó un informe de inteligencia de las autoridades paraguayas que describía los movimientos de Darío Messer, hombre con doble ciudadanía, de Brasil y Paraguay, que había estado huyendo de las autoridades brasileñas durante poco más de un año. 

La lista de crímenes por los que las autoridades brasileñas querían juzgar a Messer era larga. Al parecer, él dirigía o trabajaba con unas 59 casas de cambio en toda la región, las cuales fueron utilizadas para lavar US$101 millones para el entonces gobernador del estado de Río de Janeiro, Sérgio Cabral; ese dinero es solo una parte del total que Cabral robó. El caso surgió a partir de la sonada investigación conocida como “Lava Jato” (Lavado de Autos), que involucró a decenas de integrantes de las élites políticas y empresariales de Brasil y otros países en varios enormes esquemas de soborno vinculados entre sí.

Las consecuencias de la operación Lava Jato fueron enormes y no tienen precedentes. En Brasil, las autoridades detuvieron y acusaron a decenas de políticos, entre ellos al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien en la época en que fue encarcelado era el candidato favorito en una contienda en la que aspiraba a un nuevo periodo presidencial. En medio de la agitación, el Congreso destituyó a la presidenta Dilma Rousseff.

Messer estaba involucrado en casi todo esto. Los fiscales dirían más tarde que él era el “doleiro dos doleiros” —lo que puede traducirse como “el cambista de todos los cambistas”— , y que coordinaba una red que movía dinero a través de cientos de cuentas, negocios y propiedades en el extranjero y en su país (“doleiro” también puede significar “blanqueador de dinero”). Según la policía, de esta manera Messer obtuvo al menos US$31 millones de dólares, mientras ayudaba a lavar unos US$1.600 millones de ganancias ilícitas.

VEA TAMBIÉN: Notorio lavador Darío Messer al fin responde ante la justicia en Brasil

En el informe de inteligencia enviado a mediados de 2019, las autoridades paraguayas dicen que habían rastreado a Messer en varias ciudades a lo largo de la frontera con Brasil. Había cambiado su apariencia, se había dejado la barba y había ganado algo de peso “para no llamar la atención”, como se lee en un informe posterior de la policía brasileña. En una serie de fotos incluidas en el reporte paraguayo aparece en una fiesta de cumpleaños en una casa en la frontera entre Paraguay y Brasil; allí se le ve con el pelo teñido de rojo claro y un Fu Manchú del mismo color, un look que ocultaba sus 60 años.

Messer finalmente salió de Paraguay, según dijeron las autoridades paraguayas a las brasileñas, y esa fue la razón por la cual la policía de Brasil había recibido el informe: sospechaban que había regresado a este país. La policía brasileña ya había perdido una oportunidad en mayo de 2018, cuando lanzaron una operación en varias ciudades donde se había identificado a 53 doleiros. Esta vez estaban decididos a no fallar.

El arte de escapar

Messer sabía cómo evadir las investigaciones criminales. Lo había hecho en numerosas ocasiones desde al menos la década de los noventa, cuando llegó a ser conocido por lavar el dinero de los ricos y famosos, así como por asistir a sus fiestas. Ambas cosas estaban, por supuesto, relacionadas. Cuando las autoridades estaban cerca, Messer evitaba ser involucrado en las investigaciones. Y cuando de alguna manera era vinculado a ellas, sabía cómo evadir las preguntas, explicar las transgresiones o salir huyendo, sobre todo a Paraguay, donde obtuvo la ciudadanía a principios de la década de 2000. 

En ese momento, su portafolio incluía estrellas del fútbol y políticos de alto nivel. Uno de los socios más famosos fue Ronaldo Luiz Nazário de Lima, el futbolista por el que Brasil ganó su quinta Copa Mundial en 2002. Fue por ese entonces cuando ambos abrieron una discoteca, R9, con un par de socios que más tarde fueron arrestados por lavado de dinero. Ni Messer ni Ronaldo fueron acusados en dicho caso, el cual, según señaló la policía en su investigación, no estaba relacionado con el club nocturno.

A este le siguieron otros roces con la ley. A mediados de la década de 2000, Messer fue vinculado al caso “mensalão”, un esquema mediante el cual el Partido de los Trabajadores (PT) les daba un “pago mensual” a ciertos políticos como soborno para obtener su apoyo a las medidas legislativas del partido y para que aprobaran contratos gubernamentales. Numerosos líderes del PT fueron a la cárcel. Aunque el nombre de Messer apareció en otros casos de corrupción, él siempre logró escapar.

Aun así, sus roces con la ley lo hicieron cada vez más cauteloso. Además de obtener la ciudadanía paraguaya, trasladó a su familia a Nueva York, y en 2009 supuestamente se retiró “para dedicarse al yoga”, como consta en el informe policial. Dado que tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 se impusieron medidas regulatorias más estrictas sobre los dineros ilícitos, Messer estableció protocolos para que sus operadores evitaran acercarse demasiado a sus clientes corruptos; los conectaba entre sí en lugar de hacer las transacciones por su propia cuenta. 

Estas tácticas funcionaron durante casi dos décadas. Pocos miembros de las élites o sus operadores fueron enjuiciados, ya que la mayoría de los recursos fiscales y policiales del país se dedicaron a encarcelar a los grupos criminales de clase baja del país. Cuando las élites eran acusadas, de alguna manera lograban escapar y eludir la captura durante años.

Pero durante la operación Lava Jato, las piezas del dominó comenzaron a caer más rápido que nunca, y las nuevas herramientas procesales, las más importantes de las cuales fueron aquellas que permitieron penas más bajas para quienes cooperaran con los organismos de seguridad, condujeron a procesos judiciales que cambiaron las reglas del juego.

Una de aquellas piezas fue Sérgio Cabral, gobernador de Río de Janeiro entre 2007 y 2014, quien supuestamente inflaba el valor de los contratos de obras públicas (a veces hasta por 10 veces), luego de lo cual recibía millones de dólares en lo que eufemísticamente se conocía como “propinas” a cambio de asignar esos contratos a determinados socios comerciales del sector privado.

Los fiscales brasileños afirman que un grupo de asesores políticos recogía el dinero de las empresas; uno de ellos se quedaba con su propina del uno por ciento y luego pasaba el dinero a través de una serie de doleiros, todos los cuales eran coordinados por un par de operadores en Uruguay. Estos operadores trabajaban con Messer, como alegan los fiscales en una acusación posterior. En noviembre de 2016, Cabral fue arrestado y acusado de malversación. Pocos meses después fue condenado a 45 años de prisión. 

Varios de los ayudantes de Cabral colaboraron con la justicia, y en marzo de 2017 las autoridades de Uruguay capturaron a los operadores de Messer en ese país, Vinícius Claret y Cláudio Fernando Barboza. En diciembre de ese mismo año, ambos fueron extraditados a Brasil, donde comenzaron a colaborar con las autoridades, las cuales buscaban desenmarañar la red que ocultaba y lavaba el dinero de Cabral y el de muchos otros esquemas. En total, dicen los fiscales, esta red ocultó más de US$1.600 millones de ingresos ilícitos de Lava Jato.

Para entonces, la Policía Federal de Brasil —que es similar al Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI)— ya tenía a Messer en la mira. Y en mayo de 2018, después de obtener discretamente órdenes de arresto de numerosos intercambiadores de dinero y operadores de servicios financieros, lanzaron una operación en varias ciudades con el fin de detener al doleiro dos doleiros. En total, arrestaron a 53 sospechosos, pero cuando fueron a buscar a Messer a una de sus casas en Río de Janeiro, este había huido. 

Un ‘brasiguayo’ y un ‘hermano del alma’

Para las autoridades brasileñas, la huida de Messer a Paraguay no fue sorprendente. Desde 2014, cuando Lava Jato se hizo público y empezaron a arrestar operadores, políticos y empresarios, Messer había trasladado la mayor parte de sus operaciones al país vecino. Además de tener la ciudadanía, allí tenía contactos.

Según autoridades paraguayas nombradas en documentos legales brasileños, durante sus primeros meses como fugitivo, Messer se escondió en una hacienda de Roque Fabiano Silveira. En una foto de finales de mayo de 2018, obtenida más tarde del teléfono de Messer, se ve una puesta de sol con los últimos rayos de luz cayendo sobre algunas vacas y colinas de Salto del Guairá, un desolado municipio paraguayo en la frontera con Brasil, donde Silveira tiene propiedades.

Silveira es uno de los numerosos “brasiguayos” que trafica cigarrillos de Paraguay a Brasil, según los documentos judiciales brasileños. Las autoridades brasileñas también lo relacionan con dos asesinatos —el de un funcionario de aduanas y el de un empresario—, los cuales, según las mismas autoridades, lo llevaron a establecerse de manera permanente en Salto del Guairá. El apodo de Silveira, dice la policía, es “cero-uno”, en alusión a su condición de segundo contrabandista más importante del país.

El principal operador del contrabando de Paraguay es Horacio Cartes, el expresidente del país. Mucho antes de convertirse en presidente de Paraguay en 2013, Cartes había construido un imperio tabacalero. Su empresa, Tabacalera del Este, o Tabesa, suministraba hasta el 80 por ciento de los cigarrillos de contrabando consumidos en Brasil, un negocio valorado en miles de millones de dólares. 

Tanto Silveira como Messer conocían a Cartes desde hacía años. El padre de Cartes era el principal inversionista en una casa de cambio de la familia Messer en la frontera entre Paraguay y Brasil en la década de los ochenta, como afirman las autoridades brasileñas. Y cuando Cartes tuvo problemas legales en la década de los noventa, el padre de Messer lo acogió y protegió, como afirma la Policía Federal de Brasil. Más tarde, según el hijo de Messer, este y Cartes compraron propiedades juntos. Messer era, como Cartes diría más tarde, el “hermano alma” del presidente paraguayo.

A Messer le convino el hecho de que Cartes todavía era presidente de Paraguay en el momento en que salió huyendo de la policía brasileña. Allí urdió un plan para entregarse a las autoridades paraguayas: obtendría arresto domiciliario y sus contactos de alto nivel podrían impedir su extradición a Brasil. Este era un plan que había funcionado para otros fugitivos brasileños anteriormente, por lo que Silveira le consiguió a Messer un abogado con buenas conexiones, y, en una carta que Silveira le pasó a Cartes, Messer la solicitaba a este último un préstamo de US$500.000 para pagar el abogado y otros gastos legales.

“Desafortunadamente, mis fondos han sido bloqueados”, escribe Messer en su misiva a Cartes, refiriéndose a sus múltiples cuentas: “Y necesito tu ayuda para cubrir los gastos legales”.

El plan se puso en marcha, y Silveira le consiguió a Messer un apartamento en Asunción, a poca distancia de una estación de policía, donde Messer podía vivir durante su arresto domiciliario.

De regreso a Brasil

Mientras esperaba a que su plan se desarrollara, Messer fue a quedarse en casa de otro de sus socios, Antonio Joaquim Mota (en los documentos judiciales también se escribe su apellido con doble t, Motta). Al igual que Silveira, los miembros de la familia Mota son brasiguayos y activos contrabandistas. Según los investigadores brasileños, el clan trafica cigarrillos y tiene fuertes vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero. 

En su documento de acusación contra Messer, la Policía Federal brasileña describe numerosas conexiones entre la familia Mota y varias operaciones ilegales, incluyendo la red de Luiz Carlos da Rocha, alias Cabeça Branca, quien fue un fiel socio de Jorge Rafaat Toumani, alias el Rey de la Frontera, hasta que este fue asesinado en una emboscada organizada por el Primer Comando de la Capital (PCC), la poderosa pandilla carcelaria brasileña. Da Rocha fue arrestado más tarde, en julio de 2017. 

La policía también describe media docena de transacciones financieras sospechosas realizadas por la familia Mota con empresas dudosas en circunstancias cuestionables. Y señala un gran decomiso en una propiedad de la familia Mota, donde se hallaron 1.383 kilos de marihuana comprimida, 2.075 kilos de marihuana sin comprimir, un arma de asalto calibre 7,62, una pistola calibre .38 y dos escopetas calibre 12.

Las autoridades paraguayas no procesaron a ningún miembro de la familia por ninguno de estos presuntos hechos delictivos, pero sí le dijeron a la policía brasileña que a finales de mayo de 2018 Messer fue a quedarse con la familia Mota en una de sus casas en Pedro Juan Caballero. Messer no tardó en instalarse allí: en una de las fotos que surgieron luego se le ve sonriente, sentado en una mesa del comedor, con una taza de café a un lado y un pastel redondo sobre un soporte de plástico al otro.

La novia de Messer, Myra Athayde, también iba a visitarlo con frecuencia. Además, Mota le ayudó a Messer a obtener una nueva identidad: ahora sería Marcelo de Freitas Batalha, nacido en Mato Grosso do Sul, estado fronterizo con Paraguay.

Entretanto, Messer continuó trabajando con Silveira con el fin de hallar una vía de escape, con la ayuda de su “hermano del alma”, el presidente Cartes. Pero el presidente de Paraguay al parecer estaba preocupado. Las conexiones de Cartes con Messer eran bien conocidas, por lo que le dijo a Silveira que Messer debía esperar para entregarse hasta que él dejara la presidencia. Para “el futuro de todo”, como le dijo Cartes a Silveira, era importante que esto no sucediera mientras él estuviera en el poder.

En las semanas siguientes, las cosas se complicaron aún más. Messer continuó adelantando su plan, pero no pudo obtener garantías de Cartes y Silveira de que sería protegido frente a la extradición si se entregaba a las autoridades paraguayas.

Cartes terminó su periodo presidencial a mediados de agosto de 2018. Poco después, el plan quedó suspendido. Y a finales de septiembre, Messer regresó a Brasil.

Cómo lavar miles de millones

En São Paulo, Messer también tenía una red, y la activó. Aunque había obtenido una identidad falsa en Paraguay, a veces asumía la identidad del padrastro de su novia, Arleir Francisco Bellieny, la cual utilizaba para ingresar a un gimnasio de la zona. Y en marzo de 2019, probablemente con la ayuda de su antiguo socio, Najun Azario Flato Turner, él y su novia se mudaron a un apartamento a nombre de ella en la Calle Pamplona, en un elegante barrio del centro conocido como Jardins, justo al lado de la Avenida Paulista.

Para doleiros como Messer, Turner era no solo un icono, sino además un mentor. Los fiscales lo describen como “uno de los mayores contrabandistas de oro de Brasil”. Turner, dicen los fiscales, también era un doleiro, y, al igual que Messer, estaba relacionado con numerosos escándalos políticos en Brasil.

A principios de la década de los noventa, por ejemplo, el uruguayo trató de encubrir al entonces asediado presidente Fernando Collor de Mello —quien enfrentaba cargos de malversación— diciendo que había prestado US$3,75 millones para su campaña; el préstamo supuestamente fue cambiado por oro. La artimaña —que luego se conoció como “Operación Uruguay“— no fue efectiva: el Congreso destituyó a Collor de todos modos. 

No se presentaron cargos contra Turner, pero el término Operación Uruguay se convirtió en un comodín en Brasil para referirse a los políticos que intentaban fabricar una coartada. Más tarde, los investigadores conectaron a Turner con el caso mensalão y con otros casos de corrupción política. Pero, al igual que Messer, Turner supo usar sus contactos para escapar del sistema judicial. De hecho, había estado prófugo durante meses, viviendo en São Paulo, a pesar de que existía una orden de arresto en su contra desde octubre de 2017.

Turner y Messer también habían trabajado juntos durante mucho tiempo. Documentos de la policía brasileña indican que fue Turner quien convenció a Messer de trasladar sus operaciones a Uruguay en cierto momento en 2003, para que ambos pudieran operar sin ningún obstáculo. Y para cuando, una década más tarde, Messer estaba lavando los ingresos corruptos de políticos vinculados a Lava Jato, Turner estaba manejando varias de las cuentas de Messer.

De hecho, los investigadores brasileños dicen que, entre 2011 y 2016, Turner intercambió millones de dólares en efectivo y propiedades para Messer, en gran parte a través de una agencia de viajes que ofrecía paquetes turísticos, y de una casa de cambio interna, un típico esquema usado por los blanqueadores de dinero para ocultar el movimiento de grandes cantidades de divisas. 

Por lo tanto, no es sorprendente que, cuando Messer se dio a la fuga en mayo de 2018, hubiese acudido donde Turner, quien se convirtió, como dijo la policía, en “su mejor amigo y consejero”.

VEA TAMBIÉN: Brasil busca extradición de expresidente de Paraguay por lavado de dinero

Además de la agencia de viajes, Turner y Messer usaron lo que llamaban el sistema “dólar-cabo” para obtener dinero para Messer. Según documentos judiciales brasileños, dicho sistema es similar a lo que a veces se denomina “operaciones espejo” o “acuerdos consecutivos”. Estos se basan en la confianza: un socio mueve dinero o capital en la cuenta de una de las partes en un país; el otro hace lo propio, y mueve una cantidad igual de dinero o capital en la cuenta de la otra parte en otro país. En otras palabras, la transacción se realiza sin que nada de dinero cruce ninguna frontera.

Para los doleiros que también blanquean dinero, esta no es más que la primera etapa de un proceso. Si se obtiene ilegalmente, el dinero podría moverse, pero todavía está sucio y tendría que pasar a través de al menos un negocio, una propiedad o una cuenta bancaria más antes de regresar al propietario. Esto es lo que Messer y su red estaban haciendo para Cabral, como sostienen los fiscales en la acusación contra la red.

El proceso era relativamente simple pero difícil de rastrear. La “propina” de los contratistas llegaba a un agente político, el cual se la pasaba a la red de Messer, quienes luego la depositaban en una cuenta en Brasil que era acreditada mediante el movimiento de dinero en otro “banco paralelo” en el extranjero. La red de Messer ni siquiera afectaba necesariamente ninguna de las transacciones. En su lugar, actuaban como corredores, trabajando para “casar” (como escriben los fiscales en su acusación posterior) a las dos partes que querían hacer negocios, y luego cobrar una tarifa por sus servicios. De allí su apodo: doleiros dos doleiros.

En todo el proceso, el dinero se movía por cuentas con nombres como Chiefrun Ltd., Main Future Ltd., May’s Zona Libre y Youngcom Int’l Ltd. Y era devuelto a los operadores políticos a través de varios cambistas a lo largo de la Rua 25 de Março en São Paulo. Los cambistas ni siquiera sabían necesariamente quién estaba en ninguno de los dos extremos de la cadena, pero los fiscales dicen que entendían que hacían parte de un esquema de lavado de dinero, y es por eso que la mayoría de ellos fueron acusados junto a Messer.

Parte de este dinero se movía a través de cuentas en el extranjero con administradores menos escrupulosos y poca supervisión del gobierno. En el transcurso de sus pesquisas, los investigadores brasileños identificaron más de 400 cuentas en el extranjero donde Messer y su red escondieron dinero durante el esquema de Lava Jato. Messer entendía muy bien este sistema offshore, ya que también había creado una cuenta con su propio dinero, con la ayuda de otro antiguo socio brasileño, Roland Pascal Gerbauld.

Con oficinas en Miami y Río de Janeiro, Gerbauld se presentaba como asesor inmobiliario y financiero. Pero, según una base de datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Consortium of Investigative Journalists, ICIJ), Gerbauld también estaba vinculado a docenas de cuentas en el Caribe y en otros lugares. Gerbauld, según las autoridades brasileñas, ya había ayudado a Messer a ocultar más de US$17 millones en una cuenta bancaria de Bahamas a nombre de otra compañía fachada, Hernanderias Ltd.

Dado que se encontraba huyendo, y con el deseo de acceder a ese dinero, Messer envió a su novia, Athayde, a Estados Unidos en diciembre de 2018, para que hablara con Gerbauld. Durante el mes siguiente, creó una empresa, Goodhope Consulting LLC, con la ayuda del asesor de Messer. Goodhope, dicen las autoridades brasileñas, era solo una fachada para mover dinero. Y el 11 de junio de 2019 —de nuevo con la ayuda de Gerbauld— Athayde abrió una cuenta en Valley National Bank a nombre de Goodhope con un depósito de US$5.800. Y abrió además otras dos cuentas en Bank of America.

La relación entre ambos incluía transacciones ilegales, dicen las autoridades brasileñas. En al menos una ocasión, Athayde recibió “sacolas” (o “bolsas”) de Gerbauld, lo que al parecer es una referencia al dinero en efectivo. En otra ocasión, Messer y Gerbauld discutieron el movimiento de capitales en China. Los investigadores dicen que estos son “fuertes indicios” de que Gerbauld estaba ayudando a Messer a emplear dólar-cabo con socios que habían invertido o escondido dinero en Asia.

Por sus servicios, Gerbauld le facturó a Messer US$148.000. Sin embargo, la relación también era personal. Athayde buscó la ayuda de Gerbauld para pagar una factura telefónica, y Messer le envió un mensaje para asegurarse de que iba a asistir a una reunión con uno de sus abogados. Además, las autoridades insinúan que Gerbauld le ayudó a Messer a establecer una póliza de seguro en su cuenta de US$17 millones, entre cuyos beneficiarios se encontraban Athayde y los tres hijos de Messer.

Una carrera por el dinero de Messer

La póliza de seguro parecía ser una señal: Messer sabía que las autoridades lo estaban cercando. No se trataba solo de los viajes de Athayde a Miami. Las autoridades también habían rastreado sus movimientos a Nueva York, así como a Buenos Aires y Bariloche, Argentina. Su madre y otras personas solían acompañarla en estos viajes, pero la policía sospechaba que ella no estaba interesada solamente en hacer turismo. Además de abrir cuentas y establecer una empresa fachada en Miami, recogió dinero en efectivo para Messer, parte del cual provenía de las conexiones con la familia Mota, que le pasaban el dinero en lotes de US$10.000, para no levantar sospechas cuando cruzaba las fronteras.

Mientras tanto, Messer seguía buscando una vía de escape en Paraguay. Contactó a su abogada, Leticia Bobeda, bien conectada en Asunción y quien tenía al menos US$100.000 de su dinero listos para pagar sobornos. Bobeda comenzó a hacer contactos en el nuevo gobierno, y en marzo de 2019 ella le dijo que había encontrado una manera de obtener arresto domiciliario, con la promesa de que no sería extraditado a Brasil.

Bobeda envió un mensaje de texto a Messer, como lo había hecho antes, en el caso de otro contrabandista brasileño llamado Luiz Henrique Boscatto, quien había evadido una condena por contrabando de cigarrillos y otros cargos en Brasil, y había pagado US$600.000 al ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, para obtener arresto domiciliario y la promesa de no extradición. 

“Y él está contento con eso”, le escribió Bobeda a Messer.

Bobeda dijo que en el caso de Messer podría llegar a un trato similar: pasaría cinco meses en prisión y el resto bajo arresto domiciliario; a cambio, tendría que pagarle US$2 millones al ministro. También había hablado con el nuevo jefe de SENABICO, la Secretaría Nacional de Administración de Bienes Incautados y Comisados, que era amigo suyo y que, según Bobeda, se había comprometido a recuperar los bienes de Messer a través de un tribunal civil en lugar de penal, disminuyendo aún más el posible tiempo en prisión y la pérdida de activos en Paraguay.

Pero Messer no confiaba en los políticos paraguayos. Era, como él mismo dijo, demasiado pedirle a alguien. “Hay un dicho en portugués”, escribió en uno de sus mensajes de texto en spanglish: “Cuando recibes más vueltos de lo que debes recibir, el santo comienza a sospechar”.

En otras palabras, el trato era demasiado bueno para ser verdad.

Frustrado una vez más, Messer volvió a su plan original y contactó a su “hermano del alma”, Cartes, a través de su verdadero hermano, Julio Messer, quien vivía en Nueva York. Según los mensajes de texto de Messer con Bobeda, Cartes iba a ponerla en contacto con un senador paraguayo para que comenzaran a planear los detalles de su arresto domiciliario. El senador finalmente envió a un emisario.

Entre tanto, el otro acuerdo que Messer estaba negociando, el del ministro del Interior, pareció volver a ponerse en marcha cuando el ministro envió a su propio emisario a entrevistarse con el abogado de Messer. De repente, parecía que hubiera iniciado una carrera para ver quién sería el primero en recibir los millones de Messer. Pero la Policía Federal brasileña estaba a punto de dar el salto.

‘Un mandadero’

A principios de julio de 2019, las autoridades brasileñas llegaron a un acuerdo con la exesposa de Messer y sus tres hijos, quienes acordaron dar testimonio y devolver 370 millones de reales (US$95 millones); además, capturaron a un socio de Messer en Río de Janeiro poco después. Y a finales de julio, la policía localizó la residencia de la novia de Messer, Myra Athayde, el apartamento de la Calle Pamplona en Jardins. 

Mientras vigilaban la propiedad, se percataron de “un hombre discreto y de mediana edad que rara vez salía de la residencia”, como escribieron en el expediente del caso más adelante. Aquella fue su primera pista de que quizá tenían a su objetivo en la mira. La policía también comenzó a monitorear los teléfonos de Athayde y su madre. En una llamada del 27 de julio, un hombre que se identificó como “Marcelo” llamó al teléfono de la madre y dijo que estaba en una tienda donde se vendían perros de raza pura. Durante la llamada, le dijo a la madre que quería retirarse y se quejó de que su prometida viajaba todo el tiempo.

Aquella queja levantó sospechas: como sabían, Athayde había estado viajando mucho, sobre todo a Estados Unidos. Tras la llamada, la policía comenzó a planear una operación para ver quién era ese “hombre discreto” en el apartamento de São Paulo, y el 31 de julio de 2019, la Policía Federal siguió a Messer cuando regresaba a casa del gimnasio. Cinco agentes se dirigieron a la puerta. Estaba abierta. Messer estaba sentado en la sala de estar, frente al televisor y con ropa deportiva, fumando marihuana. No opuso resistencia. 

Allí confiscaron materiales importantes: sus identificaciones reales y falsas, joyas, teléfonos y varios chips telefónicos, un iPad, una computadora Macbook y documentos relacionados con la apertura de cuentas bancarias y empresas fachada en toda la región. Utilizaron esos materiales para rastrear su red, sus actividades de lavado de dinero y sus negocios.

Descubrieron que aquello era un microcosmos de toda su vida: evidencias de sus negocios con cambistas y contrabandistas; sus interacciones con políticos de los más altos niveles, incluyendo a Cartes (o, como a Messer le gustaba llamarlo, “el rey”) para conseguir un paracaídas dorado; su lucha por mover y ocultar sus ganancias ilícitas en Brasil, Paraguay y el Caribe a través de varias técnicas comprobadas de lavado de dinero que había aprendido a lo largo de una carrera de 30 años.

Messer fue enviado a una prisión brasileña, pero todavía no se podía obtener su condena, y su confinamiento resultó temporal. Se casó con su novia, Myra, en la cárcel. Y en medio de la expansión del coronavirus por Brasil, su equipo legal consiguió que fuera trasladado a arresto domiciliario en la casa de su suegra.

Varias apelaciones de quienes han sido condenados en la operación Lava Jato ya han prosperado. Y Messer, quien ha dicho que fue “un mandadero” de las élites políticas, prometió en una ocasión “poner su boca en el trombón” si debía enfrentar una sentencia. 

En agosto de 2020, un juez sentenció a Messer a 13 años de prisión por lavado de dinero. El mismo mes, Messer firmó un acuerdo con las autoridades brasileñas, el cual puede implicar que él pase 18 años en prisión, pero solo si colabora en otros casos de lavado de dinero y malversación de fondos. Esta cooperación puede llegar a tener implicaciones profundas en ambos lados de la frontera.

* Vinícius Madureira colaboró en la investigación para esta historia.

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