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El presidente Donald Trump usó su primer discurso del Estado de la Unión para culpar a la expansión y la violencia de la pandilla MS13 en Estados Unidos por los “mortíferos vacíos legales” en el sistema que se encarga de los menores no acompañados de El Salvador. Pero una investigación pionera de InSight Crime y la American University que se publicará próximamente, desafía estos mitos y analiza cómo opera una de las organizaciones criminales más poderosas en las Américas. Aquí un adelanto que se enfoca en la migración criminal:

El 13 de septiembre de 2016, Nisa Mickens y Kayla Cuevas iban caminando por una tranquila calle en Brentwood cuando fueron vistas por varios integrantes de la MS13 que se movilizaban en varios vehículos. Cuevas supuestamente había desafiado a uno de ellos en el pasillo de su escuela, y la MS13 le “había dado luz verde”. Mickens no tenía nada que ver con el problema; ella se convertiría en la víctima colateral del afán de la pandilla por reafirmar su dominio.

Los chicos de la MS13 detuvieron sus vehículos, salieron y golpearon a las dos chicas hasta matarlas. Arrastraron el cuerpo de Mickens y lo dejaron junto a una cerca al lado de una escuela. El cuerpo de Cuevas quedó detrás de una casa cualquiera cerca de un callejón sin salida a pocos metros. Los cuerpos de las dos chicas tenían tantos golpes que en un inicio la policía pensó que las había atropellado un auto. Estos asesinatos hicieron parte de la oleada de homicidios cometidos por la MS13 en el condado de Suffolk, Long Island. De 45 muertes violentas en un lapso de 18 meses desde comienzos de 2016, 17 tenían que ver con la pandilla.

En marzo de 2017, fiscales estadounidenses del Distrito Este de Nueva York, mencionaron a 13 sospechosos en el caso. Seis de ellos, como las autoridades revelarían más tarde, habían llegado hacía muy poco a Estados Unidos sin progenitor o acudiente.

Hacían parte de una ola de lo que se denomina “menores extranjeros no acompañados” o UAC (por sus siglas en inglés). Entre 2013 y 2016, más de 210.000 UAC ingresaron a Estados Unidos, y muchos de ellos fueron ubicados en zonas plagadas de pandillas, como Long Island.[1]

Este artículo es el resultado de un trabajo de campo realizado como parte de un proyecto de investigación de varios años con el fin de evaluar la capacidad criminal transnacional de la MS13 en Estados Unidos y El Salvador, adelantado por InSight Crime y el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, con financiamiento del Instituto Nacional de Justicia (National Institute of Justice).

El número de UAC implicados en este y otros crímenes recientes en Estados Unidos ha prendido las alarmas. Muchos expertos en orden público consultados para el presente estudio dan la impresión de que la pandilla está conduciéndose como un ejército entre fronteras a petición de alguna jerarquía todopoderosa.

Señalan casos de asesinato como los de Cuevas y Mickens, comunicaciones regulares entre los cabecillas de las pandillas, pandilleros que migran a esas áreas para crear o refundar clicas inactivas, repuntes de actividades criminales en zonas donde hay mayor aumento de migración y donde se han asentado UAC, y otra evidencia circunstancial que refuerza esa teoría.

“Los brutales homicidios de Nisa Mickens y Kayla Cuevas… presuntamente cometidos por estos acusados, son un ejemplo de la depravación de una pandilla cuya misión principal es el homicidio”, declaró el fiscal de Estados Unidos para el Distrito Este Robert L. Capers al anunciar el pliego de cargos. “Mientras la MS13 continúe sus esfuerzos por expandirse y arraigarse en nuestras comunidades, bien sea con el envío de pandilleros para que ingresen ilegalmente a Estados Unidos desde Centroamérica, y reclutando nuevos miembros de nuestras escuelas y vecindarios, esta Oficina y la Fuerza de Tarea antipandillas del FBI en Long Island seguiremos en nuestra misión de desmantelar la MS13 y liberar nuestros vecindarios del terror que causan”.

La administración Trump ha usado la MS13 como un coco para reunir apoyos para su política de persecución y deportación de más migrantes indocumentados. Pero la relación de la MS13 con la migración es compleja.

Esta concepción del problema tiene implicaciones de índole político. La administración Trump ha usado la MS13 como un coco para reunir apoyos para su política de persecución y deportación de más migrantes indocumentados. La conexión entre los UAC y las pandillas es la base del discurso político que justifica esa tendencia en la legislación. Pero la relación de la MS13 con la migración es compleja.

Aunque es evidente cierta comunicación, coordinación y, en algunos casos, intención de comisión de delitos entre fronteras, esto no indica que la migración de miembros y potenciales reclutas esté controlada de manera coordinada, desde arriba. Y aunque parece haber un número desproporcionado de UAC involucrados en actividades de pandillas en los últimos años, estos representan una fracción ínfima de la población total de UAC.

Se sabe que la migración es frecuente entre los miembros de la MS13. Todos los pandilleros entrevistados para esta investigación habían migrado, conocían a alguien que había migrado o tenía en su clica miembros que eran migrantes. También tenían familia y amigos por fuera de la banda que habían migrado, lo que a su vez aumentaba las probabilidades de que ellos migraran, además vivían en circunstancias violentas, y esto elevaba sus probabilidades de emigrar. [2]

No es sorpresa, entonces, que la migración haga parte de la economía criminal de la MS13. En algunos lugares de Estados Unidos, la pandilla ha creado puntos de recepción para migrantes, donde secuestran y extorsionan a los migrantes recién llegados. En algunas partes de México, miembros de la MS13 trabajan como vigías y espías para otras organizaciones criminales y funcionarios de gobierno corruptos que se aprovechan de los migrantes. También los roban, violan y estafan, cuando están en tránsito o cuando se encuentran en los refugios.

La MS13 también se comunica en forma regular entre las fronteras. Los avances tecnológicos y una proliferación de canales de comunicación implica que los miembros de la pandilla tienen una gran cantidad de opciones de comunicación, desde las más primitivas –pasando lo que se conoce como “cometas” o “huilas”– hasta las más sofisticadas –el intercambio de mensajes encriptados por medio de servicios internacionales de mensajería de texto instantánea.

Los expertos en pandillas entrevistados para esta investigación citaron casos de comunicaciones de cabecillas pandilleros entre grandes distancias que incluían El Salvador, Los Angeles, Houston y zonas de Maryland, entre otras.

Al menos una acusación formal contra pandilleros en lugares de la Costa Este de Estados Unidos confirma que dicha comunicación es regular y tiene la intención específica de coordinar actividades de la pandilla, aunque en este caso no hay referencia a la migración o a políticas migratorias.

Sin embargo, en algunos casos, según expertos de orden público, en los mensajes interceptados los pandilleros hacían referencia específica a la apertura de la administración Obama hacia los UAC.

La comunicación transnacional tiene un profundo efecto en la dinámica de la pandilla. Para empezar, la MS13 está cometiendo más crímenes transnacionales, incluyendo la planeación y ejecución de homicidios, y el transporte de sustancias ilícitas, sin importar la pequeña escala de dichos delitos.

Los cabecillas de la pandilla, especialmente los que se encuentran en El Salvador, también parecen estar usando la tecnología de las comunicaciones para ejercer mayor influencia sobre sus miembros. Mediante una combinación de llamados a la acción, charlas motivacionales y amenazas directas o indirectas, los cabecillas están ejerciendo más autoridad y control.

El resultado ha sido un repunte de los hechos violentos asociados a la MS13 en muchos lugares de Estados Unidos que parecen no tener un objetivo distinto de consolidar dicho control. Los cabecillas de la MS13 han enviado miembros a cometer delitos en otras zonas. Como lo ilustran varios pliegos de cargos federales en Estados Unidos, los jefes de la pandilla han enviado a sus soldados de un estado a otro para cometer homicidios.

En muchos casos legales analizados para esta investigación, un pandillero cometió un crimen, huyó a otro estado o cruzó fronteras internacionales y se instaló en la residencia de otro pandillero o contó con apoyo de la pandilla o de sus contactos.

La MS13 ha exhibido una expansión ininterrumpida a otras áreas. Aunque los estimativos de sus números totales son estáticos, los miembros de la MS13 han emprendido activamente la creación de nuevas clicas en zonas rurales de El Salvador, así como en ciudades medianas e incluso pequeñas en lugares de Long Island y California, entre otras.

Esta migración interna coincidió con un pico en el número de ingresos de UAC a Estados Unidos. Muchos de esos UAC se han asentado en zonas donde hace presencia la MS13, y un número importante de ellos ha sido acusado de delitos en las áreas donde se han establecido o en las inmediaciones.

Expertos en orden público consultados por InSight Crime opinaron que existía cierta coordinación  –desde arriba– para ubicar a estos migrantes. Algunos expertos incluso afirmaron que los migrantes eran “preparados” por los líderes, para lograr el visto bueno de los agentes de inmigración en Estados Unidos.

La mayoría de estos expertos dijeron a InSight Crime que esto fue fomentado por los cabecillas de la MS13 en El Salvador, que tenía el propósito de fortalecer la pandilla en Estados Unidos, y que esto les da a los cabecillas salvadoreños mayor dominio sobre la pandilla en conjunto.

Sin embargo, hay poca evidencia que sustente estas afirmaciones. Las pandillas siguen los patrones migratorios de otras poblaciones en igual situación. Los pandilleros se están asentando en zonas a las que han llegado otros migrantes. Estas áreas presentan una expansión continua y por lo tanto hay una expansión de la MS13 en su interior. Los centroamericanos, que constituyen la base de la MS13, migran en gran número. Solo la diáspora salvadoreña representa 2,1 millones de personas, cerca de una cuarta parte de la población total de ese país centroamericano.

No hay evidencia de que las pandillas determinen o financien la migración internacional.

Los pandilleros se desplazan por las mismas razones que lo hacen otras personas que no tienen relación con la pandilla. Esos factores de atracción-repulsión (push-pull factors) varían entre motivaciones familiares y económicas y preocupaciones por la seguridad o la situación legal. Los pandilleros son tan susceptibles a esas presiones como sus compatriotas, y migran por la misma compleja variedad de razones que motiva a otros migrantes.

No hay evidencia de que las pandillas determinen o financien la migración internacional. Aunque los expertos sobre pandillas venden esa idea de coordinación e incluso “preparación”, InSight Crime no ha hallado evidencia de que los cabecillas tomen la decisión final o de que financien esta migración.

De hecho, la migración hace parte normalmente del ámbito familiar, una decisión muy personal en la que intervienen muchas partes y afecta a varias generaciones. Y aunque la pandilla reemplaza a la familia en algunos aspectos, en otros sigue estando al margen. La migración parece ser uno de esos aspectos.

Eso no quiere decir que la pandilla no sea un recurso importante cuando sus miembros migran. En muchos casos, los pandilleros se quedarán por una temporada o de manera permanente con otro pandillero. También los pandilleros recurren a los mismos intermediarios, o “coyotes”, para pasar por áreas desconocidas o peligrosas. Pero en el trayecto, dependen de los recursos financieros de sus familias, no de las pandillas. Es por ello que la decisión final la toman las familias.

InSight Crime no ha hallado que exista un paso secreto que les ayude a atravesar por estos lugares peligrosos a costa de la clica de la ranfla. Usan la misma infraestructura y enfrentarán los mismos riesgos que otros migrantes. También son víctimas del crimen cuando migran, y tratarán de ocultar su identidad por motivos que pueden ser malintencionados o prácticos.

La comunicación entre la diáspora y el país natal también ha sido fuerte en todos los casos. Existen conexiones transfronterizas porque la pandilla está conformada por migrantes en su mayoría. Se comunican con sus familias y amigos. Algunos de esos parientes y amigos hacen parte de la red de la pandilla, o llegan a hacer parte de ella, si no es que son miembros plenos. La mayoría no lo son, pero esa comunicación es una línea de vida o cordón umbilical, tanto que ha adquirido valor simbólico tanto dentro como fuera de la pandilla.

Los números “503”, el prefijo telefónico de El Salvador, se vende en sombreros, camisetas y otra parafernalia, y denota un sentido de orgullo patrio, además de nostalgia de hogar. También se ha convertido en una tarjeta de presentación de la pandilla. Establecer la diferencia entre ambos: orgullo y nostalgia frente a identidad pandillera, ha resultado difícil para las autoridades y seguirá siéndolo.

En conclusión, los pandilleros se trasladan a los lugares donde ya hay grandes números de migrantes, por las mismas razones que sus compatriotas que no hacen parte de la pandilla. Enfrentan los mismos riesgos y pagan su viaje del mismo modo: recogiendo dinero de sus seres queridos.

De hecho, parece que la pandilla se aprovecha de las circunstancias, en lugar de crear activamente las condiciones que puedan aprovechar. En el condado de Suffolk, por ejemplo, cerca de una cuarta parte de los identificados como pandilleros por las autoridades son UAC. Ellos representan cerca de uno por ciento de los UAC que fueron ubicados en la zona, pero los fiscales afirman que ellos representan cerca de la mitad de los sospechosos en casos recientes de homicidio. 

[1] El Center for Latin American & Latino Studies se basó en estadísticas del gobierno de los Estados Unidos para llegar a esta cifra. Las solicitudes de asilo de El Salvador también aumentaron durante este periodo, alcanzando 11,742 en el 2014, el doble de la cifra del 2013 y el triple de 2010.

[2] Información de entrevistas de 2013 muestra que el 72 por ciento de los nacionales salvadoreños que solicitaron asilo citaron a la violencia social como la principal causa de su salida, y el 63 por ciento especificaron que las pandillas como la fuente de esa violencia.

Vea también: Pérez Sáinz, J. P. (2007). La persistencia de la miseria en Centroamérica una mirada desde la exclusión social. San José: FLACSO; Morales Gamboa, A. (2013, October). Centroamérica: los territorios de la migración y la exclusión en el nuevo siglo. Foreign Affairs Latinoamérica; Cantor, D. J. (2016). ‘As deadly as armed conflict? Gang violence and forced displacement in the Northern Triangle of Central America’. Agenda Internacional, Año XXIII(34), 77-97.

*El Center for Latin American & Latino Studies está concluyendo una iniciativa de investigación de varios años que evalúa la capacidad criminal transnacional de la MS13 en los Estados Unidos y El Salvador. Para más información, vea aquí. Este proyecto ha tenido el apoyo de No. 2013-R2-CX-0048, la National Institute of Justice, la Oficina de Programas de Justicia, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Las opiniones, conclusiones y recomendaciones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan aquellas del Departamento de Justicia.

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